¿Tres millones de niños enfermos crónicos?

En los Estados Unidos tres millones de niños son drogados a diario, la inmensa mayoría de ellos con estimulantes derivados de las anfetaminas. Paradójicamente, los medicamentos pretenden controlar los síntomas de una enfermedad que los hace hiperactivos: el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), o síndrome de déficit de atención (ADD, en sus siglas en inglés). Se trata de una afección de complejo y polémico diagnóstico, irregularmente extendida entre países y sexos, y que se calcula puede afectar hasta al 5% de la población estadounidense (adulta e infantil). Y para tratar la cual se está llevando a cabo en el último cuarto de siglo lo que podría considerarse como el experimento social no controlado más atroz de la historia: drogar con anfetaminas durante años a millones de niños a lo largo del periodo en el que su cerebro está creciendo y estructurándose. Lo peor es que datos recientes indican que esta medicación, que suprime algunos de los síntomas más socialmente destructivos y hace a los niños menos intratables, no tiene ningún efecto curativo a largo plazo. En la práctica esos tres millones de niños quizá no estansiendo tratados para ser curados, sino para encajar mejor en los roles sociales. Lo cual debería hacernos reflexionar sobre lo que es nuestra sociedad, y lo que es la enfermedad.

Cuando se trata de enfermedades mentales muchas veces la definición no es absoluta, sino relativa: el problema no está tanto en la mente de la persona afectada como en las relaciones entre esa mente y el resto de las personas, su entorno social. Se define lo que constituye o no enfermedad teniendo en cuenta lo mucho o poco que se acerca la mente del afectado a las del resto del grupo; en algunos casos podría hablarse más se enfermedad social que mental, porque lo que resulta afectado son las relaciones. Algo que no debe sorprender, puesto que los humanos somos primates altamente sociales, hasta tal punto que si se priva a una persona de contacto con otras personas contra su voluntad durante el tiempo suficiente, es probable que enloquezca. Los humanos nos rompemos cuando estamos solos. La interacción social es tan importante como la comida o el sueño: un componente vital de la mente humana.

Pero una cosa es que sea difícil distinguir el límite entre ir contra las convenciones sociales habituales y estar enfermo, y muy otra utilizar poderosas drogas en seres humanos en pleno proceso de crecimiento, durante años, y sin que los beneficios (ni siquiera los efectos) a largo plazo estén bien estudiados. Según comenta en el artículo el profesor L. Alan Sroufe, del Institute of Child Development (instituto de desarrollo del niño), la prescripción de drogas contra el TDAH en los últimos 30 años se ha multiplicado por 20, lo cual como poco indicaría una aterradora epidemia. Y si bien es cierto, y está más que comprobado, que fármacos como el Ritalin o el Aderall (marcas comerciales de mezclas de anfetaminas en los EE UU) mejoran la concentración de las personas en tareas repetitivas y monótonas en el corto plazo, resulta que los estudios a largo plazo no muestran mejoras. Las pastillas estarían, tal vez, ayudando a los niños hoy, pero no mejorando su prognosis a largo plazo. Y lo que es peor; no hay estudios que analicen qué otros efectos puede estar causando en el desarrollo del cerebro infantil la administración de anfetaminas durante años. 

La progresión de nuestra capacidad de actuar sobre el cerebro y su funcionamiento debería hacernos pensar seriamente sobre lo que queremos, porque como en la vieja maldición puede que acabemos por obtenerlo. Quizá tengamos la capacidad de mejorar mediante la química la concentración de nuestros niños en tareas repetitivas y monótonas, pero ¿y si el problema es un sistema educativo que se basa en la repetición y la monotonía? ¿Es el individuo el enfermo, o es la sociedad y su definición de enfermedad? ¿Queremos niños y adultos que se adapten a los engranajes existentes a pastillazos, sin cuestionarnos si esos engranajes son los mejores, más humanos, o simplemente los adecuados para nuestro futuro?

Sin duda hay niños cuya falta de atención y sintomatología asociadas son patológicas, y derivan de problemas en su cerebro y en su mente que necesitan atención. Pero también cabe poca duda que tres millones de niños bajo tratamiento en solo un país hacen sospechar que la definición de esa enfermedad se ha ido de las manos, y que demasiados niños están siendo tratados simplemente para hacerlos más dóciles y menos problemáticos. Deberíamos plantearnos seriamente qué es lo que queremos y cómo obtenerlo. Y además tendríamos que tener mucho cuidado con la modificación a gran escala del cerebro de nuestros hijos por medio de la química. Incidentes como la reciente oleada de pánico en el mercado estadounidense ante los rumores sobre una escasez de Aderall en el mercado, con padres almacenando cantidades ridículas de medicación (y provocando, precisamente, la escasez temida) no invitan al optimismo. 

Hay muchos intereses que presionan para extender el rango de lo enfermo, de lo que debe ser tratado médicamente, a expensas de lo que es simplemente diferente, idiosincrásico, peculiar. Cuanto mayor sea nuestro control sobre el funcionamiento del cerebro, mayores serán las presiones para definir socialmente un estado deseable y convertir en enfermedad todo lo que suponga una desviación de ese estado ideal. No faltará quien nos venda los medicamentos para ‘curar’ las desviaciones con independencia de las consecuencias, como ya estamos viendo que ocurre hoy. Disponer del poder de modificar nuestro propio cerebro, y con él nuestros propios valores, deseos y suelños, puede ser el mayor reto moral de la historia de la Humanidad, y un punto clave de nuestra evolución. Y también un desastre de proporciones incalculables, si lo hacemos mal. 

Sic transit gloria mundi

El latín desaparece del último rincón de la ciencia donde aún era obligatorio: en las descripciones formales de especies vegetales. Las reglas de nomenclatura botánica establecían hasta ahora que en la creación de una nueva especie de planta era forzoso describir sus caracteres diagnósticos en esta lengua, un anacronismo proveniente de la era medieval, cuando los letrados eran quienes podían leer y escribir latín. Aunque la obligación formal data de mucho después, lo cierto es que éste es el origen remoto de esta curiosidad: en los tiempos en los que empezaron los intercambios internacionales de conocimiento, en los que por primera vez surgieron los antecedentes de lo que habría de convertirse en la Ciencia, el idioma culto era la lengua latina. A nadie se le hubiese ocurrido escribir sobre materias de importancia en otro idioma. Lo cual tenía sus utilidades, y subraya una característica vital del empeño científico: conocer el universo necesita del intercambio internacional de conocimiento. La ciencia es, por definición, saber abierto. El latín, como idioma único de la clase cultivada, servía a ese carácter abierto. Pero las potencias emergentes siempre han acabado imponiendo su propia lengua en el ámbito internacional. Y el primer idioma que desplazó al latín del ámbito del conocimiento fue… el castellano.

