4 posts de marzo 2012

Un álbum fotográfico familiar

Los fósiles de los antepasados de la Humanidad son unos tesoros muy particulares. Encontrar uno es extraordinario, un accidente de bajísima probabilidad producto de la historia y del talento. Si pensamos en las dificultades que debe superar un resto desde la muerte de su propietario hasta acabar en manos del paleoantropólogo lo milagroso es que tengamos tantos: testimonio vivo del ingenio y la dedicación de los cazadores de fósiles. Incluso en los lugares bendecidos por la suerte con condiciones óptimas de conservación el hallazgo y la extracción de estos restos es una tarea titánica; véase el caso de la Sima de los Huesos de Atapuerca. Hay otros tesoros tan poco comunes como los fósiles humanos; cosas como diamantes excepcionales, cuadros de Pieter Brueghel o Leonardo Da Vinci o manuscritos de autores griegos. Los fósiles humanos, a diferencia de estas otras rarezas, no tienen precio, porque su valor es incalculable. Y porque no hay un mercado en el que pudieran venderse: muy raro tendría que ser el billonario capaz de pagar una fortuna por contemplar arrobado un cráneo robado de australopitecino en la privacidad de su estudio. Así, pocas personas tienen el privilegio de tener en sus propias manos uno de estos restos; de vivir la experiencia táctil de rozar a un antepasado. Lo más cerca que la mayoría de nosotros estaremos de estos restos es la nueva iniciativa del Instituto de la Cuenca del Turkana y los Museos Nacionales de Kenya, que están digitalizando sus colecciones y poniéndolas a disposición de todos en su laboratorio virtual AfricanFossils.org. Y son una belleza.

AfricanFossils

Se trata de reproducciones fotográficas tridimensionales que pueden recorrerse a través del navegador por medio de un interfaz sencillo, aunque exige acostumbrarse a sus peculiaridades. Usando los controles podemos recorrer imágenes de muy alta resolución de fósiles clásicos como OH-5, apodado ‘Dear Boy’, holotipo del Zinjantropus boisei, el ‘Hombre Cascanueces’. O KNM-ER 1470, hoy considerado como Homo rudolfiensis. Pero también otros fósiles mucho menos conocidos como el cráneo KNM-WT 11693, clasificado como Homo helmei y que corresponde a una forma antigua de Homo sapiens con sus más de 300.00 años estimados de antigüedad. En conjunto, toda una soberbia colección de fósiles virtuales procedentes de los variados y ricos yacimientos keniatas, puestos a disposición de cualquiera que pueda tener interés en examinarlos en imágenes de gran resolución. Una oportunidad excelente de familiarizarse con estos recuerdos, al fin y al cabo pertenecientes a algunos de nuestros ancestros más antiguos. Un álbum de fotos familiares de todos.

Cables bajo el polo

Los cables submarinos transoceánicos están entre las más grandes, ambiciosas e invisibles obras de la ingeniería humana. Con frecuencia tienen decenas de miles de kilómetros de largo, y reposan a kilómetros de profundidad, en lo más profundo de los océanos. Precisan de barcos especiales para ser colocados en su lugar, y su desarrollo e instalación ha forzado a la Humanidad a analizar mucho mejor el fondo de los océanos, la gran frontera inexplorada del planeta. Su ingente capacidad hace posible que con tan sólo un puñado de cables atravesando el Atlántico y el Pacífico el mundo se haya reducido en tamaño, al menos en lo que a los datos se refiere. Tanto, que los viajes intercontinentales de la información se miden en milisegundos. La aceleración de todos los intercambios de datos que ha producido esto ha contribuido a una carrera por la velocidad, que en última instancia no puede resolverse con mejores trucos físicos o informáticos para enviar información por los cables ya existentes: si se quiere recortar un puñado de milisegundos más hay que instalar cables más cortos. Con esta necesidad en mente, y ante el retroceso de los hielos del Polo Norte que está provocando el calentamiento global, varios consorcios de inversores se aprestan a lanzar un proyecto ambicioso: los primeros cables submarinos que conectarán Europa con Asia a través del Círculo Polar Ártico. Todo para recortar 60 milisegundos el trayecto de un bit de información entre el Reino Unido y Japón. Por tan sólo 1,140 millones de euros.

