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Vuelvo a África

Welcome_to_zimbabweHace más de un año que no piso África. Muchos meses añorando regresar a alguno de esos países, especialmente al sur del Sáhara, donde tantas cosas me han pasado, tanta gente he conocido y tantas historias he podido contar. Estos últimos meses en Paraguay, Ecuador, Perú e India también me he encontrado todo eso. Pero África es África. No sé si me entendéis...pero es que tampoco me explico mucho ni claro. Ya sabemos que África, dicho así, a bulto, es una entelequia. Pero tan cierto es eso como que las tierras africanas ejercen sobre mi una atracción  un pelín fatal. En Sudán del Sur, en RD Congo, en Sierra Leona, en Mozambique... he conocido todo el espectro de lo que el género humano puede hacer como dueño y protagonista de su vida, desde lo más sublime a lo más abyecto. Y mira que lo he pasado mal ...en la misma proporción que lo he pasado bien: los calores sofocantes, las carreteras infames, las ciudades caóticas, las grandes y pequeñas injusticias, las ganas de vivir, las soluciones a los problemas, el sentido trascendente de la gente, los paisajes...

Lo mejor de todo es que regreso lleno de dudas, de preguntas sin contestar, de enigmas sin resolver, de silencios que se quedan a vivir conmigo. Viajar a tierras africanas me hace ser mucho más cauto, más prudente, más precavido si se trata de opinar sobre lo divino y lo humano. Y todo porque me sigo dando baños de asombro cuando abro el catálogo de culturas, lenguas, tradiciones, actitudes...porque veo mezclarse, diluirse, moverse las fronteras que separan la vida de la muerte. 

Bueno, dicho esto, en esta ocasión voy de estreno: a Zimbabwe (me gusta más escribirlo con "w").Voy a recorrer el noroeste del país, uno de los últimos africanos en alcanzar la independencia (1980) y, quizás, de los pocos cuyo presidente es conocido por más gente (tampoco mucha). Aunque solo sea por el triste hecho de que lleva media vida aferrado al poder: Robert Mugabe.  

El viaje promete porque vamos a conocer y grabar varios proyectos de la ong Manos Unidas en una de las zonas más empobrecidas de un país empobrecido como Zimbabwe. Un par de veces al año recorremos distintos lugares de la geografía mundial contando las cosas que se hacen gracias al apoyo de esta ong de la Iglesia española, una de las más potentes del panorama de la solidaridad internacional. Allí nos vamos encontrar, entre otros, a varios misioneros españoles, de esos que llevan media vida dejándosela por las tierras de misión. Y también tengo ganas de encontrarme a Manuel Ogalla, un claretiano y paisano, un misionero que rompe esquemas (por joven y por gaditano). 

Me esperan historias de lucha por la seguridad alimentaria, por atender y cuidar a enfermos de sida, por mejorar la educación, por llevar agua a los poblados, por acoger a los ancianos... Esas historias que me gusta mucho contar porque nos reconcilian con lo mejor del ser humano y nos dejan entreabierta la puerta de la esperanza.

Viajo con el realizador Carlos González y los reporteros gráficos Alberto Novo y Juan Cabrera. Si las tecnologías lo permiten, os lo iré contando casi a tiempo real.  Y si no, habrá que esperar a que salga por la tele. Hasta pronto.

Categorías: Actualidad , africa , de-viaje

Ricardo Olmedo   20.may.2016 16:22    

Heroínas de frontera

Pisiga selfie

He estado apenas dos semanas en Bolivia. En el altiplano. La primera semana en la frontera con Perú, en Mocomoco, a 3.600 metros. La segunda en la frontera con Chile, en Pisiga, a 3.800. Las experiencias han sido brutales, como los paisajes. Pero nunca me cansaré de repetir que lo mejor de estos viajes, siempre, son las personas. Las de esta última aventura han sido especialmente especiales.

