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Heroínas de frontera

Pisiga selfie

He estado apenas dos semanas en Bolivia. En el altiplano. La primera semana en la frontera con Perú, en Mocomoco, a 3.600 metros. La segunda en la frontera con Chile, en Pisiga, a 3.800. Las experiencias han sido brutales, como los paisajes. Pero nunca me cansaré de repetir que lo mejor de estos viajes, siempre, son las personas. Las de esta última aventura han sido especialmente especiales.

En Pisiga he convivido con tres mujeres fantásticas. Una española, una peruana y una boliviana, como si fuera un chiste, pero muy en serio. Viven de la providencia y de lo que les manda la gente buena desde España a través de la ong COVIDE-AMVE. Se dedican a dar techo, comida y orientación a los migrantes que vienen huyendo de la violencia y la pobreza desde Colombia, República Dominicana y la propia Bolivia buscando una vida mejor en Chile. A cien metros de la casa donde les dan acogida.

El lugar es inhóspito. A las dos de la tarde el viento se hace insoportable. La altura te quita el hambre y la falta de oxígeno te provoca un sueño que no es fácil explicar. El sol quema incluso con una protección 50 (aquí usan protección 100) y las noches de invierno la temperatura llega hasta los 20 bajo cero. María José, Fanny y Zenobia llevan apenas tres meses entregadas a la causa. Visitando algunas familias de un pueblo con 72 personas censadas pero con más de 600 habitantes. Las tres son heroínas de frontera en un lugar donde el principal entretenimiento es contar la ingente cantidad de camiones que pasan mercancías de un lado al otro de la cordillera andina. En el desierto. Donde no hay un solo árbol, donde las llamas y los perros son los únicos animales que resisten la dureza climatológica, donde casi todos los vecinos profesan el pentecostalismo, donde las Hijas de la Caridad tienen que rotar para no morir de frío, de tristeza, de dolor de cabeza y de impotencia.

Cinco días y cuatro noches hemos pasado en un rincón celestial dentro de este infierno. Las hermanas nos han abierto las puertas de su casa acogiéndonos como si formásemos parte de la comunidad. Nos han sentado a su mesa y nos han ofrecido de lo bueno, lo mejor. Unas hermanas que viven de alquiler en una casa sin agua corriente. Entre una y dos horas al día se pasan acarreando cubos desde un pozo o llenándolos con una manguera que suben con una cuerda desde el patio del vecino hasta su ventana. Con el frío que hace. Y el sol de justicia. Y un viento que uno no sabe cómo contar y que no se entiende en las imágenes.

El último día vino Margarita. Una chilena que ha batido el récord de permanencia en esta complicada misión de altísima rotación. Llegó desde Iquique, en la costa chilena, donde ha puesto en marcha una guardería para los hijos de los migrantes que atendió durante los tres años que pasó en Pisiga. Nos contó cómo habían denunciado racismo, clasismo, malos tratos y algunas irregularidades en la frontera chilena para con los migrantes más pobres y de color. Y que el Salvados de la principal televisión chilena se había hecho eco del asunto. Y cómo desde entonces las cosas estaban más normalizadas y había menos migrantes “rebotados”. Vimos cómo fotografiaba con su celular la última denuncia de un colombiano fechada dos días antes de nuestra llegada y entregada a las hermanas para su tramitación. En ella narraba la paliza que dos policías le habían infligido antes de no dejarle pasar la frontera. La hermana Margarita envió el documento fotografiado por wasá a la responsable chilena de migraciones dependiente del Ministerio. Enseguida recibió respuesta: “Mándeme todos los datos por correo electrónico. Abriremos inmediatamente otra investigación”. Y a pesar de la locura del viento, del frío entrando por las rendijas, del sol que no te deja abrir los ojos, del ruido de los camiones a 3.800 metros, de la falta de agua corriente, de la arena en la boca y de la falta de sonrisas en un punto caliente para el tráfico de drogas… a pesar de todo, uno siente en el pecho esa inexplicable sensación de satisfacción y bienestar mirando a los ojos de estas mujeres valientes, de las heroínas de Pisiga, de las Hijas de la Caridad.