En efecto, hasta el siglo XVI los libros por ejemplo de medicina siempre se escribían en latín, como correspondía a su carácter de conocimiento abierto e internacional. Esto facilitaba el intercambio de información, porque ya no era necesario aprender varias lenguas para estar al cabo de la calle de lo que se publicaba en varios países; con saber latín era suficiente para comunicarse con toda la comunidad médica y naturalista mundial. Pero hacia mediados del siglo XVI el Imperio español estaba en pleno apogeo y dominaba no sólo una enorme porción del globo terráqueo, sino significativamente el panorama cultural europeo. Y empiezan a aparecer autores como Bernardino Montaña de Monserrate, que publica en 1551 su "Libro de la Anathomia del Hombre”, o Juan Valverde de Hamusco, que en 1556 da a la imprenta su "Historia de la Composición del Cuerpo Humano". Libros de anatomía escritos en castellano, a diferencia de clásicos como el "De humani corporis fabrica" de Vesalio, escrito en latín pocos años antes. La pujanza española contribuyó decisivamente a acabar con el latín como idioma único de la cultura, y por tanto a dificultar la práctica de la ciencia tal y como la conocemos hoy.

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Los problemas que causa la fragmentación no son imaginarios. Cualquiera que haya tratado de clasificar un ser vivo utilizando publicaciones alemanas, checas anteriores a la Primera Guerra mundial o chinas de los últimos 30 años sabe de las dificultades que puede tener leer una descripción taxonómica en otro idioma. Es cierto que desde los años 50 la tendencia ha sido a publicar las descripciones de seres vivos también en inglés, el lenguaje del actual poder político dominante. Pero también lo es que a veces los problemas políticos complican la comunicación; durante buena parte de la Guerra Fría la ciencia rusa, y en general de allende el Telón de Acero, no mostraba inclinación ninguna por usar el idioma del ‘enemigo’. Dos ciencias que avanzan en paralelo no son mejores que una.

Cualquier dificultad para la transmisión de ideas supone un problema para la ciencia. El poder acceder de modo rápido y preciso a los avances realizados por cualquier otro científico en cualquier otro país es fundamental para evitar errores y repeticiones, y para incorporar los avances y construir siempre hacia adelante. Las ideas se multiplican cuando se cruzan; nada es más fértil que añadir enfoques distintos al mismo problema a la hora de generar nuevas y más potentes ideas. El latín servía a este propósito al facilitar a toda la comunidad ilustrada el acceso a todas las publicaciones científicas. Pero hace mucho que el tiempo de la lengua latina ha pasado. Ya no se considera el dominio de la lengua de César y Séneca como una parte fundamental de la educación de una persona ilustrada. Desde hace años su enseñanza es cada vez menos importante, por lo que tiene sentido que finalmente se abandone su uso. La función que cumplía, sin embargo, sigue existiendo, y en esta época actual está cubierta por el inglés. Aunque si los vientos de la Historia no están equivocados más vale que los botánicos (y el resto de nosotros) empecemos a aprender mandarín. Porque igual que el latín cayó, y más tarde el castellano, el francés y el alemán dejaron de ser las lenguas vehiculares de la cultura y la ciencia, el inglés caerá. A la larga, Sic transit gloria mundi. Y no hay más.

Efectos secundarios

El cáncer es un conjunto de enfermedades terribles y crueles en las que el cuerpo se vuelve contra sí mismo y los mecanismos que nos construyen se desmandan y proceden a destruirnos. Ahí estriba la enorme dificultad en la lucha contra cualquiera de sus formas: las células que nos invaden y dañan son nuestras propias células, y los engranajes que las hacen enloquecer son partes vitales del funcionamiento del organismo. En comparación una infección bacteriana es simple, porque las células bacterianas son muy diferentes de las nuestras. Pueden ser identificadas para su destrucción, y sus cadenas metabólicas son tan diferentes que las sustancias químicas que son veneno para ellas hacen poco daño a nuestro cuerpo. No así en el cáncer, en el que los atacantes son idénticos y muestran muy pocas diferencias. Por eso los tratamientos más efectivos tienen tantos y tan graves efectos secundarios. Por eso la fijación de los investigadores y de los médicos en encontrar diferencias entre las células tumorales y las normales que permitan dañar a aquellas con los menores efectos posibles a éstas. En los últimos tiempos se estaba investigando sobre la promesa de las terapias antiangiogénicas, basadas en la necesidad de los tumores de hacer crecer a su alrededor vasos sanguíneos para poder crecer y alimentarse. Desgraciadamente, acaba de descubrirse un inesperado efecto secundario letal: los tumores estrangulados de esta forma crecen menos, pero a cambio se extienden más.

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Según un artículo recientemente publicado en Cancer Cell estas terapias antiangiogénicas consiguen, en efecto, bloquear el crecimiento de los tumores, dificultando la irrigación de estas masas celulares descontroladas al impedir el desarrollo de un sistema circulatorio propio. La terapia investigada tenía como blanco unas células llamadas pericitos que ayudan a la creación de vasos sanguíneos. Y resulta efectiva en ratones: los tumores privados de pericitos realmente crecen mucho menos y mucho más despacio. Éxito terapéutico. El problema es que no se estaba mirando el conjunto de la enfermedad: sólo el efecto del tratamiento en el tamaño y crecimiento de los tumores. No se analizaba la extensión de la enfermedad por la aparición de metástasis.

El nuevo estudio no sólo tiene en cuenta el tamaño y ritmo de crecimiento de los tumores, sino su número. Y resulta que la terapia antiangiogénica provoca un significativo aumento de las metástasis, que se multiplican hasta por tres. Sin los pericitos, que forman parte de la pared de los vasos sanguíneos,. éstos se hacen permeables y dejan pasar células cancerosas que se instalan en otros órganos creando nuevos tumores. Atacar los síntomas en una parte del cuerpo estaría agravando la enfermedad. Y lo peor es que los datos en ratones parecen confirmarse en cultivos de tumores humanos, y afectan a algunos medicamentos utilizados hoy en día.