En Pisiga he convivido con tres mujeres fantásticas. Una española, una peruana y una boliviana, como si fuera un chiste, pero muy en serio. Viven de la providencia y de lo que les manda la gente buena desde España a través de la ong COVIDE-AMVE. Se dedican a dar techo, comida y orientación a los migrantes que vienen huyendo de la violencia y la pobreza desde Colombia, República Dominicana y la propia Bolivia buscando una vida mejor en Chile. A cien metros de la casa donde les dan acogida.

El lugar es inhóspito. A las dos de la tarde el viento se hace insoportable. La altura te quita el hambre y la falta de oxígeno te provoca un sueño que no es fácil explicar. El sol quema incluso con una protección 50 (aquí usan protección 100) y las noches de invierno la temperatura llega hasta los 20 bajo cero. María José, Fanny y Zenobia llevan apenas tres meses entregadas a la causa. Visitando algunas familias de un pueblo con 72 personas censadas pero con más de 600 habitantes. Las tres son heroínas de frontera en un lugar donde el principal entretenimiento es contar la ingente cantidad de camiones que pasan mercancías de un lado al otro de la cordillera andina. En el desierto. Donde no hay un solo árbol, donde las llamas y los perros son los únicos animales que resisten la dureza climatológica, donde casi todos los vecinos profesan el pentecostalismo, donde las Hijas de la Caridad tienen que rotar para no morir de frío, de tristeza, de dolor de cabeza y de impotencia.

Cinco días y cuatro noches hemos pasado en un rincón celestial dentro de este infierno. Las hermanas nos han abierto las puertas de su casa acogiéndonos como si formásemos parte de la comunidad. Nos han sentado a su mesa y nos han ofrecido de lo bueno, lo mejor. Unas hermanas que viven de alquiler en una casa sin agua corriente. Entre una y dos horas al día se pasan acarreando cubos desde un pozo o llenándolos con una manguera que suben con una cuerda desde el patio del vecino hasta su ventana. Con el frío que hace. Y el sol de justicia. Y un viento que uno no sabe cómo contar y que no se entiende en las imágenes.

El último día vino Margarita. Una chilena que ha batido el récord de permanencia en esta complicada misión de altísima rotación. Llegó desde Iquique, en la costa chilena, donde ha puesto en marcha una guardería para los hijos de los migrantes que atendió durante los tres años que pasó en Pisiga. Nos contó cómo habían denunciado racismo, clasismo, malos tratos y algunas irregularidades en la frontera chilena para con los migrantes más pobres y de color. Y que el Salvados de la principal televisión chilena se había hecho eco del asunto. Y cómo desde entonces las cosas estaban más normalizadas y había menos migrantes “rebotados”. Vimos cómo fotografiaba con su celular la última denuncia de un colombiano fechada dos días antes de nuestra llegada y entregada a las hermanas para su tramitación. En ella narraba la paliza que dos policías le habían infligido antes de no dejarle pasar la frontera. La hermana Margarita envió el documento fotografiado por wasá a la responsable chilena de migraciones dependiente del Ministerio. Enseguida recibió respuesta: “Mándeme todos los datos por correo electrónico. Abriremos inmediatamente otra investigación”. Y a pesar de la locura del viento, del frío entrando por las rendijas, del sol que no te deja abrir los ojos, del ruido de los camiones a 3.800 metros, de la falta de agua corriente, de la arena en la boca y de la falta de sonrisas en un punto caliente para el tráfico de drogas… a pesar de todo, uno siente en el pecho esa inexplicable sensación de satisfacción y bienestar mirando a los ojos de estas mujeres valientes, de las heroínas de Pisiga, de las Hijas de la Caridad.

