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Morir por razón de amor

    lunes 6.may.2013    por Pepe Cervera    55 Comentarios

Los seres humanos llevamos coevolucionando con nuestras herramientas millones de años. La estructura misma de nuestro cuerpo y nuestra mente está forjada en la interacción con esos intermediarios de nuestra voluntad para modificar el universo que en conjunto llamamos 'tecnología'. Hemos llegado a donde estamos porque podemos relacionarnos con nuestras herramientas de un modo íntimo y personal. En parte es porque las personalizamos; porque atribuimos a nuestras extensiones tecnológicas una personalidad, una intención, una vida que sólo está dentro de nuestras cabezas. Pero que nos puede llevar no sólo a pensar que una máquina está viva, sino incluso a quererla; a sentir amor. ¿Exagerado? Pregunte a un soldado por su rifle, a un agricultor por su tractor, a un motero por su cabalgadura. a un marino por su barco. A menudo describirá una relación intensa, tumultuosa, reñida, y apasionada. Amor por la máquina; un efecto secundario de nuestra fácil relación con la tecnología que es particularmente común entre los aficionados a la aviación. Y que como en las más tristes historias de amor algunas veces acaba en tragedia. Como ocurriera en el accidente que destruyó el pasado 5 de mayo de 2013 al HA-200 Saeta de la Fundación Infante de Orleans y le costó la vida a su piloto.

HA-200_Saeta_(recortada)

Mantener en vuelo aviones antiguos es un vicio complejo y caro. Cualquier avión, incluso el más moderno, cuesta mucho dinero en compra y manutención. Pero los costes se disparan en los aparatos de época: la mayoría jamás fueron diseñados para durar tanto tiempo, mucho menos volarndo. Su construcción no respeta las normas de seguridad actuales, mucho más estrictas, y adaptarlos para obtener las correspondientes licencias no es ni sencillo ni barato. Para mantener la autenticidad y la operatividad hacen falta repuestos que hay que perseguir por colecciones de museo y cementerios aeronáuticos. Para colmo las técnicas de mantenimiento de determinadas tecnologías pueden haberse perdido, o ser muy poco comunes: el mejor modo de reparar y mantener aviones de madera recubierta de tela, por ejemplo, o motores rotativos, o aparatos de combate diseñados para durar apenas unas pocas horas de vuelo. Y que jamás fueron diseñados con la economía de combustible entre sus requisitos operativos: los viejos aviones queman gasolina como si no hubiera un mañana. Para restaurar y poner en vuelo de modo más o menos regular un avión de época hace falta dinero, muchos voluntarios que arrimen el hombro gratis e ingentes cantidades de pasión. Por eso lo que hace gente como los miembros de la Fundación Infante de Orleans (FIO) es indistinguible del amor.

El Hispano Aviación HA-200 Saeta es un avión de entrenamiento y ataque a tierra diseñado por el famoso ingeniero alemán Willy Messerschmitt entre 1952 y 1955. Su diseño era típico de la primera generación de aviones a reacción, y el fuselaje y planta alar recuerda más a un aparato a pistón de la Segunda Guerra Mundial que a los posteriores reactores. Propulsado por dos reactores franceses Turbomeca Marboré (versiones II y IV en distintas variantes del aparato), unos turbojets sencillos de potencia ridícula para los estándares actuales, que proporcionaban al Saeta un característico silbido en vuelo.

Turbomeca_Marboré_II

Ni la estructura del aparato ni los motores ni la instrumentación o sistemas son complejos, pero sí muy diferentes de los que equipan a los aviones actuales. Como ocurre con frecuencia en el mundo de la aviación de época, el principal reto de quien pretende mantener en vuelo estos aparatos consiste en obtener pilotos y mecánicos formados que sean capaces de volarlos, y de mantenerlos en condiciones operativas. Además, por supuesto, de los recambios, el combustible y los permisos, una pesadilla en sí mismos.

Quizá por ello, o por el natural desgaste del material en aparatos que llevan muchas décadas volando (y que a menudo han pasado antes mucho tiempo parados, en almacenes o museos), los accidentes son frecuentes en la aviación de época, a menudo en festivales y exhibiciones. Como muchos accidentes aéreos, con consecuencias mortales. En los primeros meses de 2013 un piloto australiano se mató al estrellarse con su Spitfire réplica en Adelaida; en el año 2012 se estrellaron un Hawker Sea Fury en una carrera, un F2G ‘Super’ Corsair durante un ensayo, un Interstate Cadet de 1942 en un show cómico (el piloto sobrevivió), un De Havilland DH.53 de 1923 y un Zlín T Trenér 6 de 1950. Además un par de Aero L-39 Albatros de los años 60-70 tuvieron también accidentes o incidentes, y a un Fairey Firefly AS.6 le falló el tren de aterrizaje, por suerte en tierra. Volar aviones antiguos es una ocupación de riesgo. Y los pilotos que los vuelan lo saben.

