No acaba uno de entender qué diablos hace aquí en sección oficial, a competición y disputando la palma de oro un telefilm de la talla de Fair Game, que dirigido por el norteamericano Doug Liman (Swingers, 1996; Go, 1999; The bourne identity, 2002 o Mr. & Mrs. Smith, 2005) más bien parece uno de los capítulos malos de El ala oeste de la casa blanca. Y no es que sea malo es que es peor, no tiene Hollywood suficiente con transmitir llueva, nieva o escampe los falsos valores de la gran democracia del imperio sino que siguen escarbando en el disco duro de este planeta para dejar constancia de la presumible irresponsabilidad "personal" de los miembros de su gobierno cuando ya el paso del tiempo ha desvelado sus cartas. Nunca sabremos la verdad de casi nada pero mucho menos de todos los intereses, maniobras y declinaciones de los aparatos del gobierno norteamericano en Oriente. Son responsables de las matanzas de medio mundo, de la destrucción de países como Afghanistán, Irak y están detrás de la desestabilización de países africanos como Sudáfrica, Angola, Mozambique, Sudán, Eritrea (y Guinea Ecuatorial que se ande con cuidado con la colección de intereses gringos en la zona) y etcétera, etcétera pero la industria cinematográfica lleva a medio mundo las lágrimas de Naomi Watts y la imagen progresista de Sean Penn para contarnos desde el dinero, la emoción, la teleserie y la gran familia unida norteamericana que las primeras víctimas de la CIA no son los palestinos, ni los miles y miles de niños iraquies muertos, ni las familias sacrificadas por Afghanistán no, las primeras víctimas de la CIA son los propios funcionarios y las familias norteamericanas que asisten cada noches a los incesantes watergates de turno. Es fuerte, muy fuerte que Cannes se pliegue a los grandes intereses de la industria norteamericana, vale que abran fuera de competición con Ridley Scott y que Tim Burton trabaje para Disney y sea presidente del jurado oficial, vale tantas y tantas cosas pero que la gran mentira estadounidense y el cine más comercial haya sido seleccionado y programado en la sección oficial sí que es un fair game. En todo caso, digamos que esta película nos muestra todo lo que sabíamos ya: que se hizo una guerra a Iraq, con todo lo que eso ha significado, que "las razones" de esa guerra nunca han sido probadas (las dichosas armas de destrucción masiva), que se ha ejecutado a un presidente del gobierno, que se ha abierto espacios para la tortura (maldita metáfora) en Cuba, que sus aviones han volado por paises democráticos europeos, que dieron un golpe de estado a la Organización de las Naciones Unidas y que los tres jinetes del apocalipsis andan por ahí viviendo y que un tipo de Togo, Nigeria o Ghana le envien a la cárcel por vender dvds piratas a la salida del metro es como para dimitir de todo este circo.


Sin embargo deberíamos fijarnos en algo importante, sabe esta gente construir y dibujar la gran mentira utilizando todas las instituciones que la democracia asegura que son del ciudadano, el ciudadano debería también animarse a utilizarlas para luchar por la verdad, para creer realmente que Europa y Occidente, gracias a sus medios podrían utilizarse en favor de los valores que presumiblemente dice defender y obligar al sistema a actuar, a defender el lenguaje, la cultura, la educacion, el periodismo y, ¿por qué no?, el acceso a la belleza para todos, no únicamente para los lindos personajes del cine de Woody Allen.
Bueno, que es verdad que Naomi Watts es linda, que Sean Penn tiene su credibilidad y que el cine norteamericano sabe como nadie rodar con helicópteros, trasladarse a Amman, El Cairo, California, París, Guantánamo... ¿y qué? si todo este cine que exporta es falso, es un juego de marcianitos que inexplicablemente (bueno, también ésto tiene su explicación) adquiere este festival de cine que qué lástima podría avanzar y profundizar en esa línea de mostrar cómo los directores de cine iraníes, iraquíes, senegaleses, portugueses, coreanos, filipinos, rusos lo ven de otra manera. Sería un festival de cine perfecto y logicamente, como sabeis por Billy Wilder, nadie es perfecto.
Por cierto, hace algún tiempo tuve la opción de asistir en París a una conferencia de prensa de Joe Wilson, el diplomático nortemericano que escribió un artículo probando que Estados Unidos estaba utilizando falsos argumentos para la invasión de Irak (Sean Penn en el telefilm) y esposo de la agente de la CIA, Valeria Plame (Naomi Watts) y ahí el señor Wilson dijo cosas que jamás he visto reproducidas en un medio de comunicación europeo pero sí las he leído en periódicos norteamericanos que se han significado en un trabajo profesional periodístico excelente, materia informativa además utilizada en su momento en la campaña de Obama centrada en aquello de "Presidente, usted miente". Pero bueno, esto es materia para otro tipo de crónica, no para una reseña sobre una torpe y nada inocente película norteamericana que compite aquí, en Cannes. Pero cree este cronista que no va a colar, ¿o sí?. No, j'espere.
Nota. La película está basada en las confesiones que Valerie Plame escribió sobre su vida como espía, según ella explicó, simplemente para demostrar como la central de inteligencia, mentía sobre ella, sobre su marido y sobre Irak. Total nada, como para no perder unas elecciones.