39 posts de mayo 2009

Mambety forever

Son muchos los autores de cine africano que han conquistado el corazón de muchos de nosotros: Ousmane Sembene, Abderramán Sissako y muchos otros pero es la figura del senegalés Djibril Diop Mambéty quien un día que vi La petite vendeuse de soleil (1998) se quedó para siempre en mi corazón: una jovencita con limitacióin física para caminar al tener sus dos piernas inutilizables, ella vende periódicos en las calles de Dakar y se enfrenta cada día a mil problemas entre los que se encuentran las pandillas de la calle (dueños de la ciudad) las que la someten quizá a las situaciones de mayor riesgo. Pero no es únicamente la situación retratada por lo que amo este cine, es la ternura de su cámara, el señuelo de una cadencia en la narración, la verdad que emana su cine por todos sus poros... No, no es el cine de Mambety un cine africano de poblado y aldea, es un cine que guarda más relaciòn con el cine de Ciudade de deus, Estación central do Brasil o algunas películas filipinas de Aureas Solito que con cualquier otra referencia del cine de los colonizadores (de Francia, en este caso). Son historias narradas desde la poesía (la poesía de lo real), desde el color matizado de la pobreza y la luz de una verdad aplastante, definitiva.

Djibril Diop Mambéty falleció hace bien poquito, se fue sin mucho ruido pero dejando una estela de ternura y de buen cine. Nos dejó una reflexión que ahora quiero dejar en este pequeño blog:

"Para hacer cine hay que cerrar los ojos, cerrarlos, volver a cerrarlos hasta que duela la cabeza, hasta ver dentro de sí mismo en lo más oscuro miles de lucecitas que son los miles de personajes de la vida".

Mambèty, lógicamente no puede estar en este Festival de Cine Africano de Tarifa (qué esfuerzo el de esta gente por mostrar la cosecha del cine de África) pero ha venido su hijo, Teemor Diop Mambéty, poeta que nos ha dejado estos versos:

Como el viento, no se le puede atrapar.
Como el viento, es libre.
Como el viento, está de paso,
de visita para un baile en torbellino.
Y se va, dueño de su tiempo.
Sopla en el rostro de los niños
que ríen al sentirse llevados por el aire.
No cabe duda de que rugirá si los guardianes
rompen el vuelo de las cometas del infortunio.
Pero acariciará sus párpados
antes de abrirles los ojos a un sueño de luz,
fantasía danzarina en una tela blanca como una vela.
Romperá la oleada del oceáno de sollozos
y hará surgir la espuma de los sueños
que bordarán tiernas lágrimas de pasión.
En la tierra llueve una tormenta de verdades
sobre injusticias.
Riega los áridos surcos
del campos de las locas luchas de imperios.
El pueblo se embarca en un arca de salvación.
En la proa, Mambéty, sereno por fin,
contempla un horizonte largamente deseado,
zócalo de estrellas, refugio de amores verdaderos.

Teemor D. Mambéty


Está a punto de comenzar El séptimo vicio, en directo hoy y mañana desde una pequeña galería de arte de Tarifa (Galeria Silos, gracias por alojarnos) pero quería transmitiros quien nos ha inspirado a venir y encontrarnos con quienes hacen posible la realidad del cine africano de hoy.

Os dejo esta fotografía que mi buen que mi buen amigo David Garrido, director del festival inédito de Mérida, sacó esta mañana mientras emitíamos en directo El árbol de las palabras. Alberto Elena (auténtico pura sangre de las cinematografías del sur), Pedro Pimenta (director del festival mozambiqueño de Maputo y Mohamed Ghazala (profesor de bellas artes de la universidad de El Cairo). Fijaros en el logo tan lindo que está detrás y que las gentes de Tarifa nos han regalado.

Esto va en serio, no se crean

Estába acostado en el sofá, por la noche me fue imposible dormir por todo el cansancio acumulado, bailaban en la plaza y los músicos balcánicos (pesaditos que son) repetían los viejos y conocidos temas gitanos así que al mediodía me quedé profundamente dormido y cuando la jefa de estudios del máster de RNE me llamó por teléfono diciéndome que los alumnos estában esperándome (en los últimos quince años jamás me había pasado) me vino la taquicardia... Salí disparado. ¡Quince minutos de retraso! Ya estában a punto de marcharse pero aguantaron el tirón y se lo agradezco.

¿Por qué estában allí?, ¿por qué quieren ser periodistas?, ¿por qué la radio?, ¿qué piensan de la teoría y técnica de los géneros informativos?, ¿Para qué creen que les va a servir?, ¿qué es la comunicación?, ¿piensan ustedes que la radio está correctamente utilizada?.