Arriesgado, caro, y ayuno de cualquier satisfacción profesional, porque tener la habilitación de tipo de un avión de la Segunda Guerra Mundial o de los años 50 no hace avanzar la carrera de nadie. Así, que, ¿por qué lo hacen? ¿Por qué un piloto militar o civil dedica tiempo, dinero y sudor a aprender a volar aparatos viejos, delicados y temperamentales cuyos caprichos pueden ser letales? ¿Por qué mecánicos de aviación se empeñan en redescubrir las técnicas y los métodos de sus antecesores para mantener operativas máquinas que han sobrepasado con mucho su fecha de caducidad? ¿Por qué se crean organizaciones, como la FIO, con el expreso fin de enterrar enormes cantidades de tiempo, esfuerzo burocrático y dinero en mantener estos aviones en vuelo?

Esta pregunta solo tiene una respuesta: la gente que mantiene, financia y pilota aviones antiguos lo hace por amor. Porque hay un cierto estremecimiento del alma que mueve a un piloto cuando contempla la silueta en vuelo de una de estas maravillas del pasado. Porque el sonido de determinados motores es capaz de colocar una sonrisa en la cara del más endurecido mecánico. Porque los espectadores que no conocen los detalles ni están empapados de la mística de la aviación sienten este mismo tipo de estremecimiento cuando una de estas maravillas voladores carretea en tierra, enfila la pista y despega, demostrando que muchos lustros después de su construcción estas máquinas mágicas todavía son capaces de caer al suelo y fallar; una de las más cínicas definiciones del vuelo.

Amor por las máquinas, amor por la aventura, amor por la arrogancia de la especie humana, que osa volar; amor que a veces acaba en tragedia y nos devuelve la humildad. Por eso lo ocurrido en Cuatro Vientos es una historia de amor, y no sólo del comandante Ladislao Tejedor Romero, QEPD, sino de todos aquellos que forman la FIO y contribuyen a este pequeño milagro que es que un puñado de aviones de época sigan volando en España. En esta ocasión la historia ha acabado mal, pero el amor no se extinguirá; hace falta para que más niños puedan contraer el virus del vuelo. Como cualquier enamorado hubiese querido.

Pepe Cervera    6.may.2013 08:30    

55 Comentarios

Buenas noches,

Le agradezco mucho su articulo. Soy miembro de Aire, "aerotrastornados" como nosotros mismos nos denominamos por nuestra pasion por la aeronautica y la busqueda de las mejores fotos de aviones. Muchos de nosotros son colaboradores de la FIO o simplemente somos aisitentes infalibles a las exhibiciones de cada primer domingo de mes. Yo estaba ayer alli. Aun no lo he podido superar y me encuentro en shock. Estuve al lado de Ladis haciendole fotos cuando preparaba el Saeta. Le vi caer. Escuche el sonido de la caida y lo que vino despues. Por la tarde en mi casa me hice la misma pregunta que usted. ¿ por que hacer esto? ¿Por que hay personas que asumen tan elevado riesgo ? Yo llegue a una conclusion similar a la que usted ha expuesto. Yo lo llamo pasion y usted amor, aunque en este caso significan lo mismo.
Desde ayer no he podido encender mi camara y ver las fotos de la FIO. Al ver la foto del Saeta en su articulo he comprendido que el mejor homenaje a Ladis es verle pilotar el Saeta y recordarle. En mi memoria el 5 de mayo de 2013 permanecera inborrable hasta mi muerte. La pasion y el amor de este humilde "aerotrastornado" por la aeronautica es minuscula comparada con la que sentia el comandante Ladis, pero ambos posiblemente compartiamos esa sonrisa complice cuando escuchamos los motores del T6 Texan o del Policarpov.

Gracias de nuevo por su articulo, inteligente y sensible.

Javier Gonzalez
Socio de Aire num. 362

lunes 6 may 2013, 22:51

Excelente artículo.

martes 7 may 2013, 01:02

Para los miembros de la FIO ha sido un privilegio conocer a Ladis y poder compartir con él ese amor que describes en tu blog.