Submarine-cable-map-2012-l
Para reducir esos aparantemente magros 60 milisegundos este verano zarparán varios convoyes de barcos cableros especialmente adaptados, acompañados de rompehielos. Su misión, tender tres cables por debajo de los hielos polares. Artic Fibre y Arctic Link atravesarán el mítico Paso del Noroeste que conecta el Atlántico con el Pacífico a través de los helados archipiélagos del norte de Canadá. El tercer cable, llamado Russian Optical Trans-Arctic Submarine Cable System (ROTACS; sistema óptico ruso de cable submarino trans-ártico) irá por el lado opuesto, a lo largo de las costas escandinavas y más tarde rusas, al norte de Siberia. La conexión buscada es Londres-Tokio, pero hace falta contar con varios cables para asegurar la redundancia: los cables tendrán una enorme capacidad, por lo que detenerlos cuando estén ya funcionando costará mucho dinero. Y en caso de avería un cable bajo kilómetros de agua y una capa de hielo es mucgho más difícil de reparar. Las condiciones en los mares polares serán mucho más duras con el material que las ya muy difíciles de otros océanos. Y una catástrofe local podría, si los cables pasan por el mismo sitio, cortarlos todos a la vez. De ahí la multiplicidad de cables, y la separación de rutas: para garantizar la seguridad. Y ganarle esos 60 milisegundos al tiempo.

En realidad para los humanos esa insignificante ganancia media es indetectable, y casi irrelevante. Pero puede suponer miles de millones de dólares en el ultracompetitivo y superveloz mundo de la llamada negociación de alta frecuencia: un campo de batalla financiero en el que robots compiten por arañar pequeñas ganancias en transacciones muy frecuentyes que aprovechan diferencias de precios instantaneas demasiado breves para ser detectadas por un ser humano. En este mercado 60 milisegundos son la diferencia entre ganar o perder; entre la riqueza y la quiebra. Tanto que merece la pena tender decenas de miles de kilómetros de cable a miles de metros de profundidad bajo los mares más hostiles de la Tierra. Porque quienes practican estas oscuras artes financieras pagarán por el privilegio de esos milisegundos. Y la Humanidad completará así otra hazaña tecnológica sin precedentes. A veces somos una especie muy peculiar. 

El verdadero problema de Internet

La crítica de la Red se ha convertido casi en un género literario en sí mismo. Reconociendo la creciente importancia que tiene Internet en la vida cotidiana de la gente toda una serie de intelectuales, gurús y expertos se han apresurado a buscar los defectos de la vida virtual y los perniciosos efectos que tiene la hiperconexión sobre la mente humana. Si hacemos caso a los libros publicados en los últimos tiempos concluiremos sin duda que la World Wide Web es un peligro intelectual de proporciones bíblicas, puesto que nos hace menos inteligentes y más distraídos (Superficiales, de Nicholas Carr), cerrados y sectarios (The Filter Bubble, de Eli Pariser) e incluso 'obesos y diabéticos' (!) informativos (The Information Diet, Clay Johnson). También podemos deducir que es necesario crear en nuestras librerías y bibliotecas un estante dedicado a Los Peligros de la Red. Y sin embargo la mayoría de estos libros tratan solo de un modo tangencial el verdadero problema de Internet, la diferencia clave entre el mundo conectado y el que no lo está, la razón del desconcierto que provoca el cibererspacio entre muchos intelectuales. Internet democratiza radicalmente la publicación, destruyendo las jerarquías tradicionales y provocando una superabundancia de información gigantesca. Si la Red tiene un problema a resolver, es la infoxicación.

Resulta difícil de entender hasta qué punto incluso las personas que navegan compulsivamente 10 horas al día se quedan atrás con respecto al titánico tsunami de datos que nos inunda cada día. Solo en YouTube se suben 60 horas de vídeo cada minuto de cada día, lo cual supone que harían falta 3.600 personas para previsualizar esos contenidos, trabajando 24 horas al día. Visualizar de alguna manera la enormidad del problema es lo que intenta la infografía de MBAonline mostrada abajo, que nos muestra las ingentes cifras que construyen Internet cada día. Por ejemplo, en un día se publican 2 millones de posts en los blogs del planeta (formato supuestamente semiabandonado que sigue creciendo). Para comprender lo que significa, hay que traducirlo a otro formato: cada día se publican en los blogs del mundo artículos como para llenar números de la revista estadounidense Time durante 770 años. Todos los días. Por eso los intelectuales criados y desarrollados profesionalmente en un entorno de escasez de información se horrorizan ante la Red. Por eso los negocios (como los medios de comunicación) que nacieron y se desarrollaron para resolver el problema de la falta de información encuentran serias dificultades para adaptarse a Internet. Los medios y los escritores están intentando responder a la pregunta equivocada, porque yerran con el problema real. Que es éste:

 

