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Los siete enanos del Doctor Mengele

    jueves 21.feb.2013    por Pepe Cervera    5 Comentarios

La historia, a diferencia de la literatura, no tiene por qué ser verosímil, porque es verdad. No hace falta que los hechos que de verdad sucedieron tengan sentido, y es por eso que las historias más increíblemente atroces o sublimes no surgen de la literatura, sino de la realidad. Si un novelista hubiese imaginado una troupe de enanos de la Transilvania húngara sobreviviendo a Auschwitz gracias a las atenciones del doctor Mengele (alias Doctor Muerte) en persona, para acabar mudándose a Israel, donde murieron de viejos regentando su propio cine, ningún editor lo hubiese aceptado. Es una historia demasiado fantástica, demasiado increíble, demasiado repleta de azares y accidentes que desafían la credulidad (y con algún detalle que muestra las profundidades más oscuras del alma humana). Pero la realidad no tiene que tener sentido. Y la familia Ovitz existió de verdad. Conozca la historia verdadera de los siete enanos del doctor Mengele.

Ovitzfamily

Shimson Eizik Ovitz era un rabino y cómico Badchen, un tipo de artista característico de las comunidades judías del centro de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, que vivía en la región entonces húngara y hoy rumana de la Transilvania. Era muy respetado a pesar de padecer enanismo, algo que ni entonces ni ahora predispone a la gente en tu favor. Pero el Rabino Ovitz debió ser excepcional, porque aparentemente no tuvo muchos problemas sociales; tuvo dos esposas de estatura convencional con las que engendró un total de 10 hijos. De ellos 7 heredaron la pseudoacondroplasia que afectaba al padre: Rozika y Franzika, de su primer matrimonio, y Avram, Freida, Micki, Elizabeth y Piroska, apodada Perla. Sarah, Leah y Arie tenían estatura normal. La familia era una piña, en parte por el feroz consejo de la segunda esposa del rabino, Batia Bertha Husz: “pase lo que pase, jamás os separéis. Seguid juntos, guardáos los unos a los otros, y vivid los unos para los otros”. El único hermano que no siguió este consejo, Arie, murió durante la guerra; su mujer, su hija y la familia de ella también perecieron en Auschwitz.

Pero antes la familia Ovitz había aprovechado sus características físicas para montar una ‘troupe’ de variedades llamada Liliput, con la que hacían giras por Centroeuropa con cierto éxito. Eran cómicos errantes que ganaban algún dinero, el suficiente como para mantener a la familia completa, porque los hermanos y hermanas de estatura común viajaban con ellos. Los siete enanos montaban números musicales y pequeñas obras teatrales con ropas e instrumentos musicales a medida que encantaban a numerosos públicos. Cuando los húngaros capturaron la Transilvania septentrional en 1940 todo podría haber acabado para ellos, no por ser enanos (curiosamente la obsesión de pureza racial no parecía afectarlos tanto), sino por ser judíos; en aquel momento Hungría era filonazi. De alguna forma la Troupe Liliput consiguió que en su documentación oficial este inconveniente hecho resultase ‘olvidado’. Y durante varios años siguieron haciendo giras por Centroeuropa y entreteniendo a públicos entregados, en plena Europa Central nazi. La suerte les duró hasta mayo de 1944, con la invasión alemana de Hungría; los alemanes no hacían excepciones y la familia entera fue arrestada y deportada a Auschwitz en un ‘tren de la muerte’. Sólo Arie escapó, para morir después en un campo de concentración húngaro.

Los demás llegaron al infame campo de exterminio en uno de los vagones de ganado que se usaban para llevar judíos y otras minorías a los hornos. Su destino era ése: ser gaseados y después cremados, como el resto de sus compañeros de viaje. Pero los guardias al verlos inmediatamente alertaron al joven, ambicioso y atractivo médico del campo: el doctor Josef Mengele, interesado en anormalidades genéticas para sus iluminados experimentos sobre herencia y raza. Eso les salvó. Mengele inmediatamente los quiso para sí, hasta el punto de no sólo apartarlos del matadero, sino hacer que les construyeran un alojamiento especial. Los Ovitz, los enanos y los de estatura media, fueron mejor alimentados y tratados que los demás prisioneros. Su higiene era mejor, y se les permitía tener su propia ropa y ropa de cama personal. Eso impidió que enfermaran por las privaciones. Y por supuesto, no fueron ejecutados.

