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Nosotros, los símbolos, y por qué nos gustan las mentiras

    domingo 22.feb.2015    por Pepe Cervera    1 Comentarios

En algún momento del último millón de años nuestros antepasados hicieron un descubrimiento fundamental en nuestra evolución: descubrieron los símbolos, la capacidad de representar conceptos mediante signos externos a nosotros mismos. Se trata de una invención crucial, porque nos permite comunicar, abstraer, y en suma pensar como seres humanos, diferenciándonos así el resto del reino animal. Los primeros restos de arte figurativo pintados por miembros de nuestra propia especie, Homo sapiens, son unas pinturas recientemente datadas en la cueva de Pettakere, en la isla indonesia de Sulawesi, que tienen 40.000 años y muestran manos sopladas e imágenes de cerdos y babirusas (foto izquierda).

Pettakere_Blombos

Su antigüedad es similar a las primeras pinturas encontradas en el oeste de Europa como el disco rojo de la cueva de El Castillo en Cantabria, de unos 40.800 años, o las pinturas de la cueva francesa de Chauvet, con unos 37.000 años. En la meseta australiana de Arnhem hay pinturas que representan aves del género Genyornis que deberían ser las más antiguas del mundo, ya estas aves se extinguieron hace al menos 46.000 años. Mucho antes, en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, los primeros Homo sapiens dejaron piezas de ocre grabadas con patrones entrecruzados hace entre 70.000 y 100.000 años (foto superior derecha).

Gorham_Trinil

Pero otros grupos humanos ya eran capaces de utilizar el simbolismo, como demuestra el ‘hashtag’ grabado en la roca de la gruta de Gorham, en Gibraltar, datado en hace 39.000 años; cuando aún vivían allí neandertales, antes de la llegada de nuestro propio grupo (foto izquierda). En el ejemplo más antiguo conocido hasta el momento un Homo erectus dejó hace entre 430.000 y 540.000 años marcas grabadas en zigzag en una concha encontrada en la cueva de Trinil, en Java (foto derecha).

Los símbolos nos proporcionan la capacidad de abstraer, de separar lo concreto de lo categórico; de no hablar de este árbol que tenemos delante, sino de *todos* los árboles. Esto nos permite comunicarnos, y también imaginar situaciones hipotéticas desligadas de la realidad. Sin símbolos no tendríamos capacidad de contar historias: la narrativa es imposible sin ellos. Y desde siempre nos ha encantado la narrativa, contar historias y que nos las cuenten, aunque sean mentira: para darle una categoría a las historias que no son ciertas las hemos denominado literatura. Sabemos que los cuentos actúan sobre nuestra mente: cuando escuchamos una historia, o cuando la contamos, en nuestro cerebro pasan cosas.

Las narraciones activan nuestras neuronas espejo, esas que reproducen dentro del cerebro las acciones de los demás y se disparan imitando el comportamiento que contemplamos: si vemos a alguien mover una mano en nuestro cerebro se ‘encienden’ las mismas neuronas que mueven esa mano en una especie de eco. Reproducimos internamente lo que vemos hacer a otros, una función vital para el aprendizaje y para la empatía, sin la cual no puede haber sociedades complejas. Y las narraciones construidas con símbolos forman parte de este proceso en los humanos. Estamos descubriendo que las historias que contamos son vitales para el funcionamiento mismo de la mente, en especial de la memoria; es necesario hilar lo que nos pasa en narraciones si queremos ser capaces de recordarlo después. La narrativa forma parte de lo que somos: puede decirse que en esencia dada uno de nosotros somos las historias que nos contamos a nosotros mismos, una realidad que los psicólogos están empezando a utilizar en sus terapias.

Aleluya

Por eso nos gustan tanto los cuentos, del cotilleo a la alta literatura: por eso las historias de terror alrededor de la hoguera y los cuentacuentos de la época homérica que crearon la Iliada; por eso los trovadores y las aleluyas que usaban los pregoneros para entretener e ilustrar al público analfabeto señalando dibujos litografiados a cambio de unas monedas. Por eso los periódicos, los libros, la televisión e Internet: porque las historias que contamos y nos cuentan nos facilitan entender, recordar y crearnos a nosotros mismos y vivir con los demás; y porque activan nuestro cerebro y nos enriquecen con memorias y sucedidos ajenos. Somos fabuladores natos que rellenamos los huecos entre recuerdos; somos, por tanto, mentirosos que empezamos por mentirnos a nosotros mismos. Sin historias, sin cuentos, sin narrativas y sin la abstracción y el simbolismo que las hace posibles no seríamos humanos ni podríamos vivir en sociedad. En los primeros y toscos símbolos que dibujaron algunos antepasados de nuestra especie vemos los ecos primigenios de nuestra mente.

Pepe Cervera   22.feb.2015 23:36    

1 Comentarios

Hola hace tiempo que busco informacion sobre algo parecido realmente raro, hay arqueologos que me han dicho que era causa de la erosion, no creo que sea asi, simplemente porque aqui en Barcelona predomina un tipo de roca que es el

Conglomerado formado por muchos tipos y diversidades de piedras diferntes una al lado de otra, si hubiera sido por erosion estarian todas igual, yo no entiendo sobre arqueologia pero esta claro que son cortes propiamente hechos con algo cortante, llego a pensar que dicha materia en otro tiempo hubiera sido mas bland porque si no no lo explico…

https://drive.google.com/file/d/1_B-QOG5-akzI20ka5CUn0GPPO2kgxw0b/view?usp=sharing

viernes 10 nov 2017, 02:48

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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