« Islas de quita y pon | Portada del Blog | El tsunami que falló »

Los buitres leonados saben contar hasta tres

Jose Ramón nació y creció en Beceite, donde Teruel, Tarragona y Castellón se dan la mano, en las estribaciones más nórdicas de los montes del Maestrazgo; hoy vive en la cercana Valderrobres. Pero antes de volver a su tierra recorrió durante muchos años el mundo como marino mercante: la vida del mar y su querencia por el campo le han dado arrugas que hacen difícil calcular su edad. Desde hace 21 años Jose Ramón empieza todos los días subiendo una pesada carga desde el matadero de conejos de Valderrobres hasta una finca de su propiedad en la ladera de los riscos del Perigañol. Todos los días significa TODOS los días, incluyendo Navidad, Año Nuevo y el día reciente en que cayeron 40 centímetros de nieve y el recorrido que suele hacer en 5 minutos le costó 4 horas. Pero es que Jose Ramón tiene una cita con unos amigos. Y si usted quiere, por muy poco dinero y con la condición de mantenerse en silencio Jose Ramón y su mujer Loly le llevan y puede conocerlos.

La cita es en Mas de Bunyol, la finca donde la pareja arrancó su particular afición hace más de 20 años: alimentar a los buitres. El Buitre Leonado es abundante en el área, y a veces aparecen algún Buitre Negro o Alimoche. Todos ellos han sido víctimas desde siempre de campañas de envenenamiento de alimañas; una vaca envenenada arrasó con toda una colonia poco después de que Jose Ramón abandonara el mar por volver a su pueblo. Además la creciente preocupación por la sanidad veterinaria iba reduciendo los muladares, una tendencia que culminaría hace pocos años con la Enfermedad de las Vacas Locas y el fin de la costumbre ancestral de abandonar el ganado muerto donde los carroñeros pudiesen comérselo. Hoy las vacas, cerdos o las caballerías que mueren de enfermedad son recogidas e incineradas: nada queda para los buitres. Jose Ramón decidió en lugar de lamentarse hacer algo.

Loly te explica que les costó tres años de intentarlo todos los días romper con la arraigada (y justificada) desconfianza de los animales por el ser humano. Los buitres contemplaban a Jose Ramón depositando comida cada día desde lo alto de las peñas cercanas, pero no bajaban; no se fiaban de un regalo dejado por su enemigo atávico. Poco a poco el hambre y la costumbre fueron ganando la partida, y los animales empezaron a comer. Jose Ramón y Loly construyeron un pequeño observatorio, poco más que un 'hide' o escondite de fotógrafo, desde el que era posible acercarse sin molestar a los animales mientras comían. Los profesionales de la fotografía de naturaleza descubrieron las posibilidades. Poco a poco el empeño se transformó en experiencia turística.

Hoy es tan sencillo como subir por un camino hasta un claro en el bosque desde donde el grupo (reducido, silencioso, vestido con ropas oscuras) llega hasta el nuevo observatorio, en construcción nocturna. Porque los albañiles trabajan en Mas de Bunyol de noche para no espantar a las aves. Así los restos de una antigua masía han crecido hasta crear una espectacular plataforma sobre el comedero. Los turistas se sientan en bancos y aguardan. En el otro extremo hay una puerta y un camino que sube a unas alargadas naves (antiguas granjas) cubiertas por árboles. En el cielo hay decenas de buitres leonados. La puerta se abre y aparece Jose Ramón llevando una enorme carretilla; en la lejanía no pueden distinguirse los despojos. La carretilla se vuelca en el centro de la pradera, y una súbita sombra oculta la luz del cielo: de uno en uno, de tres en tres, luego por docenas, buitres y más buitres se dejan caer, los cuellos recogidos y los hombros altos, las patas extendidas y los aterrizajes torpes. En minutos el comedero se ha llenado con varios centenares de buitres leonados (¿300, 400?) que quieren su desayuno.

Son unos pájaros impresionantes: su envergadura puede superar con facilidad los dos metros, y su peso los 15 kilos. Sus largos y pelados cuellos están plegados en vuelo pero se muestran en toda su longitud cuando se relajan, o cuando se pelean; cosa común aquí y todo un espectáculo, porque uno de los combatientes abre sus alas y avanza a grandes saltos sobre el otro hasta ahuyentarlo, o derribarlo de un empujón. La masa de centenares de enormes aves están a menos de 20 metros del sorprendido turista. Algunos de los pájaros, más listos, evitan el tumulto y se acercan a la puerta cerrada para montar guardia en actitud alerta. Saben que Jose Ramón no sólo viene todos los días, sino que siempre viene tres veces. Y esperan.

No hace falta esperar mucho: pronto regresa la carretilla llena y Jose Ramón debe abrirse camino por entre una enorme hueste de buitres impacientes que se apelotonan sobre su carga, alguno de ellos encaramándose incluso en la carretilla. A pesar del aspecto de turbamulta Loly nos explica que jamás los animales le han herido; tan sólo se ha llevado algún picotazo despistado en la ropa. 'Son mis amigos', explica después el interesado. Aunque la visión de cientos de enormes aves carroñeras acercándose impacientes no puede ser tranquilizadora. Tras la repetición de nuevo se forma un corro de expectantes buitres alrededor de la puerta, e incluso sobre ella; está prohibido atravesarla, como se recuerda a los díscolos con certeros manguerazos de agua. Pero ellos saben que hay una tercera carretilla, y aguardan. Y repiten la ceremonia.