Pisiga equipo

Santiago Riesco   19.mar.2016 12:42    

Vuelvo a Bolivia

Río Mamoré (19)

Regreso al país que me sorprendió hace seis años. Al lugar donde tuve la suerte de conocer a una de las heroínas de Cochabamba, a sor Adelina ("Otra heroína de Cochabamba"). Una Hija de la Caridad navarra que nos llevó con la lengua fuera recogiendo gente tirada en la calle, atendiendo enfermos terminales, escuchando a los toxicómanos y dejándose la vida a jirones por los descartes, los invisibles, los nadies ("La infancia amanecida"). Vuelvo a Bolivia dispuesto a que sus pueblos y sus gentes me vuelvan a conquistar. Aunque esta vez no iré en avioneta hasta las entrañas de la selva desde la capital del Beni, Trinidad. Ni caeré en la cuenta de que las Cesna de seis plazas no tienen limpiaparabrisas, ni navegador, ni gps, ni más instrumental que el móvil y la pericia de un piloto capaz de aterrizar guiado por su intuición en medio de una tormenta. Tampoco tenemos en el planning grabar una reducción jesuítica ni cómo los jóvenes indígenas cantan como los ángeles, juegan al fútbol descalzos y cazan pirañas con arpón metidos hasta las rodillas en el agua ("Así en la selva como en los Andes"). Ni siquiera hay prevista una larga jornada en barco remontando uno de los principales afluentes del Amazonas, el impresionante río Mamoré. No hay organizado un regreso nocturno en el que la luz de las estrellas se refleje en los ojos de los caimanes en medio de un silencio espeso mientras nuestro barco, salido de un cuento de Mark Twain, esquiva los troncos que arrastra la corriente. “Ustedes están acostumbrados”, me animaba preguntando a los que llevaban el timón. “Nosotros nunca viajamos de noche porque es muy peligroso. Esta es la primera vez”, me respondían ocultos por la oscuridad y navegando a la luz de una miserable linterna después de pedirnos que apagáramos las nuestras porque les distraían. No sé si volveré a ver a sor Geralda, la misionera norteamericana patrona del Santa Luisa ("Bolivia por tierra, río y aire").

Vuelvo a Bolivia y lo hago de nuevo con la ong española de los Paúles y las Hijas de la Caridad, vuelvo con COVIDE-AMVE, aunque cambiamos de paisaje, de región y de proyectos. Del 1 al 15 de marzo el padre Diego Plá será nuestro guía, tutor y anfitrión para conocer dos misiones de altura. La de Mocomoco, en la frontera aymara con Perú, a orillas del Titicaca, a 3.500 metros de altitud. Y la misión de Pisiga Bolívar, un lugar de migración en la frontera con Chile, a 4.000 metros de altura. Iremos abrigados y preparados para el soroche. Vuelvo a Bolivia que es la misma y muy distinta.

Santiago Riesco    1.mar.2016 08:39    

Hospitalidad, dignidad y derechos con los refugiados y migrantes

Jesus inmigrante

Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER,
el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz aprueban
el «Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual»
para articular una estrategia conjunta de Iglesia ante el reto de las migraciones.

Madrid, 3 de noviembre de 2015.- Hospitalidad, Dignidad y Derechos. Estas son las tres claves del trabajo de la Iglesia con las personas migrantes y refugiadas que articulan el “Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual”, que acaba de ser aprobado.

Con este documento, las entidades promotoras de la citada Red —Cáritas Española, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz— pretenden consolidar la estrategia estatal conjunta que vienen impulsando para organizar, a la luz del Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco en 2016 para conmemorar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, una respuesta global y coordinada a la realidad de las migraciones en nuestro país, que se ha visto agudizado en los últimos meses con la aparición de nuevos escenarios en el seno de la Unión Europea.

Objetivo

Según se señala en la introducción, “el objetivo de este Marco Común no es otro que el de continuar con nuestra línea de trabajo conjunta, articulada a través de esta Red Intraeclesial desde la voluntad de impulsar una presencia coordinada de Iglesia y de compartir el núcleo de esta reflexión, que luego alimentará los distintos espacios de cada una de nuestras entidades, según su misión y carisma”.

Las entidades pretenden “sostener públicamente un discurso común y una mirada compartida sobre el hecho migratorio en todas sus vertientes, así como la convicción sobre la necesidad de sensibilizar a las propias comunidades cristianas en la defensa de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, en el cultivo y desarrollo de una cultura de la acogida del diferente inspirada en la hospitalidad”.