Es quizá más importante para mi que para ellos este contacto anual con los jovenes estudiantes, me mantienen relacionado con las emociones y las ilusiones de los que esperan quizá demasiado de una actividad que puede ser, efectivamente, una experiencia que les cambie la vida pero la mayoria de las veces se traduce en un trabajo asalariado más. Suelen ser pocos los que aceptan un compromiso con su elección, los que aceptan el reto de la opción que han elegido. A la primera de las preguntas la respuesta es exactamente igual que respondimos en su día casi todos:

Quiero ser periodista porque mi anhelo es escribir y contar, construir y realizar entrevistas y reportajes. Elijo la radio porque me parece el soporte quizá más personal y en el que puedes jugar con los sonidos, con la música, con el directo y con una realización que no depende de equipos extensos. Los géneros -van respondiendo con intimidad y confianza- están ya más diluidos y la tendencia es hacía una fusión de ellos.

La conversación es fluida y a medida que vamos avanzando nos vamos metiendo en temas de mayor calado. Hablamos del compromiso que cada uno asume individual y personalmente con el oficio, con la profesión, con la actividad periodística, un compromiso que obligatoriamente es personal porque es una elección libre y voluntaria y observen que eso al menos merece una reflexión y un detenerse para reflexionar y poder responderse adecuadamente: trabajen siempre para ustedes, para cuidar su opción, para que no dejen que nadie ensucie desde la burocracia, desde el hábito, desde la repetición y desde muchos otros lugares lo que ha sido una de las decisiones importantes de su vida y una forma vital de ubicarse y de explicarse. Los seres humanos hablan desde sus actos y a veces se desmienten desde su escritura.

No se confundan -les recuerdo- no trabajen para sus jefes futuros, no trabajen para el editor de turno y no trabajen con el objetivo puesto en el salario, en los días de vacaciones y con la obsesión por la fijeza y la seguridad del empleo. Desarrollen la actividad profesional para ustedes, para expresarse y para gustarse a si mismos. Trabajen para mantener intactas las ilusiones que les ha traído hasta aquí. El periodismo, la radio, el proceso comunicativo, su profesión será y dependerá exclusivamente de la respuesta, de su respuesta y de cómo construyan ustedes su actividad. Se encontrarán con muchas dificultades, obstáculos y barreras y podrán pensar que esta profesión no es la que se imaginaban porque unos se la pintarán en negro y gris, otros de color intensamente rosa y otros querrán que sean leales vasallos para que respondan a las necesidades urgentes del momento pero sepan que con este oficio, como con casi todos los demás, pueden relacionar con el arte o con la artesanía, con la producción o con la creación y que dependerá exclusivamente de ustedes.

Mientras debatimos sobre publicidad, propaganda, soportes informáticos y la busqueda de un estilo personal que nos permita ser diferentes y que nuestra mirada y nuestra construcción -argumentada, contrastada, investigada- exprese nuestro saber y nuestro pulso periodístico salta un conflicto en el aula que provoca reuniones, asambleas y en definitiva se traduce en una de las primeras pruebas de las mil a las que tendrán que responder de ahora en adelante -de la teoría a la práctica tan sólo una frágil línea- y que los chicos tienen que responder. Uno de ellos se acerca y me susurra: "Nos habla de huir de la grisura, de que nos atrevamos y que huyamos de lo corriente, de lo funcional, pero ¿ya ve?".

No se confundan, vivirán muchos conflictos de este tipo y la pelea siempre será la misma, ¿qué quiero yo hacer con el proyecto que me trajo aquí?. El tema es más personal que colectivo, después será o no será colectivo pero la primera cuestión es el grado de deseo y entender que entran en el territorio de un debate histórico en las sociedades libres, apoyar o no, responsabilizarse o no del papel que juega en la sociedad el proceso periodístico de verdad. Como dijo Ryszard Kapúscinski -y la cita fue de una joven alumna- los cínicos no sirven para este oficio.


¡Ánimo! Nunca fue fácil desempeñar una actividad de acuerdo a cómo pensamos sobre ella.

Gracias por esperarme la otra tarde

Merci, Madame Isabelle Huppert

Gracias Isabelle Huppert, por muchas razones, por sus trabajos que se encuentran en la cima de la interpretación europea, por su pasión contagiosa por el cine y gracias, sobre todo, porque -lo avisábamos en vísperas de la inauguración- no ha dejado que la maleza le impidiera ver la mejor película de este festival, a bastantes metros de distancia del resto: Le ruban blanc (La cinta blanca) de Michael Haneke. No vamos a reproducir la crítica de esta película ya escrita nada más verla: Le ruban blan es una película definitiva, en todos los sentidos, ese negro prusiano de su historia contiene la metáfora y la tragedia de nuestro continente. La estética, el estilo de Haneke expresa precisamente el rigor que ilustra desde la ficción la historia de todo el siglo XX (cómo nos ayuda este director a entender las dos guerras mundiales). Nada más que añadir, Palma de Oro a Le ruban blanc, a Haneke y decir que ha pulverizado los pronósticos de toda la crítica francesa que si echamos un vistazo, tan sólo los críticos de Le Point y de L'Observateur le otorgaban esa opción. Cahiers du cinema, Positif, Le Monde o Le Figaro apostaron por otras opciones.


Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes para un director con el que hemos aprendido los primeros pasos del juego y el montaje en el cine: Alain Resnais, más de ochenta años, ha mostrado con Les herbes folles que la modernidad y la travesura no son patrimonio de la juventud, poesía pura en movimiento y el atrevimiento y el riesgo en la experiencia amorosa, "hay que dejar las razones cuando se acerca una opción desde la emoción, hay que dejar que el azar escriba parte de nuestros cuadernos".

Los premios interpretativos no eran muy difíciles de pronosticar y así lo expusimos en El séptimo vicio del sábado: El trabajo más completo de actor es el coronel nazi de Quentin Tarantino, Christoph Waltz, el director de Inglourious Basterds estuvo a punto de dejar el proyecto porque no encontraba al actor que pudiera desempeñarlo, enhorabuena a Quentin que supo esperar y, sobre todo, dirigir a este Coronel Landa. El galardón para la protagonista de Antichrist de Lars Von Trier, Charlotte Gainsbourg, ayudará a cuidar varias heridas: las difíciles secuencias que le hizo rodar el director danés y las infringidas a una película, Antichris, que el tiempo pondrá en su sitio. Lars consigue hacer un plano secuencia inicial en blanco y negro, suave como el ritmo de la tragedia que se está cociendo. Antichris no es lo que se está diciendo de morbosa, provocadora y peligrosa, es la historia de un hombre que no sabe/no puede colocarse del lado amor y pagan los dos un alto precio por el fantasma que ocupa ese lugar. Acierto pleno del jurado en esta edición de Cannes.

Cámara de Oro para una película de la que hemos hablado de lo lindo en este blog pero que pasó sin pena ni gloria: Samson and Delilah, del australiano Warwick Thornton, "de la comuna a la ciudad, queda lejos el paraíso", dijimos en su momento, una historia de amor en la reserva indígena, en las comunas de los aborígenes australianos. Buen comienzo para Thornton y para un jurado que supo buscar más allá de la sección oficial para la cámara de oro.

Brillante Mendoza no podía quedarse sin un guiño importante de un festival que le está cuidando y mimando. Suena a compensación, a equilibrar la balanza, a pacificar las tensiones, las tendencias y los debates que han protagonizado en la casa de la colina de Cannes, sede del jurado, en las últimas horas. Y no es que Brillante Mendoza se encuentre fuera de mis opciones o de los méritos para estar en el palmarés, es, simplemente que el autor filipino representa un tipo de cine nuevo o piensan que puede representarlo (la diferencia no es tan sutil) y al que creen depositario de las claves de una vanguardia posmoderna. Desde mi punto de vista quizá excesivamente sobrevalorado, porque su manipulación estética está también, no olvidemos, al servicio del espectaculo. Pero en todo caso una opción respetable.

El premio especial del jurado para una gran película francesa, Un Prophète, de Jacques Audiard, una historia de cárcel, de prisión y muy bien llevada por sus actores. Y me quedo con un final extraordinario que como comprenderán no desvelaremos.

Fish Tank de Andrea Arnold y Thirst de Park Chan Wook se reparten el premio del jurado, nos gustan las dos películas. La de Andrea es una historia cruzada por el cine de Ken Loach y de M. Winterbottom, dijimos de ella que era el cuento de Caperucita y el lobo en los espacios de la derrota de las injusticias sociales de Gran Bretaña y la película del coreano Chan Wook llevó a La Croisette una fantasía de vampiros lejos de Transilvania que siempre es de agradecer, para que más de una damita de las que no salen del Hotel Martínez se pusiera nerviosa, intranquila.

El mejor guión para Spring Fever y esta decisión nos lleva a pensar lo completo y lo curiosamente bien urdido que se ha tejido este palmarés, como la vocación asiática de Cannes. Es una novelita de amor entre hombres con el recadito hacía la ambiguedad y la acostumbrada indecisión.

El mejor corto para Arena del portugués Joao Salaviza


Y se quedan fuera del palmarés todas las opciones españolas (a excepción de ese reconocimiento técnico al sonide de la película de Isabel Coixet); esta vez no tuvieron suerte ni Jane Campion, Ken Loach, Marco Bellochio y Gaspar Noé.


