Adiós a Tatic Samuel
En cierta ocasión se molestó con una pregunta que le hice en una improvisada rueda de prensa en una sacristía de Madrid. Eran los tiempos duros de la rebelión zapatista, él estaba mediando en el conflicto y le pregunté si estaba solo en esa postura de diálogo. "No, la Conferencia Episcopal Mexicana me apoya y me siento muy respaldado", me contestó. Y así era, pero a él le había tocado lidiar con aquel asunto porque era en Chiapas donde había estallado.
La mañana del lunes 24 ha muerto en la ciudad de México, a los 86 años de edad, monseñor Samuel Ruiz García. "Tatic" Samuel, el papá Samuel como lo reconocieron los indígenas chiapanecos y ese título lo llevó siempre como el más grande de los honores. Samuel Ruiz, que ya era obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas fue fundador y presidente del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, aquel fraile español que le antecedió casi cinco siglos en la misma sede episcopal de Chiapas.
En su lucha por la defensa de los derechos humanos fue inspirador y guía de varias
organizaciones civiles, mediador en los diálogos entre el EZLN y el gobierno mexicano y candidato al Nobel de la Paz. En 2009 recibió el premio Bartolomé de las Casas, entregado por los Príncipes de Asturias. También fue galardonado con el premio Simón Bolívar, concedido por la Unesco en 2000. Y a lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos por su trabajo en la defensa de los derechos humanos. Derechos que entre los pueblos indígenas de Chiapas estaban y siguen estando pisoteados en muchos casos.
Los del equipo de Pueblo de Dios estuvimos hace unos años recorriendo Chiapas e hicimos varios reportajes sobre la situación de los chiapanecos y fuimos testigos del cariño y del recuerdo que todos tenían al Tatic Samuel.
En la foto de al lado, don Samuel en una celebración en recuerdo de Óscar Romero, otro de los grandes obispos latinoamericanos. Con Romero, sus asesinos cumplieron las amenazas. Con don Samuel, que sufrió varios intentos de acabar con él, no pudieron. Su avanzada edad puso punto y seguido a una vida de película.
Entraron las tropas gubernamentales en un poblado del sur que había ofrecido resistencia. Lo primero que hicieron fue preguntar por el responsable local de la comunidad cristiana, no por el misionero extranjero sino por el nativo, el hombre del lugar. Lo localizaron, lo trajeron a rastras y, delante de todos, en el centro del poblado, lo crucificaron. Para que sirviera de ejemplar escarmiento. Esto no pasó hace mil años sino durante la guerra entre el norte y el sur de Sudán, hace unos años... 


