El amor de los topillos, genes tras la muerte y Charles Proteus Steinmetz, el Hechicero de Schenectady

    viernes 30.jun.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

¿Qué es el amor? Sabemos qué sentimos cuando lo sentimos: el pensamiento obsesivo, la sonrisa floja, las mariposas en el estómago, el andar aéreo. Pero ¿eso qué significa, en términos biológicos? Los humanos formamos parejas estables, más o menos, a largo plazo, a diferencia de cómo resuelven sus problemas reproductivos otras especies, y esto nos coloca en un selecto club de animales que establecen lazos de pareja permanentes, lo que supone cambios en el cerebro: no piensa igual una cabeza enamorada que una que no conoce el amor. Para estudiar estos cambios los científicos analizan lo que ocurre en el cerebro de los topillos, otra de esas especies que forman parejas de por vida, para comprender qué cambios en la química cerebral producen esta tendencia; de qué manera son diferentes los cerebros de los topillos emparejados de los que no lo están. En los topillos se denomina al fenómeno ‘lazo de pareja’ y cuando se establece afecta al modo como tratan a su pareja; en un estudio reciente colocaron electrodos en la parte frontal del cerebro de hembras de topillo, en concreto en el córtex prefrontal donde reside la capacidad de decisión y en el Núcleo Accumbens, relacionado con la sensación de placer en los mamíferos. Cuando estas hembras se abrazaban con sus machos se detectaban señales oscilantes enviadas desde el córtex prefrontal al núcleo accumbens: en la práctica el cerebro se enseñaba a sí mismo a sentir placer en presencia de la pareja escogida. Para comprobar la hipótesis los científicos usaron la optogenética, una técnica que permite introducir genes y activarlos a voluntad por medio de luz; así imitaron estas señales en topillos hembra ariscas, con lo que inmediatamente se pusieron a achucharse con los machos: en la práctica activaron el amor de los topillos con luz. Por supuesto nuestro enamoramiento no es igual que el lazo de pareja de los topillos, pero los mecanismos neuronales subyacentes son, con toda probabilidad, los mismos, como se ha comprobado con estudios de resonancia magnética funcional: las regiones del cerebro son las mismas. El amor de los topillos nos ayuda a entender el nuestro.

Cuddlingvoles

Tanatotranscriptoma: genes que se activan tras la muerte

¿Qué ocurre cuando un organismo muere? ¿Qué pasa dentro de sus células cuando el sistema ya no funciona, el corazón no late y el cerebro se inactiva pero la descomposición no ha comenzado aún? Un equipo ha estudiado el perfil transcripcional de miles de genes en dos especies de vertebrados, el pez cebra y el ratón, antes y después de la muerte del organismo, y ha descubierto que al menos 1.036 genes se activan después del fallecimiento: genes relacionados con el estrés, la inflamación, la inmunidad, el cáncer (la regulación del crecimiento celular) o la apoptosis (el suicidio de las células) son más activos cuando el individuo del que forman parte ha muerto. Es más: algunos se activan al poco tiempo de la muerte, pero otros entran en funcionamiento incluso 24 o 48 horas más tarde. Antes de que las células empiecen a digerirse a sí mismas, el proceso por el que dejamos reposar la carne para que esté más tierna, hay genes que se ponen en marcha activados por señales internas que no comprendemos aún. Pero comprenderlas es importante para cuestiones como los trasplantes de órganos, o para entender el control del sistema genético en general. Y va incluso más allá: en el caso de frutas o verduras el cómo se almacenan puede modificar este perfil de transcripción genética una vez que están cortadas, lo que altera su conservación y sabor: por eso no hay que guardar los tomates en la nevera, ya que el frío activa genes que hacen que pierdan sabor. Porque la muerte acaba con muchas cosas, pero no con la actividad genética. Al menos durante un tiempo.

