Paul Erdős, el matemático sin casa

    viernes 20.ene.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Era húngaro, hijo de matemáticos, interpretaba las palabras de los varios idiomas que hablaba a su manera, y no tenía casa: se plantaba con sus dos maletas (una con algo de ropa, la otra con publicaciones matemáticas) en la casa de un matemático en cualquier parte del mundo y cuando le abrían la puerta anunciaba: ‘Mi cerebro está abierto’. Donde quiera que fuera era recibido, albergado, alimentado, cuidado: y se colaboraba con el. Publicó en vida más de 1.500 artículos matemáticos con centenares de colaboradores de todo el mundo, porque lo que Paul Erdős hacía era colaborar en cualquier investigación que preocupara a su anfitrión del momento. Y casi siempre hacía aportaciones, fecundas y brillantes, que permitían resolver problemas. Hasta tal punto las matemáticas actuales deben su desarrollo a Erdős que hay una medida de proximidad conocida como Número de Erdős: cuántos saltos hay que dar para que un matemático cualquiera haya aparecido en un artículo con alguien que firmó con él. Amistoso, generoso con su talento y su tiempo también lo era con su dinero, cuando lo tenía: en una ocasión dejó 1000 dólares a un joven matemático para que pudiese acudir a una conferencia del ramo, que este prometió devolver; años después, ya profesor universitario, el antaño estudiante se puso en contacto con quien albergaba en aquel momento a Erdős para organizar la devolución. ¿La respuesta del matemático? :’Dígale que haga con los 1000 dólares lo que hice yo’. Paul Erdős murió en 1996, con 83 años, en una conferencia en Polonia. Practicando matemáticas.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 18/1/2017, minuto 43:00

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Pepe Cervera   20.ene.2017 08:57    

El gran intercambio americano y lo peor es no saber

    jueves 19.ene.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hace 3 millones de años, cuando nuestros antepasados ya pululaban por África pero todavía no habían abandonado ese continente, se produjo en el hemisferio occidental un evento fundamental: el nacimiento de Centroamérica al levantarse el Istmo de Panamá. Al aparecer este nuevo pasillo de contacto se produjo un enorme intercambio de faunas y floras entre norteamérica y sudamérica, antes separadas. Desde finales del Cretácico, hace unos 60 m.a. Sudamérica había estado aislada del resto de los continentes, separada y evolucionando por su cuenta como una especie de superaustralia. Y el apodo es relevante, porque la fauna que se desarrollo en aquel continente eran marsupiales: todo un ecosistema de mamíferos diferentes de los del resto del mundo pero con un origen común con los australianos. Apareció así una fauna peculiar, con armadillos carnívoros, perezosos y tortugas gigantes, una versión marsupial del tigre de dientes de sable y otros ejemplos de evolución convergente además de aves incapaces de volar pero con aterradoras capacidades predatorias (apodadas Aves del Terror). Mientras tanto en Norteamérica surgieron líneas evolutivas propias, como por ejemplo la que desarrolló los caballos (aunque luego se extinguieron) además de toda una serie de gigantescos herbívoros, aunque manteniendo contactos con Eurasia con cierto intercambio de faunas (por eso los caballos sobrevivieron, en Eurasia). Cuando hace algo más de 3 m.a. se ponen en contacto estas dos faunas a través del nuevo puente centroamericano se produce una masiva migración bilateral, con extinciones e intercambios de fauna que aún pueden detectarse hoy día. La mayoría de los grandes mamíferos sudamericanos entran en decadencia terminal, y acabarán por extinguirse con la llegada (muy posterior) de los humanos; animales como los pumas o las llamas y alpacas descienden de inmigrantes norteamericanos en el Gran Intercambio. Pero en el norte también hay emigrantes del sur, aunque menos visibles como los armadillos o los Opossums. El Gran Intercambio fue descubierto por Alfred Rusell Wallace y aunque al principio se interpretó como una ‘colonización’ del Sur por faunas norteñas ‘superiores’ hoy se interpreta como un gran ejemplo de lo que ocurre cuando dos faunas diferentes entran por primera vez en contacto: la cosa no es tan unidireccional como parece, y tantos animales hicieron el cruce hacia el norte como hacia el sur como puede verse en la imagen; en verde animales sudamericanos que colonizaron norteamérica; en azul, animales de norteamérica que llegaron a sudamérica.