Valoran, además, como una gran oportunidad la corriente de sensibilidad social y comunitaria expresada en múltiples formas hacia las personas en busca de protección internacional. Y señalan, al mismo tiempo, ciertas sombras del actual horizonte político y mediático “al establecer categorías sobre las personas que se encuentran en situación de movilidad, al situar en lugar preferente los derechos de unas personas solicitantes de asilo —que proceden de un determinado conflicto o de un determinado país— ante los de otros solicitantes de asilo y los de otras personas migrantes”.

Cuatro constataciones

En el documento se recogen cuatro constataciones. Primero: la actual situación no es solo una emergencia, sino el resultado de una política orientada exclusivamente al control de flujos. Segundo: estamos ante una situación que no afecta solamente a las personas en busca de protección internacional, sino a la dignidad y a los derechos de todos los migrantes. Tercero: es imprescindible activar en Europa una mirada larga que aborde las causas de las migraciones forzadas. Y cuarto: es urgente transformar el reto en oportunidad, ya que las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos.

Una mirada que aborda las causas de las migraciones forzadas

Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús, y Justicia y Paz proponen, junto a la puesta en marcha en Europa de un plan urgente de acogida humanitaria e integración, articular en paralelo medidas que incidan en las causas de los desplazamientos:

- Asegurar la paz y el desarrollo tanto en los países de origen como de tránsito hacia Europa es una pieza clave de nuestro futuro común.

- Atajar las causas de la migración involuntaria, como son los conflictos armados, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, la competencia por los recursos naturales, la corrupción y el comercio de armas.

- Aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo de los países de la UE hasta alcanzar el prometido 0,7 % del PIB. Esta ayuda debe prestar atención prioritaria a los Estados más frágiles y a los países menos desarrollados.

- Exigir a la ONU su apoyo a aquellas acciones que aseguren la paz en zonas de conflicto.

- Abordar de raíz las causas de la trata de personas. Esto pasa por considerar a las víctimas de trata no como infractores, sino como víctimas de un delito, y proporcionar respuestas eficaces de apoyo y tratamiento a las víctimas de trata.

Una mirada inclusiva sobre la acogida, la integración y la interculturalidad

La Red Intraeclesial ha acordado trabajar de forma conjunta y coordinada tanto a nivel interno como ante a los poderes públicos, en defensa de unas políticas de acogida e integración que incidan en el cambio de estereotipos y en combatir, a través de una mirada inclusiva, los discursos racistas y xenófobos en nuestra sociedad.

Las entidades muestran su convicción de que “las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, no solo para las sociedades de origen y tránsito, sino también para nuestras propias sociedades que hoy se configuran ya como espacios de mestizaje, que se enriquecen en la convivencia con los otros”.

El Buen Samaritano, fuente de inspiración

El Marco Común lanza una invitación a encontrar “inspiración en la parábola del Buen Samaritano” y “a superar el miedo para ir al encuentro del otro, del extraño, del extranjero y reconocerlo como ser humano”. “Este encuentro –se recuerda— nos cuestionará, nos hará cambiar los planes y tomar una dirección distinta, como hizo el Buen Samaritano al ver al hombre apaleado al borde del camino. Pero nos llevará también a descubrir riquezas humanas insospechadas, allí donde el miedo nos hacía ver sólo riesgos y peligros”.

En definitiva, con esta iniciativa las organizaciones que integran la Red quieren responder a la pregunta del Papa en su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2016: "¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?".

Categorías: Actualidad , sensibilizacion

Pueblo de Dios    3.nov.2015 13:37    

La santa y la princesa

La santa y la princesa

El equipo de PUEBLO DE DIOS viajará la semana que viene a la Alcarria para encontrarse, en Pastrana, con Santa Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, dos mujeres excepcionales cada una en su estilo. Santa Teresa fue a Pastrana en la primavera de 1569 invitada por la Princesa de Éboli para fundar un convento de Carmelitas Descalzas en la villa. La Santa no se fiaba de la Princesa porque era temperamental y caprichosa y se vio un poco forzada para ir a Pastrana. Lo cuenta ella misma en el capitulo 17 del “Libro de las Fundaciones”.