También es un privilegio poder comprobar que en nuestro país, existen personas como Pepe Cervera, que saben transmitir con sus palabras conocimiento y sensibilidad, en lugar de falsedad y estulticia.

martes 7 may 2013, 01:51

Hola Pepe

Simplemente... Muchas Gracias

martes 7 may 2013, 06:31

Con artículos como este, el ruido se hace música. Y así, entendido así, visto así, también me encanta oler a gasolina por la mañana.

martes 7 may 2013, 08:42

Excepcionalmente hermosas palabras... Quizá este sea el único bálsamo que pueda traer algo de consuelo a la familia y amigos de quien lo dio todo para alegrarnos la vida, para conservar un patrimonio... Como Javier, estuve allí y salimos todos sobrecogidos... nunca he visto llorar a tanta gente junta, gente que solo le conocíamos de verle volar, domingo tras domingo...

¿Intentar explicar ésto a quien no comparte esa pasión?... Sería como tratar de explicar la colección del Museo del Prado a un ciego de nacimiento. Ladislao Tejedor y sus compañeros de la FIO nos abrían un poco más los ojos, cada vez que les veíamos volar. Por estábamos allí, él y nosotros. Gracias para siempre.

martes 7 may 2013, 12:05

Hermosas palabras, y su certeza lo que les hace todavía más hermosas. Gracias.

martes 7 may 2013, 13:53

Simplemente ...Precioso ,emptivo y lleno de amor..Graciass

martes 7 may 2013, 14:52

No hay mejor explicación de lo que a los aerotrastornados nos produce ver una de estas máquinas en su elemento. Es evidente que el autor comparte nuestro sentimiento.
Gracias

martes 7 may 2013, 15:13

Mientras leía su artículo, señor Cervera, las lágrimas afloraban a mis ojos. No era fácil sintetizar tantos sentimientos y emociones compartidas por tantos de nosotros en un sólo artículo, y vd. sin embargo lo ha conseguido. Imposible expresar con mayor precisión lo que forma parte de nuestra alma y de nuestro corazón.
Obtuve mi licencia de vuelo con mucho sacrificio y por amor al arte... al arte de la acrobacia aérea, cuando ninguna mujer en este país había demostrado entonces el más mínimo interés por esta disciplina deportiva. Hice mi sueño realidad, me probé, en un universo rudo y netamente masculino. Luego, la vida y el destino se encargaron de alejarme de mis metas y aspiraciones, pero jamás de mi pasión por la aviación, que ha dado y sigue dando sentido a mi vida.
Con el fallecimiento de Ladis, ya son tres los amigos queridos que pierdo en accidente aéreo. Aunque alguien me dijo en cierta ocasión que acabaría acostumbrándome, la realidad es que no me acostumbro. Conocemos de sobra los riesgos que se asumen y sabemos que murieron haciendo lo que más les gustaba, pero el vacío y el desconsuelo por sus ausencias se hacen infinitos.
No quiero ver más imágenes, ni escuchar hipótesis ni aguardar conclusiones. Tengo más información de la que necesito. Lo único que me preocupa es que se ha ido un chico sencillo y humilde, cuya modestia le convertía en especialista en restar importancia a su brillante talento y a una inteligencia fuera de lo común. Prudente y de pocas palabras, de apariencia fría y distante para quienes no le conocían, pero sensible y especial como pocos hombres he conocido. Alguien que te hacía empequeñecer de pura admiración. Me quedo con el recuerdo, y el honor, de los días dorados y los momentos felices que compartimos.
Gracias, señor Cervera, por escribir al menos algo hermoso en un escenario de tanto dolor.

martes 7 may 2013, 15:34

Estupendo artículo que nos deja a todos los enamorados de el vuelo y lis aviones un buen sabor de boca.
Muchas gracias por tu buen criterio y buena información y conocimiento sobre el sentir de los enamorados exploradores de l aire

martes 7 may 2013, 15:51

Muchas gracias por estas palabras, en nombre de los voluntarios de la FIO, Muy buen artículo.
GRACIAS

martes 7 may 2013, 16:04

El vinculo sentimental a la maquina, es cierto, incluso se trata mejor que a las personas. Sin embargo es más propio de la mentalidad masculina que femenina, no digo que no se de casos, en comparación son anécdotas.

martes 7 may 2013, 16:25

Nada más cercano a la realidad. Muchas gracias

martes 7 may 2013, 16:47

Ladis volaba por amor, por pasión y por instinto. No hubiera concebido la vida haciendo otra cosa.

Muchas gracias por el artículo, creo que muy acertado. Hemos escuchado muchas tonterías y las que nos quedan, pero eso no borrará nuestro recuerdo de un gran amigo enamorado de su profesión y de su vida.

A veces en la vida pasan cosas malas, pero eso no quiere decir que debamos dejar de vivir. Se que a Ladis lo que más le gustaría es que esto no afecte a la FIO y que sigan haciendo su pequeña labor en la historia. Al fin y al cabo estas máquinas, nos gusten más o menos, representan partes de la historia de España.

