5 posts de noviembre 2011

A Violeta Parra no le dejaron asomarse a La Concha

 

Francisco gavilan

No, en serio que no hay afán provocador  en el título de este post pero, maldita sea, acabo de ver una bellísima película de uno de los grandes directores de cine de Chile, Andrés Wood y me cuentan que su película, Violeta Parra se fue a los cielos (2011),  pudo estar en sección oficial de la última edición y que como quisieron relegarla a una sección menos visible (que no inferior, ni menor por supuesto) se lo pensaron y le dijeron a Rebordinos y compañía que muchas gracias pero que no. Andrés Wood es director de algunas películas que han creado estilo entre la nueva generación de realizadores de América Latina (La fiebre del loco, 2001, Machuca, 2004, La buena vida, 2008 y otras como El Desquite, 1998 e Historias del fútbol, 1994). Andrés Wood ha hecho una de las mejores películas del año con su mirada honda y rebelde, traviesa y endiabladamente honrada a la figura de una Violeta Parra inmortal, una Violeta Parra que la acusaron de roja y comunista y era música, antropóloga, folclorista, indígena y amadora, pintora y cantante, rebelde y traviesa, inteligente, directa, locuaz y una mujer extraordinaria. Una Violeta Parra que sigue siendo convocada por los estudiantes de hoy de Santiago de Chile que salen a la calle con su imagen y con su música. Andrés Wood no hace un biopic, ni siquiera frecuenta su biografía y ni siquiera se escucha una sola canción en su voz. Andrés hace cine, bucea en el alma de Violeta y consigue en la desconocida actriz chilena  Francisca Gavilán la Violeta Parra para la gran pantalla.

 

Violeta P
 

Enhorabuena Andrés Wood, y si San Sebastián no quiso que El Kursal temblase con la figura de Violeta Parra es su opción, pero se equivocaron a la vista de una sección oficial que sin Lacuesta y Kore-eda le hubiera faltado el corazón de esta chilena que cuando su hija le dijo que le gustaría cortarse las venas ella le dijo: "Eso no se anuncia, eso se hace".

Me dicen que las siguientes películas no encuentran distribución en España: Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán, Violeta Parra se fue a los cielos de Andrés Wood, Lucía del chileno Niles Atallah, Los colores de la montaña del colombiano Carlos César Arbeláez y , sin embargo, sí hay espacio para un cine basura como, bueno mejor no diré títulos que todos tenemos en la memora de una estúpida cartelera celebrada por un periodismo facilón líneal y al que le llenan los cajones de material. No hay sitio para nuestra cultura, para el buen cine realizado en España, México, Chile, Brasil, Argentina, Colombia.... y luego dirán que hay muchos festivales, menos mal, gracias a ellos hemos podido ver una de las más hermosas películas de Colombia, Los colores de la montaña, uno de las más bellos documentales, Nostalgia de la luz o Lucía, superpremiada en Toulouse, Sundance... Pero es igual, la distribución y exhibición española intenta flotar en tiempos difíciles para la lírica indie. Eso sí, todas las grandes de Estados Unidos quieren la tajada del público español y ya tienen el mantel preparadísimo para aterrizar en la península ibérica e insular también. Saben que aquí hay pasión por el cine, ellos, dueños del 80 por ciento de nuestro espacio exhibidor cinematográfico dictan también qué vemos.

Lástima, San Sebastián no quiso a Violeta Parra y a la vista de lo que nos enseñaron hubiera sido una gota fresca, nueva, profunda y.... vigente.