En los tres meses que estuvo en Pastrana fundó dos conventos: el de San José para mujeres y el de San Pedro para hombres. Al enviudar, a la Princesa le dio el arrebato de meterse monja. Cuando se enteró la priora de San José dijo: “¿La Princesa monja? Ya doy la casa por perdida”. Y así fue. Se llevó con ella a una de sus doncellas para que la sirvieran y en pocos días revolucionó al convento. Como esta vida no estaba hecha para ella se salió pero sin renunciar a seguir siendo dueña y señora del convento. Enterada San Teresa del tejemaneje de la Princesa ordenó a sus monjas que, muy discretamente, salieran de Pastrana y se trasladaran a Segovia.

Ni que decir tiene que el desplante de la Santa le sentó muy mal a la Princesa. Utilizando sus encantos se dedicó a intrigar en la corte y el rey Felipe II, ni corto ni perezoso, la encarceló en el palacio ducal de Pastrana donde permaneció los últimos once años de su vida. 

El equipo de PUEBLO DE DIOS (Roberto Domingo, Antonio Urrea, Alberto Collantes y Julián del Olmo) nos disponemos a viajar a Pastrana, a los 500 años del nacimiento de Santa Teresa, para rastrear la huella que dejó a su paso por la Alcarria. El párroco de Pastrana, Emilio Esteban, será nuestro guía en los antiguos conventos fundados por la Santa, en la Colegiata y en el Museo de Tapices Flamencos del siglo XV. Después José María Rodrigo, párroco de los pueblos ribereños del Tajo, nos dará una vuelta por la ciudad visigoda de Recópolis, en Zorita de los Canes, y por los pueblos de Almonacid y Albalate de Zorita que atiende pastoralmente. Todo esto lo podrán ver próximamente en PUEBLO DE DIOS.

Julian del Olmo   14.oct.2015 10:46    

Rumbo a Albania

El sábado, 20 de junio, salimos para Albania con Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). Recorreremos este pequeño país balcánico grabando las historias de la minoría cristiana católica apoyada por esta Fundación de la Santa Sede que este año cumple sus bodas de oro en España.

Albania tiene poco más de tres millones de habitantes en una extensión como la de la Comunidad Valenciana. También a orillas del Mediterráneo. Es un país eminentemente rural y musulmán. Los católicos suman un 15% y el año pasado tuvieron la fortuna de recibir la visita del Papa Francisco para animarles en la convivencia pacífica con otras religiones y rendir homenaje a los mártires de la persecución religiosa durante los más de 45 años años de dictadura comunista (1946 - 1991). El domingo, 21 de junio, tendrán lugar las elecciones locales en esta joven democracia que sigue siendo uno de los países más pobres de Europa. Las razones que impiden su desarrollo son múltiples. La alta tasa de emigración y la corrupción generalizada son dos de los factores que más se repiten en los análisis económicos de los expertos.

De la mano de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) tenemos previsto visitar algunas comunidades católicas en Tirana, Laç, Nanshët, Bathore, Mollasi, Lumas y Fier. El objetivo es ver cómo la generosidad de los católicos españoles a través de AIN llega a su destino y sirve para animar y mantener la vida de estas comunidades, especialmente la de los que menos tienen.

Bunker iglesia
En el plan de grabación tenemos escuelas, capillas, hogares para menores en situación de riesgo, comedores sociales, talleres pre-laborales, el seminario mayor y la atención a inmigrantes que viven la miseria en los suburbios de las grandes ciudades huyendo de la pobreza de las montañas.

Durante estas dos semanas seguro que nos encontramos con la huella de la Madre Teresa de Calcuta que, aunque nació en Macedonia, se crió en Albania y como tal es querida y reconocida en el país. El aeropuerto de la capital, Tirana, lleva su nombre. También será inevitable que grabemos alguno de los más de 500.000 búnkeres construidos por el régimen comunista. Algunos de ellos reconvertidos en originales viviendas, cafeterías, tiendas y hasta hay alguno que ha funcionado como capilla hasta que se construyó la iglesia actual. 

El equipo que se traslada en esta ocasión a Albania está compuesto por Roberto Domingo (realizador), Fernando de Andrés (cámara), Pascual Barraca (sonido) y el menda lerenda que firma esto. Nos guiarán y acompañarán durante la grabación Josué Villalón (prensa AIN) y Evaristo de Vicente (voluntario AIN). Si el cansancio y el wifi nos lo permiten os iremos contando -desde el terreno- las historias que se nos vayan cruzando por el camino de esos pueblos de Dios.