Y fin de fiesta, el año que viene un poco más. Hoy tomaré una copita de vino en honor a Haneke, es una buena noticia que el cine relacionado con Bergman, con Dreyer, con Freud y, sobre todo, con una narrativa cinematográfica austera, contenida y bien rodada sea la ganadora en Cannes 2009.

Hasta el 2010


Dogtooth o un aprendiz de dios en el jardín

La vi mientras me disponía a hacer las maletas y regresar a Madrid, casi se me escapa y lo hubiera lamentado. El realizador griego Yorgos Lanthimos, recordamos una película suya proyectada en Cannes, Kinetta (2005) ha dirigido Dogtooth (Kinodontas), una de esas películas que dará mucho de qué hablar a lo largo del año; sobre todo, si entre la distribución española hay algún valiente que se atreve a adquirirla para que los buenos aficionados disfruten de esta muy rara y muy curiosa historia que ha batido a las favoritas en Un certain regard (las favoritas, la de Politist, Adjetiv de Cornelieu Porumboiu y On ne sait rien des chats persans de Bahman Ghobadi se han llevado los premios inmediatamente después).


Es la historia de un padre que junto a sus esposa mantienen aislados a sus tres hijos del mundo real, en una urbanización a las afueras de la ciudad. Construyen una gran mentira, una gran ficción y elaboran un lenguaje absurdo, el delirio de un universo doméstico. Los padres dibujan una gran infamia obsesivamente elaborada y hacen creer a los tres hijos que los aviones aterrizan en el jardín, que más allá de la alambrada está poblado de enemigos y que los zombis son margaritas que brotan en la primavera.

Inventan un lenguaje y un diccionario nuevo, juegos y bailes para mantenerles narcotizados en la casa, tan sólo una joven que no es de la familia accede al hogar para solucionar las pulsiones sexuales del joven hijo.

Dogtooth es quizá la película más novedosa de las proyectadas en esta edición de Cannes y está sustentada por las piedras de los autores clásicos sobre el espacio de hoy (qué bien, nos hacía algo de falta): los temas de la tragedia griega y sus mitos. Es la representación de la mentira, el dibujo de una ficción que suplanta a la historia, a la religión y quebranta las leyes de la moral, entendida moral como un código de costumbres y de hábitos. En el afán del padre de aislar a sus hijos e imponerles su visión del cosmos se esconde el drama, la tragedia, el deseo del padre en convertirse en dios, en el todopoderoso de la creación, en la continuación de si mismo. Este aspirante a la divinidad permitirá relaciones incestuosas (Edipo en la urbanización pero sin el castigo de la ceguera), controlará el dolor y la pasión, codificará el lenguaje para garantizarse la elaboración y el cumplimiento de su ley, una ley que quebrantada se convertirá en castigo severo, violento de un verdugo implacable.
Apasionante construcción escénica del espacio de un loco cuyo objetivo es la sumisión de los hijos para cumplir el sueño de su egolatría: decidir sobre los unos y sobre los otros. Si Kant presupone que el hombre es libre porque de no serlo no tendría sentido ni la norma ni las leyes, este aspirante a dios, precisamente lo primero que hace es privar a sus hijos de la libertad y del lenguaje, no podrán abandonar la casa y sin lenguaje no podrán elaborar la escapada, la huida, la estrategia, el discurso, la libertad.

Tremenda negación de la praxis, todo un ejercicio inteligente que por extensión (de la casa al imperio, del imperio quizá a la gran nación o a la aldea global todo un paso) podría situarnos sobre un territorio que tiene un contestario, alguien que lo está señalando, que nos está advirtiendo de estos dioses del siglo XXI: Michael Haneke sería la respuesta a la bufa, peligrosa y trágica locura de este Edipo, aspirante a dios.



Por cierto, Haneke gana el Premio Fipresci, premio de la crítica internacional en esta 62 edición del Festival de Cannes.

(En el siguiente post, balance del palmarés)


Epílogo o Making off de un blog desde Cannes

Con la proyección de Mapa de los sonidos de Tokio de Isabel Coixet y Visage del realizador chino Tsai Ming-Liang (olvidemos que hemos visto en la sección oficial esta discutible opción para la alta competición) cerramos o clausuramos las ediciones de esta ventana especial de la Edición 62 del Festival de Cannes, nos falta la valoración del palmarés de mañana pero como el domingo iremos con las prisas lógicas de la clausura, de la despedida, de los equipajes y del mogollón que mañana habrá en Niza, quizá es el momento ahora para transmitiros (lo sugirió Marta desde Hoy empieza todo) algunas pequeñas cosas que quizá tienen que ver con esa trastienda de todo trabajo. Las dificultades han venido siempre de la habitual tensión que genera un festival que te obliga a multiplicarte y te impide realizar el trabajo con más calma, pero quizá es imposibles en Cannes, inabarcable, masificado y donde cada vez que te pierdes una película nunca es una película cualquiera y te duele en el alma dejarte fuera a Robert Guèdiguian, a Lee Daniels (que presentaba Precious), a Hierro (en la Semana de la Crítica), a Bong Joon Ho, a Raya Martín pero detrás de cada opción siempre ha habido una consecuencia, la de dejar fuera algún autor que te interesaba y que se hacía imposible ver su nuevo trabajo.

