El gigante vegetariano

    viernes 26.ago.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Seguro que no eran unos agradables compañeros de caverna, a pesar de que sus restos aparecen con frecuencia en las mismas grutas en las que vivían nuestros antepasados. Pero con cerca de metro y medio de altura en la cruz, un peso de cientos de kilogramos y colmillos como puñales el Oso de las Cavernas ciertamente tenía que impresionar: una mole de pelo, músculo y feroces dientes con la capacidad de reducir a un humano a filetes en caso de acercarse en exceso. Su costumbre de hibernar en las cuevas y la natural mortalidad a lo largo de centenas de miles de años nos han dejado enormes cantidades de fósiles de este plantígrado gigantesco que permiten hacer estudios a veces más complicados, cuando los fósiles son pocos. En este caso sobre su dieta, estrictamente vegetariana según un reciente estudio realizado sobre huesos de una cueva belga, aunque otros estudios anteriores (y en otra región) mostraban cierto consumo de carne. ¿Era el Oso de las Cavernas vegano y por eso se extinguió? La vieja paleontología de hueso y diente algo puede quizá aclarar.

Ursus_spelaeus

Los dientes del Oso de las Cavernas, en especial sus muelas, son un torturado y amplio paisaje de crestas de esmalte redondeadas y extensas. Resulta difícil reconocer la estructura basal de todos los mamíferos actuales, el molar tribosfénico, muy patente en los perros (cánidos) que representan a los carnívoros primitivos. Desde este modelo hay dos pautas de evolución: hacia dientes dedicados a picar carne como los de las hienas y (sobre todo) los gatos, y hacia dientes más optimizados para moler semillas y frutos vegetales como los de los osos. Los úrsidos actuales, desde el oso pardo al grizzly o incluso el oso polar conservan resabios carnívoros. Pero los dientes del Oso de las Cavernas y sus antepasados representan la culminación, el fin absoluto y lógico de la línea trituradora: su morfología los sitúa inequívocamente como omnívoros con fuerte querencia vegetariana. Con ellos se puede machacar carne, pero no masticarla con eficiencia. Diga lo que diga el colágeno, la morfología no miente: con alguna que otra recaída en comer carne el Oso de las Cavernas evolucionó para ser ante todo devorador de vegetales. Un gigante casi vegano, aunque no es probable que eso tranquilizara a nuestros antepasados en su presencia.

Pepe Cervera   26.ago.2016 09:03    

Armas del pasado y combustibles del futuro

    jueves 25.ago.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hoy hablamos de tecnologías del pasado pero muy modernas y también de técnicas futuras inspiradas en otras muy antiguas. En el primer caso nos vamos a remontar al siglo XVI, durante las guerras de España contra las (entonces) provincias rebeldes de Flandes, para contar la historia de los Brulotes Infernales (Hellburners en inglés); o cómo un desarrollo tecnológico en el campo del armamento permitió a los rebeldes flamencos destruir toda una flota española e influyó en el destino de Europa. El incidente se produjo en Amberes durante el sitio de esta ciudad por las tropas y la flota española al mando de Alejandro Farnesio, Duque de Parma. El sitio comenzó en 1584 y a principios de 1585 la flota española había creado un pontón de barcos amarrados que cerraba la salida al mar de los sitiados: la situación era cada vez peor y el hambre amenazaba. Para levantar el sitio un ingeniero italiano llamado Federico Giambelli propuso a los holandeses una nuevo arma; Giambelli estaba por entonces en secreto al servicio de Isabel I de Inglaterra después de presentar sus propuestas a Felipe II y ser desdeñado. La propuesta del italiano es quizá el primer arma de destrucción masiva de la historia: un Brulote Infernal. Los brulotes ‘normales’ eran barcos viejos que se llenaban de paja y pez y otros materiales inflamables y se incendiaban, dejando que el viento los llevase hasta las flotas enemigas; eran los torpedos del Renacimiento y habían hecho mucho daño en múltiples batallas. Pero el invento de Giambelli era otra cosa: quería llenar un barco de pólvora, colocada de tal modo que la explosión se concentrase en una dirección, y detonarla mediante un artilugio de relojería mecánico, uniendo así en un arma nueva dos tecnologías de vanguardia por entonces. El 5 de abril de 1885 se emplearon dos de estas máquinas contra el pontón español y aunque sólo una de ellas alcanzó su objetivo la explosión mató a más de 800 soldados y abrió una brecha de 60 metros en la barrera: la detonación se oyó a 80 kilómetros de distancia, y hasta el propio Duque de Parma resultó herido. Fue el primer misil pre-programado y de explosión retardada de la historia. Este primer uso no sirvió para gran cosa: como muchas otras veces al introducir un nuevo arma en una guerra los propios innovadores no esperan que tenga éxito y no se preparan para sacar partido, como ocurriera en la Primera Guerra Mundial con los tanques en la batalla de Cambrai. Pero su principal efecto se produjo en 1588, contra la Gran y Felicísima Armada de Felipe II (la invencible por mal nombre) que pretendía invadir Inglaterra: la flota británica envió 8 brulotes contra el grueso de la Armada concentrado en Calais, lo que provocó el pánico y la dispersión de la flota. La razón: los españoles sabían que Giambelli estaba por entonces en Londres y temían que aquellos brulotes fuesen de la variedad Infernal. No lo eran, pero el recuerdo de Amberes fue determinante para el destino final de la malhadada Felicísima Armada, y en última instancia, de Europa.

