Es éste el último adiós a Manuel Alexandre, quizá, tal y como diría Maurizio Scaparro, El último pulcinella de esta comedia del arte. Su muerte me pilló entre volcanes, construyendo y dibujando una metáfora en una de las más bellas islas del Atlántico, dialogando con la flor y nata del periodismo canario, representantes del ejercicio de una profesión en la pequeña ciudad: transmiten y cruzan la calle, hablan y entran en directo cuando la isla arde en llamas, cuando se marca y se masca la tragedia. Construyen la imagen de este lugar a partir de una y cada una de sus crónicas y desde un saber periodístico. Me apasiona el ejercicio del periodismo local, siempre quise ser un cronista de mi ciudad, apagar el último la luz de la redacción, quedarme dormido entre recortes de prensa con el lejano blues de la música del último bar.
Una periodista del magnífico diario Canarias 7 pregunta:

- ¿Cree usted que Manuel Alexandre era un actor secundario?
Sí, como todos, todos somos actores secundarios, últimos gatos de un viejo continente donde la cultura apenas cuenta, ni siquiera la comedia del arte o la nouvelle vague se defienden en París, donde a igual que Roma prestan mayor atención al mercado, a la crisis, a los créditos y a las marcas, parques temáticos del espectáculo del consumo. Como diría Maurizio Scaparro, últimos pulcinellas en las barricadas de la periferia.
Fallece Don Manuel Alexandre –nada de Manolito, ese tratamiento quizá para su familia o para sus amigos directos- , el mejor de los actores de reparto (secundario siempre será peyorativo) y yo quiero recordarle –con perdón- en una película de Garci, El Abuelo, junto a su amigo Don Fernando Fernán Gómez, vaya dos: Don Fernando y don Manuel caminando hacía la muerte, hacía el abismo, hacia ese mar de la nada:
- Yo me quiero ir, nada tengo que ver con estos tiempos donde se hace el amor por teléfono, los amigos miran la agenda y el sexo, escúcheme, es virtual. Na, esto ya no es para mi.
El sombrero dibuja la muerte y Don Manuel transmite el frío que embarga la razón: ¡Qué calor transmite la fe, los evangelios y la iglesia! ¡Y maldita sea qué solos nos deja la verdad!, ¡Qué frío siento ante la estela del dogma!
Fue en Lanzarote donde supe que Alexandre se había ido, estábamos dibujando la pequeña metáfora, el difícil y piccolo proyecto inspirado en Wim Wenders, en Juliette Binoche, en Byambasuren Baa, en Corneliu Poromboiu, en Maurizio Scaparro, en una Cueva de los Verdes empapada de afición por el cine, en un lugar donde la ilusión se asomó muchas veces y se evaporó en otras, como el agua de sus volcanes, quizá pase lo mismo ahora, quizá se convierta en un poco de agua sobre la tierra caliente de Timanfaya.
- ¿No va a escribir nada sobre Alexandre?, preguntan desde un buen diario, La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria.
El mejor de los actores secundarios, qué país este de España que siempre deja sin premio y sin plata a los mejores. A Alexandre le dieron, es cierto, el premio honorífico de la academia del cine, pero le dejaron sin Goya al mejor actor y sin Goya al mejor actor secundario, éste le hubiera llenado de satisfacción. Sí, tuvo la corrección que siempre significa un premio honorífico y ahí, en ese tiempo nos vimos, fue un par de día antes, en El séptimo vicio, en Radio 3, y apenas habló Manuel Alexandre sobre él, platicó sobre Berlanga, sobre Forqué, sobre Fernando Fernán Gómez…. Los cómicos, siempre levantaron la sospecha y la desconfianza entre las gentes de la política y de la banca.
“Yo no sé –dijo Alexandre- pero a mi los bancos nunca me prestaron nada, nunca se fiaron de mi, de que luego se lo pudiera devolver”.
Ha pasado casi una semana desde la muerte de Manuel Alexandre, llegamos los últimos a su despedida, cruzamos por el Café Gijón, tomamos un vino, pedimos disculpas a los habitantes del blog por nuestro retraso, respondemos a Mass Cultura, a los amigos de Lancelot y de Canal 9, hay un periodismo grande, pequeño y local fascinante que hacen en esta isla y aquí, entre estas paredes del Castillo de San José, entre Mompó, Tapies, Sicilia, Millares, Dámaso, Chirino y tanta belleza y cultura que transmite el Atlántico entiendo y me siento bien con estos magníficos periodistas que desde la periferia, con vocación de distancia y con querencia por todo este movimiento saben del valor de las pequeñas cosas, de lo que permanece en el tiempo, de la fragilidad de un éxito de un actor de reparto, de que Europa también se defiende en sus límites. Y ya es mediodía y el sol difumina de plata unas aguas que saben de Lobos, de Allegranza y de La Graciosa, desde Mass Cultura una pregunta que se clava muy dentro
- ¿Por qué aquí?
¿Por qué aquí? Porque hay agua, Marco. Porque hubo un tiempo en el que parecían mejores tiempos por la cultura, porque quizá desde las entrañas de este volcán podemos responder tal y como hace Abbas Kiarostami en una película que quizá se vea en la cueva, Copia Certificada, (2010, Francia, Italia, Irán) la relación entre el modelo y la copia, entre la naturaleza y la obra se construya una historia amorosa tan difícil como la construcción del arte y de la cultura en estos momentos de mercado y de crisis. Que nos sirva la metáfora de Manuel Alexandre: pequeño, tierno, dulce y que supo derramar sus lágrimas ante la emoción, sin prejuicio alguno, sin cobardías de diseños, con la fuerza que tiene los hombres, cuando se convierten en dioses.