Ha sido un blog urgente, a veces con errores (se han intentado los menos posibles pero no es lo mismo escribir con toda la tarde por delante a tener que hacerlo en quince minutos porque de no hacerlo no saldría en ese instante). Yo pido disculpas por todos los errores que podría haber cometido desde ahí: ortografía, nombres mal escritos o títulos llevados al español que quizá tenían palabras cambiadas o torpemente traducidas.

Me hubiera gustado haber colgado imágenes, sonidos y bandas sonoras pero lo cierto es que no disponía de tiempo para eso y a veces pienso que ha sido un milagro que haya salido todos los días. Los envios de cualquier cronista de una agencia no pasan de cinco al día y cito a las agencias porque son los más presionados.

Las conexiones con mis compañeros de Madrid también han llevado siempre ese sello de urgencia: recuerdo una en Hoy empieza todo minutos antes de la proyección, a las ocho y media de la mañana, de la película de Ken Loach. Yo estaba algo lejos de La Croisette, iba con un paso acelerado para poder superar los controles de seguridad, llegar a la sala antes de que la cerraran (en el protocolo de proyecciones de Cannes impiden el acceso a la sala una vez comenzada la proyección) y creo que se escuchó una conexión ese día en la que me faltaba oxigeno casi para hablar...

En la sala de prensa el trabajo ha sido vertiginoso, no era fácil encontrar un lugar con conexión eléctrica y, como siempre, hay una importante comprensión entre todos los cronistas y acreditados: se pasan textos, titulares, declaraciones y opiniones de las películas. Un abrazo muy fuerte desde aquí a Mateo Sancho, enviado de EFE y al que hemos ido viendo su trayectoria profesional desde que se iba casi un niño a los festivales con su cuaderno de notas y con su pasión por el oficio que ahora desarrolla extraordinariamente bien. A Mari Luz Climent, de la DPA Agencia Alemana de Prensa, desde luego hay que valorar el esfuerzo de esta mujer que prácticamente tan sólo tomaba algo de comer a la noche, cuando se apagaban las luces de la redacción. A Luis Martinez, enviado especial del diario El Mundo por su disposición siempre a dinamizar todos los encuentros con los autores y, bueno la lista es muy larga, a Carlos Heredero (director de Cahiers du cinema) por su precisión, su estilo y su disposición para con todos los enviados especiales, a Carlos Boyero, a Oti...ya no citaré más pero transmitiros que hay un buen rollo, con respeto para las opinones de todo el mundo. A María Nuñez, crítica argentina y colaboradora habitual de El séptimo vicio, desearle desde este blog que se recupere, tuvo que ser intervenida de urgencia en un hospital de Cannes (un beso María, espero que tengas una buena recuperación) y a Amor, enviado especial de TVE con quien compartimos alguna que otra confidencia.

Si os pasáis por Cannes cualquier día de estos os voy a recomendar tres cositas: un pequeño restaurante: Elle & Elle, en la rue Bivouac Napoléon, 18. Lo llevan dos mujeres tremendamente divertidas y con una cocina nada sofisticada, nada cara y muy imaginativa. Un paseo por el más divertido de los barrios de Cannes: La Boca Quartier, alejado de esa pijería de Cannes que te pone de los nervios, es un barrio popular, muy vivo, con pequeños restaurantes y bares africanos, con un lindo mercado de frutas y con un trato espontáneo. Al anochecer, la playita de La Boca nada tiene que ver con la playa de La Croisette tan acotada por los hoteles, se ven hogueras con grupos de gente tocando la guitarra, los bongos... Y quizá viene bien hacer una pequeña excursión hasta el centro de la villa de Cannes donde os encontrareis con tres lugares simpáticos: la sede de los cinéfilos de Cannes, la torre de su iglesia medieval pero, sobre todo, la vista de toda la costa azul. Hay hotelitos pequeños por el centro de Cannes si queréis venir que podéis encontrar en Internet, pero yo buscaría algo por La Boca, es más barato, más natural y con acceso a playas con mejor rollo.

Nada más, a falta del próximo envio que será en la tarde del domingo, agradeceros vuestra compañía que la he sentido muy cercana y que me ha hecho más fácil esta cobertura.

Gracias

Isabel, ¡qué difícil tus ideas amorosas! El último trago, de sake.