Pisiga equipo

Santiago Riesco   19.mar.2016 12:42    

Vuelvo a Bolivia

Río Mamoré (19)

Regreso al país que me sorprendió hace seis años. Al lugar donde tuve la suerte de conocer a una de las heroínas de Cochabamba, a sor Adelina ("Otra heroína de Cochabamba"). Una Hija de la Caridad navarra que nos llevó con la lengua fuera recogiendo gente tirada en la calle, atendiendo enfermos terminales, escuchando a los toxicómanos y dejándose la vida a jirones por los descartes, los invisibles, los nadies ("La infancia amanecida"). Vuelvo a Bolivia dispuesto a que sus pueblos y sus gentes me vuelvan a conquistar. Aunque esta vez no iré en avioneta hasta las entrañas de la selva desde la capital del Beni, Trinidad. Ni caeré en la cuenta de que las Cesna de seis plazas no tienen limpiaparabrisas, ni navegador, ni gps, ni más instrumental que el móvil y la pericia de un piloto capaz de aterrizar guiado por su intuición en medio de una tormenta. Tampoco tenemos en el planning grabar una reducción jesuítica ni cómo los jóvenes indígenas cantan como los ángeles, juegan al fútbol descalzos y cazan pirañas con arpón metidos hasta las rodillas en el agua ("Así en la selva como en los Andes"). Ni siquiera hay prevista una larga jornada en barco remontando uno de los principales afluentes del Amazonas, el impresionante río Mamoré. No hay organizado un regreso nocturno en el que la luz de las estrellas se refleje en los ojos de los caimanes en medio de un silencio espeso mientras nuestro barco, salido de un cuento de Mark Twain, esquiva los troncos que arrastra la corriente. “Ustedes están acostumbrados”, me animaba preguntando a los que llevaban el timón. “Nosotros nunca viajamos de noche porque es muy peligroso. Esta es la primera vez”, me respondían ocultos por la oscuridad y navegando a la luz de una miserable linterna después de pedirnos que apagáramos las nuestras porque les distraían. No sé si volveré a ver a sor Geralda, la misionera norteamericana patrona del Santa Luisa ("Bolivia por tierra, río y aire").

Vuelvo a Bolivia y lo hago de nuevo con la ong española de los Paúles y las Hijas de la Caridad, vuelvo con COVIDE-AMVE, aunque cambiamos de paisaje, de región y de proyectos. Del 1 al 15 de marzo el padre Diego Plá será nuestro guía, tutor y anfitrión para conocer dos misiones de altura. La de Mocomoco, en la frontera aymara con Perú, a orillas del Titicaca, a 3.500 metros de altitud. Y la misión de Pisiga Bolívar, un lugar de migración en la frontera con Chile, a 4.000 metros de altura. Iremos abrigados y preparados para el soroche. Vuelvo a Bolivia que es la misma y muy distinta.

Santiago Riesco    1.mar.2016 08:39    

Santa Teresa vive en Toro

Mientras un equipo de PUEBLO DE DIOS (Ricardo Olmedo, Julio Luquero, Antonio Urrea y Alberto F. Collantes) está grabando en Perú con los Misioneros Combonianos, otro equipo (Roberto Domingo, Alberto Novo, Sergio Rodríguez y Julián del Olmo) ha viajado a Toro (Zamora) para grabar la vida y obras de la comunidad de Carmelitas Descalzas del convento de San José. Se trata de un convento cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y actualmente está habitado por 18 monjas carmelitas, todas españolas. Sor Pilar tiene 94 años y Sor Verónica 27.

Su vida gira en torno a la oración, el trabajo, la convivencia y la formación. Y además hacen unos dulces exquisitos que están a la venta en la portería del convento. La comunidad es muy viva y ha participado muy activamente en la celebración del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.

El programa que PUEBLO DE DIOS está grabando en Toro llevará por título “Santa Teresa vive en Toro” porque la vida y obra de Santa Teresa no han acabado con la clausura del V Centenario de su Nacimiento. En España hay 1.680 Carmelitas Descalzas repartidas en 141 conventos.

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Julian del Olmo   10.nov.2015 13:34    

La santa y la princesa

La santa y la princesa

El equipo de PUEBLO DE DIOS viajará la semana que viene a la Alcarria para encontrarse, en Pastrana, con Santa Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, dos mujeres excepcionales cada una en su estilo. Santa Teresa fue a Pastrana en la primavera de 1569 invitada por la Princesa de Éboli para fundar un convento de Carmelitas Descalzas en la villa. La Santa no se fiaba de la Princesa porque era temperamental y caprichosa y se vio un poco forzada para ir a Pastrana. Lo cuenta ella misma en el capitulo 17 del “Libro de las Fundaciones”.