Segovia, la mejor cita con el cine europeo del viejo continente

 

Elena, director

 

Pueden estar contentos los buenos aficionados al cine, la semana que viene se cerrará la sexta edición de la Muestra de Cine Europeo con un balance del que uno se siente radicalmente sorprendido: 140 películas de producción europea y una sección oficial con 37 películas y con las obras de autores de la talla de Lars von Triers, Ken Loach, Cristi Puiu, Aki Kaurismaki, Los Hermanos Dardenne, Nuri Bilge Ceylán, Andrei Zvyyagintsev, Alberto Morais, Catalin Mitulescu, Raoúl Ruiz, Robert Guédiguian, Paddy Considine, Béla Tarr, Argyris Papadimitropoulos, Nadine Labaki y jovenes realizadores como Valérie Massadian y Olga Subbotina cuya película Sobre el amor ha encantado a la afición de esta bellísima ciudad castellana. Más allá de la sección oficial algunos hemos podido saborear joyas del cine ruso como la trilogía íntegra de El  Don apacible de Sergei Gerasimov (más de seis horas de proyección), El barbero de Siberia de Nikita Mihalkov y la impagable Andrei Rublev (I y II parte) de Andrei Tarkovski. Y hemos podido degustar de dos joyitas del maestro Andrei Konchalovski, Casa de locos (2002) y Cascanueces (2011) que se estrenará comercialmente en España en las navidades de 2011.

 

Guediguiane

 

Llevamos una semana como secuestrados por los buenos oyentes de Radio 3 que hay en Segovia y nos gustaria reproducir muchas de sus opiniones sobre la radio en general y sobre Radio 3 en particular pero eso queda a beneficio de conversaciones privadas por cafés, pequeños restaurantes, plazuelas, rincones y callejuelas que construyen la arquitectura sostenible de una ciudad muy habitable (Muy recomendable El Divino, donde es crucial cobijarse en las frías noches segovianas). Bien, pero no quisiera dejar pasar por alto del modelo que transmite esta muestra dirigida por una gran persona y por todo un personaje de este mundillo cinéfilo y cinematográfico, Eliseo De Pablos: Segovia programa desde el buen gusto cinematográfico y desde el síndrome de ese alquimista o amanuense que está enamorado con su trabajo, no hay premios, ni jurados, ni alfombras rojas o azules y tampoco actores o actrices que venga a pasearse sin motivo aparente y festivalero. No. Lo primero que no es esta muestra internacional y segoviana es competitiva, no hay acueducto de oro o milonga de plata. Hay películas, buen cine europeo no oficial ni oficialista ni académico. Se muestra el mejor cine europeo de autor del año, se intenta apostar por los nuevos autores y se está logrando que la gente llene los cines y salas de Segovia con este cine de autor, que es el nuestro y el que defiende nuestra cultura. Chapeau para Eliseo y enhorabuena a quien defiende este modelo porque es el nuestro: marathon de cine europeo, de calidad y con autores que están consagrándose en Rotterdam, Locarno, Venecia, Oporto....

No hacen falta premios ni jurados, el modelo austero de Segovia es el que nos permite dar prioridad al cine y a sus autores y no a las fiestas, galas y festejos que suele ser la parte de mercado y cara de cualquier festival. Segovias nos ha permitido sentir el hechizo del cine con El Cascanueces, el cine de aventuras, de calidad, un cine de autor en 3 D. Nos ha permitido atender la construcción de la madre del autor ruso Andrei Zvyagintsev, el autor que con El Regreso denunciaba la figura de ese padre que vuelve al lugar del crimen (una metáfora fascinante de la propia Rusia) y que con Elena (2011) muestra a la madre, una madre rusa que en su proteccionismo dejará que su camino se llene de cadáveres. Ha mostrado a Rusia en manos de los nuevos amos del dinero, Sobre el amor (2011) y si algo le faltaba nos dejará hoy y mañana la posibilidad de ver la última obra de uno de los grandes del cine popular francés, Robert Guèdiguiane, Nieves del Kilinmajaro. Pero hay más, está Érase una vez en Anatolia (2011) del gran autor turco Nuri Bilge Ceylan, un profundo estudio sobre la conducta humana en las estepas de Anatolia y hay más, muchos más títulos y de enorme calidad: Kandahar, una visión del infierno talibán pero vista desde Rusia que es bastante diferente, La hija del enterrador (Estonia), una magnífica mirada al oficio del cementerio, pero desde los ojos de una niña que nada sabe del último viaje.

