Gazzara, El último rebelde
La fría madrugada europea recibía la noticia de la muerte del actor Ben Gazzara, 81 años y la estela de quien quizá pasará a la historia como uno de los grandes representantes del cine independiente,
una etiqueta que bien podría no decir nada o bastante, depende del grado y de la onda que querámos imprimir al aplicarlo al séptimo arte. Gazzara era un actor-autor, con perfil y discurso propio, con fama de debatir hasta la madrugada con John Cassavettes y amante de la escena hasta pagar un alto precio por ello con respecto al cine. Ha muerto Gazzara y la noticia se ubica rápidamente en esta mañana de domingo como un golpe más de este viento helado; originario de una familia siciliana que buscó sitio y espacio en el Lower East Side de Manhattan de la ciudad de
Nueva York, como Scorsese, como De Niro, como tantos. Gazzara -y esto no es nada original- fue único y probablemente quisquilloso, áspero e incómodo para todos, con la etiqueta de rebelde porque no era de los que demandaban un papel o un trabajo, tampoco de los que frecuentaban los saraos, aunque el hermoso desliz con Audrie Hepburn le obligó a concesiones que típicamente hacen los hombres y él también pagó ahí su tributo, al menos durante unos meses. Actor de método, alumno del Actor's Studio no pudo impedir que la obra y el personaje que él amaba, el protagonista de La gata sobre el tejado de zinc de Tennesse Williams, Elia Kazan se lo dejara en manos de Paul Newman.
Pero no, no quisiera que este recuerdo a un actor con un legado importante fuera un repaso o un paseo por las películas o por algunas de las películas en las que trabajó. Ben Gazzara nació actor, por mucho que su padre lo viera como ingeniero y murió actor, y si preguntáramos por la afición seguramente cada uno de los espectadores, independientemente de su edad, tendrán a un Gazzara en su recuerdo. Los espectadores más cinéfilos no podrás separarlo del cine que hizo con sus amigos John Cassavettes, Gena Rowlands o Peter Falck y a este cronista en particular el gran Ben Gazzara que se quedará para siempre en la memoria es ese papel como dueño del garito en El asesinato de un corredor de apuestas chino (1976) pero otros lo preferirán junto a Otto Preminger en Anatomía de un asesinato en el imborrable perfil del teniente Frederick Manion. Otros espectadores ya más jovencitos junto a los directores rebeldes de hoy: Joel Coen (El gran Lebowsky), a las ordenes de Lars Von Trier (Dogville), Todd Solondz (Happines) o John Turturro (Illuminatta) o incluso el más indie de los noventa, Vincent Gallo (Bufalo 66).
No soy el tipo de policía que pregunta, ¿dónde estábas la noche del 13 de abril?, mi empeño siempre ha sido mostrar otra cota intelectual de policías y detectives.
Muy grande Gazzara que sueña un día con dirigir y lo conseguirá en la Italia de sus orígenes, Oltre l'oceano, rodada en la isla de Bali con escasa o nula fortuna.
Ha muerto un gran actor, una referencia para toda una época y un discurso desde el cine con la rebeldía, con el atrevimiento, con la resistencia y con un propio discurso que va más allá de Hollywood o más acá de Sicilia. Recuerdo sus palabras en la sala de prensa del Festival de Cine de San Sebastián, edición de 2005: Amen y cuiden del lenguaje del cine, es nuestro idioma universal, un verdadero desafio para el sistema, mi gobierno lo sabe.