En los tres meses que estuvo en Pastrana fundó dos conventos: el de San José para mujeres y el de San Pedro para hombres. Al enviudar, a la Princesa le dio el arrebato de meterse monja. Cuando se enteró la priora de San José dijo: “¿La Princesa monja? Ya doy la casa por perdida”. Y así fue. Se llevó con ella a una de sus doncellas para que la sirvieran y en pocos días revolucionó al convento. Como esta vida no estaba hecha para ella se salió pero sin renunciar a seguir siendo dueña y señora del convento. Enterada San Teresa del tejemaneje de la Princesa ordenó a sus monjas que, muy discretamente, salieran de Pastrana y se trasladaran a Segovia.

Ni que decir tiene que el desplante de la Santa le sentó muy mal a la Princesa. Utilizando sus encantos se dedicó a intrigar en la corte y el rey Felipe II, ni corto ni perezoso, la encarceló en el palacio ducal de Pastrana donde permaneció los últimos once años de su vida. 

El equipo de PUEBLO DE DIOS (Roberto Domingo, Antonio Urrea, Alberto Collantes y Julián del Olmo) nos disponemos a viajar a Pastrana, a los 500 años del nacimiento de Santa Teresa, para rastrear la huella que dejó a su paso por la Alcarria. El párroco de Pastrana, Emilio Esteban, será nuestro guía en los antiguos conventos fundados por la Santa, en la Colegiata y en el Museo de Tapices Flamencos del siglo XV. Después José María Rodrigo, párroco de los pueblos ribereños del Tajo, nos dará una vuelta por la ciudad visigoda de Recópolis, en Zorita de los Canes, y por los pueblos de Almonacid y Albalate de Zorita que atiende pastoralmente. Todo esto lo podrán ver próximamente en PUEBLO DE DIOS.

Julian del Olmo   14.oct.2015 10:46    

Casaldáliga: "Mereció la pena... y la alegría"

Desde que me dijeron que grabaría con Manos Unidas en san Félix de Araguaia, sólo pensaba en una cosa: conoceré a Pedro Casaldáliga. No reparé en el largo viaje que me esperaba. Casi 4.000 kilómetros desde Recife, donde empezaba la grabación de proyectos solidarios, hasta las playas del río Araguaia.

Llegamos a mediodía y, al bajar de la avioneta, a mi saludo inicial uní la pregunta por Pedro. Hacía un par de meses que se había roto la cabeza del fémur. Tiene un Parkinson avanzado y ya cumplidos los 87 años. No siquiera sabía si estaba en su casa o recuperándose en cualquier otro lugar. El titular de esta crónica despeja toda duda. No sólo estaba en casa sino que conversamos un buen rato.

Nos llevaron al Centro Pastoral "Tia Irene", en el centro de San Félix, En la orilla oeste del Araguaia. Un lugar privilegiado donde se ve un impresionante amanecer desde la ventana. Allí me encontré a Félix, un agustino de Madrid que lleva junto a Pedro más de cuatro décadas dejándose la vida por los pobres de esta tierra, por la tierra, por sus mujeres y sus hombres. Hablamos de amigos comunes, de sus hermanos agustinos de Salamanca, Mallorca y El Escorial. De los laicos comprometidos que salieron de sus grupos scouts. De José María y Mari Pepa, un matrimonio fuertemente ligado a Casaldáliga. Y me habló de ANSA, la asociación para el desarrollo social que fundaron a los inicios de la prelatura y que ahora camina sola. De sus muchos proyectos y de cómo han puesto en marcha la única industria de la región, una fábrica de zumos en la que han contadocon el apoyo constante de Manos Unidas.

Araguaia

La casa de Pedro sigue igual que cuando era la sede episcopal. Sin muros, cercas ni alambradas. Abierta a la calle. De una sola planta.  Con una sencillez cálida y acogedora en la que resulta imposible sentirse extraño.

