El picante y el temperamento y descubriendo enfermedades en las alcantarillas

    jueves 27.abr.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Nuestro gusto por el picante es una anomalía evolutiva derivada del hecho de que somos un poco masoquistas. La capsaicina pretende disuadirnos de comer chiles y otras especias que la contienen, pero nosotros ahí, disfrutando de la combinación de ese ardor sublime con el resto de los sabores. Lo cual no quiere decir que comer picante carezca de consecuencias: algunos estudios recientes sugieren que el picante consumido regularmente contribuye a generar en las personas sentimientos agresivos. En un análisis de relaciones entre palabras dos grupos de estudiantes fueron expuestos a salsa con mayor o menor grado de intensidad (una de ellas con habanero), y los que comieron salsa más picante tendieron a proyectar sentimientos de mayor agresividad. En otro experimento los participantes fueron expuestos a fotos de comidas picantes o bien hablaron sobre ellas; los que habían visto las fotos resultaron tener pensamientos más agresivos, sobre todo en lo que respecta a interpretar la postura de otros. Parece que el picante tiende a hacernos pensar que los demás son más peligrosos de lo que son. Aunque ojo: como otras veces los experimentos se han llevado a cabo con estudiantes universitarios de países occidentales, una muestra muy sesgada de lo que es la Humanidad en su conjunto: probablemente los resultados serían diferentes si se hicieran estos mismos experimentos en, pongamos, Tailandia, México o la India.

Descubriendo enfermedades en las alcantarillas

Para poder acabar lo más deprisa posible con los brotes de enfermedades infecciosas es vital detectar cuanto antes su aparición, algo que en las macrociudades en las que ahora vivimos es complicado, sobre todo cuando la red sanitaria no es muy buena. Investigadores israelíes acaban de describir una nueva herramienta que permite detectar con rapidez brotes de polio, o controlar su inexistencia en grandes regiones, mediante el análisis de un sistema de recogida de muestras masivo: las alcantarillas. Analizando la cantidad de virus en las alcantarillas de una ciudad y teniendo en cuenta el número de habitantes y la proporción de personas vacunadas pueden detectar en seguida la aparición de nuevos brotes, o controlar que la población está sana, de un modo sencillo y fiable. Aunque, quizá, poco agradable. No es la única técnica:; se han medido tasas de consumo de medicamentos o drogas en el contenido de las alcantarillas en otras ocasiones, pero esta vez hablamos de enfermedades infecciosas, en las que la ventaja de detectar cuanto antes los primeros casos es fundamental.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 26/4/2017

Pepe Cervera   27.abr.2017 08:57    

La juventud de Homo naledi

    miércoles 26.abr.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Se encontró en una cueva sudafricana con una entrada muy complicada; su anatomía era espectacularmente curiosa, con tamaño general y del cerebro muy reducido y otras características muy primitivas, pero su datación era muy difícil. De modo que saber cuál es el impacto de Homo naledi en la evolución humana es complicado: no es lo mismo que hubiese vivido hace más de 2 millones de años que hace apenas 50.000. Los rumores en la cerrada comunidad paleoantropológica llevaban meses bisbiseándolo, y ahora parece que un desajuste en la publicación de una entrevista lo confirma antes incluso de la aparición del ‘paper’ oficial: Homo naledi vivió hace entre 100.000 y 200.000 años, justo en la época en la que en otro rincón de África estaba surgiendo nuestra propia especie, Homo sapiens. De confirmarse, la fecha traerá cola.

Homo_naledi_holotype

Porque a pesar de sus rasgos primitivos y de su pequeño tamaño esto querría decir que al mismo tiempo que nuestra propia especie evolucionaba en África un segundo homínido con características diferentes también seguía su propio camino evolutivo, procedente quizá de un antepasado común remoto como Homo habilis. Durante buena parte de la evolución humana esta situación fue normal: varias especies de homínidos coexistiendo en el mismo espacio con adaptaciones ecológicas diferentes, pero no sabíamos que hubiese varias humanidades distintas en el momento del nacimiento de nuestra propia rama más reciente. Y lo que es peor: la coincidencia entre la desaparición de este grupo evolutivamente diferente y nuestra propia aparición sugiere una posibilidad terrible: que nosotros hayamos sido la causa de su extinción, quizá por desplazamiento ecológico. En todo caso la juventud de Homo naledi añade interesantes matices a nuestra aparición como especie y a la evolución de la Humanidad.  

Pepe Cervera   26.abr.2017 09:30    

A la caza del Tigre de Tasmania

    martes 25.abr.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

El último Tigre de Tasmania, el ‘finalín’ de esta especie, murió el 7 de septiembre de 1936 en el zoo de Hobart, capital de Tasmania. Había sido bautizado como ‘Benjamin’, y murió de frío por accidente: la puerta que le permitía refugiarse en una caseta quedó accidentalmente cerrada una fría noche del final del invierno austral. Estos animales del tamaño de un perro mediano y con característicos cuartos traseros con rayas eran los mayores carnívoros marsupiales que sobrevivían en Australia a la llegada de los occidentales; fueron perseguidos y exterminados y desaparecieron, no sin que se hicieran películas de ellos como la que puede verse debajo. Pero igual que de vez en cuando alguien jura haber visto al Yeti, al Monstruo del Lago Ness o al Bigfoot en Australia a veces alguien cree haber visto un ejemplar vivo de Tigre de Tasmania. Y uno de estos avistamientos ha resultado tan creíble que científicos australianos van a realizar una campaña con cámaras-trampa en una remota y desierta península de la isla-continente para ver si es cierto. Es posible que el Tigre de Tasmania siga aún vivo, pese a nuestros esfuerzos; esperemos que de confirmarse esta vez los tratemos con más cuidado.