Seguimos en contacto.

Santiago Riesco   19.jun.2015 10:37    

Viaje a las misiones más cercanas

Mision catolica española en paris

Un equipo de PUEBLO DE DIOS acaba de llegar de Ecuador y otro equipo del programa sale hoy para ver, oír y contar la labor que las Misiones Católicas de Lengua Española han hecho y siguen haciendo con los emigrantes españoles y latinos en Europa.

Francia

En Francia grabaremos la Misión de París que lleva cien años acogiendo a emigrantes y refugiados españoles. Al frente de la Misión están los religiosos claretianos. Visitaremos el Centro Hispanoamericano “San Fernando” en el que las Hijas de la Caridad atienden, desde 1892, a emigrantes hispanohablantes (dispensario médico, residencia…). Estaremos con las Religiosas del Servicio Doméstico que hacen una gran labor con las jóvenes emigrantes y desayunaremos un día en el Comedor Social “Santa Isabel”, de la Orden de Malta.

Bélgica

En Bruselas, grabaremos la Misión de la Estación del Norte a cuyo frente está, desde hace más de 30 años, el sacerdote navarro, Ángel Salinas, y la Misión de la Estación atendida por el jesuita Jorge Puig. Conoceremos la Asociación Hispano-Belga que se ocupa de los emigrantes españoles mayores.

Este viaje completa el recorrido por las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa que PUEBLO DE DIOS ha hecho este año por los países donde la emigración española es más fuerte (Alemania, Holanda y Suiza, Francia y Bélgica). El recorrido por las “misiones españolas en Europa” ha sido posible gracias a la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española que ha estado muy atenta a las necesidades religiosas y sociales de los emigrantes españoles.
El servicio que los misioneros “más cercanos” (sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos) están prestando a los emigrantes españoles y latinos en Europa desde hace cien años, es muy poco conocido y PUEBLO DE DIOS lo está dando a conocer.
En el trabajo a pie de misión me han acompañado: Carlos González Herrero (realizador), Sergio Casas (cámara) y Alberto Collantes (técnico de sonido). Un equipo a la altura de lo que las “misiones más cercanas” merecen.

Julian del Olmo    5.jun.2015 09:22    

Con las chicas de "Manos" en Senegal

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El equipo de Pueblo de Dios y "las chicas de Manos" en Senegal. Falta Alejandra que en ese momento se encontraba trabajando en Ziguinchor, la capital de La Casamance, al sur del país.

Acabamos de aterrizar en Madrid después de dos semanas grabando proyectos financiados por Manos Unidas en Senegal. Hemos estado en Dakar, Pikine, Thies y en la región de La Casamance, al sur, en la isla de Diogué y en la comarca de El Fogny

Nos hemos encontrado con muchos españoles. Ninguno de ellos estaba de turismo. Desde pequeños empresarios probando suerte hasta miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado desplegados en la zona. Paradójico si tenemos en cuenta que Senegal es uno de los países más estables de África Occidental. También hemos encontrado algunos compatriotas que trabajan en el tercer sector. Hemos entrevistado al coordinador general de la cooperación española en Senegal y hemos grabado varios días con otro español que lleva 16 años liderando una ong local que colabora con proyectos de la Unión Europea y la AECID. Pero, como siempre, lo que más adentro nos ha llegado, ha sido el encontrarnos con misioneros y misioneras que se dejan la vida junto a los más pobres: Justina con sus 80 hijos de menos de un año; Hortensia y su febril actividad de promoción de la mujer y la construcción de más de 200 pozos y Regina cambiando la mentalidad de todo un barrio con el fin de que las niñas puedan ser princesas.

Pues bien, gran parte del trabajo de estas misioneras no sería posible sin la ayuda de Manos Unidas. La ong de la Iglesia Católica es la que sostiene y financia las obras sociales que estas mujeres de bandera han puesto en pie. Proyectos de mujeres apoyados por una ong de mujeres. O lo que es lo mismo: calidad y calidez tanto en la meta como en el modo de llegar a ella.

Para poder grabar estas historias de éxito que van infinitamente más allá de la pavoneada y cacareada "Marca España", el equipo de TVE ha contado con una ayuda sobresaliente. Al gusto por la composición y la fotografía de nuestro cámara Antonio Urrea, a la cuidadosa tarea de captar los sonidos diolas y wolof de los micrófonos de Juan Cabrera, a la capacidad creativa del realizador Roberto Domingo para contar con imágenes lo que un servidor va escribiendo, a todo esto, hay que sumar el impagable trabajo de cuatro mujeres que nos han cuidado como sólo "las chicas de Manos" saben hacerlo.

