Quizá ya no es tiempo de silencio
En la última edición del Festival de Cines del Sur en Granada hubo aplausos muy rotundos hacía el director iraní Behnam Behzadi, en la noche del sábado y en el Patio de los Aljibes recibía no sólo la alhambra del plata por su película Before the burial, escuchaba los aplausos que iban dirigidos a su pueblo, a los ciudadanos iraníes que durante estos días se manifiestan por las calles de Teherán denunciando el proceso electoral, un simulacro o un insulto para perpetuarse en un poder que encarcela a su pueblo, que desde no sé qué dios, qué bandera o qué ideal masacra a los ciudadanos iraníes y convierte las calles de la ciudad en patíbulos populares, en pelotones de fusilamiento (pelotones, al parecer, invisibles). Desde El séptimo vicio enviamos un abrazo para muchos realizadores que han ido pasando por Radio 3 con sus películas. Los últimos han sido Hana Makhmalbaf, Firouseh Khosrovani y Bahman Ghobadi. Titulos como "Buda explotó de verguenza", "Primer corte" y "Nadie sabe nada de los gatos persas" construyen parte de la respuesta del pueblo a la tiranía, déspotas que como los dictadores de la historia responden de la misma manera: "Si hay un baño de sangre, los responsables serán los líderes de la protesta".
Desde el cine seguimos asistiendo al drama de la violencia, a quienes pretenden que un sólo disparo pueda ocupar el lugar de la palabra. No hay discurso posible desde la acción de matar, lo mostró Jaime Rosales en "Un tiro en la cabeza" y nos lo ha enseñado también el ganador de la alhambra de oro, el georgiano George Ovashvili con la biografía desesperada de un niño cruzando los territorios partidos por las armas y los bandidos. Y las imagenes de la televisión vuelven a mostrarnos en vísperas del verano el regreso de ETA (la palabra "regreso" es lógicamente un eufemismo) al oficio de matar y el hábito de llevar el dolor a toda la sociedad, a todo un país que intenta sobrevivir a la crisis y que sigue intentando construir una comunidad desde el dialogo, desde el discurso y desde la libre circulación de las ideas y de las opiniones. Qué pesadilla y qué tragedia esta de los bandidos y qué insulto a la inteligencia de un pueblo que sigan escuchando palabras viciadas por esta gente como aquello de "el derecho a decidir libremente el futuro de nuestro pueblo", a los que han caído bajo sus bombas o sus balas no les queda ninguna posibilidad de futuro. Decía Rosales que ya no hay palabras suficientes, que tan sólo el silencio es quizá el discurso posible contra la locura y la sinrazón de matar. Pero tal y como en Cannes mostraba Ghobadi "quizá ya no es tiempo de silencio" y lo saben muy bien el millar largo de músicos persas y músicos palestinos que están demostrando cómo un pueblo puede expresarse y quizá tomar la calle, al menos, en legítima defensa. Muchos muertos para nada, demasiados niños sin padre, demasiadas mujeres muertas por los iluminados de la historia. Algún día quizá todos estos bandidos respondan de sus actos, en Palestina, en Georgia, en Estambul y en Arrigorriaga.
Quizá no, quizá se vayan de rositas. A mi me daría igual que se fueran si no hubiera ni un sólo acto más y el cine posible fuera del amor y la belleza.
Acusan muchas veces a muchos cineastas y músicos de sus contenidos especialmente sociales y políticos, pero ¿cómo dar la espalda a la sociedad?, y uno se siente orgulloso -sí, exactamente esta es la palabra- del cine, un arte que como la música ha estado y sigue estando ahí, sin esconderse y sin mirar para otro lado. Quizá las nuevas narrativas prefieran los asesinos en serie u ocuparse más del estilo narrativo pero a nosotros hoy nos emociona este cine del sur que sabe comprometerse con su cultura y su pensamiento.