Es todo, estuvimos atentos a Segovia y gracias también a todos los voluntarios que repartidos por los diferentes espacios cinematográficos como La Cárcel, la Escuela de Magisterio, el Palacio de Mansilla, la Sala de Proyecciones de Caja Segovia, el IES Andrés Laguna y los multicines de Artesiete o Cine Box nos han facilitado la tarea, que no era otra que ver cine, de sala en sala.

Desde El séptimo vicio es muy de agradecer

 

Kate Winslet vomita sobre un Kokoschka

 

 Kate-un-dios-salvaje-port

Digan lo que quieran, Un Dios salvaje es una película menor de quien es quizá el director de cine más importante de estos nuestros brutales tiempos. Roman Polanski se apoya -y nunca mejor dicho- en un texto y en una obra de Yasmina Reza con el mismo título y con la misma mala baba, no es casual ni de encargo que Polanski haya solicitado la colaboración de Yasmina Reza en el guión, ello le ha permitido vivir esta película casi desde la ausencia. Dos matrimonios se reunen en casa de uno de ellos porque sus respectivos hijos han peleado en la calle, algo que desde que el mundo es mundo y en él hay niños, sucede. Esa reunión acabará convirtiéndose en una radiografía de la gilipollez actual: del uso y abuso del móvil que ya no respeta intimidades, espacios públicos o encuentros privados, parece que a  las posibilidades de este carísimo artilugio todo le es permitido porque en el fondo representa o le dejan que represente un posición social y burguesa. La educación y la cultura no garantiza  unos padres que  -aunque entiendan algo de Kandinsky- sepan de cómo y de qué hacen sus hijos con sus vidas. El debate entre los cuatro miembros de las dos familias es auténticamente genial, mordaz, severo, inteligente: Joddie Foster responde a una esposa que navega entre la estupida solidaridad global y la música new way, Kate Winslet intenta construir el papel de una mujer que dice preocuparse deliciosamente por sus hijos, John C. Reilly y Christoph Waltz muestran las mejores habilidades de toda esta historia, con una exhibición de registros que, parece mentira, pero vuelan muchísimo más alto que sus compañeras de reparto. Waltz parece decirle al espectador que puede importarle más un gesto de una comedia que todo el universo dramático a las ordenes de Quentin Tarantino, es brutal la calidad intepretativa de este actor y Reilly sabe darle réplica a todo el mundo: al estúpido engreido ejecutivo -otrora nazi clave de Malditos bastardos-  que representa el cinismo y el rostro de la perversión en que ha convertido el sistema económico a un ser humano aparentemente normal, a su propia esposa interpretada por Jodie Foster por defender una correcta educación que salta en mil pedazos a poco que le toques sus propiedades -incluida en ellas, su hijo- y a una Kate Winslet fina y elegante que es capaz de vomitar sobre el arte moderno, sobre la mascarada estética del sistema burgués.

Simplemente espectacular, brutal y pequeña en su formato de teatro filmado, rodada en París salvo la escena inicial Roman Polanski devuelve al sistema burgués norteamericano el cinismo, una vez más, de su farisea acusación. Y lo hace sin despeinarse, sin un guión propio, lo que la hace más severa y más radical aún.