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No saber es lo peor

¿Qué es peor, recibir una descarga eléctrica seguro, o recibirla quizá? La incertidumbre, el desconocimiento puede causar más desazón incluso que la certeza del dolor según experimentos realizados en EE UU; voluntarios que eran sometidos a pequeñas descargas eléctricas fueron monitorizados para analizar sus respuestas fisiológicas de estrés. Cuando uno sabe que va a recibir una descarga el estrés se dispara, pero curiosamente la reacción es mucho más intensa aún cuando el sujeto no está seguro de si la va a recibir o no; la falta de certidumbre es aún peor que la certeza del castigo. La probabilidad de recibir la descarga es del 50% es la que más estrés causa, mientras que la tensión disminuye cuando las probabilidades tienden a cero (no hay descarga) o a 100% (descarga segura). Es decir que lo peor el mundo no es el dolor, sino no saber si va a llegar o no el dolor: la duda hiere más que el daño mismo. Lo cual explica muchas, casi demasiadas cosas.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 18/1/2017, minuto 43:00

Pepe Cervera   19.ene.2017 08:57    

El universo no está hecho para nosotros

    lunes 16.ene.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El universo es como es porque nosotros estamos aquí, podría ser la enunciación del llamado Principio Antrópico. Y es cierto: si algunas de las constantes más básicas de la física elemental fuesen diferentes la vida tal y como la conocemos no podría existir; no hablemos de la vida multicelular, altamente estructurada y con ciertos niveles de inteligencia como somos nosotros, dicen. Un ejemplo: si la fuerza electromagnética fuese más potente la repulsión de los protones haría imposible la fusión atómica y las estrellas no podrían brillar; si fuese más débil la fusión sería más sencilla y las estrellas se quemarían en gigantescas explosiones que crearían un universo pirotécnico y breve. Por otro lado si la gravedad fuese más potente de lo que es las estrellas acabarían colapsando en masivos agujeros negros. Variaciones en constantes como la de estructura fina o la cosmológica permiten imaginar universos enteros en los que no hay estrellas, o en los que la química tal y como la conocemos es imposible. Para los partidarios del Principio Antrópico, en sus diferentes versiones (débil, fuerte o final) esto demuestra que hay un vínculo entre cómo es el cosmos y el hecho de nuestra existencia; un vínculo que para algunos es prueba de que nuestro universo particular está diseñado para permitir nuestras existencia: una forma retorcida de decir que ha sido creado para nosotros. Para otros, sin embargo, la cosa es mucho menos clara ya que el ajuste fino de las constantes básicas del cosmos no es para nada tan fino.

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La existencia de estrellas podría sobrevivir a variaciones de dos órdenes de magnitud (100 veces más o menos) en la fuerza del electromagnetismo, y con una gravedad mil millones más débil de la que conocemos aún se encenderían. Muchas de las constantes más básicas del cosmos podrían ajustarse en varios órdenes de magnitud arriba y abajo y aún dar lugar a universos con estrellas rodeadas de planetas capaces de sobrevivir durante miles de millones de años; los elementos más básicos sin los cuales es imposible imaginar ningún tipo de vida. Lo mismo ocurre con otros problemas de ajuste fino, como el llamado Triple Alfa sobre la creación de carbono en las reacciones de fusión, o la intensidad de la Fuerza Nuclear Fuerte y la estabilidad de diprotones y dineutrones; al analizar las consecuencias sobre todo el proceso de los cambios resulta que el resultado final es el mismo. Esto quiere decir que para que exista un universo en el que se pueda desarrollar la vida y la inteligencia no es necesario que las constantes básicas del cosmos sean exactamente las que conocemos; con amplios rangos de valores diferentes también ocurriría. De hecho se pueden imaginar versiones de la física con constantes diferentes que serían incluso más adecuadas para la vida que la actual: si la amplitud de las fluctuaciones del Big Bang (llamada Q) hubiese sido mucho mayor las galaxias serían mucho más densas y por tanto peligrosas para posibles planetas, pero a cambio tendrían un inmenso halo habitable mucho mayor que el de las que conocemos.

En suma el universo no está tan ajustado a nuestras necesidades como algunos físicos postulan: las constantes básicas podrían ser diferentes y de todas formas habría galaxias con zonas donde estrellas de tamaño mediano llevarían una vida aburrida durante miles de millones de años, dando tiempo al posible surgimiento de seres vivos y el desarrollo de una evolución biológica con tiempo para actuar. Dicho de otra manera no somos tan especiales, y al estructura misma del cosmos no está ajustada con precisión y nitidez a la necesidad de nuestra existencia. Es probable que el Principio Antrópico acabe por tanto ocupando un lugar en el panteón de ideas ególatras, junto al geocentrismo y tantas otras teorías que hemos sido capaces de inventarnos para explicar por qué somos tan estupendos. A lo mejor es que no resultamos serlo tanto.