Un abrazo a todos y ánimo!

martes 7 may 2013, 17:36

Para mi este amor, incapaz de hacerlos volar, me llevó a construirlos, y hoy trabajo diseñando aviones de pasajeros. Pero no me deja de maravillar, cada primer domingo de mes, el ver esos viejos aparatos, de madera y entelados, arrancados a mano, el sonido de sus motores, casi de máquina de coser, su belleza en el aire. Siento, cada día de esos, sana envida por aquellos que desde dentro, viven su sueño. Sueño en el que un día, por medio de un sorteo, pude colarme, al poder ocupar uno de esos asientos, en la Dornier 27. El trabajo de la Fundación es sencillamente maravilloso, y este triste episodio no debe empañar su labor de años, su dedicación, su esfuerzo y su entusiasmo. Y desde hoy, después de leer este artículo, añado: su amor.
Muchas gracias por estas palabras que contrastan con las autenticas barbaridades y oportunismos que hemos leído a raíz de esta tragedia. Y mucho ánimo para la Fundación, para sus miembros y colaboradores, para sus pilotos. No dejéis de hacernos soñar y amar.

martes 7 may 2013, 18:33

Mi aplauso por todos los que se implican en restaurar y volar tan bonitos y fantásticos aviones Los acidentes ocurren hasta en la ducha. No desalenteis yo seguiré volando y la gente se seguirá duchando

martes 7 may 2013, 19:00

Excelente,muchas gracias.

martes 7 may 2013, 19:17

Quiero dar las gracias a todos los miembros de la FIO porque hacen posible el hacernos vibrar, al resto de los mortales, junto con ellos, cuando los pilotos despegan y surcan el aire.

Qué es lo que sentimos? LIBERTAD y mucha envidia. Nos quedamos abajo, mirando al cielo, boquiabiertos, volviendo a disfrutar como niños y con cara de querer estar allá arriba.

Los accidentes pasan y seguirán pasando, pero por lo que hay que luchar ahora es por seguir manteniendo y mejorando esta apasionante actividad para niños y mayores. A pesar de la oposición de algunos grupos y trabas que puedan surgir, el Amor y La Pasión de todos los demás, debe lograr que el proyecto siga adelante y todos colaboremos en la medida en la que cada uno sea capaz.

Como es el deseo del Comandante Ladislao Tejedor. RIP. Hasta siempre.

martes 7 may 2013, 20:03

Decia el profesor Tauler, que el piloto vive de ilusiones. Que gran verdad. Ningun piloto esta exento de la ilusion de volar, de la ilusion de sentirse ajeno a la tierra por un instante. La muerte del comandante Tejedor es un ejemplo de que por amor y por ilusion tambien se puede morir. Morir tambien es renacer. Gracias comandante Tejedor y gracias a la FIO que nos hace mantenernos en la ilusion de volar.
Afortunadisimo articulo señor Cervera. Gracias tambien a usted por saber reconocer esa ilusion de la que vivimos los pilotos.

martes 7 may 2013, 21:16

Chapeau, Sr. Cervera. Me siento afortunado por ser capaz de sentir el gran azul en mi interior. Gracias a todos los que nos ceden algo (o mucho) de sí mismos para que, los que por un motivo u otro no podemos hacerlo, nos sintamos casi en la carlinga, casi allá arriba. Todo un ejemplo el suyo, mi comandante ;-)

martes 7 may 2013, 21:28

Estupendo articulo Sr. Cervera. Leer cosas así hoy en día es difícil. Muchas gracias.

martes 7 may 2013, 23:16

Muchas gracias por este excelente artículo escrito con el corazón. Soy socio de la FÍO desde hace muchos años y es admirable el trabajo que hacen por mantener viva nuestra historia aeronáutica, algo que sería imposible sin contar con la ayuda de pilotos como el Comandante Tejedor, tan apasionado de la aviación como los que cada primer Domingo de mes acuden a cuatro vientos a disfrutar viendo volar a esos aviones históricos. El estará ya siempre en nuestro recuerdo, como tantos otros pilotos que perdieron la vida haciendo lo que más les gustaba, volar.

miércoles 8 may 2013, 08:30

Son historias de amor...sin duda.

miércoles 8 may 2013, 09:10

Buen artículo, el riesgo de ciertas actividades no las invalida... pensemos en el tráfico o en la práctica del alpinismo. Lo ocurrido en Cuatro Vientos entra dentro de lo posible. La actividad de la Fundación debería de seguir, al margen de revisar los protocolos de seguridad del aeropuerto.
(soy piloto privado y aficionado al vuelo sin motor)

miércoles 8 may 2013, 09:16

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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