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Dar de mamar a los microbios

    miércoles 27.jul.2016    por Pepe Cervera    1 Comentarios

La leche es un gran invento de los mamíferos que nos permite seguir recibiendo alimentación especializada de nuestra madre incluso cuando estamos fuera ya del vientre materno. Esto nos hace posible nacer en un estado menos desarrollado en muchos aspectos, ya que no necesitamos procesar por nosotros mismos los alimentos externos. Y también nos permite crecer mucho más, y más deprisa, que si nos tuviésemos que arreglar con comidas adultas. La leche de todos los mamíferos se parece, pero también es diferente en cada especie; la composición exacta y el equilibrio entre distintos componentes depende de la especie. La leche materna humana contiene una sorprendente cantidad de un tipo de azúcares complejos llamados oligosacáridos: son el tercer componente después de la lactosa y las grasas, y son muy variados: más de 200 moléculas diferentes. Tal cantidad y variedad hacen suponer que son especialmente importante para el desarrollo de los humanos, pero lo más sorprendente es que los bebés carecen de las enzimas para digerirlos: en su lugar estas complejas moléculas atraviesan intactas el estómago y el intestino delgado de los lactantes. ¿Son entonces un error de la evolución, o  cumplen un papel vital e inesperado? Resulta que tienen enorme importancia no por alimentar a los bebés, sino por hacerlo con los microbios de su tubo digestivo: la leche materna humana no sólo da de comer a los lactantes, también a su microbiota.

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Las ventajas del amamantamiento son bien conocidas: los bebés que toman el pecho materno tienen susceptibilidad reducida a múltiples infecciones, a ciertas enfermedades de tipo autoinmune y alergias alimentarias y a enfermedades como la diabetes. Además tienden a ganar peso y a crecer a un ritmo similar al de los niños alimentados con leche artificial, pero al año de edad suelen tener un peso inferior (son más delgados), lo cual se asocia con menores enfermedades posteriores. Lo que se está investigando en los últimos años es de qué forma aparecen estos efectos sobre la salud, que al parecer está muy relacionado con el modo como los bebés reciben la microbiota materna y cómo se desarrolla.

Sabemos que los nacidos por vía vaginal tienen una microbiota diferente al de los nacidos por cesárea, y que la composición en términos de diferentes grupos bacterianos representados y sus cantidades relativas es también distinta en bebés amamantados con leche materna y los que tomaron leche artificial. De hecho los oligosacáridos resultan alimentar sobre todo a una subespecie particular de un microbio concreto: Bifidobacterium longis infantis, el único dotado de un conjunto de genes que le permiten digerir estas moléculas, y que gracias a ello es dominante en el intestino de los bebés amamantados. A cambio B. longis infantis alimentado con oligosacáridos no sólo produce ácidos grasos de cadena corta que el bebe sí asimila, sino que además ayuda a las células del intestino a desarrollarse y libera sustancias que contribuyen al desarrollo correcto del sistema inmune. Los efectos positivos sólo se producen cuando existen los dos elementos; la bacteria y los oligosacáridos de la leche humana. Se trata de un precioso ejemplo de coevolución entre dos especies simbiontes que salen beneficiadas ambas de su cooperación.

La extraña composición de la leche humana está así relacionada con alimentar y ayudar a proliferar a esas bacterias concretas en el intestino del bebé. La bacteria tiene un entorno donde vivir y alimentos específicos que otras especies no pueden tocar; los bebés humanos desarrollan una microbiota estable y la madre provee de los oligosacáridos específicos necesarios por vía oral. De hecho tanto la cantidad como la variedad de estas moléculas es anormal incluso entre nuestros parientes más cercanos, lo cual puede tener que ver con otro de los metabolitos de libera B. longis infantis al digerirlos que resulta ser vital para el desarrollo de nuestro abultado cerebro. Un líquido alimenticio evolucionado para amamantar a una bacteria simbionte que ajusta los sistemas digestivo e inmunitario y contribuye al desarrollo correcto del cerebro; ¿no es maravillosa la biología?

Pepe Cervera   27.jul.2016 09:01    

1 Comentarios

me gustan sus artículos los leo casi siempre gracias.

sábado 6 ago 2016, 18:45

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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