Demasiado viejo para morir joven, Cosas que nunca te dije, A los que aman, Mi vida sin mi, La vida secreta de las palabras, Elegy y ahora Mapa de los sonidos de Tokyo. Dramas románticos, tragedia amorosa y dificultades de sus personajes para conseguir el ideal amoroso... El cine de Isabel Coixet está enamorado de la imposibilidad o de la impotencia amorosa. ¡Realmente es tan cinematográfico este tema!. Unas veces son mujeres con altos ideales, como la protagonista de Mi vida sin mi que fabula y planifica meticulosamente la correspondencia para su hija, para todos los cumpleaños de su vida en la que ella no estará. En otros casos sabe sustituir esa imposibilidad con alternativas tan dulces como los helados de chocolate y en ocasiones crea el delirio amoroso como esa película de tan bellísimo titulo La vida secreta de las palabras, el enamoramiento a través del lenguaje, de la voz. Elegy, me fascina esta historia en la que exhibe Isabel Coixet un preciso conocimiento de los hombres, está en la certeza del conflicto: Los hombres: en algunas ocasiones, cobardes; en otras, incapaces para responder; casi siempre, hombres-vasallo que responden al deseo de cualquier mujer que cruce la esquina; en la mayoria de las ocasiones, hombres con ganas de llegar y no de caminar... En Elegy, aparece el miedo tan habitual en ellos y en ellas, miedo a que los amen, a que las amen porque deberán responder de eso de alguna manera; miedo a que no salga bien y quizá no pueda sostener una derrota más.. Miedo a amar, Isabel. Y supongo que es normal, en esas situaciones es cuando realmente uno se expone y casi, casi te colocas a merced del otro y eso es tan delicado, tan arriesgado...

Reconozco que de Mapa de los sonidos de Tokio yo esperaba bastante más, pero bastante más, conociendo tu enganche con el cine asiático, con las ganas que le tenías tú a escenas de alto voltaje, con la voluptosidad con la que has recorrido cada plano de Wong Kar Wai, de Imamura, de Kitano, de Kim Ki Duck, con esa ciudad empapada de neón, de nocturnidad, de Sofia Coppola, de paredes de papel y de las primeras luces de la tierra... Dirás que ya estamos, que somos incapaces de meternos en tus laberintos, en tu cabeza, en tu inglés, ahora en tu sushi y este último trago de sake.

Bueno, aún así este mapa de los sonidos de Tokio va a gustar a quienes saborean tu cine, es un dulce homenaje a una ciudad que fascina, a sus mercados, a sus bares, a sus restaurantes e incluso me quedo con una romántica idea amorosa que está (curiosamente) en la poesía de los románticos poetas ingleses, la llegada tardía quizá a la gran historia de amor y es que a David (Sergi López) se le suicida su amada, su novia japonesa, una hija atrapada por el amor de su padre que le imposibilita o que le impide amar a otro hombre, ese suicidio no está dedicado u ofrecido al comerciante español, es el sacrificio para recabar la definitiva atención de su padre. De esa historia David sale maltrecho, herido y no percibe que el encuentro y la experiencia con otra mujer, con la joven del mercado de pescado de Tokio podría ser su historia. Esa joven japonesa con una doble vida y con un oficio de alto riesgo se enamora perdidamente de David; pero ambos, el hombre y la mujer llegan tarde a esta historia de amor y este es el punto que interesa a Isabel y que llamar la atención del espectador, el capricho del destino y del azar por llegar tarde, que lástima Isabel, de nuevo espacio para salir corriendo, para justificar que el amor es algo heroico, escurridizo, difícil, imposible...

Bueno, es la visión amorosa a la que Isabel Coixet nos tiene acostumbrados.

No me acaba de funcionar la pareja Sergi López-Rinko Kikuchi, aunque valoro esa intención de buscar hombres de carne y hueso, más allá del plástico, de la leyenda y del mito. Y ese escenario de un hotel japonés para las visitas de urgencia, y esa forma de rodar las escenas de sexo, acaba por no llegarme mucho, en esta ocasión. Quizá me perjudica que antes hayamos visto el infinito con Gaspar Noé, la misma ciudad y tan diferente y huyendo Noé del plano-contraplano, inventando, fabulando una escritura psicodélica, imaginativa y en constante movimiento.

Mapa de los sonidos de Tokio, la marca del lenguaje de Isabel Coixet, no cabe duda alguna. A la hora de traducir o de interpretar la reacción del público es triste decir que el público de La Croisette ha abucheado esta película. Ya durante parte de la película se escuchaban carcajadas y risitas y comentarios del tipo "Pero, bueno, cómo le hace decir ésto a los actores... "


Con la proyección de esta película se cierra la competición en Cannes, suerte para Isabel coixet y Pedro Almodóvar y nosotros nos adherimos a ese brindis con sake que cierra un 2009 brillante, extraordinario y que nos da pistas para saber las tendencias cinematográficas de la temporada que viene.

