Los chicos buenos salen perdiendo
El Hombre es un lobo para el Hombre. El camino de la cima está empedrado de traiciones. La única forma de destacar es pasar por encima de tus rivales, tus compañeros, tus jefes. La vida, en suma, es una jungla, y en la selva ser buena gente no ayuda; al contrario, perjudica. La visión hobbesiana de la vida está muy extendida en el mundo laboral, donde parece que la escalera hacia el éxito se construye a base de cadáveres. Pero ¿es real esta visión pesimista de la naturaleza humana? ¿Es, en verdad, imposible ser buena gente y tener éxito en la vida? Según un reciente estudio sociológico esta negra visión de la Humanidad tiene su razón de ser. Porque, en efecto, cuanto más agradable se es, menos se gana. Y el efecto es particularmente marcado en el caso de los varones. Los chicos buenos ganan menos.
El estudio ha sido publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, está firmado por Beth A. Livingston de la Universidad de Cornell, Timothy A. Judge de la U. de Notre Dame, y Charlice Hurst de la U. de Ontario occidental, y compara hasta qué punto es agradable una persona con sus ingresos en su vida laboral. Los datos provienen de más de 9.000 trabajadores que empezaron en sus empresas en los últimos 10 años y fueron sometidos en repetidas ocasiones a una serie de exámenes estándar de personalidad e inteligencia. En estos test se les pedía que evaluasen su propio grado de amabilidad mediante preguntas estándar como “¿Piensa que el término ‘agradable’ le describe como persona en una escala entre 1.- Pendenciero y 5.- Agradable?” o “¿Hasta qué punto cree que el término ‘difícil’ le define como persona, entre 1.- ‘cooperativo’ y 5.- ‘difícil’? Los resultados se tabularon y analizaron con respecto a otra serie de variables, como los sueldos. Y el panorama resultó ser perfectamente pesimista.
Lo primero de todo es que las mujeres resultaron ganar al principio de sus carreras profesionales mucho menos que los hombres, un dato no por conocido menos deprimente. Pero al cruzar lo agradable que es la gente con sus ingresos apareció una clara correlación: cuando más desagradable una persona (según su propia estimación), mayores tienden a ser sus ingresos. Y el efecto es mucho más marcado (hasta tres veces más) en el caso de los varones. Otros experimentos indicaron que los hombres con mayores valores de ‘agradabilidad’ tienden a ser ascendidos con menor frecuencia. Tras controlar matemáticamente muchos otros factores (experiencia, continuidad laboral, horas de trabajo por semana) e incluso tras tener en cuenta la posibilidad de que los hombres más agradables tendiesen a escoger sectores profesionales peor pagados, el resultado es patente: para los hombres ser agradable resulta en sueldos peores, ser desagradable está mejor pagado.
Los investigadores incluso pudieron calcular el precio de la amabilidad: los hombres una desviación típica por debajo de la media en ‘agradabilidad’ tienden a ganar un 18,31% más que los que están una desviación típica por encima. Y eso son 7.300 euros anuales de media. Para las mujeres, en cambio, ser menos agradable no es tan rentable: en su caso la diferencia de sueldo es de sólo un 5,47%, apenas 820 euros anuales. El efecto es tan marcado que entre los recién llegados a sus profesiones ser agradable es ‘peor’ en términos de ingresos que ser mujer: los hombres más agradables recibían sueldos una media de 5.200 euros anuales por debajo de los menos agradables, mientras que la media de las mujeres ‘sólo’ cobraba unos 3.600 euros menos. Un efecto que sobrepasa al conocido sesgo por razones de sexo en nuestra especie es algo a tener muy en cuenta.
¿De dónde sale semejante castigo social al carácter agradable? ¿Por qué la empresa recompensa a los chicos malos? Para intentar entenderlo los investigadores descompusieron la cualidad de ser agradable en seis factores: confianza, sinceridad, respeto, altruismo, modestia y ternura, todas las cuales parece que debieran tener un impacto positivo en los resultados, sobre todo cuando se trata de un trabajo en equipo. Pero en el entorno laboral ser ‘desagradable’ tiene un sentido muy particular, que es precisamente estar dispuesto a defender los puntos de vista propios sobre el consenso del grupo incluso cuando hay tensión en el ambiente. Las personas que se definen a sí mismas como desagradables en el trabajo son capaces de respaldar sus ideas con agresividad en situaciones de conflicto. Y el mundo del trabajo moderno parece recompensarlas por ello, hasta el punto de valorar más a estas personas a igualdad de otras cualidades.
La investigación, destacan los científicos, no demuestra que ser un psicópata ayude en el trabajo, por mucho que la evidencia anecdótica pudiese respaldar esta idea. Es simplemente que ser percibido como alguien más asertivo, más capaz de defender e impulsar sus propias ideas, es premiado en el mundo laboral en lo que parece ser una defensa contra el conformismo y la tendencia al consenso. O tal vez los hombres que se permiten el lujo de parecer menos agradables proyectan una cualidad de liderazgo que el mundo empresarial premia. El caso es que si es usted varón y pretende llegar alto en el mundo laboral, es mejor trabajarse un cierto nivel de desagradabilidad. Su paga mensual se lo agradecerá, a igualdad de todos los demás factores. Triste, pero científicamente comprobado, ay.