HellburnersY pasamos a otra idea que partiendo del pasado más remoto se proyecta hacia el futuro: numerosos científicos e ingenieros trabajan en adaptar para nuestro uso un sistema que las plantas emplean desde que el mundo es mundo: la fotosíntesis. El objetivo es conseguir una forma de fotosíntesis artificial que nos permita nada menos que obtener combustible del aire: gasolina o gasoil de la luz solar, con la ventaja además de que este combustible no contribuiría al efecto invernadero. Lo cierto es que nuestro mundo está adaptado al uso de combustibles líquidos que hoy obtenemos del petróleo: los motores, los generadores de las plantas eléctricas, el mundo moderno en general usa gasolina, gasoil o gas natural procedente de pozos petrolíferos. Pero el origen de esa energía es solar: fueron plantas de hace muchos millones de años las que capturaron energía del sol para crear sus propios cuerpos. La geología luego hizo el resto creando petróleo (o carbón) a partir de sus restos: es esa energía solar la que empleamos hoy, con intermediarios. La fotosíntesis artificial consiste en eliminar al intermediario, lo que nos permitiría captar energía solar directamente y convertirla en combustible sin necesidad de millones de años de enterramiento. Modificando algas y alterándolas para que sean más eficientes es posible crear una mezcla líquida equivalente a nuestros combustibles, y hacerlo a partir de la luz solar. La otra gran ventaja es que para crecer las algas emplean CO2 atmosférico, por lo que su contribución al Efecto Invernadero es nula: cuando las quemamos sólo devolvemos lo que tomaron y el balance es cero. De emplear esta tecnología de modo masivo podríamos recortar las emisiones de CO2 hasta un 70%. Y ya hay empresas trabajando en industrializar el proceso a gran escala, así como aerolíneas experimentando con el uso de estos combustibles en sus aviones. De modo que la fotosíntesis, que lleva en este planeta desde mucha antes de que hubiese animales, puede contribuir a resolver nuestros problemas del hoy y del mañana. A base de tomar el sol.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 24/8/2016; minuto 37:48

Pepe Cervera   25.ago.2016 09:01    

Cholula, la pirámide más grande

    lunes 22.ago.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Podría pensarse que una obra humana con planta cuadrada de casi 450 metros de lado y con 60 metros de altura es difícil que pase desapercibida. Pero la pirámide más grande jamás construida tiene unas dimensiones tan titánicas que no parece una obra humana, sino una colina natural, hasta tal punto que después de que los conquistadores españoles tomaran la ciudad en el siglo XVI con un salvaje baño de sangre construyeron sobre ella una iglesia: Santa María de los Remedios. La pirámide, conocida en lengua nahuatl como Tlachihualtepetl (la montaña artificial) era un templo en honor del dios Quetzalcoatl y para cuando llegaron los españoles tenía más de 1.000 años de antigüedad. Su volumen es más del doble que la Gran Pirámide egipcia de Keops y su base casi el cuádruple. Era el centro ceremonial de una ciudad sagrada repleta de templos y dedicada a la adoración de los dioses y a la que peregrinaban desde todos los rincones del actual México. Los conquistadores arrasaron muchos de los templos, pero no pudieron con Tlachihualtepetl; es probable sin embargo que construir una iglesia sobre ella fuese su modo de reemplazar a los dioses derrotados como era costumbre ya desde la Reconquista (Córdoba, Sevilla). Hoy como entonces la Montaña Artificial, reconstruida en parte, es el símbolo de Cholula.