Eran las cinco y media de la tarde. Habíamos quedado. Y allí estaba Paulo Gabriel, superior de los agustinos de Brasil y poeta como él. Nos contó cómo unió su destino al de Pedro y qué hacen los hijos de San Agustín en San Félix. Habló de su militancia desde la fe, del compromiso real con la defensa de la naturaleza y de las denuncias al agronegocio por su comportamiento abusivo.

Pedro estaba en el pequeño patio, sentado de cara a la capilla. Mientras mis compañeros grababan a la comunidad de agustinos que vive con el obispo claretiano, yo me acerqué a él con auténtica veneración y respeto, hecho un manojo de nervios.

Casaldaliga

"Don Pedro, soy Santi Riesco" y me cogió una mano entre las suyas mirándome a los ojos. "El periodista", me dijo, "te estábamos esperando". Me senté a su lado y, aún con mi mano entre las suyas, comencé a hablar muy rápido, como temiendo que se acabará el sueño: "Don Pedro, le traigo muchos mensajes, recuerdos y abrazos de gente que le admira y le quiere, los traigo aquí apuntados". Saqué el móvil y comencé a leer los recados. De Charo y Carmen, que se han quedado con ganas de venir a verle, de Benjamín, que me envió el libro monográfico sobre su vida recién publicado. De Jesús que quiere publicar esta extraña entrevista y de Miguel Ángel, que sigue en la lucha implicado. Para cada uno me dio un mensaje. Y tras un largo silencio mirándonos a los ojos rompí la magia soltándole a bocajarro: "Mi compañero Ricardo me dice que no deje de preguntarle si ha merecido la pena", y tras una pausa calmada meditando la respuesta para que el esfuerzo de pronunciarla no se quede en nada, contesta: "mereció la pena... y la alegría". Y no me di cuenta de la profundidad de lo que me respondía porque estaba pendiente de memorizar cada una de sus palabras. Nos pidieron que no grabáramos, que respetásemos su descanso, el martirio de su enfermedad. Y yo tenía que emplearme a fondo para guardar todas sus expresiones. Algunas nada fáciles de entender por el esfuerzo al pronunciarlas, por el Parkinson, por la edad y por el cansancio acumulado de la jornada.

"¿Cuándo vas a entrevistar al Papa Francisco?", ahora era don Pedro el que preguntaba. Y yo trataba de explicarle que somos un programa para los últimos, para los nadies, que el Papa tendría cientos de peticiones de entrevistas de programas y periodistas más importantes. "Es el Papa de los descartes", apuntaba José María, sentado durante toda la conversación a la derecha de Pedro. Y con los nervios intenté contarle tantas cosas que me sorprendí hablándole con sus versos y obligándome a escuchar sus silencios.

"Los obispos están reunidos en Sínodo", sacó otro tema don Pedro. Y no me salía dirigirme a él de tú, a pesar de lo cerca que estábamos, a pesar de la total sintonía, de estar en comunión y experimentar de lleno la alegría. "El cambio tiene que ser grande. Hay que abrir puertas y ventanas; es lo que pedía el Concilio". Y le cuento como siento yo en España el cambio de la Iglesia. Que me parece más de forma que de fondo, que tenemos miedo a perder poder y privilegios.

No quiero despedirme. Temo que esté agotado. Me disculpo por no haberlo hecho antes y le preguntó por su salud. José María sale al quite y dice que antes les ha contado a mis compañeros que se encuentra con fuerzas y, de la pierna, casi totalmente recuperado.

Quiero seguir preguntando, y pienso en la pena que me da no poder grabarlo, no tener la imagen de sus ojos claros, de su hermano Parkinson agitándolo. "Mañana vamos a grabar con los indios Xavante, un referente de la lucha indígena que es un símbolo del triunfo de los pobres", le digo esperando su comentario. Y tras otra lenta, deliciosa y nutritiva pausa don Pedro me dice con un hilo de voz: "Hay que contarlo. Las grandes multinacionales del agro han destruido su tierra. Son un pueblo valiente. Un ejemplo de que unidos, en comunidad, se pueden conseguir grandes metas". Y aunque el volumen es bajo, sus palabras resuenan como un látigo en el atrio del templo.