Melancólico apocalipsis

 

Apocalipsis melancolia

Maldito sea mil veces este director danés, Lars Von Triers que pudiendo ser un sabio con influencias es un sabio cretino e incorrecto. Pareciera estúpido, engreido y, sin embargo, ¡ay sin embargo el cine que se fija quizás en cualquiera para entregarle los secretos de esta escritura! Sin embargo rueda como los propios dioses si éstos supieran concebir planos y secuencias como ese arranque en blanco y negro de Anticristo, que te deja colgado de la belleza trágica. Lars von Triers que recordó al nazismo y a su caudillo (no tengo ni puñetera idea de porqué hizo eso) ha creado una gran película, una hermosa película, un cine que recuerda o que muestra los diez mil petalos de la belleza romántica: por la intensidad y la serenidad de cada plano, por la madurez a la hora de construir el caos, la ruptura, la catástrofe, la destrucción.

Muchos han sido los autores que han entrado de lleno en el  apocalipsis y muy pocos los que han entrado para inmortalizarlo. Probablemente el día que llegue no sea para nada como poetas, pintores, músicos y cineastas han creado pero, desde luego, el imaginado por Lars von Trier destila conocimiento, tradición y pensamiento. Hay quienes citan a Brüeghel, a Sartre, a Freud, a Dürer y probablemente todos tengan razón, ya lo dijo y lo expuso Abbas Kiarostami, no hay ya sitio para la creación, o, al menos en el viejo sentido o definición de creación, todo es plagio y evolución. o quizá una creación desde la memoria, desde el reconocimiento. Y esto es lo que hace Lars von Trier en Melancolia: una apuesta por lo simbólico en vez de por lo real. Y esto dice tanto de este cineasta danés que quizá ya se aburrió del manual o de los códigos del movimiento que él mismo creara y ahora su rebeldía y su ajuste de cuentas es con un mundo de hoy en el que definitivamente el duelo a muerte entre lo práctico y el ideal nos lleva directamente a la destrucción. Los egoistas del imperio, aquellos que fabrican el consumo no están dispuestos a ceder ni un sólo ápice de sus aspiraciones y los grandes idealistas ya vemos que están sucumbiendo: quizá su referencia en Cannes a Hitler no fue otra cosa que la broma destructiva del autor de Dogville. Un censurar lo políticamente correcto.

Creó Melancolía para Penélope Cruz y como una metáfora de la propia historia que cuenta, ella, la actriz española apostó por Piratas del Caribe II y ahora yo no puedo imaginarme Melancolía sin la tristeza bellísima de Kirsten Dunst, una Justine que crea una burbuja de melancolía porque no puede seguir tragando con un sistema prefabricado, digital, absurdo y, sobre todo, idiota. Justine tiene la certeza de Gertrud y Gertrud no tuvo la certeza de lo imposible de Justine. Me gusta el duo de la dos mujeres: Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, Justine y Clara, el sueño y el ideal contra el materialismo y la vergonzante riqueza. Inteligente Lars von Trier que construye y con mucho la mejor película del año: va más allá que El árbol de la vida, no se queda en la denuncia social de los Hermanos Dardenne o la espantá de Nani Moretti y no tiene la sutil esperanza amorosa de Pedro Almodóvar. Es mejor que Haneke, porque ya ni siquiere es útil la denuncia. Melancolía es la certeza del vacio, de la nada y convoca a la destrucción en lo que para Lars von Trier sería un acto de justicia universal o astral: El choque entre una estrella y un planeta -la destrucción cósmica- es el resultado de la cerrazón de un ser humano que lo ha querido todo para nada: dominó la tierra, esquilmó y mutiló a las bestias, masacró a sus semejantes, pulverizó oceános, selvas y bosques e inventó holocaustos para concentrar mayor poder. Ya no hay tiempo, dice Lars von Trier, los humanos somos culpables de nuestra propia destrucción. Sólo es cuestión ya del calendario, de cuándo sucederá (curiosamente hace unos días pasó un asteroide rozando el planeta Tierra).

La certeza de esta visión romántica es propia de los melancólicos, de los góticos, de quienes como Goethe, Byron o el mismo Wagner no tienen o no tuvieron ninguna fé en el ser humano. A mi me recuerda a Tarkovski (Sacrificio), a Bergman (El manantial de la doncella, donde son los propios padres los que empujan a la hija al sacrificio) e incluso al Polanski más posmoderno (la escasa confianza en la política de El Escritor, preliminares casi de un cada vez más necesario 15 M).