El descubrimiento alerta de los problemas a la hora de descubrir nuevas terapias contra enfermedades complejas como el cáncer, y destaca el riesgo de fijar objetivos demasiado estrechos (como la reducción de tamaño de los tumores) sin tener en cuenta las consecuencias sistémicas de las terapias. Todo tiene consecuencias, y cuando la intervención médica se fija en complejos sistemas de regulación del funcionamiento celular esto se traduce en extraños efectos secundarios. El reduccionismo excesivo puede provocar errores. Esta vez, afortunadamente, también hay buenas noticias, porque el efecto ha permitido identificar un nuevo receptor que podría ser blanco de futuras intervenciones terapéuticas. La lucha contra el cáncer sigue, y poco a poco se van ganando batallas. Algún día ganaremos la guerra, y esta terrible enfermedad pasará a ser una dolencia crónica más. 

Evolución y tuberculosis multirresistente

Lamentablemente, y a pesar de lo que piensan algunas personas de religión, la evolución existe. Y es un proceso natural y automático, inevitable en cualquier sistema en el que exista reproducción diferencial y muerte selectiva. Lo cual produce resultados a veces negativos para nosotros, como cuando las enfermedades desarrollan resistencia a nuestros antibióticos. En la India, para desdicha nuestra, acaban de aparecer nuevos casos de tuberculosis resistente a todos los antibióticos conocidos. No a los más utilizados, o los más eficaces; esta cepa es resistente a todos. Por lo cual uno de los más viejos y temidos enemigos de la Humanidad dispone ahora de un arma letal: una variedad contra la que apenas nada podemos hacer, ya que carecemos de ninguna droga capaz de atacarla una vez instalada en un ser humano. La evolución de la resistencia ha sido muy rápida, y subraya otra terrible verdad: descuidar la salud de los habitantes de los países pobres es una pésima idea, porque las consecuencias se sentirán mañana en todo el mundo.

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La tuberculosis, la vieja tisis de nuestros bisabuelos, la casi olvidada enfermedad romántica de las ninfas pálidas y exangües y los sanatorios de los Alpes, es una terrible realidad en sitios como la India. En Mumbai, la antigua Bombay, se calcula que el 15% de las muertes del pasado año se debieron a esta enfermedad, que en Occidente está prácticamente erradicada gracias a la vacuna BCG y a los antibióticos, en especial la isoniacida y la rifampicina. Tan eficaces son estos tratamientos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a considerar la erradicación completa de la enfermedad como uno de sus objetivos realizables en el siglo XXI. En 1985 se lanzó un programa mundial de vacunación masiva contra varias enfermedades, entre ellas la tuberculosis. Pero las cosas no están saliendo como la OMS esperaba. 

El primer problema fue el SIDA. Una enfermedad que destruye en sistema inmunitario actúa como un multiplicador de la eficacia de otros patógenos, entre ellos el Bacilo de Koch causante de la tuberculosis. La extensión del VIH facilitó el regreso de la tisis en sociedades donde estaba prácticamente erradicada, y contribuyó a su extensión en amplias zonas de los antiguos países del Este, Rusia, Asia y África. Para colmo en los últimos años se detectó la existencia de cepas resistentes a antibióticos. De hecho hizo su aparición la tuberculosis multi-resistente y posteriormente variantes extra.resistentes. La tendencia culminó en 2009 con la aparición de los primeros 15 pacientes infectados con tuberculosis resistente a todos los antibióticos conocidos. Ahora acaban de aparecer otros 12 enfermos en Mumbai.

El problema es la mala atención médica en muchos de los países en los que la tuberculosis ha regresado. Los sistemas sanitarios de muchos de estos países no son capaces de tratar la enfermedad de modo consistente. La inadecuada administración o dosificación de antibióticos no sólo no cura a los enfermos, sino que facilita la aparición de cepas resistentes. Y esto cuando el diagnóstico es el correcto, cosa que no siempre ocurre. Occidente se siente seguro con sus sistemas hospitalarios y sus medicamentos, pero la inadecuada diagnosis y el tratamiento erróneo en países en vías de desarrollo crean cepas ultrarresistentes que después urden extenderse, y contra las cuales estamos todos indefensos. Invertir en mejorar la atención sanitaria en la India no es una prioridad en tiempos de crisis, y sin embargo es puro egoísmo. Salvar a los extraños puede ser la mejor manera de protegerse uno mismo. Porque contra la evolución no hay defensa, ni descanso.

El megabarco que se rompió

A veces las cosas no salen como están previstas; un detalle se complica, un error lleva a otro error y al final un traspié se transforma en catástrofe. A veces un accidente tiene repercusiones internacionales, incluso mundiales. A veces una simple avería puede convertirse en un problema geoestratégico. Todo esto ocurrió el pasado mes de diciembre cuando uno de los mayores buques cargueros del mundo (y de la historia) tuvo una grave avería cuando estaba siendo cargado para su viaje inaugural, poniendo en marcha no sólo las lógicas recriminaciones sobre las causas de un caro accidente, sino un proceso que puede acabar afectando a las perspectivas de una de las mayores empresas brasileñas y a las mismas relaciones políticas y económicas ente Brasil y China, dos miembros vitales del ascendente bloque geopolítico BRIC, y Australia. Y todo comenzó cuando el supercarguero Vale Beijing (abajo, el grande) se rompió a principios del pasado diciembre mientras lo cargaban en el puerto de Ponta da Madeira junto a Sao Luis, en el norte de Brasil.

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El Vale Beijing es el segundo barco operativo de la novísima clase Valemax de cargueros de mineral. Diseñada para reducir los costes de transporte de mineral de hierro entre Brasil y China, la clase Valemax es una pieza vital para que la compañía minera brasileña Vale pueda competir en el voraz y competitivo mercado chino con empresas productoras más cercanas, como las australianas. Por eso Vale encargó un total de 35 barcos con un diseño audaz, pues se trata de los más grandes cargueros de mineral que jamás se han construido. Con 361 metros de eslora, 65 de manga, un peso muerto de casi 400.000 toneladas y la capacidad de transportar en un solo viaje más de 350.000 toneladas de mineral de hierro (suficiente para construir tres puentes y medio como el Golden Gate) los Valemax están entre los objetos flotantes más grandes jamás construidos. Su desmesurado tamaño (sólo un poco por debajo de los mayores petroleros y portacontenedores de la historia) hace que tengan un calado tan grande (22 a 23 metros) que sólo pueden entrar en un reducido número de puertos en todo el mundo a plena carga: su base brasileña de Ponta de Madeira, Dalian en China y Rotterdam en Europa. Cada uno de los barcos, que están siendo construidos en astilleros chinos y surcoreanos (para enfado del ex-presidente brasileño Lula da Silva, que quería que se construyeran en Brasil) se calcula cuesta alrededor de 150 millones de dólares; el total del pedido subiría a más de 4.000 millones de dólares.