"Gracias, don Pedro, por este rato. Muchas gracias por su vida y sus poemas". Me despido dándole de nuevo la mano. Y ya de pie, él la vuelve a coger entre las suyas. Entonces me inclino para escuchar su bendición: "Seguimos, Santi. Podemos"

 

Santiago Riesco    6.oct.2015 22:31    

Murilo, diez años después

Murilo y yo

"Rápido, rápido. Al carro, rápido". Gritaba Edson, responsable de la ONG "Rúas e prazas" (Calles y plazas) hace diez años. Era de noche y entrevistábamos a Murilo en plena calle. Estaba rodeado de otros niños, como él, a los que acabábamos de grabar colocando unos cartones para dormir en la acera, al raso, muy cerca de uno de los canales de Recife. "Rápido, rápido. Al carro, rápido". Y con la antorcha de la cámara aún encendida, y los pequeños revoloteando y gritando nerviosos a nuestro lado, pudimos ver de refilón cómo llegaba otro grupo de chicos de la calle corriendo hacia nosotros. Eran algo más mayores. Al parecer estaban cabreados porque habíamos entrado sin permiso en su territorio. Cuando nos subimos a la furgoneta, aún asustados, Edson trataba de explicarnos que Murilo nos había engañado. Al parecer nos había utilizado para alguno de sus múltiples trapicheos. Era el líder del grupo. Estaba completamente drogado. Tenía 12 años.

Hoy me he vuelto a encontrar con él. Ha pasado una década desde aquella entrevista atropellada que emitimos en el reportaje "Las calles de los sueños rotos". No me ha reconocido, al contrario que yo a él. Le he recordado la última vez que nos vimos y tuve que salir corriendo. Se ha sonreído y se ha disculpado: "He cometido muchos errores, no quiero que mis hijos sigan mis pasos". Y me deja asombrado pensar que pueda tener hijos. Le pregunto qué ha sido de su vida desde 2005, en estos diez últimos años. Y aunque es pleno día y no está drogado, a pesar de que estamos sentados bajo la sombra de un árbol viendo como Tiago -uno de sus "hijos" (9 años), juega al fútbol con otros críos- comienza a confesarse conmigo poniendo por testigo ,y a veces como traductor, a "Tonho da Olinda", el educador de calle más experimentado.

Murilo ha cumplido 22 años. Vive entre la calle y la casa de su madre, en el barrio de Coelho. Cobra una pensión que equivale al salario mínimo por la enfermedad mental que le diagnosticaron. Esnifar cola durante tantos años le ha salido muy caro. Me cuenta que la policía le tiene muy vigilado. Que van a menudo a molestarle a casa de su madre con la excusa de buscar droga y para sacarle dinero. Lo cierto es que ayer mismo, a su "hijo" mayor, João (17 años), se lo llevaron preso porque algo le encontraron.

Le pido que me cuente por qué tiene dos "hijos" tan mayores, dónde y cómo los ha adoptado. Y me muestra sus tatuajes en los antebrazos donde se lee: "Tiago meu filho" y "João meu filho". Dos niños que conoció en la calle y a los que "apadrina" informalmente. Viven con él, con su madre, su padrastro y sus dos hermanos pequeños. En total son siete en casa, aunque pasa largas temporadas con sus "hijos" en la calle.

Miro a Tiago jugar con el peto azul. No es un buen cierre, su portero le recrimina un fallo. Van perdiendo tres a cero. Y Murilo me mira mirando a su "hijo" y muy serio me suelta a bocajarro: "Quiero que aprendan en "Rúas e prazas" lo que yo no quise aprender. Quiero que sean más felices que yo, que tengan un futuro mejor". Y me viene a la mente la cara de Murilo con 12 años completamente drogado. La antorcha de la cámara encendida y la voz de Edson gritando: "rápido, rápido. Al carro, rápido".

Murilo

Santiago Riesco    3.oct.2015 07:44    

Una mujer de raíces. De agua

Ivanete

Merece la pena comerse siete horas de viaje y atravesar dos estados brasileños si, al llegar a destino, uno se encuentra con un ángel disfrazado de campesina. Una mujer identificada con su tierra y con su gente. Una cristiana de base con una fe enraizada en que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo. Aunque no llueva.

