Me sentí bien el otro día, día frío donde los hubiere. Había desayunado genial pero mira por donde aquella tabernita de pescados, entre el sol de mediodía y la prensa reciencita me hizo abandonar la red, el iphone y todos los deberes que suelen ponerme gente que me quiere bien como Agustín y David y me senté alejado del Twitter, del Facebook y de mi muy querido blog de El séptimo vicio. Pedí, ¡madre mía!, un medio bocata de pescadito fresco (el otro medio fue para Ivonetta) y leyendo con la calma de mis días de revés festivo, se deslizaba la mañana entre la pereza y el sabor de las cerezas. Sobre la bien pintadita de azul, mesita del puerto. Repasé a Agustín Espinosa, un poquillo. Me enteré después que el muy sabio de Sean Penn cenaba y desayunaba con Scarlette Johansonn (en una playita del Cabo de San Lucas, allá por México, a buen gusto ni Bardem ni Banderas le ganan a estos dos). Volví a enfrascarme en las revueltas del Magreb, een ese hermoso y simbólico cuento de Mohamed Buaziz y su carrito de frutas, en la escasez de cine libio y en la ausencia del cine del norte de África en Fespaco 2011, en Burkina Fasso. Comencé a dibujar la pauta para El séptimovicio de este fin de semana, hablo con María de Medeiros para que haga un huequecito en su agenda madrileña y le enseñe esta tabernita caída del sielo gaditano en la Cava Baja. Salgo del puerto y comienzo a sentirme fatal, ¿serán los pescaítos a esta hora de la mañana?. ¿Será esa gripe que el último fin de semana apenas dejó asomarme a los micófonos de Radio 3?. Dejo el coche, aparco malamente y ahí, entre los árboles y entre los arbustos, me da por vomitar (disculpen, pero esto tienen la privacidad y la intimidad de la red). "La cara -me dice Ivonetta- se te ha puesto más blanca que la pantalla cuando no hay películas" y escucho a una señora que estaba enfrente, sentada en un banco con marido y con perrita:
- Vámonos, aparta Juan, mira un drogadicto.
- ¡Señora qué drogadicto ni qué gaitas -le espeta con contundencia Ivonneta- ¿podía preguntar si necesitamos ayuda?-.
Medio mareado, acierto a conducir hasta un centro médico, área de urgencias, mi abrazo y mi agradecimiento siempre a mi profesión favorita: siempre quise estudiar medicina y cuidar y curar, pero...... Empiezo a saber lo que me ocurre, al parecer mi cuerpo calcula por su cuenta y no elimina suficientemente bien no sé qué y elabora piedras que al intentar salir va destrozando todo lo que pilla a su paso, algo así como un elefante en una cacharrería, haciéndome polvo y produciendo un dolor tan intenso que cuando se pasa es infinitamente mejor que cualquier otro placer que pudiera uno pensar. Me entenderá muy bien Miguel Marías que las sufre casi a diario o Luís Ángel Bellaba que recuerda que después de una experiencia de este tipo dice saber lo que es el dolor.
Gracias al área de urgencias: suero, una mantita y buscapina en vena. Tres días pensando que puede volver me asusta. Me llama Millán de Radio 3: "Javier, que sustituimos El séptimo vicio por espacios grabados y así descansas unos días". "Sí, hombre. Millán: llevamos varios días sin facebook, sin blog, sin mundo exterior.... Además, buscapina intravenosa es lo mejor que me ha pasado".
Me meto en el cine, recuerdo a Brillante Mendoza, odio con toda mi fuerza una película española que ni siquiera quiero acordarme del nombre ruso o del titulo... Y pongo la banda sonora, los boleros y la música de Cole Porter. La enfermera de urgencias resulta ser de Rumania, me cuidó muy bien (hablamos de cine rumano, le gusta Mungiu y menos Cornelio Poromboio) y adoro a los médicos jóvenes que se apartan de la neurociencia y se acercan al paciente, hablan, saben, les importamos, tranquilizan, calman y me dice:
"¿Es tan buena Cisne negro?, hoy estoy de guardia pero mañana pienso hacerme un doblete: Natalie Portman y quería ver Chico y Rita, ¿qué me dices?".
¿Qué te digo?, que eres un Dios, colega. Que sacaste el elefante de mi tienda, que lo hiciste sin burocracia, con rapidez, que los papeles los pidieron luego, que es cierto que hay buena gente en los centros de salud, que antepusiste el cuidado a la burocracia, que no fui tratado como cliente en ningún momento, fui un paciente en vuestras manos, que me dejé llevar y me siento en la calma que me ha proporcionado gente muy buena de nuestros centros públicos sanitarios.
Gracias, de corazón.
Es importante saber que hay demasiadas cosas que se nos escapan a nuestro control: una película que no descubriste, un autor que un oyente te recuerda que existe, un compañero que te muestra un camino distinto y un cuerpo que piensa y calcula por su cuenta.
En el fondo, una vida que quizá no sepas que ella tiene sus propios planes que no te dice o si te dice, no interpretas.