El objetivo de Vale, segunda empresa minera del mundo, es reducir en un 20-25% sus costes de transporte de mineral a China. El problema es que una apuesta de tal calibre tiene repercusiones en todo el mercado del transporte marítimo e incluso en las relaciones políticas y estratégicas entre los países. La industria naviera teme que la entrada en servicio de semejantes mastodontes deprima aún más el precio del transporte de mineral, ya rebajado por la crisis. Las navieras chinas no quieren que los nuevos Valemax sirvan como caballo de troya para la entrada de marinos y compañías brasileñas en su mercado, por lo que las autoridades de aquel país han puesto objeciones a la entrada en Dalian de este tipo de barcos, con excusas medioambientales. Hasta tal punto que el primero de la clase en entrar en servicio, el Vale Brasil, cambió de destino en ruta en su primer viaje para descargar en Tarento, Italia, en lugar de en China. La compañía achacó el cambio a razones comerciales.

Pero las pegas chinas no harán más que ganar fuerza con el incidente del Vale Beijing. Este es el segundo de la clase en entrar en servicio y el pasado diciembre estaba siendo cargado para su viaje inaugural en la terminal de Ponta de Madeira cuando algo falló y el barco se rompió. El asiento del buque (su posición en el agua) quedó alterado y hubo fracturas en componentes internos e incluso en el casco, lo que provocó la entrada de agua en los tanques de lastre y en las bodegas de mineral. El barco comenzó a hundirse, y con tanto calado y tan poco fondo (apenas un metro entre la quilla y el suelo) corría el peligro de partirse en dos. Esto hubiese bloqueado la terminal durante semanas, como ya ocurriera en 1994 con el Trade Daring, y hubiese tenido repercusiones en el mercado de mineral de hierro, ya que desde allí se producen el 10% de las exportaciones mundiales. Para colmo el Vale Beijing lleva a bordo tanto fuel oil como un petrolero pequeño para alimentar sus motores, lo que hubiese provocado una marea negra local en caso de romperse. Esta vez las autoridades consiguieron mover el barco con ayuda de seis remolcadores para trasladarlo a un fondeadero cercano, donde se mantiene con ayuda de varios remolcadores.

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No se conocen aún las causas del accidente, que pudo deberse a una carga incorrecta (demasiado mineral, demasiado rápido rompió el Trade Daring) o tal vez a un defecto de construcción. Técnicos del astillero surcoreano STX Offshore & Shipbuilding, que lo construyó, asisten en la estabilización del barco, que está siendo vaciado de combustible y cuya carga (llevaba a bordo ya más de 250.000 toneladas de mineral cuando el accidente) está siendo redistribuida entre las bodegas para reducir las tensiones. El barco está ahora anclado en un área con mayor fondo (30 metros) y aguas más claras para que buzos puedan realizar reparaciones provisionales. Los arreglos definitivos deberán hacerse en un dique seco, tal vez en Europa o Turquía. Iniciadas antes del accidente, por razones políticas, Vale ha cerrado negociaciones de venta de los barcos a una empresa surcoreana que se encargará de gestionarlos, aunque la minera brasileña seguirá siendo su cliente principal. China ya ha expresado su poca disposición a permitir la entrada en sus puertos de los Valemax a plena carga, por lo que no está clara su futura utilidad.

El caso del Vale Beijing demuestra que las grandes apuestas comerciales pueden salir mal por pequeños detalles; que la globalización tiene sus límites, y que la ingeniería (ese compromiso entre eficiencia y coste) no puede resolver todos los problemas. Objetos móviles de un tamaño tan desmedido como este barco están sujetos a limitaciones de uso estrictas; en concreto las operaciones de carga y descarga deben realizarse en una secuencia y a un ritmo muy concretos para evitar la aparición de tensiones en la estructura superiores a la resistencia del casco. En transportes de esta capacidad entran factores de tipo económico y estratégico que superan incluso los límites de la ingeniería. El megabarco que se rompió es una prueba de las posibilidades de la humanidad a la hora de enfrentar grandes retos, pero también un cuento sobre nuestros límites. Es posible que el simple error de un operario haya partido uno de los mayores barcos de la historia y puesto en peligro las relaciones comerciales entre dos gigantes emergentes. Lo más pequeño puede repercutir así en lo más grande. 

Los chicos buenos salen perdiendo

El Hombre es un lobo para el Hombre. El camino de la cima está empedrado de traiciones. La única forma de destacar es pasar por encima de tus rivales, tus compañeros, tus jefes. La vida, en suma, es una jungla, y en la selva ser buena gente no ayuda; al contrario, perjudica. La visión hobbesiana de la vida está muy extendida en el mundo laboral, donde parece que la escalera hacia el éxito se construye a base de cadáveres. Pero ¿es real esta visión pesimista de la naturaleza humana? ¿Es, en verdad, imposible ser buena gente y tener éxito en la vida? Según un reciente estudio sociológico esta negra visión de la Humanidad tiene su razón de ser. Porque, en efecto, cuanto más agradable se es, menos se gana. Y el efecto es particularmente marcado en el caso de los varones. Los chicos buenos ganan menos.

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El estudio ha sido publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, está firmado por Beth A. Livingston de la Universidad de Cornell, Timothy A. Judge de la U. de Notre Dame, y Charlice Hurst de la U. de Ontario occidental, y compara hasta qué punto es agradable una persona con sus ingresos en su vida laboral. Los datos provienen de más de 9.000 trabajadores que empezaron en sus empresas en los últimos 10 años y fueron sometidos en repetidas ocasiones a una serie de exámenes estándar de personalidad e inteligencia. En estos test se les pedía que evaluasen su propio grado de amabilidad mediante preguntas estándar como “¿Piensa que el término ‘agradable’ le describe como persona en una escala entre 1.- Pendenciero y 5.- Agradable?” o “¿Hasta qué punto cree que el término ‘difícil’ le define como persona, entre 1.- ‘cooperativo’ y 5.- ‘difícil’? Los resultados se tabularon y analizaron con respecto a otra serie de variables, como los sueldos. Y el panorama resultó ser perfectamente pesimista. 