Porque Ivanete vive en la región del semiárido, en el sertao, en la caatinga, en esa especie de sahel brasileño que recuerda al lejano oeste de las películas de vaqueros con sabor nordestino.

Este peculiar ecosistema mataba de sed campos y ganado. Impedía llevar una vida adecuada. La falta de agua era incompatible con el ser humano.

En la parroquia de Ivanete, Cáritas quiso hacer algo. Y montaron un "Grupo de agua" que más tarde encabezó el comité municipal que abordaba este asunto vital. Fue en 1997 cuando empezaron a construir los primeros aljibes e impluviums para recoger el agua de lluvia. Al poco, Cáritas Nordestina consiguió la ayuda de Manos Unidas para poner en marcha el proyecto "Raizes". Era un plan integral para abordar la falta de agua desde su recogida y tratamiento hasta el uso para el consumo y la producción.

Ivanete se convirtió en animadora rural entre 2010 y 2013. Comenzó a formar a las familias para que aprendiesen a convivir con el semiárido. Puso en marcha el banco de semillas, el fondo rotatorio de animales, unidades de producción de pulpa de fruta, actividades culturales.

Ivanete es ahora voluntaria. El proyecto terminó hace un par de años. Pero ella sigue visitando a las familias, acompañando a los Agentes de Desarrollo Local (ADL) en todas sus iniciativas rurales.

Ivanete es una mujer soltera. Tiene 50 años y, desde que falleció su madre, vive con la familia de su comadre, con el marido de ésta y sus dos hijas. La pequeña es su ahijada. Ivanete va en moto a todas partes. Los domingos a misa y, entre semana,  a su campo de una hectárea donde planta de todo para comer variado. Vende en la feria, una vez al mes, las frutas y verduras que le sobran. Y así consigue algún ingreso.

Ivanete adoptó hace unos meses a un gato abandonado: "Es blanco, muy guapo. El más listo de los gatos".

 

Santiago Riesco    1.oct.2015 04:06    

La "raspadeira" que regresó a la escuela

Flavia raspadeira

Se llama Flavia Josefa Dos Santos y tiene 34 años. Vive en la comunidad Jarvs Gonzaga del municipio de Feira Nova; un lugar perdido en el brasileño estado de Pernambuco. A una hora de Vitória de Santo Antao. A dos horas y media de Recife. 

Flavia entró a trabajar en una fábrica de harina cuando era una niña. Y dejó los estudios para comenzar una vida de esclavitud. Las mujeres negras y afrodescendientes son la principal mano de obra en estos lugares insalubres. Ahí pasan alrededor de 15 horas al día raspando mandioca para conseguir un salario que no llega a un euro diario. Exactamente les pagan 4 reales brasileños por cada cien kilos de mandioca que dejen pelado y preparado para su molienda.

Son legión las mujeres negras y afrodescendientes que sólo han conocido esta forma de vida hasta que se les apareció Manos Unidas y el Centro de Mujeres de Vitoria (CMV). Hasta entonces su vida era nacer, raspar, sufrir abusos de todo tipo, raspar, tener hijos, raspar, enfermar, no poder raspar, no tener qué comer, volver a raspar, morir para liberarse de una vida de esclavitud que era más muerte en vida que cualquier otra cosa.

Flavia tiene dos hijos de 13 y 14 años que se llaman Evelyn y Everton. Estudian octavo y quinto curso. Flavia se sienta con ellos en la mesa de la estrecha cocina de su casa para resolver dudas y hacer las tareas de la escuela. Pero no como haría cualquier otra madre. Flavia también está en la escuela. Va al turno de noche y cursa séptimo y octavo a la vez. Comenzó hace cuatro años y, desde el principio, sus hijos se han sentido orgullosos de ella. Casi tanto como sus vecinas y, sobre todo, sus compañeras del centro de producción. Porque Flavia dejó la casa de harina en la que raspaba mandioca para entrar de lleno en el programa de Manos Unidas que ofrecía la posibilidad de organizarse con otras mujeres. Y así lo hizo. Y desde entonces cocinan dulces y salados en un local alquilado para venderlos luego en ferias, instituciones y en su pequeño puesto ambulante. 