Los viajes del viento (La Colombia que no nos cuentan)

Suelo estar muy cansado de las informaciones políticas y turísticas de uno de los países más hermosos de la tierra: Colombia. De la misma manera que jamás los judios podrán reparar lo que han hecho con Palestina (decíamos esta mañana a propósito de Elia Suleiman), dudo mucho que lo mismo pase con la administracción norteamericana y que algún día pueda arreglar (incluso con Obama) tanto mal que ha infringido a América-Latina, pero lo realizado en Colombia, convertir racional, pausada y violentamente un país hermoso, quizá una de las sociedades más educadas de la comunidad, en un verdadero infierno es un delito que quizá jamás les lleve al tribunal internacional pero el daño ha sido letal.

Pues eso, que está uno cansado que Colombia sea siempre protagonista de sucesos o de una realidad que ya agota. Ciro Guerra, a quien conocí hace bastante tiempo en toulouse (él presentaba La sombra del paseante) nos invita a un viaje íntimo, profundo y bellísimo por el Norte de Colombia, allí donde hay nieve e invierno, allí donde puedes viajar entre las nubes y los acantilados, donde el único lenguaje es el caligrafiado por el viento. Es una historia linda: la de Ignacio Carrillo, un acordeonista con código de honor, con una herida en el alma, con la responsabilidad de devolver su viejo acordeón de dónde un día salió o le fue entregado. En el camino miles de pueblecitos, de aldeas, de paisanos, con sus miserias, con sus vidas... ¡Pobres mujeres colombianas!, en manos a veces de tanto macho y de tanto abandono.

No, no ha caído Ciro Guerra en mostrar los más bellos lugares de Colombia, aislados en su entorno y entre su gente.

Los viajes del viento es un viaje de conocimiento, de experiencia, de lecciones universales sobre la conducta humana; eso sí, en la Colombia profunda y espiritual, la campesina e indígena, la abandonada por los propios colombianos y por los gringos (ahí salen ganando).

Los viajes del viento compite en Un certain regarde, quizá -no lo he podido ver todo- junto con la iraní las que más me emocionaron.

Hay una pequeña conversación a la puerta quizá de la cabaña más aislada de toda Colombia, entre nubes, pastos y piedras, allí vive el hermano del acordeonista:

- ¿Cómo que te viniste a vivir hasta acá?

- Escucha, hermano es el único suelo que no quieren los bancos.

Ciro Guerra, lindo, suave y hasta el corazón tu acordeonista y tu película

Noé goza de (y en) su obscenidad

No cabe duda que este director argentino Gaspar Noé filma extraordinariamente bien y que por muchos infiernos a los que nos arrastre tiene una espectacular forma de montar que siempre convierte sus películas en un carrusel, en un derroche excesivo de detalles y de información. Con esta película en la sección oficial, Enter the void, regresa a algunos sotanos oscuros que ya nos mostró en Irreversible (2002) pero aquí completa el ciclo y la cadena imparable de las razones que se esconden de las formas de goce en el ser humano, cuadro técnico impecable de aquello que te mata es quizá lo que más te atrae.

A partir de un accidente mortal de tráfico fallecen los padres y sus dos hijos son testigos y participan de ese choque espectacular que al espectador le llega realmente como si también viajara en ese coche. La hermana le suplica que su hermano nunca la deje sola y firman un pacto de sangre para que no se produzca nunca ese abandono: "¿Y si te mueres?", pregunta ella. "No me moriré".

De críos los separa el estado y de adultos el hermano se va a vivir a Tokio y la llevará pero el joven se entrega sin límite al consumo de drogas y a ella le abre la puerta de la depravación y los bajos mundos de la ciudad. Es el propio hermano quien la conduce a un viaje sin regreso.

La cámara de Noé, ese entretenimiento y esa fijación obsesiva en los detalles más nauseabundos de una compleja historia en la que no falta nada de los cuadros clásicos: el amor por su hermana, las búsqueda de la madre en sus relaciones sexuales y la exhibición detallada y minuciosa de lo que no es otra cosa que el disfrute y goce de lo que precisamente este director nos señala.

Es interesante el proceso caótico en el que se meten los hermanos, también como lo cuenta este director y las consecuencias que tiene este viaje o carrusel por una sociedad que mata, mata de muchas maneras: mata una sociedad de consumo que construye un escaparate de expectativas perversas, mata una ciudad que muestra en sus calles y aloja en los sotanos los infiernos que dice perseguir, mata una familia que puede reservar sorpresas que ni siquiera los peores enemigos...