Pero la inteligencia de Lars von Trier es trasladar la aspereza del contenido directo por el pensamiento y la aparente belleza de la melancolía, esa ópera de Tristán e Isolda sonando durante toda la película, esa oscuridad recordando a la bilis negra tal y como era conocida esta enfermedad suicida y letal.

La bella Justine es Ofelia también, en una cita barroca de certificar una vez más lo imposible del ideal. No desvelaremos lógicamente el final pero ahí también habrá que recordar que además de los símbolos a Lars von Trier le decepciona lo predecible, le fastidia la obviedad y huye de una trascendencia directa y real: la belleza sí, pero desde el talento y la escritura poetica, no desde el afán cursi de la notoriedad. Irse, pero despacito, sin que noten nuestra ausencia.

Hay hermosos duelos intelectuales en la película: entre la belleza y la melancolía. Entre la trascendencia y la evidencia, entre lo real y lo simbólico, entre el mercado y la creación, entre obra y plagio y muchos más: la verdad y la huida, la enfermedad y la cura, entre sociedad y aislamiento, entre el ocaso y el amanecer, deseo e ideal amoroso, perversión y libertad....

Creo que ahora está preparando I am a Nymphomaniac, una salida desde la pornografía, una diversión que será una bofetada más de un incorregible y genial Lars von Trier, aunque a veces se le vaya un poquillo la cabesita.

 

(La banda norteamericana Smashing Pumkinks editó un disco titulado Mellon collie and the
infinite sadness” (“Melancolía y la tristeza infinita)

El elogio de Naomi Kawase por Frida Kahlo

 

Coyoacan

 

Va a ser muy difícil que uno pueda olvidar las palabras que la directora japonesa Naomi Kawase depositó sobre el Auditorio de La Cineteca de México. Es Naomi Kawase una mujer con una cierta apariencia de fragilidad que anduvo buscando a sus padres durante muchos, muchos años. Dijo que ese proceso se terminó cuando escuchó en labios de su progenitor su nombre. Parte de su cine lo ha dedicado a ese proceso de invaestigación, películas como El helado de papá (1988), Cielo, viento, fuego, agua, tierra (2001), Suzaku (1997), Hotaru (2000-2009), Shara (2003), Nacimiento (2003), El bosque de luto (2007) e incluso la madre del cordero o el motor de 16 válvulas de su última película, Hanezu (2011). Van a perdonar -o eso quisiera- que muchos seguidores de este blog pudieran disculpar las ausencias de este cronista en algunos momentos de esta web site, en este caso y en este viaje a las entrañas de uno de los países más profundos y hondos, México, el ordenador se nos hizo trizas en el trayecto y la conectividad con la telefonía nos parecía excesivamente cara. El resultado han sido ocho días de silencio o de ausencia y lo peor quizá ha sido el no poderles transmitir día a día la fantasía y el placer de una caótica ciudad de México que durante estos días se vuelca en convocatorias a la muerte. ¡Qué mundo, mira que le cuesta entender la pirueta y el guiño mexicano a la dama de la guadaña! México no se ríe de la muerte, sino que convoca desde su ficción a los muertos, en un banquete que sirve para interrogarse sobre el más allá. 

Regresemos a Naomi Kawase, decíamos que será difícil que olvidemos sus palabras, en una Cineteca mexicana excelente por su programación, como excelente en la marca de sus objetivos. 