Son tres grupos de doce mujeres cada uno. Todas ellas son negras o afrodescendientes. Muchas no pudieron ir a la escuela y todas se han dedicado (alguna todavía sigue haciéndolo) a las tareas del raspado de la mandioca sin derechos y en unas condiciones indignas. Ahora, con la ayuda de Manos Unidas, van recuperando la dignidad. Son madres e hijas. Vecinas, primas, amigas. Todas quieren mejorar sus vidas. Y han encontrado en estos centros de producción una alternativa.

Flavia es un caso de éxito. El de la "raspadeira" que regresó a la escuela.

Santiago Riesco   29.sep.2015 00:23    

Rumbo a Albania

El sábado, 20 de junio, salimos para Albania con Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). Recorreremos este pequeño país balcánico grabando las historias de la minoría cristiana católica apoyada por esta Fundación de la Santa Sede que este año cumple sus bodas de oro en España.

Albania tiene poco más de tres millones de habitantes en una extensión como la de la Comunidad Valenciana. También a orillas del Mediterráneo. Es un país eminentemente rural y musulmán. Los católicos suman un 15% y el año pasado tuvieron la fortuna de recibir la visita del Papa Francisco para animarles en la convivencia pacífica con otras religiones y rendir homenaje a los mártires de la persecución religiosa durante los más de 45 años años de dictadura comunista (1946 - 1991). El domingo, 21 de junio, tendrán lugar las elecciones locales en esta joven democracia que sigue siendo uno de los países más pobres de Europa. Las razones que impiden su desarrollo son múltiples. La alta tasa de emigración y la corrupción generalizada son dos de los factores que más se repiten en los análisis económicos de los expertos.

De la mano de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) tenemos previsto visitar algunas comunidades católicas en Tirana, Laç, Nanshët, Bathore, Mollasi, Lumas y Fier. El objetivo es ver cómo la generosidad de los católicos españoles a través de AIN llega a su destino y sirve para animar y mantener la vida de estas comunidades, especialmente la de los que menos tienen.

Bunker iglesia
En el plan de grabación tenemos escuelas, capillas, hogares para menores en situación de riesgo, comedores sociales, talleres pre-laborales, el seminario mayor y la atención a inmigrantes que viven la miseria en los suburbios de las grandes ciudades huyendo de la pobreza de las montañas.

Durante estas dos semanas seguro que nos encontramos con la huella de la Madre Teresa de Calcuta que, aunque nació en Macedonia, se crió en Albania y como tal es querida y reconocida en el país. El aeropuerto de la capital, Tirana, lleva su nombre. También será inevitable que grabemos alguno de los más de 500.000 búnkeres construidos por el régimen comunista. Algunos de ellos reconvertidos en originales viviendas, cafeterías, tiendas y hasta hay alguno que ha funcionado como capilla hasta que se construyó la iglesia actual. 

El equipo que se traslada en esta ocasión a Albania está compuesto por Roberto Domingo (realizador), Fernando de Andrés (cámara), Pascual Barraca (sonido) y el menda lerenda que firma esto. Nos guiarán y acompañarán durante la grabación Josué Villalón (prensa AIN) y Evaristo de Vicente (voluntario AIN). Si el cansancio y el wifi nos lo permiten os iremos contando -desde el terreno- las historias que se nos vayan cruzando por el camino de esos pueblos de Dios.

Seguimos en contacto.

Santiago Riesco   19.jun.2015 10:37    

Pueblo de Dios

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Los de PUEBLO DE DIOS no somos los de la misa. El programa es uno de los más veteranos de la casa. Llevamos en la parrilla desde octubre de 1982. Ahora podéis vernos los domingos a las 11:30, justo después de “El día del Señor” (la misa); y desde marzo de 2010 también salimos los miércoles a las 11:00, también en La 2.
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