A cambio Mengele experimentó con ellos. Su objetivo, ascender en la jerarquía nazi reforzando las aberrantes teorías racistas que pasaban por ciencia entre ellos. Aunque comparadas con sus demás atrocidades lo que le hizo a los Ovitz puede parecer relativamente tibio (extracciones de sangre y médula ósea; exámenes pélvicos a las mujeres (sólo las casadas), extraños experimentos poniéndoles agua caliente y fría en los oídos), hace falta imaginarse la situación: en manos de un médico loco en una factoría de muerte. En ocasiones los mostró desnudos (mujeres y hombres) a todo un grupo de altos oficiales nazis. Los Ovitz incluso vieron a otros dos enanos judíos que fueron asesinados para montar sus esqueletos, como una macabra pieza de estudio médico. Debió ser aterrador, a pesar de que le enloquecido doctor Mengele parecía apreciarles y era relativamente cariñoso con ellos. De hecho se sabe que los filmaba, y las películas jamás aparecieron: se sospecha que Mengele se las llevó consigo en su huída a Sudamérica.

Pero los Ovitz sobrevivieron, y fueron liberados por el Ejército Rojo a finales de enero de 1945. Tras varios meses en un campo de prisioneros ruso y después de andar durante meses, llegaron a su hogar para encontrar únicamente ruinas. Pero no desesperaron, y consiguieron emigrar a Bélgica y desde allí a Israel en 1949. Se instalaron en Haifa y reanudaron sus actividades como Troupe cómico-musical, con éxito, hasta 1955: con sus ganancias compraron un cine. Y de ello vivieron los miembros de esta familia excepcional hasta morir de viejos. La última, Perla Ovitz, en 2001, tras protagonizar un documentar titulado ‘Querida Perla’ que contaba su historia. En el documental Perla muestra uno de esos pliegues de la naturaleza humana que ningún escritor se atrevería a inventar cuando descarta hablar mal del doctor Mengele, al que estaba agradecida por haberles tratado bien y haber salvado sus vidas. Las víctimas y testigos de un sufrimiento y una maldad incalculables no eran capaces de insultar a su carcelero, su cruel experimentador, su guardián y salvador. La última de los siete enanos del doctor Mengele lloró cuando supo de su muerte. El último giro increíble de una historia casi imposible de creer, excepto porque sucedió.

Pepe Cervera   21.feb.2013 08:21    

5 Comentarios

Buenas días,

Dónde se puede adquirir el documental?

Un saludo,

jueves 21 feb 2013, 11:56

Fantástica peripecia. Y muy bien contada. Gracias.

jueves 21 feb 2013, 13:05

Estimado Miguel Ángel:

Puedes encontrar información aquí:
http://www.israelfilmcenter.org/israeli-film-database/films/liebe-perla

Y aquí ofrecen hasta un precio, pero creo que es para su visionado en público, porque es algo elevado (500 $):
http://www.israelidocs.co.il/133374/Liebe-Perla

Muchas gracias por tu atención e interés, y un saludo.

PP Cervera

jueves 21 feb 2013, 13:30

Es inexplicable. La defensa a ultranza del maltratador por parte del maltratado , a fuerza de someterse a la tiranía, acaba elevándolo a los altares como ídolo y atacando a quién le saca del cautiverio.
http://www.youtube.com/watch?v=nHBfLJuPViE
Lacrimosa - Der Letzte Hilfeschrei

jueves 21 feb 2013, 16:06

Muy buena publicación, congratulaciones por tu Blog, apoya también mi blog, comenta, suscríbete y sígueme, yo también hare lo mismo con tu blog.

lunes 25 feb 2013, 01:15

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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