La fascinación por los muertos u O Estranho caso de Angélica
Son muchos los que olvidan que Luís Miñarro, escritor, editor, productor y realizador cuenta en su despacho con una palma de oro en Cannes, ahora que todo el mundo dice que el cine español sólo cuenta con una palma de oro (y compartida) de Luis Buñuel pues no está demás recordar que el productor catalán produjo la película de Apichatpong Weerasethakul, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas y que consiguiera la palma de oro en la edición de Cannes de 2010. Una sorpresa directa que de haber contado con un jurado como el de 2011 pues no hubiera sido posible, ya que la película de Apichatpong es de una intensa, dulce, tierna y bellísima narración en la que se ven a los muertos participar de cenas y almuerzos desde la tranquilidad zen de un mundo lejano y muy distinto al normalizado y globalizado del mundito occidental.
Bien, pues de quien quería hoy llamar la atención es de uno de los realizadores de mayor edad de nuestro viejecito continente, el portugués Manoel de Oliveira que a través de una actriz durmiente española, Pilar López de Ayala construye un hermoso misterio, El extraño caso de Angélica, una obsesión amorosa de Oliveira que para vomitar esa obsesión embalsama el cuerpo de la actriz para inmortalizar el deseo infinito, l' amour fou o el retrato de la mujer muerta que garantiza no responder a la fantasía desmedida y obsesiva del autor. Una idealización amorosa en la que no se necesita la respuesta activa y participativa del otro (en este caso, de la otra).
Será difícil para el buen aficionado encontrar esta película si vive más allá de Madrid o Barcelona, más fácil le será encontrar este trabajo en la red (en páginas de pago, obviamente) y de hallarla tomen su tiempo para degustarla con calma, la película así lo demanda o lo exige.
Este último trabajo de Oliveira (por ahora) podría haber inaugurado el extraordinario Festival de Cine Fantástico de Sitges, por los efectos alucinógenos de la levitación de Angélica (extraordinario Oliveira), por el llamamiento a los ángeles como seres inventados por los cristianos o un llamamiento al auxilio del desamparo (no fue baladí que en vísperas de viajar a Cannes, Oliveira fuera bendecido por El Papa), pero sobre todo los recursos fantasiosos de una obediencia imposible hacía un amor enfermo, imposible y obsesivo. ¡Cómo son los hombres con su idealización de la mujer muerta como éxtasis de un amor que vaya más allá de las puertas de lo efímero!. Como si al final (casi al final) el maestro Oliveira hubiera perdido el pudor.
Increible y fascinante el baile de los amantes en pleno vuelo por la habitación, en un homenaje a la historia del arte que podría ir de Chagall a Miró y de los surrealistas a los alemanes del expresionismo berlinés.
Maldito Oliveira, qué pacto habrá hecho con el Papa Negro para suscribir prórrogas continuas de un viaje que de seguir con estos retrasos los aficionados al cine podrán ir completando la colección de las obras de arte del portugués. (Belle toujours, Singularidades de una chica rubia...)