Naturalmente, de los desperdicios y de los conejos muertos (con control veterinario y todos los permisos en regla) pronto no queda ni el recuerdo. Más de 350 buitres dan cuenta de tres carretillas de carroña en minutos, no sin bastantes discusiones y más de un robo. Cuando Jose Ramón se retira por tercera vez ellos saben que el menú se ha terminado, y de uno en uno, de tres en tres, empiezan a lanzarse torpemente ladera abajo. Toda la gracia planeadora de un buitre en el aire es ridícula torpeza cuando camina en tierra; por eso en Mas de Bunyol les han instalado un posadero con rocas y troncos levantados que les ayudan a despegar, sobre todo a los ancianos (reconocibles por sus collares blancos). Muy cerca, para completar las instalaciones que Loly denomina jocosamente el 'Buitre Palace', hay una charca-pileta donde los días de sol algunos huéspedes beben y se bañan.

Pero hoy es un 'día rápido', porque hay viento y se puede volar lejos y buscar comida, que hace falta: los huevos están a punto de aparecer en los nidos. Los buitres acuden a su cita con Jose Ramón desde distancias enormes; aquí comen aves del Maestrazgo, pero también hay visitantes de la costa, del Pirineo, o hasta de la Sierra de Madrid. Algunos pájaros llevan llamativas etiquetas que sirven para controlar sus idas y venidas; a cambio de una ayuda económica Jose Ramón anota las claves en el marco de un proyecto de investigación de las rutas de los buitres que realiza una empresa de molinos eólicos. Es, con el magro pago de los turistas por ver el espectáculo, la única compensación de los gastos incurridos por la pareja desde hace 21 años. Cuatro lustros en los que han dado de comer a la colonia de buitres TODOS los días y han construido dos observatorios para contemplar a los animales sin alterarlos, en terrenos de su propiedad.

Eso es amar la naturaleza con hechos, y no con palabras. Eso es poner el bolsillo donde está el corazón. Eso es tomar la iniciativa en mejorar el mundo, simplemente porque hay mucho que mejorar, y porque se puede. Entre los sueños de Jose Ramón y Loly está transformar el observatorio en un minirrefugio de seis habitaciones donde se pueda pasar la noche en medio de un comedero activo de buitres, lo cual sería una experiencia única en el mundo y una ayuda económica para ellos que les permitiría seguir con su afición: contribuir a que el Buitre Leonado siga recorriendo los cielos de España. Porque los buitres saben contar hasta tres. Y porque hay gente para quien lo que de verdad cuenta son las cosas importantes.

Información de contacto para organizar visitar en la página de Mas de Bunyol.

3 Comentarios

¿Cómo es posible que no halla ningún comentario valorando la magnifica labor de estos protectores de la naturaleza?.
Tiene que ser impresionante la visión de centenares de tamañas aves acudiendo a la señal de alimento, seguro que proceden de cientos de km, pues es tanto el desequilibrio que ha causada la desaparición de su tradicional avituallamiento que eran los muladares, que las carroñeras tienen que recorrer larguisimos trayectos para procurarse la subsistencia, hasta el punto de cometer ataques contra crías y reses mermadas por la enfermedad. Es encomiable el trabajo de estas personas por preservar el equilibrio natural.
Estoy deseando encontrar el momento para visitar el espectáculo que ofrece este ejemplarizante Mas.
Gracias y saludos.

Mi agradecimiento y mis más sinceras felicitaciones a JR y a Loly. Y una súplica: si lee esto algún funcionario, que por favor informe aquí de las subvenciones que puede haber para este tipo de actividades de conservación de la naturaleza. Estoy seguro que si Félix Rodríguez de la Fuente estuviera hoy vivo, cuando precisamente se acaba de cumplir un singular aniversario de su accidente, estaría MUY orgulloso de esta pareja de españoles.

yo estuve hace unos 3 años y pienso volver, es increible hasta que lo ves, y por mucho que lo intentes imaginar, cuando empieza el "espectaculo" te deja alucionado. No se puede perder, y hasta hay que repetir. Muchas gracias por esta labor.

Esto sólo es una vista previa. El comentario aún no se ha publicado.

Ocupado...
Your comment could not be posted. Error type:
Se ha guardado el comentario. Los comentarios están moderados y no aparecerán hasta que se aprueben. Publicar otro comentario

Las letras y números que has introducido no coinciden con los de la imagen. Por favor, inténtalo de nuevo.

Como paso final antes de publicar el comentario, introduce las letras y números que se ven en la imagen de abajo. Esto es necesario para impedir comentarios de programas automáticos.

¿No puedes leer bien esta imagen? Ver una alternativa.

Ocupado...

Los comentarios están moderados, no aparecerán hasta que no se aprueben.

Mi comentario

Pepe Cervera


Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profestor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
Ver perfil »

Últimos comentarios