A Day in the Internet
Created by: MBA Online

Los 'preconquistadores' y la navaja de Ockham

La versión comúnmente aceptada de la llegada de seres humanos a las américas dice que los antecesores de los indígenas de aquel continente llegaron desde Siberia, cruzando el Estrecho de Bering a través de una zona entonces emergida conocida como Beringia. La fecha más antigua sería hace 40.000 años; la más reciente (y con más apoyos), unos 12.000. Pero el tema del cuándo es enormemente polémico y da lugar a apasionadas discusiones; incluso hay el ocasional (y nunca convincente) descubrimiento que se interpreta como evidencia de que el poblamiento del continente americano es muy anterior. En lo que no había discusión era en el origen geográfico y racial de los Primeros Americanos: provendrían del tronco asiático, en especial de los pueblos relacionados con los actuales habitantes de Asia Central y Siberia. Hasta ahora. Según informa New Scientist, un par de científicos proponen en un libro titulado Across Atlantic Ice (a través del hielo atlántico) una hipótesis bastante novedosa: al menos algunos de los primeros habitantes de las américas provendrían… de la Península Ibérica. Cristóbal Colón se habría encontrado con descendientes de antepasados ibéricos al llegar al Caribe. 'Preconquistadores', mucho antes de la Conquista.

Los autores, Dennis Stanford del Smithsonian de Washington y Bruce Bradley de la Universidad de Exeter, postulan la existencia de un puente de hielo cruzando el Atlántico Norte entre hace 25.000 y hace 18.000 años, época que coincide con una era glaciar. Y que ese puente habría sido utilizado para llegar hasta américa por un pueblo con una cultura tipo inuit (esquimal) derivado de poblaciones de cultura Solutrense, que se desarrolló en el sur de Francia y el norte de la Península Ibérica entre los 18.000 y los 20.000 años de antigüedad. Estos pueblos habrían migrado hacia el norte adaptándose a a la vida en el hielo y habrían acabado por cruzar el océano en una época fría a lomos de capas de hielos perpetuos. La justificación de toda esta compleja serie de suposiciones, la prueba del nueve, sería una serie de herramientas de aspecto Solutrense en seis yacimientos de la Costa Este de los EE UU con una datación de entre 18.000 y 26.000 años de antigüedad. Sus características técnicas serían diferentes de las que traían consigo los inmigrantes asiáticos vía Beringia, ya que en Asia no se desarrollaron la cultura y las formas de talla típicas del Solutrense. Ese puñado de herramientas justificaría todo un vuelco a nuestro conocimiento del poblamiento de América. Una hipótesis que ya había sido planteada con anterioridad.

Lo que ocurre es que los indicios no parecen suficientes. Las dataciones de los yacimientos arqueológicos siempre son complicadas, y se hacen mucho más difíciles cuando los hallazgos no se excavan in situ. Algunas de las herramientas han aparecido en el derrubio al dragar el fondo del mar a 80 kilómetros de la costa actual, como una hoja de sílex clavada en un hueso de mastodonte datada en 22.000 años. Los métodos de datación pueden dar errores de miles de años, sobre todo cuando los materiales han estado en condiciones de preservación inusuales. Y si bien las culturas ancestrales de los primeros pobladores de América no tenían culturas de tipo Solutrense posteriormente sí que se desarrollaron técnicas de talla similares en aquel continente, por parte de la cultura Clovis. Las pruebas pueden discutirse.

Y lo que es peor: las elaboradas hipótesis que postulan estos científicos carecen de cualquier otro elemento probatorio y van en contra de todo lo conocido sobre el poblamiento de las américas desde el punto de vista genético, etnográfico, cultural y lingüístico. Aparte de una mínima (y efímera) colonización vikinga de Terranova y Groenlandia que no ha dejado marcadores hay una sorprendente homogeneidad en estas poblaciones desde el punto de vista antropológico. Por ejemplo entre los amerindios de Sudamérica el grupo sanguíneo O es dominante. y mayoritario en Norteamérica, donde también aparece el A; una anomalía respecto a todas las demás áreas del planeta. En el genoma mitocondrial de estas poblaciones solo aparecen cinco linajes, así como una única estirpe en el cromosoma Y. Estos y otros datos genéticos indican la existencia de varias oleadas sucesivas de población (probablemente tres), pero provenientes todas de diferentes áreas de Asia. Y los datos genéticos se extienden incluso a los antiguos moradores; análisis de coprolitos humanos o de momias coinciden con esta interpretación. La Navaja de Ockham nos dice que debemos preferir la hipótesis más sencilla que explica todos los hechos, y en este caso una mala datación de las herramientas parece mucho menos improbable. La existencia de 'Preconquistadores' es excesivamente complicada y tiene pocas pruebas de dudosa solidez. Una pena.

Corrección del 6/3/2012: cambiadas varias 'dotaciones' por el correcto 'dataciones'. Los correctores ortográficos son amantes caprichosas. Gracias a unonuevo por el soplo.

Pepe Cervera


Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profestor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
Ver perfil »

Últimos comentarios