Charles Proteus Steinmetz, el Hechicero de Schenectady

Nació en 1865 en una ciudad entonces alemana y hoy polaca con el nombre de Carl Augustus Rudolph Steinmetz, y su brillantez en las matemática y la física lo convirtió en una estrella en su universidad, pero su actividad política (era socialista militante) le forzó a huir a los EE UU en 1888. Allí comenzó a trabajar para una compañía eléctrica en Nueva York con tal éxito que a los pocos años nada menos que Thomas Edison adquirió la empresa sólo para hacerse con sus servicios. Descubrió la Ley de la Histéresis o Ley de Steinmetz, y su habilidad era tal que llegó a montar un laboratorio en la ciudad de Schenectady donde se dedicaba a sus experimentos y a donde peregrinaban científicos y tecnólogos (Einstein y Tesla eran sus amigos) para hablar con él y para someter problemas a su consideración. Se contaba como anécdota que General Electric le contrató para reparar un problema en un generador, y Steinmetz estuvo varios días haciendo cálculos hasta que se subió a una escalera y marcó un punto de la carcasa con tiza, diciendo: aquí hay varias bobinas defectuosas. Una vez reemplazadas el generador funcionó a la perfección, y él presentó una factura por 10.000 dólares que Edison protestó, a lo que respondió con su desglose: marca de tiza, 1 dólar, saber dónde ponerla, 9.999 dólares. Excéntrico, se cambió legalmente el nombre por Charles Proteus y llevó una complicada vida familiar en su mansión de Schenectady. Y todo ello padeciendo desde su nacimiento de cifosis, una deformación de la espalda de carácter genético que había heredado de su padre y abuelo. A pesar de su minusvalía se convirtió en uno de los personajes públicos más conocidos de principios de siglo, por su talento y su capacidad. Murió, respetado como el gran ingeniero que era, en 1923.

SteinmetzconEinstein1921

Pepe Cervera   30.jun.2017 08:57    

La general Valérie André

    viernes 23.jun.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Hasta muy recientemente las mujeres no eran bienvenidas en ningún ejército del mundo, y sin embargo algunas de ellas consiguieron superar cualquier oposición y formar parte de las fuerzas armadas de sus países alcanzando incluso los más elevados rangos. Valérie André es una de ellas; nacida en 1922 estudió medicina y se licenció como médico en 1947, momento en el que Francia luchaba en Indochina y necesitaba doctores en aquel teatro de combate. Valérie se alistó como capitana médica y se desplazó allí, donde descubrió el naciente uso del helicóptero, tanto en combate como en la evacuación de los heridos. Desde pequeña había estado fascinada por el vuelo y había hecho algunas horas en avionetas, además de sacarse el título de paracaidista, por lo que se empeñó hasta que la enviaron de vuelta a Francia para entrenarse como piloto de helicópteros; curiosamente obtuvo el título civil, pero no el militar. Con ese título civil voló más de 120 operaciones de rescate en combate entre 1951 y 1952 evacuando a más de 150 soldados; al menos en 2 ocasiones saltó en paracaídas sobre campos de batalla para atender a heridos que no podían ser rescatados. Se convirtió así en la gran pionera de la evacuación médica en helicóptero, una técnica hoy extendida en todos los ejércitos del mundo, que ha salvado miles de vidas. Valérie André alcanzó el grado de general médico y ha sido condecorada en numerosas ocasiones; es una de las 8 mujeres que tienen la Gran Cruz de la Legión de Honor y la única que recibió la Orden del Mérito; tiene 95 años, sigue viviendo al lado del principal helipuerto de París (desde los años 50) y ha escrito dos libros de memorias, uno de ellos titulado 'Madame le Général'. Una carrera más que digna de recuerdo.

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Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 21/6/2017