Lo primero de todo es que las mujeres resultaron ganar al principio de sus carreras profesionales mucho menos que los hombres, un dato no por conocido menos deprimente. Pero al cruzar lo agradable que es la gente con sus ingresos apareció una clara correlación: cuando más desagradable una persona (según su propia estimación), mayores tienden a ser sus ingresos. Y el efecto es mucho más marcado (hasta tres veces más) en el caso de los varones. Otros experimentos indicaron que los hombres con mayores valores de ‘agradabilidad’ tienden a ser ascendidos con menor frecuencia. Tras controlar matemáticamente muchos otros factores (experiencia, continuidad laboral, horas de trabajo por semana) e incluso tras tener en cuenta la posibilidad de que los hombres más agradables tendiesen a escoger sectores profesionales peor pagados, el resultado es patente: para los hombres ser agradable resulta en sueldos peores, ser desagradable está mejor pagado.

Los investigadores incluso pudieron calcular el precio de la amabilidad: los hombres una desviación típica por debajo de la media en ‘agradabilidad’ tienden a ganar un 18,31% más que los que están una desviación típica por encima. Y eso son 7.300 euros anuales de media. Para las mujeres, en cambio, ser menos agradable no es tan rentable: en su caso la diferencia de sueldo es de sólo un 5,47%, apenas 820 euros anuales. El efecto es tan marcado que entre los recién llegados a sus profesiones ser agradable es ‘peor’ en términos de ingresos que ser mujer: los hombres más agradables recibían sueldos una media de 5.200 euros anuales por debajo de los menos agradables, mientras que la media de las mujeres ‘sólo’ cobraba unos 3.600 euros menos. Un efecto que sobrepasa al conocido sesgo por razones de sexo en nuestra especie es algo a tener muy en cuenta.

¿De dónde sale semejante castigo social al carácter agradable? ¿Por qué la empresa recompensa a los chicos malos? Para intentar entenderlo los investigadores descompusieron la cualidad de ser agradable en seis factores: confianza, sinceridad, respeto, altruismo, modestia y ternura, todas las cuales parece que debieran tener un impacto positivo en los resultados, sobre todo cuando se trata de un trabajo en equipo. Pero en el entorno laboral ser ‘desagradable’ tiene un sentido muy particular, que es precisamente estar dispuesto a defender los puntos de vista propios sobre el consenso del grupo incluso cuando hay tensión en el ambiente. Las personas que se definen a sí mismas como desagradables en el trabajo son capaces de respaldar sus ideas con agresividad en situaciones de conflicto. Y el mundo del trabajo moderno parece recompensarlas por ello, hasta el punto de valorar más a estas personas a igualdad de otras cualidades. 

La investigación, destacan los científicos, no demuestra que ser un psicópata ayude en el trabajo, por mucho que la evidencia anecdótica pudiese respaldar esta idea. Es simplemente que ser percibido como alguien más asertivo, más capaz de defender e impulsar sus propias ideas, es premiado en el mundo laboral en lo que parece ser una defensa contra el conformismo y la tendencia al consenso. O tal vez los hombres que se permiten el lujo de parecer menos agradables proyectan una cualidad de liderazgo que el mundo empresarial premia. El caso es que si es usted varón y pretende llegar alto en el mundo laboral, es mejor trabajarse un cierto nivel de desagradabilidad. Su paga mensual se lo agradecerá, a igualdad de todos los demás factores. Triste, pero científicamente comprobado, ay.

Internet, o el terror de los políticos

Pobre presidente Rodríguez Zapatero: no le dejan ni morirse (políticamente) en paz. Hasta sus últimas voluntades legislativas se las están machacando, a pesar de que es obviamente su deseo dejar cerrados ciertos temas que ya le han costado a él y a su partido mucho capital político, como la famosa, temida, y no poco discutida Ley Sinde. El hombre ha debido decidir que, ya inmolado, al menos dejará hecho Aquello que Es Necesario para España, con el fin de que la historia (lejana) le reivindique como estadista. Y la Ley Sinde, debe considerar, es necesaria, porque ¿no es la obsesión de todos los técnicos del ministerio de Cultura y el empeño personal de su ministra homónima? ¿No han ejercido intensa presión los Amigos Estadounidenses? ¿No es uno de los pocos asuntos que la antigua oposición y futuro gobierno no ha usado para atizarle (mucho) en la cabeza, quizá porque también ha recibido las atenciones de la embajada de Serrano? ¿No es la preocupación unánime de todos los artistas que le han visitado, en especial los más caros a su ideología, gente como Sabina o Victor Manuel? ¿No era el tema único de conversación de Teddy Bautista, cuando todavía era un héroe de los autores y la cultura? ¿No es el único asunto en el que los periódicos se han mostrado unánimes, desde los que le aborrecen con saña feroz a los que sólo le odian y le desprecian? ¿No hay señales inequívocas de Génova (que gobernará por muchos años) en el sentido de que agradecerían que este molesto asunto quedase zanjado antes de su toma de posesión? ¿No está, por tanto, el Universo entero (o la parte más cercana a Moncloa) a favor de la Ley Sinde? 

Pero Rodríguez Zapatero se ha encontrado de repente entre la espada y la pared. Este enojoso asunto, un tema menor, algo prácticamente sin importancia que que es una modificación normativa menor lleva provocándole serios dolores de cabeza políticos desde diciembre de 2009, cuando se filtró el primer borrador. La respuesta a aquel borrador, con la famosa reunión de la ministra González-Sinde con un grupo de internautas, magnificó lo que ya era una espléndida tormenta en la Red. La sensación de desapego que generó la posterior aprobación de la norma, contra la vociferante oposición de una gran cantidad de internautas, contribuyó decisivamente a poner en marcha los movimientos que se habrían de convertir después en el 15M. A su vez la contestación social en la calle restó, nadie duda de ello, no pocos votos al PSOE en las últimas elecciones. En titulares, en malestar y en activismo internáutico la Ley Sinde se ha convertido de tema técnico menor en incesante dolor de cabeza que continúa hasta el día de hoy.

