Mambety forever
Son muchos los autores de cine africano que han conquistado el corazón de muchos de nosotros: Ousmane Sembene, Abderramán Sissako y muchos otros pero es la figura del senegalés Djibril Diop Mambéty quien un día que vi La petite vendeuse de soleil (1998) se quedó para siempre en mi corazón: una jovencita con limitacióin física para caminar al tener sus dos piernas inutilizables, ella vende periódicos en las calles de Dakar y se enfrenta cada día a mil problemas entre los que se encuentran las pandillas de la calle (dueños de la ciudad) las que la someten quizá a las situaciones de mayor riesgo. Pero no es únicamente la situación retratada por lo que amo este cine, es la ternura de su cámara, el señuelo de una cadencia en la narración, la verdad que emana su cine por todos sus poros... No, no es el cine de Mambety un cine africano de poblado y aldea, es un cine que guarda más relaciòn con el cine de Ciudade de deus, Estación central do Brasil o algunas películas filipinas de Aureas Solito que con cualquier otra referencia del cine de los colonizadores (de Francia, en este caso). Son historias narradas desde la poesía (la poesía de lo real), desde el color matizado de la pobreza y la luz de una verdad aplastante, definitiva.
Djibril Diop Mambéty falleció hace bien poquito, se fue sin mucho ruido pero dejando una estela de ternura y de buen cine. Nos dejó una reflexión que ahora quiero dejar en este pequeño blog:
"Para hacer cine hay que cerrar los ojos, cerrarlos, volver a cerrarlos hasta que duela la cabeza, hasta ver dentro de sí mismo en lo más oscuro miles de lucecitas que son los miles de personajes de la vida".
Mambèty, lógicamente no puede estar en este Festival de Cine Africano de Tarifa (qué esfuerzo el de esta gente por mostrar la cosecha del cine de África) pero ha venido su hijo, Teemor Diop Mambéty, poeta que nos ha dejado estos versos:
Como el viento, no se le puede atrapar.
Como el viento, es libre.
Como el viento, está de paso,
de visita para un baile en torbellino.
Y se va, dueño de su tiempo.
Sopla en el rostro de los niños
que ríen al sentirse llevados por el aire.
No cabe duda de que rugirá si los guardianes
rompen el vuelo de las cometas del infortunio.
Pero acariciará sus párpados
antes de abrirles los ojos a un sueño de luz,
fantasía danzarina en una tela blanca como una vela.
Romperá la oleada del oceáno de sollozos
y hará surgir la espuma de los sueños
que bordarán tiernas lágrimas de pasión.
En la tierra llueve una tormenta de verdades
sobre injusticias.
Riega los áridos surcos
del campos de las locas luchas de imperios.
El pueblo se embarca en un arca de salvación.
En la proa, Mambéty, sereno por fin,
contempla un horizonte largamente deseado,
zócalo de estrellas, refugio de amores verdaderos.
Teemor D. Mambéty
Está a punto de comenzar El séptimo vicio, en directo hoy y mañana desde una pequeña galería de arte de Tarifa (Galeria Silos, gracias por alojarnos) pero quería transmitiros quien nos ha inspirado a venir y encontrarnos con quienes hacen posible la realidad del cine africano de hoy.
Os dejo esta fotografía que mi buen que mi buen amigo David Garrido, director del festival inédito de Mérida, sacó esta mañana mientras emitíamos en directo El árbol de las palabras. Alberto Elena (auténtico pura sangre de las cinematografías del sur), Pedro Pimenta (director del festival mozambiqueño de Maputo y Mohamed Ghazala (profesor de bellas artes de la universidad de El Cairo). Fijaros en el logo tan lindo que está detrás y que las gentes de Tarifa nos han regalado.