Porque este viaje a Senegal hubiera sido imposible sin los contactos de Marisa, sin el conocimiento profundo sobre las realidades que hemos visitado y el origen de cada uno de los proyectos que acompaña voluntariamente desde las oficinas centrales de la calle Barquillo y que visita una vez al año para certificar el destino de cada euro donado por la generosidad de los españoles. No hubiéramos podido grabar tanto ni tan bien sin la tarea infatigable de producción y traducción de Irene y Almudena, las dos compañeras del departamento de comunicación que han sido capaces de convertir el trabajo en todo un placer. No habría sido posible entender la inversión de AECID y su convenio con Manos Unidas durante otros cuatro años sin el testimonio, la alegría y las ganas de cambiar el mundo de Alejandra, una cooperante de la ong católica que durante los próximos cuatro años estará viviendo en Senegal para llevar a cabo un ambicioso proyecto de desarrollo desde Ziguinchor, en la región de La Casamance.

Muchas gracias a todas. De todo corazón. De parte de los cuatro miembros del equipo y  de todos los espectadores de Pueblo de Dios.

En wolof: Djeredieuf. En diola: yooo¡. Entre nosotros, y para siempre: brlbrlbrlbrlbrlbrlbrl.

Santiago Riesco   22.may.2015 14:31    

Sam Sam: las princesas de Regina

Regina

El cansancio arrastrado durante casi dos semanas de grabaciones se evapora en cuanto das con una historia que merece ser contada. Justo lo que nos pasó ayer. Dos horas para recorrer menos de diez kilómetros. El error del conductor y el horror del atasco casi acaban con las pocas energías que aún reservábamos para llegar a Pikine, una gran ciudad dormitorio muy cercana a Dakar. Aquí nos esperaba una misionera española en el suburbio de Sam Sam, "un lugar en el que quieren que vivamos como las ratas", explicaba sor Regina Casado (Bembibre, 74 años - aunque parezcan veinte menos-). Y es que Sam Sam, con sus 12.000 habitantes de aluvión procedentes de la pobreza rural y de los países vecinos que viven aún en peores condiciones que Senegal, es un lugar pretendido por los especuladores para levantar un complejo hotelero en el que incluirían un lago. Y es por eso que las autoridades no mueven un dedo por echar una mano a estos vecinos y mejorar mínimamente sus condiciones de vida. Conclusión: Sam Sam es una cloaca en la que la lluvia estancada inunda casas, calles y hasta la escuela que los escolapios abrieron en su día para rescatar a los críos que pierden el ritmo del colegio porque repitieron o abandonaron. Aquí todo, o casi todo, es informal. Lo ilegal también supera los estándares admitidos.

Sor Regina es una berciana de mucho carisma. Una de esas mujeres capaces de hacer posible lo imposible. Una religiosa enamorada de su vida radical y entregada a los más pobres porque así lo quiso el Dios en el que cree. Desde que entró a formar parte de la familia de las Hijas del Niño Jesús ("Damas Negras" para los madrileños), sólo pensaba en la misión. Tanto que interrumpió sus estudios de piano y solfeo en el tercer curso para no perder la ocasión de ir a Camerún. Allí fundó una comunidad internacional con otras dos hermanas italianas y una francesa para ocuparse de la promoción de la mujer y la atención de los más pobres durante 22 años. Aprendió dos lenguas locales, perfeccionó el francés, se especializó en medicina tropical, algo de Sagrada Escritura enfocada a las comunidades eclesiales de base y vuelta a España. En la comunidad de El Raval se ocupaba también de los que menos tenían, pero África no dejaba de llamarla. Y por medio de sus hermanas de comunidad, consiguió que la superiora general la enviase a Senegal a echar una mano a los escolapios durante un año. Eso fue en 2002. Desde entonces no ha parado de trabajar en Sam Sam. Sobre todo con la gente del barrio y con las chicas. Tanto, que las costumbres han comenzado a cambiar.

