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Las cabras traidoras de las Galápagos

    viernes 23.ene.2015    por Pepe Cervera    1 Comentarios

Cabras Judas, las llama Now I Know en su magnífico relato de lo sucedido, y es difícil encontrar nombre mejor. Porque fueron un puñado de cabras que actuaron, sin quererlo, como agentes secretos para facilitar la extinción de los suyos en una historia que tiene de todo: ecosistemas en grave riesgo, sexo desmedido, masacres masivas... e incluso guerra ecológica como forma de protesta. Y todo empezó, como ocurre con muchos desastres, son la mejor de las intenciones: pescadores que llevaban consigo alimento supletorio por si la pesca se les daba mal. Unos pescadores se acercaron en 1959 a las Islas Galápagos con intención de practicar su oficio, específicamente a la Isla Pinta, en el norte del archipiélago, donde no vivía nadie. Dado que las islas están lejos del continente llevaban provisiones de emergencia por si los peces decidían no picar: tres cabras vivas. Quizá porque tuvieron buena pesca, o tal vez como inversión a futuro por si alguna vez se quedaban varados,  el caso es que dejaron libres a los animales en la isla y se marcharon. No fue el único caso: en otras islas del archipiélago, como en Isabela (donde se tomó la imagen inferior), ocurrió algo parecido ya fuese deliberado, ya por asilvestramiento de cabras fugadas. Lo que pasa es que las cabras son animales muy adaptativos, capaces de comer prácticamente cualquier cosa. Y también muy prolíficas, sobre todo en un sitio donde no hay ningún carnívoro capaz de cazarlas, con el resultado de que para 1970 la población de cabras sólo en Isla Pinta sumaba más de 40.000 cabras. Ha leído bien: cuarenta mil. Para entonces la vegetación de la isla de 60 kilómetros de largo estaba quedando devastada. Y lo que es peor: especies autóctonas irreemplazables estaban al borde de la extinción como la Tortuga Gigante de Isla Pinta, que ya había sido cazada desde el siglo XIX como fuente de carne: el último ejemplar (llamado Solitario George) fue encontrado en 1971. Así que en 1997 se puso en marcha la Operación Isabela con el objetivo de limpiar de cabras las tres islas afectadas. En su fase final, utilizaron cabras Judas.

Cabras_isabela

Aunque no en las fases iniciales de la operación que fueron mucho menos inteligentes y se basaron en la fuerza bruta: rifles desde helicópteros y desde el suelo. Batidas de cazadores mataron miles y miles de cabras a balazos y las dejaron allí para que se pudriesen: era importante que los nutrientes que habían tomado de la vegetación isleña no salieran de allí. La Operación Isabela se convirtió en una masacre titánica auspiciada por el gobierno ecuatoriano, que tuvo que organizar la logística de llevar a centenares de cazadores, científicos, helicópteros, rifles y millones de balas a una de las regiones peor comunicadas del planeta. Las cabras, animales gregarios, opusieron poca resistencia y su número se redujo rápidamente de modo drástico. Pero eso no era suficiente, dada la experiencia: si tres cabras se podían convertir en 40.000 en poco más de 10 años el objetivo tenía que ser el exterminio total. Claro que al reducirse el número de víctimas era mucho más difícil encontrarlas. Y aquí entraron las Cabras Judas: animales introducidos deliberadamente tras sufrir dos modificaciones. La primera, la esterilización: no contribuirían a aumentar de nuevo la población. Y la segunda, un celo permanente inducido con inyecciones de hormonas. El resultado: los fugitivos salieron a la luz y fueron abatidos. Para 2006 no quedada una sola cabra en ninguna de las tres islas. Las Cabras Judas habían resultado muy efectivas: hoy las tres islas están cubiertas de esqueletos caprinos.

Desgraciadamente era tarde para la Tortuga Gigante de Isla Pinta: a pesar de los esfuerzos por conseguir que el Solitario George procreara con hembras de una especie muy emparentada para asegurar la supervivencia de su especie, las puestas no cuajaron. Solitario Jorge murió, sin descendencia, en 2012. En 2014 se introdujeron en Isla Pinta 39 tortugas gigantes de una especie emparentada para repoblarla. Aunque para ello los guardabosques del archipiélago tendrán que vigilar a las cabras: no porque haya supervivientes, sino porque de vez en cuando hay pescadores que reintroducen algún ejemplar, casi siempre como forma de presionar o tomar el pelo a las autoridades. Es probable que aún hoy las Cabras Judas estén trabajando, manteniendo en mejores condiciones ecológicas un archipiélago excepcional. Porque a veces la única forma de salvar la naturaleza es matando animales. 

Pepe Cervera   23.ene.2015 08:58    

1 Comentarios

Efectivamente , el método de cazar a tiros a los chivos tiene sus ángulos reprobables, pero el "bien mayor" hace que el hombre con su albedrío haya asumido esa salomónica medida.

miércoles 28 mar 2018, 15:44

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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