Pepe Cervera   23.jun.2017 08:47    

El botánico deprimido y el poder devora el cerebro

    jueves 22.jun.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Steve Perlman es un botánico encargado de investigar las plantas silvestres en la isla de Kauai, en Hawaii, y está especializado en un grupo muy particular: aquellas de las que quedan menos de 50 ejemplares vivos en la naturaleza. Como tal y en sus más de 30 años de profesión ha visto extinguirse al menos 20 especies de plantas, que han desaparecido de la naturaleza; casi siempre debido a nuestra humana manía de introducir animales y plantas que nos gustan en ecosistemas diferentes a los suyos. Así la introducción de gatos, ratas o plantas cultivadas en ecosistemas isleños, como las islas hawaianas, provocan desastres sin cuento: animales o plantas devorados, cadenas ecológicas destruidas, sistemas de polinización eliminados, competencia por recursos... Steve Perlman y la gente de su equipo buscan los últimos ejemplares de plantas amenazadas y recolectan semillas y material para guardarlos y evitar la completa desaparición de estas especies. Un ejemplo es la Alula o Palmera de volcán, un tipo de palma endémica apodada ‘repollo en un palo’ de la que sólo queda un ejemplar vivo en libertad tras ser casi destruida por cerdos y cabras invasoras pero que tras su rescate se ha convertido en planta ornamental y se ha extendido, sobre todo en Europa, quedando así a salvo de la total extinción. Para Perlman y botánicos como él el problema son las veces que han visto morir al que sabían que era el último ejemplar de una especie en la naturaleza; algunos de ellos acaban tomando Prozac o dándose a la poesía. Por si fuera poco ahora una nueva amenaza se cierne sobre ellos: los recortes pueden acabar con la financiación para este trabajo. El mayor peligro ecológico, desgraciadamente, somos siempre los humanos.

Brighamia_insignis

El poder devora el cerebro

Y no hablamos de una metáfora, sino de un efecto literal: tener poder durante mucho tiempo acaba por atrofiar algunas funciones cerebrales, sobre todo las relacionadas con la empatía. Se dice que para obtener poder, para progresar en el mundo de la empresa o en la política es necesario tener don de gentes; la capacidad de conectar con otras personas es vital para ascender a lo más alto. Pero una serie de estudios recientes indican que cuando se obtiene el poder este cambia a las personas, haciendo que pierdan precisamente esa característica que les ayudó a subir. Estudios realizados con técnicas de RMN sobre personas con distintos grados de poder real descubrieron que los que tenían posiciones más altas mostraban menos actividad en las áreas del cerebro relacionadas con el ‘mirroring’, el sistema del cerebro que refleja los estados de ánimo de otras personas y hace posible la empatía, el ponerse en el lugar del otro. Esas regiones aparecían como anestesiadas, menos activas que en las personas con menos poder. Otros estudios de comportamiento habían ya detectado este tipo de cambios: cuando estamos con otras personas tendemos a imitar inconscientemente la postura y modo de moverse de personas más poderosas, pero esto al revés no ocurre. Y cuando se hacen determinados test a estudiantes usando la técnica del ‘priming’ (hacerles recordar un momento poderoso antes de realizar una tarea) demuestran que la percepción de tener poder cambia cómo nos relacionamos con los demás y os hace más egocéntricos; por ejemplo el ‘test’ de dibujarte una ‘E’ en la frente, que se puede dibujar para que la lean los demás o para que la leas tú (egocentrismo). O sea, que el poder tiene un precio, y es perder parte de tu capacidad de relacionarte con otras personas y de ponerte en su lugar. Lo cual explica tantas, pero tantas cosas de nuestros políticos y jefes...

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 21/6/2017

Imagen de Brighamia insignis de Daderot. - Trabajo propio (I took this photo), CC BY-SA 3.0

Pepe Cervera   22.jun.2017 08:58    

Cuando una tormenta despoblaba una isla

    martes 20.jun.2017    por Pepe Cervera    0 Comentarios

Las Islas Shetland, al norte de Escocia, son un lugar duro para vivir: trozos de roca en medio del Mar del Norte y tan alejados de las Islas Británicas que durante buena parte de su historia estuvieron mejor comunicadas con Escandinavia ni el suelo ni el clima se prestan a grandes cosechas, de modo que desde que fueron colonizadas (en la Edad del Bronce) la pesca fue uno de los principales medios de vida. Esto siguió siendo así durante la ocupación vikinga, cuando los escandinavos las incorporaron a sus reinos de Noruega, Suecia o Dinamarca, y seguía siendo así en el siglo XIX, cuando ya formaban parte del Reino Unido vía Escocia. Desde el siglo XVI un cambio social había impulsado la construcción de barcas de pesca más grandes, en el característico estilo de tablazón de tingladillo heredado de los vikingos; eran los llamados sixareens, con un pequeño mástil y tripuladas por seis remeros en lugar de los cuatro de los más pequeños fourareens. Estas barcas sin cubierta les permitieron explotar la pesca en el ‘Far Haaf’, una rica zona de pesca 50 millas al sur de la isla principal del archipiélago donde pescaban arenques con redes y bacalao al palangre que después secaban y preparaban en estaciones de pesca en las islas para ser exportados, entre otros sitios, a España. Las expediciones duraban días en estas pequeñas barcas de menos de 10 m de eslora y fuera de la vista de tierra firme; si una tormenta aparecía la situación podía convertirse en desesperada con enorme rapidez.