Sam Sam es un barrio muy musulmán. Hasta la llegada de Regina las muchachas no tenían más futuro que esperar a que su familia les buscase un hombre para casarlas por interés. De modo que acababan, en el mejor de los casos, convertidas en empleadas domésticas sin sueldo, sin derechos y con más obligaciones y malos ratos que otra cosa. Y esto se ha acabado. Como las inundaciones de las casas, las calles y el barrio. Sor Regina tiene funcionando dos bombas de agua para achicar los charcos. También ha construido un centro de promoción femenina hace ya más de diez años. Y los mosquitos y sus enfermedades ya no rondan el agua estancada. Ni las chicas esperan a que les busquen un marido que, al menos, no las pegue demasiado. Donde antes había un lago, juegan ahora los chavales partidos de fútbol callejero con camisas de laureados equipos europeos. Donde las chicas no tenían más opciones que el matrimonio, encuentran ahora la posibilidad de emanciparse como modistas y diseñadoras de ropa, como cocineras, panaderas, reposteras y camareras. Durante cuatro años los padres se comprometen a que sus hijas reciban una formación esmerada en el centro de Regina sin entregárselas a ningún hombre en matrimonio. Y eso ha transformado Sam Sam. Ahora las chicas de Regina, son auténticas princesas.

Santiago Riesco   21.may.2015 10:51    

Los 80 hijos de Justina

Sor Justina Dakar

Apenas nos miramos y parecía que nos conocíamos de toda la vida. Justina es una madrileña nacida en Vijuesa, un pueblecito de Zaragoza. Cuando tenía nueve años, junto con su madre y sus otros cinco hermanos, viajó a Madrid. Ahí estudió enfermería y, cuando tenía 21 años, sintió que quería entregar su vida a los demás. Y en eso anda, entregando vidas que rescata del abandono y de un futuro incierto para que hagan florecer las vidas de matrimonios que no pueden tener familia por esos caprichos infames de la naturaleza. De modo que Justina Miguel Gil, desde hace 19 años, se encarga de poner en contacto a niños sin padres con padres sin niños. De dar vida a más no poder.

Sor Justina ingresó en las Franciscanas Misioneras de María como enfermera y sus superioras enseguida la enviaron a Senegal. Era el año 1973. Pero sólo estuvo un año aprendiendo francés y casi de paso para Burkina Faso -que de aquellas aún se llamaba Alto Volta-. Ahí pilló la malaria y la cosa se complicó tanto que a los cuatro meses estaba trabajando en el hospital de Niamey, en Níger, donde no paró de dar vida como enfermera durante nueve años. Luego regresó a Burkina Faso para quitarse la espinita de su anterior paso fugaz y, durante otros siete años, trabajó en una maternidad ayudando a traer vidas a este mundo tan mal repartido. Aquí la cosa comenzó a torcerse con una lesión en un ojo y porque los antipalúdicos empezaron a no hacerle efecto. De modo que no tuvo más remedio que regresar a Madrid para recuperarse. Era 1990 y había estado 19 años dándolo todo en África. Parecía que había llegado el momento de descansar. Pero los caminos de Dios son inescrutables y, seis años después, más o menos con la salud recuperada, se ofrece para volver a la misión y sus superioras le confían una de las actividades más hermosas que jamás hubiera imaginado: la Pouponniere de Dakar. Un hogar cuna en el que recogen a niños huérfanos de madre (algunos de padre y madre), bebés abandonados y recién nacidos cuya madre ha caído enferma y no puede atenderlos durante el primer año de vida. Y tiene 80 muñecos de entre 0 y 12 meses que no dejan de llorar, de reír, de ponerse malos, de tomar biberones y papillas, de pedir que les cambien el pañal, de solicitar baños, mimos, masajes en la tripa para los cólicos y que les cojan y les canten para dormirse después de que les llenen de besos.

Justina insiste una y otra vez en que sus niños son los más guapos de Senegal. Conoce a todos y cada uno de ellos por su nombre. Sabe cuál es su juguete. Impresiona escuchar a un bebé llorar en una sala repleta de cunas y que la hermana diga el nombre de un bebé para que una de las chicas que colaboran con ella en este Hogar Cuna se dirija hasta su camita y lo coja para calmarle.

En la Pouponniere han sacado adelante, desde 1955, a más de 4.000 niños. La inmensa mayoría han vuelto con su padre o sus familiares después de superar el primer año de crianza. Alrededor del 12% han encontrado una nueva familia en Senegal, en Italia o en España. 