ModelCholula

Se dice que cuando llegaron Cortés y sus hombres ya estaba cubierta de vegetación y convertida en una colina, y que hasta la construcción de un asilo en 1910 nadie supo que era una pirámide: un prodigioso camuflaje para lo que es la obra arquitectónica más grande jamás construida en parte alguna. El problema es que a diferencia de las de Egipto o las obras de los Incas Tlachihualtepetl no es de piedra, sino de adobe; como las huacas Mochicas del norte del Perú la gran pirámide de Cholula se construyó en sucesivos incrementos a base de ladrillos de adobe, casi como una pirámide dentro de otra como puede verse en el modelo de la imagen. En cada etapa constructiva (hay al menos 6) la superficie era alisada, tratada, decorada y pintada con vistosos colores; sucesivas generaciones apilaban sus construcciones encima de las anteriores aumentando a la vez la altura y el volumen. El adobe es susceptible a la erosión del agua y por eso este tipo de pirámides acaban pareciendo pequeños cerros. Hoy la gigantesca pirámide de Cholula, privada de peregrinos, puede ser explorada mediante kilómetros de túneles por miles de turistas y disfrutada como la maravilla que es.

Pepe Cervera   22.ago.2016 09:03    

Biopsias líquidas, terapias víricas y vacunas psicológicas

    jueves 18.ago.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hoy hablamos de avances médicos recientes de gran interés con un enorme potencial futuro, algunos relacionados con el cáncer, ‘El emperador de todos los males’ como lo llamó un médico estadounidense en su libro publicado hace unos años. El cáncer es un conjunto de enfermedades que resulta muy difícil de erradicar por completo a pesar de los enormes avances realizados en las últimas décadas. Uno de los problemas serios es la detección del cáncer y su identificación ya que todas las terapias de que disponemos tienen mejor resultado cuanto antes se identifica el problema. Pero a menudo los tumores están en lugares recónditos del cuerpo donde tardan mucho tiempo en hacerse visibles, lo que permite su expansión y dificulta combatirlos. Para un científico estadounidense llamado Bert Vogelstein este estado de cosas es inaceptable y se ha propuesto desarrollar una nueva tecnología que permita identificar con precisión tumores que son aún tan pequeños como para resultar invisibles. La técnica se denomina ‘biopsia líquida’ y consiste en buscar en la sangre (que se extrae con facilidad) fragmentos de ADN con marcadores concretos de los tumores  El cáncer libera hebras de ADN al torrente sanguíneo y allí pueden ser localizadas e identificadas mediante sistemas de secuenciación ultrarrápida: esto permitiría una detección muy temprana mediante un simple análisis de sangre, y en las enfermedades ya existentes permitiría determinar el tipo concreto de cáncer para así guiar la terapia adaptándola a cada uno de los numerosos subtipos que hay. La técnica aún está en desarrollo, pero promete, y mucho: dentro de unos años en nuestro chequeo rutinario quizá podremos saber si tenemos cáncer en las etapas más iniciales y vulnerables de su desarrollo.

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Los cánceres una vez identificados podrán ser atacados con una nueva arma en nuestro arsenal anticanceroso: virus desarrollados para atacar las células tumorales. Hace años algunos médicos detectaron remisiones espontáneas de sus cánceres en pacientes que se habían visto infectados por virus concretos, y la idea es identificar los virus que atacan con predilección a las células enfermas y adaptarlos para su uso. La gran ventaja es que es posible hacer que los virus sean casi inofensivos para las células sanas, lo que nos podría proporcionar algo cercano a la ‘bala mágica’ que necesitamos para combatir carcinomas y que todavía no tenemos. La idea de reclutar a uno de nuestros enemigos para combatir a otro no deja de tener cierta justicia poética. Eso sí; como cualquier otra terapia tanto las biopsias líquidas como los virus anti cáncer no estarán mañana en nuestras farmacias: harán falta estudios muy serios de efectividad y análisis de posibles efectos secundarios antes de que podamos disponer de ellos.

