Mariposas por elefantes
Al parecer, de nuevo (y sin que sirva de precedente) se nos revela desde el cine que los hombres nos sabemos amor. Lo cierto es que desde el cine de Bergman y los textos de María Zambrano, este punto novedoso no es. Me gusta el cine de Mia Hansen Love, me gusta por su aparente exposición ingenua, por su emoción, por la apuesta que tiene siempre de vital, joven e idealista. Lo fue con El padre de nuestros hijos y lo es con Un amour de jeneusse (Un amor de juventud); por cierto, una película, maldita sea, estrenada en Madrid a hurtadillas, escondiéndola prácticamente, con la alevosía de puentes y festivos y con los miedos en la distribución de una crisis a la que le sobra teorías y argumentaciones y muestra escasez de denuncias judiciales y de responsabilidades.
Inicialmente parece de nuevo que es una nueva historia en la que a los hombres les toca el ya consabido turno de ubicarse en el deseo: apenas tienen estos chicos diecisiete años -se escucha en la película la canción de Violeta Parra- y viven una apasionada, libre y reaccionaria historia amorosa. La directora ofrece algunas claves que podría pensarse que es autobiográfica. El cuento de hadas y príncipes se va a quedar interrumpido porque el joven elfo va a emprender un largo viaje a conocer mundo, a intentar comerselo mientra ella se quedará rota por la ruptura. "Somos jovenes -dice él- nos espera una vida de experiencias nuevas, no podemos depender y necesitar, debemos saber". Parece que el hombrecito es juicioso, transparente y directo y ella es rehen de sus sentimientos, de sus emociones. Le costará a ella saber de amor, accederá a ese conocimiento desde el dolor, desde el estrago, desde la perdida y una vez sabido ya nada será como antes.
Mia Hansen Love cambia pasión por calma, amor por amistad y mariposas por elefantes (con perdón). Desde la derrota y el dolor opta por no aceptar nuevos retos amorosos y su refugio va a ser la apuesta de la profesión y un hombre maduro que evite la montaña rusa de su herida amorosa y donde hay belleza, calma, sosiego, horario, serenidad, seguridad volverá a asentarse la tormenta, y el regreso de una sola opción amorosa le hará regresar a la dictadura y hasta transgredir cualquier norma personal para bajar si es necesario a los infiernos, a la degradación del individuo si por esos atajos quedara una migaja de lo imposible: lo que no pudo ser no será más.
Mia Hansen Love regresa a los grandes teoricos del conocimiento amoroso desde la levedad del ser, desde una juventud de hoy, en bicicleta, desde la armonía, desde la naturaleza, desde un mundo social europeo que también se está desfragmentando: los desayunos en el jardín, las tardes de lluvía y de sol junto al Sena y el Loira, un abandono en el tiempo sin actividad alguna. Pero ella, la directora, apunta algo que debemos pillar y es eso de que cuando amas, por no perderlo eres capaz de visitar los mismos territorios del infierno. Y otra, el hombrecito, al no amar, puede respetar perfectamente todos los credos de la etica social. Ella no, está en el ojo de la tempestad, del huracán y ahí, por navegar, es capaz de ese camino de la degradación.
Valiente, etérea, linda y más profunda de lo que parece una vez más nuestra querida Mia Hansen Love.




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