Son ya 19 años los que sor Justina lleva dando vida en esta misión. Ahora tiene que cuidarse un poco más porque ya ha cumplido los 78. Cada año va a España a que el cardiólogo controle su corazón al tiempo que se reúne con las familias de los más de 40 niños de chocolate que viven y dan vida en nuestro país. Ellos son los que le curan realmente el corazón. 

Nosotros nos vamos de la Pouponniere para pronto volver. Mañana nos espera sor Hortensia en la misión rural de Thies, a hora y media de Dakar. 

Nos llevamos a sor Justina muy dentro y, con ella, las historias de Clemence y sus hermanas de la corrala en el barrio de Ouakam; de Angela, Ambroggio e Isabel y el amor gigante por el pequeño André que muy pronto irá con ellos a Milán para formar parte de su familia; de Joseph Malick y su bebé Christelle; de Benedicta y la felicidad por haber encontrado un trabajo de cocinera en un hotel; de un grupo de 14 monjas de 10 países empeñadas en demostrar con su testimonio que el Pueblo de Dios es mucho más que el título de un programa de televisión en el que os contaremos todas estas historias y muchas más.

Seguimos en contacto (si el wifi y el cansancio nos lo permiten)

Santiago Riesco   11.may.2015 21:18    

Rumbo a Senegal

Rumbo a Senegal

Entre el 9 y el 22 de mayo estaremos por Senegal, grabando historias de gente anónima a la que más que un programa de televisión habría que erigir un monumento en mitad de la Gran Vía. Personas a las que aún no conozco y de las que ya he escuchado hablar mucho y bien. Mujeres valientes como Justina, Regina y Hortensia, misioneras españolas que se han dejado la vida en los peores barrios de Dakar y sus arrabales rurales ayudando a los huérfanos, a las niñas maltratadas, a las jóvenes violadas y a las mujeres sin futuro con un único objetivo: devolverles la dignidad arrebatada recuperando su autoestima con mucho cariño, paciencia y siendo muy prácticas. Y claro, para eso también hace falta algo de dinerillo. Un dinerillo que se encarga de recoger y repartir desde hace más de 50 años otro grupo de mujeres españolas: las voluntarias de Manos Unidas

De modo que andamos contando las horas para subirnos a ese avión que nos permitirá cruzar nuestros caminos con los de estas heroínas que dejarán de ser anónimas para nosotros y que, con toda seguridad, nos presentarán a otras personas que también merecerían un monumento en cualquier Plaza Mayor. Personas -generalmente mujeres- agradecidas porque los distintos proyectos financiados por la generosidad de los españoles a través de Manos Unidas les permiten alimentar, educar y cuidar a sus familias un poquito mejor que antes.

El viaje tendrá una segunda parte en el sur, por debajo de ese otro país con forma de río que se llama Gambia y que en los mapas parece una mueca de Senegal. Iremos a la región de la Casamance. Aterrizaremos en Ziguinchor, su capital, y nos desplazaremos a las islas de la costa y a los campos del interior. La Casamance ha sufrido durante más de 20 años un conflicto que enfrentaba al Gobierno de Dakar con los que pretendían la independencia de la región. Ya digo, por debajo de Gambia y por encima de Guinea Bissau. Después de dos décadas de violencia la comarca ha quedado asolada y medio desértica. A los desplazamientos hacia los países limítrofes y el abandono de pueblos enteros hay que sumar la ya de por sí complicada situación geográfica y las dificultades de acceso que, desde siempre, ha tenido la Casamance. Pues bien, aquí grabaremos uno de los grandes proyectos que la AECID (Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo) está sacando adelante con la colaboración de Manos Unidas para recuperar a las personas que se fueron y procurar que renazca la vida económica, social e institucional.

El equipo, una vez más, es de auténtico lujo. Antonio Urrea y Juan Cabrera se encargarán de grabar las imágenes y sonidos necesarios para que Roberto Domingo y un servidor podamos contaros lo que hemos visto y oído de la manera más organizada y entretenida que seamos capaces. Poniendo el foco en que es posible un mundo mejor sin dejar de tener los pies en el suelo y el ojo avizor.

Si el wifi, el calor, la humedad y el cansancio nos lo permiten... seguiremos en contacto.

Santiago Riesco    8.may.2015 17:09    

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