Y pasando a otras enfermedades podemos hablar de tratamientos sorprendentes para enfermedades que uno no pensaría que se pueden curar con medicinas. Por ejemplo, en laboratorios estadounidenses se ha conseguido luchar contra los efectos del Síndrome de Estrés Postraumático manipulando el sistema inmunitario de ratones, lo que abre la posibilidad a crear una vacuna contra los efectos de esta enfermedad. El trastorno afecta a personas que han sufrido una situación de enorme estrés (un atentado, un secuestro, una grave enfermedad, un accidente, una guerra) que años después pueden mostrar irritabilidad, insomnio, problemas cognitivos, depresión, recuerdos obsesivos... síntomas que les dificultan llevar una vida normal. Los descubrimientos se han realizado siguiendo una pista muy interesante: el sistema inmune y el sistema nervioso parecen compartir una conexión muy profunda, y en algunas enfermedades de tipo psicológico parece haber elementos al nivel molecular que las vinculan con respuestas de inflamación, típicas del sistema inmunológico. De este modo ratones cuyo sistema inmunitario había sido ‘trucado’ con vacunas reaccionaban de modo diferente al estrés y a situaciones traumáticas, que eran mucho más capaces de aceptar sin problemas posteriores. Quizá en unos años sea posible tratar o hasta prevenir los problemas que se desarrollan en ocasiones tras una situación de extremo peligro o estrés.

En este misma línea se trabaja en desarrollar una pastilla para el olvido, algo que parece sacado de la película ‘Olvídate de mí’. Los neurólogos están investigando de qué manera se fijan los recuerdos en el cerebro al nivel bioquímico, para entender cómo funciona ese proceso. A veces esta ‘fijación’ sale mal y el resultado son recuerdos de tipo obsesivo relacionados con enfermedades como el SEPT o la depresión; la manipulación química del proceso permitiría aliviar estos problemas, y quizá algún día eliminar los sucesos desagradables de nuestro pasado. Aunque como veíamos en la película a lo peor borrar recuerdos no es suficiente para arreglar todos nuestros problemas.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 17/8/2016; minuto 36:52

Pepe Cervera   18.ago.2016 09:01    

Denunciando robos a la más alta autoridad

    martes 16.ago.2016    por Pepe Cervera    0 Comentarios

En la Roma imperial y en sus numerosas provincias había ley, pero no había policía. El concepto de una guardia pública dedicada al mantenimiento de la paz y a perseguir el crimen simplemente no existía: había juicios, por supuesto, pero el acusador debía proporcionar por su cuenta las pruebas para convencer a los jueces o jurados de la culpabilidad el acusado, no un organismo estatal. Existía la Guardia Pretoriana, aunque su misión era simplemente proteger al emperador e intrigar; a partir de Augusto se fundaron las Cohortes Urbanas, que funcionaban como contrapeso de los pretorianos y eran una especie de antidisturbios especializados en desbaratar motines, y los Vigiles Urbani, que actuaban como bomberos y serenos nocturnos. De los criminales, sin embargo, se debían encargar los propios ciudadanos, de modo que los crímenes muy a menudo quedaban sin castigo. En todo caso, y si el agraviado pertenecía a algún collegium o era cliente de alguien importante, podía alcanzar venganza, pero rara vez justicia. Quizá por eso era común denunciar los agravios y delitos sufridos a un poder muy superior para intentar obtener algún tipo de justicia: de ahí las Tablillas de Maldición habituales en los yacimientos romanos.

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Las Tablillas de maldición son pedazos de fina hoja de plomo en los que el interesado graba sus desdichas y petición de justicia (o castigo) a los dioses para luego dejarlas en algún lugar adecuado como un templo, una terma o una tumba. Muchas de las halladas por ejemplo en las termas romanas de la ciudad británica de Bath (centenares de ellas) maldicen y solicitan castigo para el ladrón de una toga u otro elemento de ropa; en los famosos baños de la ciudad parece que era más que habitual el descuideo de las prendas dejadas al entrar al recinto. Ante la ausencia de persecución oficial del delito y sin muchos más recursos el robado sólo podía maldecir a los dioses y solicitarles un castigo, a ser posible ejemplar, para el ladrón: una apelación a las más altas autoridades en busca de una justicia que el sistema social no podía proporcionar. Y es que cuando no hay justicia nos tenemos que conformar con la ilusión de la justicia divina. Porque la idea de la injusticia pura y sin contrapartida ni posibilidad de venganza siquiera escuece, y ya molestaba a nuestros antepasados de la Roma Imperial.

Imagen de Tablilla de Maldición hallada en Londres, tomada de Wikimedia Commons.

Pepe Cervera   16.ago.2016 09:03    

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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