GloupMemorial

Y eso ocurrió el 16 de julio de 1832, cuando una súbita tormenta hundió al menos 17 botes y mató a 107 hombres; y volvió a ocurrir el 21 de julio de 1881 cuando tras varios días de galerna una mañana calma se transformó en un horror que envió al fondo al menos 10 botes con 57 hombres, la mayoría de la población masculina de Gloup, en la isla de Yell, en lo que se conoció como ‘El Desastre de Gloup’. Se cuenta que algunos botes consiguieron llegar a tierra con considerables esfuerzos de sus tripulaciones, y que barcas algo más grandes con cubierta usaron sus redes como anclas flotantes para capear la tormenta y las encontraron repletas de arenques al amainar. La tormenta dejó 34 viudas y al menos 58 huérfanos en las ya despobladas comunidades costeras de las Shetlands y ayudó a dar la puntilla a la pesca tradicional en el Far Haaf. En octubre de ese mismo año una súbita tormenta en el sur de Escocia mató a 189 pescadores, 129 de ellos del pueblo de Eyemouth, y ya en 1848 una galerna súbita había hundido 124 barcas y matado a más de 100 pescadores mientras intentaban regresar a tierra en el fiordo Moray (Moray Firth). En Yell, junto a Gloup, hay un monumento erigido en 1981 que conmemora el desastre de aquellos pescadores que desafiaban en sus barcas abiertas las gélidas aguas del Mar del Norte: una mujer con un niño en brazos que mira, ansiosa, el horizonte por donde su marido no volverá. Un tributo a la extrema peligrosidad de esas técnicas de pesca y de la dureza de la vida en el mar.

Pepe Cervera   20.jun.2017 08:57    

Chien-Shiung Wu, la Primera Dama de la Física

    viernes 16.jun.2017    por Pepe Cervera    2 Comentarios

En 1912 nació una niña en una aldea cercana a la gran ciudad china de Shanghai, hija de un decidido partidario de la igualdad entre niños y niñas que había fundado la primera escuela para niñas del país, donde estudió y destacó hasta ser aceptada en la Universidad de Nanjing, entonces la más importante de China y situada en la capital del país. Chien-Shiung Wu estudió física y participó en la convulsa política de aquellos años; su brillantez era tal que tras doctorarse y ocupar un puesto de profesora en varias universidades en 1936 decidió hacer estudios predoctorales en EE UU, en la Universidad de Michigan, aunque nunca llegó allí: en San Francisco conoció al que sería su marido y a un importante catedrático que le ofreció un laboratorio sobre la marcha. La doctora Wu era experta en desintegración radiactiva y trabajó en el Proyecto Manhattan, aunque se dio a conocer sobre todo como física experimental sin igual: su talento, habilidad y dedicación eran legendarias. Como tal diseñó y llevó a cabo los experimentos que cambiaron el rumbo de la física para siempre, al demostrar la ruptura de la simetría de paridad en la fuerza débil, una de las fundamentales de la naturaleza. El resultado fue tan importante que el mismo año de su publicación se concedió el premio Nobel a sus teóricos dejando fuera a Chien-Shiung Wu en una evidente y flagrante injusticia. Nunca obtendría el Nobel, para vergüenza escandinava, pero sí un montón de premios científicos de la máxima categoría, doctorados honoris causa y el respeto imperecedero de su profesión. Murió en febrero de 1997, con 85 años, tras dedicarse en su etapa jubilar a la educación y al fomento del amor de las mujeres por la ciencia y la física en particular. Una de las científicas más importantes del siglo XX, y tal vez de la historia.

Chien-Shiung_Wu_in_1958

Pepe Cervera   16.jun.2017 10:38    

Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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