¿Dónde se quedó el Ken Loach de Agenda oculta?
A última hora, casi por sorpresa y en medio de un día denso y lleno de propuestas hemos visto Route Irish, el último trabajo de Ken Loach y Paul Laverty presentado casi por la puerta pequeña en la sección oficial y a competición en este festival de cine de Cannes. Hace un cameo la actriz española Najwa Ninri y está protagonizada por Mark Womack y Andrea Lowe. Y la historia, aunque me duela decirlo, me suena a mil veces vista sea en wester, tragedia o cine social: Un amigo de la infancia muere en extrañas circunstancia en la carretera maldita (Route Irish) que une el aeropuerto de Bagdad con la ciudad (dicen que es la carretera más peligrosa del mundo en esos momentos, 2007), y este amigo lleva la investigación y la venganza hasta la últimas consecuencias, él sólo contra el mundo y, por si faltara poco amigo Laverty, la esposa enamorada de los dos amigos y no desvelaremos el final para no fastidiar más de lo que me ha fastidiado la película.
Esperaba bastante más en un tema, la guerra de Irak del que muchos ciudadanos y aficionados al cine británicos y españoles deseábamos ver de Laverty y de Loach. Pero PINCHAZO, y a uno le duelen las tripas tener que apartar la emoción y las ideas que compartimos con Ken para reconocer que esta Route Irish no está a la altura de uno de los grandes del cine europeo, autor de una de las películas más importantes precisamente del género al que ha regresado, el cine de investigación, el cine de los bajos fondos de ejército, compañías de seguridad privada, complicidad del estado de derecho y, en definitiva, un cine con el que hace algunos años conocimos a este cineasta británico tan interesante como necesario (y mira que odio cinematográficamente este término). Pero no viejo amigo, lo primero es contar lo que vemos tal y como miramos, con la ilusión por ver siempre una buena película y, lamentablemente, ésta de Loach-Laverty es completamente fallida: el guión es tan inocente y tan manido que casi nos insulta, los actores británicos que siempre están a la altura de las circunstancias en este caso están todos excesivos, gritones y cada uno hace la guerra por su cuenta y si faltara poco el cameo de Paul con el fútbol comienza ya a ser un impuesto o firma del guionista que no hace ninguna gracia, sobre todo, metido con calzador en una película de los servicios secretos.
No deberían haber metido esta película de Ken Loach a última hora, quizá la buena decisión era la que inicialmente se había tomado y es que la película no gustaba a Cannes pero en ese un darle la vuelta, sobre todo por lo que significa Ken Loach, se volvió a recuperar y todos hemos perdido: Ken Loach y Paul Laverty porque va a ser juzgada severamente ya que se trata de una película a competición en la madre de todos los festivales, Cannes porque saben que no siempre funciona los autores recuperados en segunda vuelta y a todos porque hemos perdido el tiempo, precisamente un día que no podíamos (Carlos de Olivier Assayas dura exactamente 5 horas y 33 minutos y Poetry de Lee Chang-dong 2 horas y 19 minutos). No sé qué dirán en rueda de prensa la pareja que nos ha deparado el mejor cine social europeo de los últimos años, es posible que los periodistas esta vez sean indulgentes (no lo creo) y en todo caso lo que ya hemos dicho en otros momentos, una película es una película y aunque torpe, errada y fallida es una película, la obra y la filmografía de Ken Loach es muy grande, tan grande como que un grano no hace granero pero nosotros debemos señalarlo.
Había muchas dudas con la primera película en solitario de Alejandro González Iñárritu, Biutiful. Después del primer pase en Cannes -proyección siempre de alto riesgo porque se exhibe en presencia de toda la prensa y la crítica internacional acreditada- hay que decir que el director mexicano, su cine, no está prisionero de su colega anterior, el guionista y también realizador Guillermo Arriaga, que ha elaborado Iñárritu una historia perra, dura, inapelable y quizá relacionada con las narrativas del momento, con las escrituras cinematográficas de hoy. Contiene Biutiful un fascinante guión, puntilloso, detallista, preciso, abierto pero sobre todo apunta -ya sin las ambiguedades de Babel- a la derrota del sistema actual, un sistema que esconde en los bajos fondos de todas las ciudades del mundo las miserias, las injusticias, el abandono y la muerte. Pero Iñárritu no propone reflexiones, ni estudios de investigación, ni tampoco análisis políticos, Iñárritu muestra la carcoma, los gusanos, los chinches y el deterioro de una sociedad que tal y como ha declarado en la rueda de prensa (transmitida a través de twitter-tve) el personaje de Javier Bardem está enfermo, podrido, fiel reflejo de nuestros mundo de hoy, todos parecen ver y decir que vamos hacia el abismo pero nadie hace nada por evitarlo, nadie quiere morir pero vamos hacia la muerte. 


