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La lluvia es una infección, cómo hackear a un transportista y Johann Georg Locher

    miércoles 28.sep.2016    por Pepe Cervera    2 Comentarios

Cuando pensamos en seres vivos miramos hacia abajo: hacia el suelo, hacia el mar y sus profundidades, pero raras veces hacia arriba. Y sin embargo algas, bacterias, diatomeas y hongos, viven en el aire por encima de nuestras cabezas, volando; llegan allí de la mano de volcanes, vientos y tormentas y se mantienen dado que son mucho más pequeños que el polvo. Sabemos que estos microorganismos pueden cruzar el Pacífico y hasta alcanzan la estratosfera, a 36 km de altura; un lugar con condiciones similares a la superficie de Marte (poca agua, frío, radiación solar). Pero a menos altura también hay vida, sobre todo bacterias en las nubes, que funcionan como oasis en la atmósfera proporcionando a los seres vivos voladores agua, protección de la luz solar e incluso materia orgánica de la que alimentarse. La bacteria Pseudomonas syringae es un patógeno de plantas a las que causa daños con unas proteínas llamadas INA (Ice Nucleation Active) que modifican el punto de congelación del agua. Esas bacterias están en la atmósfera y esas mismas proteínas las convierten en eficientes núcleos de condensación: en efecto esa bacteria provoca la lluvia, la nieve y el granizo. Nosotros usamos esas proteínas para hacer nieve artificial; las bacterias quizá para infectar nuevas plantas provocando la lluvia, que las dispersa por amplias zonas. El tiempo meteorológico es, al menos en parte, una infección, lo que supone que planetas como el nuestro sin bacterias quizá no conozcan la lluvia que conocemos aquí. Y que la integración entre lo vivo y lo inerte es, en la Tierra, mucho más íntima de lo que podríamos imaginar.

Rain

Psicología humana: cómo conseguir que las bicicletas lleguen bien

VanMoof es un fabricante holandés de bicicletas ciudadanas elegantes con varios modelos a la venta, entre otros uno inteligente repleto de tecnología avanzada para hacerlas a prueba de robos (tienen seguimiento GPS) y sin necesidad de llave, porque se activan con una app del móvil. Son caras (760 euros la ‘tonta’, más de 1.300 euros la inteligente) pero tienen mucho éxito y las venden y envían a cualquier parte del planeta; su problema es que muchas llegaban averiadas por problemas durante el transporte. Probaron numerosas empresa de paquetería sin conseguir arreglarlo: demasiadas bicis llegaban deterioradas. Hasta que a alguien se le ocurrió una idea genial; un modo de hackear el cerebro humano de los trabajadores de mensajería: pintaron una TV en la caja. Ahora todas las bicicletas llegan intactas, porque sin siquiera pensarlo los transportistas tratan con más cuidado una caja cuando creen que lleva algo frágil como un (enorme) televisor. Las personas somos así de fáciles de engañar.

El científico que perdió

Johann Georg Locher fue un astrónomo alemán del siglo XVII que puso en duda las tesis heliocéntricas que defendía Galileo, pero no por razones religiosas, sino puramente científicas: era antiCopernicano. Y lo era porque la teoría de Copérnico no podía explicar algunas observaciones de la época. Por ejemplo las estrellas no mostraban paralaje, el cambio de ángulo que cabría esperar si se moviera la Tierra, y la única explicación es que estaban lejísimos; mucho más de lo que nadie imaginaba. Además para mantener su magnitud sin cambios aparentes tenían que ser enormes, mucho más grandes que el Sol, lo cual era impensable para la ciencia de la época. Por si fuera poco el descubrimiento por Galileo de las lunas de Júpiter parecía demostrar la existencia de epiciclos, un mecanismo para explicar el movimiento de los planetas dentro de la teoría heliocéntrica tradicional. Locher tenía muy buenos argumentos contra Galileo dentro de la ciencia astronómica de su momento; lo que no tenía es razón. Porque a veces se puede estar equivocado por buenas razones y tener razón por las causas inadecuadas. A veces los instrumentos disponibles para mirar limitan nuestra visión, incluso la científica; las pegas de Locher eran correctas para los instrumentos y conocimientos de su época, pero sus conclusiones eran erróneas. No por ello debería ser considerado un mal científico.

Sección de ciencia en 'Esto me suena' del día 28/9/2016

Pepe Cervera   28.sep.2016 17:01    

2 Comentarios

"Locher puso en duda las tesis heliocéntricas que defendía Galileo, pero no por razones religiosas, sino puramente científicas"

Locher era discípulo de un astrónomo fundamentalista católico, el padre jesuita Scheiner. ¿Cómo sabes que el mismo Locher no actuaba también movido por el fundamentalismo cristiano?

viernes 17 mar 2017, 21:30

Estimado Rawandi:

Es imposible conocer las motivaciones en el alma humana, pero los razonamientos de Locher quedaron por escrito. A diferencia de otros críticos sus argumentos se basaban en la observación y la deducción, no en la Biblia o los exégetas; eran por tanto de naturaleza científica y no teológica. Es en ese sentido que eran diferentes.

Muchas gracias por su atención y un saludo.

PP

sábado 18 mar 2017, 09:24

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Pepe Cervera

Bio Retiario

Pepe Cervera es periodista, biólogo y, entre muchas otras cosas, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Colabora con diversos medios y es un apasionado de Internet.
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