 

Kawase

Dijo la autora de "El bosque de luto" que hasta los dieciocho años no se fijó en el cine, que hasta ese momento sólo tuvo ojos para el baloncesto, actividad que la tuvo no entretenida, obsesionada. Que se levantaba muy temprano para practicar y que era de noche cuando regresaba de los entrenamientos. Hasta que un día se percató del cronómetro, del inexorable paso del tiempo... Una tarde, con la voz de su entrenador en la nuca decidió dejarlo. Atrás se quedaron sus compañeras,la pista y la competición. Las lágrimas llenaban su rostro, abandonaba una actividad que incluso le había llevado a representar a su país; pero, no había marcha atrás. Abandonaba el mundo de la canasta para buscar algo donde pudiera detener el tiempo.

Pensé -continuaba Kawase en su encuentro con la afición mexicana- hacer puentes, establecer la comunicacion entre gentes de un lado y del otro. Sin embargo a pesar de dedicarme muchos días a dibujar, fui notando que no, que no era gran cosa lo que yo podría ahí aportar. Y llegué a la fotografía y al flechazo por la cámara: estuve durante horas enfocando unas flores, ajustando la luz, el encuadre, la distancia... Finalmente me quedé con una sola flor, un tulipán, su color, la transparencia, las gotas de agua en sus pétalos.... Cuando pulsé para sacar la foto noté una excitación fuera de lo normal, cuando la ví ya registrada por mi me ví en ese tulipán, todos los detalles que había estudiado, todo el tiempo que había dedicado a esa imagen, todo estaba ahí. Supe que había encontrado la forma y el soporte, el medio y hasta la escritura en la que yo podría moverme. Entendí que sí, que sería la forma en la que yo podría congelar el tiempo. 

Hasta ese momento -prosigue la realizadora japonesa- nada sabía de Ozu, Kurosawa o Imamura. Nada me había hecho llegar al cine, a partir de este instante quise saber como capturaban el tiempo otros autores: Rossellini,  Kieślowski y otros compañeros japoneses de mi generación (sobre todo, Kor-eda) y más tarde autores españoles (como Lacuesta, por ejemplo). 

 

Kahlo

Durante varios días hemos convivido con Naomi Kawase, hemos visto su curiosidad en los mercados de México, su travesura para el baile y su espontaneidad para un público mexicano que se rindió ante la dulzura y la belleza de esta realizadora japonesa que ha tenido/tiene en la memoria su recurso y su herramienta más inmeditaa, su  observación de la naturaleza en una de sus obsesiones y en el misterio quizá una de las definiciones más imprevisibles de su cine. 

Fue un placer verla pasear por Coyoacán, quizá mi barrio de DF y donde Buñuel y Trosky fijaron sus residencia, pero, sobre todo, el barrio de Frida Kalho: se empapó de sus casas, de su mercado central y de su plaza donde en estos momentos el Movimiento 15 M mexicano ha fijado su sede central. 

- Es curioso y apasionante -comentó Kawase- que Frida tuviera esa fijación por el origen y por el mundo indígena cuando corrían tiempos de modernidad y belle epoque en el mundo. 

Me quedé pensando en todo ésto, finalmente Naomi Kawase vino el sábado pasado a las instalaciones de Radio México Internacional (mi gratitud a todos los compañeros técnicos, productores, locutores, periodistas, etc.... qué envidia de medios y recursos) desde donde hicimos El séptimo vicio y el tema fue básicamente el propuesto por ella en su última película, Hanezu, ¿Puede una mujer amar a dos hombres al mismo tiempo?. Hablamos del conocimiento amoroso, de la experiencia de amar como una metáfora suya de detener el tiempo y ahí detectamos que Naomi Kawase está viviendo días importantes y que tiempo tendrá para reflexionar, Hanezu es una mujer que juega, traiciona y quizá mate por apropiarse del tiempo. Quiza Kawase descubra que la experencia amorosa muestra que cuando atrapas a una mariposa es cuando la pierdes. 

Javier Tolentino


Javier Tolentino es el director de 'El Sétpimo Vicio', el programa de cine de Radio 3. Es uno de los críticos cinematográficos más reconocidos de España y destaca por su compromiso y su capacidad de análisis.
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