Pepe Cervera   25.abr.2017 08:57    

Maria Sibylla Merian, ama de casa y naturalista

    lunes 24.abr.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Maria Sibylla Merian era un ama de casa de origen alemán que vivió en el siglo XVII en lo que hoy es Holanda. Pero además de criar a sus hijos y atender su hogar se dedicó a la descripción y análisis de plantas, insectos y en general del entorno natural aprovechando su enorme talento pictórico para ilustrar las especies de insectos y plantas que describía, como en este ejemplo. Entre otros hallazgos descartó que los escarabajos surgieran del barro espontáneamente, como se creía hasta entonces; también fue la primera en describir no sólo la forma de los insectos, sino su ciclo completo de vida y de qué se alimentaban. Merian publicó varios libros ilustrados con preciosas imágenes de la naturaleza que se vendieron en toda Europa y la hicieron famosa. Hasta tal punto que con 52 años se embarcó con una de sus hijas para visitar Surinam, en el norte de Sudamérica, entonces colonia holandesa, donde analizó su flora y fauna publicando Metamorphosis Insectorum Surinamensium, una obra que la convirtió en una de las naturalistas más conocidas y respetadas de Europa. El libro contiene 60 grabados que describieron una espectacular naturaleza tropical entonces casi desconocida para la ciencia. Tras un periodo de casi olvido el recuerdo de Meriam está siendo reivindicado, y en junio habrá un simposio internacional sobre sus aportaciones a la ciencia.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 19/4/2017

Merian_Portrait

Pepe Cervera   24.abr.2017 09:01    

La gamba que mata con sonido y los distintos cerebros de hombres y mujeres

    jueves 20.abr.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

En la naturaleza hay muchas estrategias peculiares para cazar, desde plantas que cierran sus hojas a peces que usan descargar eléctricas u otros que escupen agua para derribar insectos. Hay una familia de crustáceos que se llaman gambas pistola que utilizan el sonido como arma. Y acaba de describirse una nueva especie de este grupo bautizada con el nombre de un clásico de la música: Synalpheus pinkfloydi es una gamba diminuta (apenas 5 o 6 mm) que tiene una de sus pinzas mucho más grande que la otra: esta pinza les permite emitir chasquidos tan potentes que generan pulsos de sonido de más de 21o decibelios, el ruido de un concierto de rock a todo volumen. Pero el nombre no se debe a esta asociación con Pink Floyd, sino a que en esta especie, hallada en las costas del pacífico en Panamá, tiene la pinza grande de un brillante y llamativo color rosa. Sus chasquidos son lo suficientemente potentes para atontar, o incluso matar, a pequeños peces e invertebrados a su alrededor. Porque en la naturaleza hasta el sonido se puede convertir en un arma.

Synalpheus_pinkfloydi

Hombres y mujeres: distintos cerebros, pero no tanto

Todos sabemos que los hombres y las mujeres somos diferentes, lo cual no significa desiguales; y según avanza la medicina estamos descubriendo hasta qué punto. En el Reino Unido se está llevando a cabo un estudio masivo sobre la estructura del cuerpo humano, ya que nuestros avances en sistemas para ver la anatomía interior han adelantado a nuestros conocimientos de la variabilidad entre personas: sin saber qué es normal es difícil descubrir las anomalías que causan enfermedades. El proyecto en conjunto pretende escanear a más de 500.000 personas, pero se va haciendo por partes y ya hay algunos resultados, en concreto sobre la estructura del cerebro obtenidos con técnicas de imagen por Resonancia Magnética sobre más de 5.200 participantes de más de 40 años, hombres y mujeres: una base de datos respetable. Entre los hallazgos: los cerebros de los hombres tienden a ser más grandes en tamaño total que los de las mujeres (normal; somos más grandes físicamente), pero los de las mujeres tienden a tener regiones de la corteza cerebral proporcionalmente más grandes; son las zonas asociadas con la memoria, el procesamiento de los datos aportados por los sentidos, aprendizaje y la capacidad de tomar decisiones. O sea que hay diferencias de tamaño y estructura en regiones del cerebro. Pero ojo: las diferencias son tan poco marcadas que resulta imposible diferenciar a un hombre de una mujer sólo analizando su imagen cerebral. La mayoría de las personas estamos, por tanto, en una amplia zona intermedia de tamaño y forma y nuestros cerebros son indistinguibles por género, igual que ocurre por ejemplo con los cráneos: el solapamiento es notable en una especie como la nuestra en la que existe dimorfismo sexual. Diferentes, sí, pero no tanto.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 19/4/2017

Pepe Cervera   20.abr.2017 12:24    

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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