Por supuesto que nadie en su sano juicio puede pensar que sólo la movilización de las gentes de Internet ha conseguido hacer tropezar al ministerio de Cultura, con su ministra al frente, a las asociaciones de autores y editores, a la embajada estadounidense y al súnsun corda. Es cierto y evidente que dentro del propio gobierno y en el mundo real, sector economía, había voces muy opuestas a la nueva norma. El ministerio de Industria, encargado de supervisar entre otros sectores el de la industria electrónica y las telecomunicaciones, ha librado una guerra burocrática sin cuartel, consciente de que los deletéreos efectos de la Ley Sinde van a perjudicar notablemente a una de las pocas áreas de la economía nacional que aún están vivas y crean riqueza, e incluso empleo. Las empresas de telecomunicaciones, como Telefónica,  la mayor multinacional española, estaban en contra por razones puramente económicas: aumenta sus gastos y sus riesgos legales. Por supuesto que a las empresas de la Red no les gusta, y se han movido; aunque nadie haya podido oír en público gran cosa en contra de los gigantes de Internet que operan en España (¿Google, Amazon, Facebook, Tuenti?). Las pequeñas, y más dinámicas y activas, empresas que hacen negocio en y para la Red sí que protestaron y llamaron la atención sobre el contrasentido de intentar salvar a una industria vieja y en decadencia dañando a una industria joven y creciente. Organizaciones internacionales de defensa de los derechos civiles en Internet mostraron su preocupación por las consecuencias de implantar un modelo de bloqueo de páginas web sin orden judicial.

Mucha gente ha intentado hablar con los partidos políticos, razonar con ellos, explicar que no se trata de un asunto de defender el ‘todo gratis’ o de cobijar a los ‘piratas’, que no es un intento de boicotear la defensa de la ‘propiedad’ intelectual, que no se desea dañar a los autores. Explicar que la Ley Sinde es ineficaz, puesto que no podrá detener lo que pretende detener, y tiene terribles efectos secundarios indeseables. Que el bloqueo administrativo de páginas web es una aberración, porque puede ser una amenaza a los derechos humanos y un vehículo de censura; que el efecto de incertidumbre jurídica dañará a las nuevas empresas de Internet al aumentar el riesgo y disminuir la inversión; que las nuevas responsabilidades legales perjudicarán a los gigantes de las telecomunicaciones aumentando sus costes, y dañarán el progreso de nuestra sociedad hacia un futuro conectado. Mucha gente ha querido explicarle a los partidos cuáles van a ser las nefastas consecuencias económicas y políticas de la Ley Sinde para intentar evitarlas, para intentar al menos modificarla, si no detenerla.

Pero no nos engañemos: al final la presión pública ha sido fundamental. Si el primer borrador de la Ley Sinde se cambió, introduciendo nuevos controles judiciales (aunque insuficientes y a posteriori) fue por el escándalo mediático que rodeó a la famosa reunión. Si el Partido Popular, de modo más o menos oportunista, llegó a declararse en contra y exigió nuevas modificaciones para dar su aprobación fue por la vergüenza pública. Y si hoy ha habido un enfrentamiento en el penúltimo Consejo de Ministros de la Era Rodríguez Zapatero ha sido por la que se ha montado, otra vez, en la Red. ¿Alguien duda de que sin el Manifiesto, y el remanifiesto, a estas horas la Ley Sinde y su reglamento estarían aprobados y en plena vigencia? ¿Alguien cree que el Consejo de Ministros se iba a dividir en este asunto sin presión en la Red? ¿A nadie le parece significativa la ruptura, publicada por @cesarcalderon, entre ministros ‘profesionales’ (a favor) y ministros que pretenden seguir viviendo de la política (en contra)?

Esto lo ha parado (momentáneamente) una combinación de presiones internas y externas, es cierto. Pero también es cierto que por primera vez Internet ha podido percibir el miedo de los políticos. Lo ha percibido en sus acciones; en la convocatoria de aquella reunión por la ministra González-Sinde, en los cambios introducidos al proyecto de ley, en la postura del Partido Popular y en su deseo de que le aparten este cáliz antes de llegar al gobierno. Lo ha visto en la reacción de los políticos profesionales del gobierno Rodríguez Zapatero, que abiertamente han argumentado el daño político que aprobar ese reglamento iba a hacerle a su partido y a las posibilidades de que jamás vuelva a ser alternativa de poder en España.

La Ley Sinde no la ha parado solo Internet. Pero por primera vez la Ley Sinde ha demostrado el poder de Internet en la política. 

Y no se equivoque nadie: esto no ha terminado. Las fuerzas que sustentaron e impulsaron la Ley Sinde siguen ahí. Algunas, como la SGAE, ha quedado muy debilitadas por culpa de sus propios conflictos internos. Otras, como la Embajada Estadounidense de la calle Serrano de Madrid, siguen tan potentes como siempre, presionando. La Ley está aprobada, con los votos del Partido Popular, y el reglamento tal vez se adapte o modifique, pero se aprobará; al fin y al cabo el responsable de Rajoy para temas culturales (Jose María Lassalle) es un defensor de la medida. Internet ha ganado un par de batallas, pero no la guerra. Es probable que la siguiente la pierda. Diablos, incluso es posible que el empecinamiento personal de Rodríguez Zapatero le lleve a volver a sacar el asunto en el último consejo de ministros de su presidencia. 

Pero a partir de ahora los políticos van a tener que pensar antes de hacer algo que pueda movilizar en su contra a la Red, porque por primera vez han de ser conscientes de que al hacerlo deberán pagar un precio. Cuando varios ministros socialistas se han opuesto a la aprobación del reglamento de la Ley Sinde pensando en sus consecuencias futuras estaban reconociendo que tienen miedo de la Red; que son conscientes de que enfrentarse a la ciberopinión tiene un coste. Rajoy y sus futuros ministros tendrán de su lado el poder del estado y de la ley, y la capacidad (indudable) de irritar a la gente de la Red con esta y otras medidas. Pero harían bien en aprender del miedo de sus rivales, y en analizar el precio que el gobierno Rodríguez Zapatero ha tenido que pagar por no escuchar, por empeñarse en hacer lo que su cerrado universo de influencias y presiones le decían que era lo correcto. Internet ha contribuido (¿poco, mucho, decisivamente?) a torcerle el brazo a un gobierno, varias veces. Los políticos que no se haya dado cuenta y que no haya cogido un saludable respeto, miedo o incluso terror a Internet recibirán pronto un despertar brusco, y desagradable. Porque a veces hasta el terror es saludable, si te evita peligros graves. 

Un Gobierno en funciones no puede aprobar la ‘Ley Sinde’

Ante la aprobación dentro de unas horas del reglamento de la polémica Ley Sinde, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando -como hicimos en el Manifiesto de 2 de diciembre de 2009- nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet. En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros. Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks. En todo caso insistimos en estos razonamientos:

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del Ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Pásalo. Publícalo.

Cuando criamos monstruos

Una buena parte de la ganadería consiste en criar animales monstruosos. Seleccionados durante milenios por sus características deseables desde nuestro punto de vista, la inmensa mayoría de los cerdos, vacas o pollos que alimentamos en establos, cochiqueras y granjas no durarían 10 minutos en la naturaleza, librados a sus propios medios. Las vacas de carne o leche tienen musculaturas o ubres hipertrofiadas; las gallinas ponen huevos de modo desaforado, y los cerdos acumulan grasa y crecen a ritmos muy poco saludables para satisfacer nuestras necesidades de carne, huevos o jamón. En estos casos nos queda la justificación de pensar que lo hacemos para comer, que nuestra propia supervivencia (o, al menos, necesidad de comer) sirve como razón para mantener animales tan desviados de sus formas naturales. Otras veces la cuestión es mucho más complicada de responder, en especial cuando la crianza selectiva termina en animales que no sólo son de origen 'artificial', sino que además están mal hechos: animales que son inútiles, deformes y que incluso sufren todo tipo de enfermedades, incontables sufrimientos y una muerte temprana. Y todo por razones exclusivamente estéticas, no prácticas; por una justificación que nada tiene que ver con la supervivencia, suya o nuestra. Como por ejemplo una raza específica de perro: el Bulldog. The New York Times Magazine se pregunta: ¿se puede salvar al Bulldog?

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Todos los rasgos que se valoran en el Bulldog de pura raza son un desastre para la calidad de vida del pobre animal. El morro corto y la mandíbula atrofiada provocan dificultades alimenticias y serios problemas respiratorios. Los pliegues de la piel son proclives a infecciones y llagas. La estructura de la cabeza, hipertrofiada, causa problemas oculares, y la forma de los cuartos traseros deriva en una elevada tasa de hiperplasias de cadera que los dejan incapaces de andar. Para los veterinarios especializados, reitera el reportaje de The New York Times Magazine, la raza es un chollo; "un cheque de 5.000 dólares esperando a caer", "el animal que me mantiene el negocio" (dice un oftalmólogo veterinario). Muchos perros de pura raza tienden a tener peor salud que los chuchos normales, y a acumular enfermedades hereditarias. El caso del Bulldog, sin embargo, es especial: no es que muchos de los ejemplos estén enfermos, es que lo raro es encontrar uno de ellos sano. Hasta tal punto que muchas aerolíneas se niegan a transportarlos, pues muchos mueren en los aviones por sus problemas respiratorios. Los pobres animales sufren. Y el problema es que están mal diseñados.

La teoría creacionista del Diseño Inteligente se aplica de pleno a los animales domésticos, puesto que en su caso sí que existe un agente selector dotado de voluntad y conocimiento: nosotros. Partiendo de animales salvajes y por procesos aplicados durante (literalmente) decenas de miles de años las gallináceas salvajes se convirtieron en pollos, los formidables Uros devinieron en plácidas vacas suizas y los temibles lobos se convirtieron en perros. Y las distintas razas de perros se fueron especializando, siendo transformadas en cuerpo y alma en herramientas útiles para diferentes propósitos: para defender (mastín) o pastorear (perros pastores) el ganado, para ayudar en la orilla del agua a pescadores y cazadores (labrador), para cazar liebres y conejos a la carrera (lebrel, galgo, podenco), para perseguir roedores en sus madrigueras (terrier) o hasta para tareas muy específicas como calentar la cama (chihuahua) o defender a un recaudador de impuestos (doberman). El Bulldog surgió como perro de lucha al igual que otras razas como el Alano Español o el Pit Bull; en este caso específicamente para ser utilizados en el antiguo espectáculo del 'Bull baiting', una pasión en la Inglaterra de Isabel I y Shakespeare. La bárbara ceremonia consistía en soltar perros criados específicamente contra un toro encerrado en una suerte de ruedo; los canes ganaban si conseguían morder el morro del toro y aguantar la presa. El toro ganaba cuando, con frecuencia, corneaba a los perros que lo asediaban. Varias modalidades se diferenciaban al soltar varios perros juntos, o de uno en uno. Las características morfológicas básicas del Bulldog surgieron de su papel como perro de combate.

La raza actual, sin embargo, proviene de finales del siglo XIX, cuando fue rescatada del olvido en el que la había sumido la prohibición del 'Bull baiting' por el parlamento británico en 1835. Probablemente mediante cruces con terriers y otras razas se recuperó la forma del Bulldog y se desarrollo a lo largo de líneas definidas por la estética, más que por ninguna consideración práctica. El carácter alegre y valeroso de la raza lo convirtió en un animal de compañía deseado. Pero las convenciones estéticas que se desarrollaron, puramente derivadas de lo que los humanos consideramos 'cuco', han acabado por crear animales monstruosos. Porque un animal que está genéticamente condenado a vivir en la práctica tullido no puede ser calificado como otra cosa. Para su desdicha, los Bulldogs nacen condenados. Sólo unos pocos cambios en los criterios estéticos (un morro más largo, menos pliegues de piel, caderas más fuertes) mejorarían la calidad de vida de los animales de modo notable. Pero se apartarían de los cánones estéticos de crianza. Y así criamos monstruos exclusivamente para satisfacer nuestras necesidades estéticas y de jerarquía social. A veces nuestros sueños son deformes. Lo que eso pueda decir de nosotros como especie queda como ejercicio para el lector.

Corrección 30/10/2011: con propósitos de ilustración se incluyó originalmente y por error la imagen de un Bulldog Americano en lugar de la correcta, que corresponde a un Bulldog Inglés. Lamento el fallo y agradezco a @Guardiaoscura su ayuda al indicarlo. 

La mujer que descubrió que somos producto de un amor caníbal

Somos producto de un acto de amor, o de canibalismo, o de amor caníbal; y la mujer que lo descubrió falleció ayer. Lynn Margulis era una de las pensadoras más originales y creativas en el campo de la biología, emitió hipótesis irritantes, realizó descubrimientos sorprendentes y emocionantes, fue repudiada por la ortodoxia científica, luchó contra ella y ganó. También defendió (casi exigió) cambios radicales en el modo como entendemos el funcionamiento de la naturaleza, extendiendo su principal hipótesis y triunfo científico al conjunto del Universo, tratando de explicar la biología toda con una única idea, la suya. Esta batalla no la ganó, y en las últimas décadas de su vida llevó a su poderosa e inquieta mente a asociarse con ideas extrañas, cada vez más alejadas de la ciencia y más cerca de una especie de misticismo panteísta. La misma obstinación con la que consiguió la adopción por la biología oficial de su hipótesis de la hibridación la apartó más tarde del reconocimiento que merecía; de no haber sido por esa deriva medio extraña Lynn Margulis habría sido sin duda premio Nobel. Pero era, con mucho, demasiado fiel a sí misma, y demasiado obstinada como para permitir que pequeños detalles como la buena opinión del ‘establishment’ científico afectasen a su juicio. Al fin y al cabo, ya les había vencido una vez, y fue casi por agotamiento.

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En 1966 Lynn Margulis era una profesora contratada de la Universidad de Boston; recién doctorada, con apenas 28 años de edad. Eso sí, había comenzado sus estudios universitarios a la tierna edad de 14 años, por lo que tenía ya cierta veteranía en el competitivo campo de la academia. Por eso debió sospechar que encontraría resistencia cuando escribió “On the origin of mitosing cells” (sobre el origen de las células mitóticas), un artículo que fue rechazado por 14 o 15 revistas, según su autora, y que finalmente apareció publicado en el Journal of Theoretical Biology. En aquel artículo Margulis recuperaba ideas decimonónicas y teorías perdidas para construir una hipótesis herética: que el origen de algunos de los orgánulos que componen las células eucariotas (provistas de núcleo) era un proceso de endosimbiosis. Según su idea los cloroplastos de las plantas (verdes, encargados de transformar la energía solar en comida) y las mitocondrias de los animales (plantas de conversión energética de las células animales) habrían sido en origen otros seres vivos independientes que, capturados o devorados, supieron adaptarse a la cooperación con su predador, o colonizarlo, en un régimen de mutuo beneficio y pacífica convivencia. Las células con núcleo, aquellas de las que estamos hechos, serían producto de un acto de cohabitación y simbiosis; primero devoradas, aquellos protocloroplastos y protomitocondrias habrían aprendido a amar a su devorador. A convivir con quien se las comió. A convertirse en uno.

Otros habían propuesto ideas similares antes, pero Margulis fue la primera en apoyar la posibilidad con estudios microscópicos y con detalles precisos y convincentes. La idea de la endosimbiosis, de la colaboración como origen de la célula con núcleo, sin embargo no encajaba en los paradigmas de la teoría evolucionista de la época, empapada todavía de la idea de la lucha por la vida y la naturaleza de garras y dientes rojos. Detalles como que los cloroplastos y las mitocondrias son los únicos orgánulos que poseen su propio ADN, independiente del material genético del núcleo, no fueron suficientes. Lynn Margulis vio cómo se rechazaba su hipótesis, cómo sus ideas eran objeto de desprecio, probablemente incluso de burla y escarnio. Le llevó literalmente décadas de obstinación, pertinacia y esfuerzo, pero al final lo logró. Hoy la endosimbiosis está en todos los libros de texto básicos de biología; hay quien la considera una de las aportaciones clave de la biología del siglo XX, aquel en en el que se desentrañó la estructura de ADN y se aprendió a manejar genes como si fueran muñecas de recortable. Por mucho menos que eso se han dado Nobeles. Pero Lynn Margulis murió sin obtenerlo: otra más de la larga lista de injusticias de estos premios.

Con toda probabilidad en nada le ayudaron su persistencia y la extensión lógica  que llevó a cabo de las ideas de la endosimbiosis, que le hicieron adentrarse en territorios intelectuales muy alejados de la ortodoxia científica, próximos al misticismo. Continuando las ideas de la simbiosis endógena como origen de los eucariotas, y rechazando abiertamente las ideas decimonónicas de la lucha por la vida en las que consideraba basada la teoría evolutiva Neodarwinista, Lynn Margulis empezó a elaborar una nueva Teoría de la Evolución; una historia propia de la vida en la Tierra basada en la simbiosis, en la fusión, en la suma. Esto la llevó a respaldar un polémico (hay quien diría herético) artículo que postula que el origen evolutivo de las orugas son los Onicóforos, un filo de gusanos muy alejado evolutivamente de los Insectos. Por oposición a lo que consideraba resabios de las doctrinas imperialistas, machistas y violentas de la Era Victoriana Margulis intentó generalizar el proceso de endo y exosimbiosis, convirtiendo la fusión de animales diferentes en la clave de la historia natural. Una idea que tiene extremadamente poco respaldo de otros científicos, y muy escasa evidencia a su favor.

De ahí saltó a codesarrollar la Hipótesis Gaia con James Lovelock, postulando que el planeta entero es (más o menos metafóricamente) un ser vivo con mecanismos de autorregulación entre los que se incluían modular la evolución de las especies que lo constituyen; una idea muy cercana al llamado ‘lamarckismo’ clásico que llegó a contaminarse de un cierto misticismo de tintes casi religiosos sobre la idea de la ‘Madre Tierra’. Más adelante defendió la idea de que los biofilms, o biopelículas, eran macroorganismos pluricelulares gigantes capaces de controlar incluso el clima. Al parecer la Tierra estaba, para ella, literalmente viva. Las justificaciones anti-ideológicas que había tras sus teorías la acercaron, paradójicamente, a otras ideologías anticientíficas y contrarias a la razón. Tal vez por eso en sus últimos años defendió teorías muy cercanas a las conspiranoicas, negando que el VIH cause el SIDA o poniendo en duda la versión oficial de los ataques terroristas del 11S. Se convirtió en una de las científicas más respetadas en los círculos de la ciencia paralela, de las teorías de la conspiración, de los enemigos de la razón. Probablemente no le importaba.

Conociendo su carácter y su historia es probable que el rechazo y la desconfianza contribuyeran a reforzar sus ideas, más que a socavarlas. Como científica y como persona era tenaz y se crecía ante las dificultades y la oposición; consideraba su deber enfrentarse a cualquier dogma, poner en duda cualquier teoría, y sostener cualquier hipótesis que resultara impopular. Ese escepticismo tan radical que la llevaba a poner en duda incluso la misma razón, y por tanto a abrazar postulados casi religiosos, probablemente le costó parte del reconocimiento y el aprecio de la ciencia convencional, que sin embargo la colmó de premios y disculpó sus desviaciones de la ortodoxia. En los últimos tiempos Lynn Margulis era para la biología como esa tía respetada y querida, pero un poco conflictiva en las reuniones familiares por su tendencia a preguntar el horóscopo y regalar brazaletes de cristales de energía. Ambas facetas formaban parte de su personalidad, y desde luego que el respeto se lo había ganado a pulso, por sus aportaciones y por su tenacidad. A pesar de sus excentricidades la biología echará de menos a Lynn Margulis, pensadora original, científica intrépida. Descanse en paz.

Pepe Cervera


Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profestor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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