Pepe Cervera   16.ene.2017 09:01    

El barbado descubridor de la selección natural

    jueves 12.ene.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Tenía una enorme barba blanca, era naturalista y pasó a la historia por su descubrimiento de la Teoría de la Evolución por Selección natural, y esta semana ha sido su cumpleaños. Pero no hablamos de Charles Darwin sino de Alfred Russel Wallace; el ‘otro’ descubridor de la evolución. A diferencia de Darwin sus teorías no se desarrollaron a lo largo del tiempo y de modo sistemático y gradual, pero de un modo similar tuvo mucho que ver su experiencia personal de incansable viajero y naturalista en múltiples países. Russel Wallace viajó extensamente por la cuenca del Amazonas y por las islas de Indonesia, cuya fauna y flora analizó con cuidado; se le considera el Padre de la Biogeografía y fue un reputado experto en la distribución de los seres vivos. Hoy día aún la Línea de Wallace separa dos dominios biogeográficos claves y que pasa entre Borneo y Sulawesi (estrecho de Macasar), una isla que recorrió y describió. Su teoría era tan similar a la de Darwin que éste se sorprendió al recibirla para su análisis; era muy similar, aunque él llevaba 20 años puliéndola y documentándola. Para honra de ambos decidieron publicarla juntos, aunque el superior trabajo de respaldo de Darwin acabó por darle prominencia. Russel Wallace También derivó en sus últimos años hacia ideas espiritualistas, lo que redujo su reputación, pero hizo aportaciones de importancia a la teoría evolutiva y a la biología en general.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 11/1/2017, minuto 40:50

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Pepe Cervera   12.ene.2017 08:59    

Palomas más listas que nosotros, y lo sucio de pelar una naranja

    jueves 12.ene.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Los humanos somos muy malos en estadística; se nos da fatal comprender de modo intuitivo las probabilidades y cómo interactúan entre sí, hasta tal punto que las palomas (no el más inteligente de los pájaros) a veces nos ganan. Un ejemplo es el llamado Problema (o dilema) de Monty Hall, así llamado por un presentador de concursos televisivos estadounidense, porque tiene que ver con concursos de TV. Imaginemos que somos concursantes en fase final y el presentador nos ofrece abrir una de tres puertas: 1, 2 y 3; detrás de una está el premio gordo. Escogemos una, la 1, y entonces el presentador abre la 3, que está vacía: y nos pregunta si queremos cambiar la elección anterior. Este es el Problema de Monty Hall: ¿tenemos más posibilidades de ganar si cambiamos, o si nos quedamos con la primera elección? Casi todos nosotros pensamos intuitivamente que da igual: las probabilidades de acertar siguen siendo las mismas antes y después de abrir la puerta 3, ¿no? Pues resulta que no: cambiar la puerta escogida hace que nuestra probabilidad de acertar pase de 1/3 a 2/3 (66%), una mejora sustancial. Pues bien: cuando a las palomas se les ofrece una versión adaptada del Problema de Monty Hall ellas casi siempre actúan correctamente; es decir, cambian su elección original, mientras que los humanos no lo hacemos casi nunca. La razón es que nuestra percepción de la nueva probabilidad, después de abrir una puerta, no es la correcta; uno más de los errores estadísticos que dificultan a veces el razonamiento de las personas.Porque cuando se trata de estadística, el instinto nos falla, pero a las palomas no.

Pigeons

Lo sucio de pelar una naranja

Es imposible pelar una naranja y no mancharse las manos por mucho cuidado que pongamos, y ahora sabemos por qué: la cáscara de los cítricos (naranjas, limones, bergamota) está repleta de glándulas llenas de aceites con forma de esfera o cilindro: al flexionarse la cáscara estas pequeñas cámaras generan enormes presiones hasta que explotan, lanzando chorros de aceites que pueden alcanzar más de 10,5 m/sg (casi 40 km/h) en menos de 1 mm, lo que supone aceleraciones 1000 veces superiores a las que soportan los astronautas en los lanzamientos (más de 3000 Gs). El aceite de naranja está compuesto casi en un 98% de D-Limoneno, una sustancia muy usada hoy en día como disolvente en procesos orgánicos y como insecticida ecológico, además de para dar aroma a limpiadores o ambientadores. Esta es la razón de que sea imposible quitarle la cáscara a un cítrico sin mancharse las manos, y saberlo tiene sus ventajas: el mecanismo podría inspirar nuevos inhaladores de medicamentos contra el asma.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 11/1/2017, minuto 40:50

Pepe Cervera   12.ene.2017 08:57    

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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