¿Cómo un individuo sale de este carrusel dibujado y rodado por Gaspar Noé?, Pues, al parecer, la salida es complicada y diríamos despues de ver la película que imposible y aún es peor, las cuestiones que no se tratan y no se curan vuelven a repetirse en las siguientes generaciones, según Enter the void.

Saldrá de Cannes con el letrerito de sexo explícito, de casi pornográfica y con escenas difícilmente vistas en el cine pero eso tiene trampa, es una historia que sabe muy bien de lo que habla, lo único que en la forma de mostrarlo este director revela cuánto disfruta al contarlo y en la forma de contarlo.

Qué diferente, por cierto, el Tokio que nos muestra Isabel Coixet que no va más allá del placer y de los mercados de pescado, de los mejores bares y restaurantes de Tokio y la misma ciudad visitada por Noé. La realizada por Isabel parace una parada en el paraíso y con Noé, de bruces con el infierno.

Si Israel supiera el irreparable daño que ha hecho a los palestinos

Hay que querer mucho a este hombre, a Elia Suleiman, nacido en Nazarety de nacionalidad palestina. Si Cannes siguiera la estela de anteriores edicionaes, aquella en la que descartaba los grandes nombres para consagrar historias pequeñas, desde luego, Suleiman sería mi gran favorito. Esta pequeña película palestina, The time that remains, es un homenaje a su familia y a todas las familias palestinas que desde la ocupación de Israel (1948) ha supuesto una muerte en vida de todos los palestinos. Con un registro muy difícil de llevar al cine, un registro donde cabe el humor y la melancolia al mismo tiempo para cobijar así la enorme tristeza de un pueblo ocupado miserablemente.

Recuerda el acta de rendición de Palestina, Israel prometió firmo qué tipo de derechos cívicos y del ciudadano, respetaría. Pero no ha sido y la militarización del país, con intervenciones, toques de queda, registro de las viviendas y detenciones han hecho que durante medio siglo no haya ni música, ni color ni vida en Palestina.

Pero Suleiman no muestra su película desde el rencor, desde el deseo de la revelación... es mucho más definitivo, lo hace desde su experiencia, desde el silencio, desde la amargura que ha visto a lo largo de toda su vida en el rostro de su padre y de su madre, fallecida el año pasado.

Una biografía que desde el cine nos recuerda a la vieja tristeza humorística de Buster Keaton.

Lo han pasado muy mal los judios a través de la historia pero si supieran el tremendo daño, daño irreparable que han llevado a los palestinos quizá, desde ahí, podrían comenzar a caminar hacia lo que dice Obama que es su conflicto pendiente, el que tiene la llave de una esperanza para todo Oriente...

No sé, Suleiman está convencido de que eso es prácticamente un sueño que desde el cine se puede tratar con humor ácido, la realidad mandan y ahí los perros de la rabia (como muy bien han descrito algunosl cineastas de Israel) no saben nada de Buster Keaton.

Quizá el cuento más hermoso, cuando el cine realmente se convierte en el mundo de los sueños

Esta vez no voy a tener adjetivos suficientes para calificar The imaginarium of Doctor Parnassus de Terry Gilliam, la última piedra preciosa de uno de los grupos grandes de nuestra leyenda particular: Los Monty Python. Vuelve a ser la lucha del bien contra el mal, en el trasfondo de un carromato de titiriteros, ubicado en el Trafalgar Square de hoy día, en esa parte de atrás se accede a un mundo desbordante de imaginación y creación cinematográfica, escenarios y lugares en los que únicamente puedes transitar a través de la imaginación: volar por acantilados imposibles, habitar las profundas aguas del oceáno, ascender por escaleras hasta el infinito y regresar a la actualidad para enfrentarse a la realidad, responder a un maldito pacto con el diablo, llevar al infierno a mis hijos a cambio de la inmortalidad, una inmortalidad para poder vivir una fascinante historia de amor. ¿Se llevará el diablo a los hijos al cumplir los dieciseis años?, ¿podrán librarse del pacto?, ¿por qué los hijos deben responder de los errores de los padres?.

Heath Ledger, Christopher Plummer, Lily Cole, Tom Waits y Andrew Garfield a la cabeza de un reparto asombroso.

Gracias Terry Gilliam por hacer que a pesar de todo el cine sea un lugar para la fábula, para el cuento, para los sueños.

No compite, se proyecta en la sección oficial fuera de concurso, de no ser así el jurado tendría una verdadera quimera, porque el autor de Las aventuras del barón Munchausen y Los Hermanos Grimm ha clavado este imaginario mundo del Doctor Parnassus.

Javier Tolentino


Javier Tolentino es el director de 'El Sétpimo Vicio', el programa de cine de Radio 3. Es uno de los críticos cinematográficos más reconocidos de España y destaca por su compromiso y su capacidad de análisis.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios