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Cafés literarios, un placer para el viajero

    lunes 24.abr.2017    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Forman parte de la historia de las ciudades, destacan por su lujo y porque en sus mesas se ha debatido de todo, de literatura, de arte, de política, de cine, y hasta de lo divino y lo humano. La mayoría vivieron su momento álgido desde finales del siglo XVIII y durante gran parte del XX. Estos espléndidos puntos de encuentro, han pasado, sin duda, a formar parte de la cultura mundial.

Muchos sobreviven a la prisas de nuestras sociedades, y cuando se abren sus puertas, se respira algo que no encontramos en ningún otro establecimiento. Es como si el tiempo se hubiera parado en sus salones, en sus mesas, incluso sus camareros nos trasladan a un lugar que pertenece al no-tiempo.

Su lucha titánica por mantenerse en el siglo XXI, no ha sido suficiente para algunos de ellos, como ha ocurrido con el Café Comercial de Madrid. El centenario café literario de la glorieta de Bilbao abrió sus puertas en marzo de 1887 y, todavía podemos revivir su ambiente en "La Colmena", de Camilo José Cela. Blas de Otero, Gabriel Celaya o Antonio Machado fueron algunos de sus tertulianos más renombrados.

Pero si hay un café con solera en la capital española, ese es el Café Gijón, donde los intelectuales de varias generaciones participaron en sus históricas tertulias, que les inspiraron para escribir sus novelas y ensayos. Fundado en 1888 por Gumersindo Gómez, en esos encuentros han participado Pérez Galdós, Rubén Darío, Antonio Buero Vallejo, Cela, Antonio Machado, Gerardo Diego o Antonio Gala.

Un papel similar tuvo en Barcelona Els Quatre Gats, convertido en un lugar de referencia del modernismo y la primera galería de arte en la que expuso un joven Pablo Picasso.

Podrían ser considerados museos porque recogen en sus paredes no solo muebles históricos, objetos artísticos o pinturas, sino también imágenes de algunos de sus tertulianos más insignes. Como ocurre en A Brasileira, en pleno barrio de Chiado, donde encontramos el busto de uno de sus ilustres visitantes, el poeta portugués Fernando Pessoa. El arquitecto Joao Queirós construyó el Café Majestic, desde el que se puede observar el ir y venir de los lisboetas y los miles de turistas.

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A Viena, el café llegó de mano de los otomanos y la tradición de tomar un humeante café, de mil tipos, acompañados de deliciosas pastas, ha perdurado durante siglos en la capital austriaca. El más antiguo es el Café Landtmann, inaugurado en 1873, tres años más tarde lo hizo el Café Central, situado en un majestuoso edificio. Ambos han sido frecuentados por intelectuales como Sigmund Freud, Peter Altenberg, el pintor Gustav Mahler, Max Reinhardt o Leon Trotsky, actrices como Romy Schneider, Marlene Dietrich o Burt Lancaster.

Elías Canetti era un asiduo del Café Hawelka, y Graham Green se inspiró en el Café Mozart, para su novela El Tercer Hombre, mientras que Beethoven y Mozart preferían el Frauenhuber. Todos ellos destacan por su elegancia, pero para muchos artistas el más original era el Museum, que fue decorado en estilo art nouveau por Adolf Loos. Todavía mantiene un estilo autóctono el café Griensteidl, situado frente al palacio imperial de Hofburg, mientras que en la pastelería Demel, apostaron por salones rococó.

En Praga, Franz Kafka, Rainer Maria Rilke, o Václav Havel, disfrutaron desde el Slavia de tranquilas vistas del río Moldava y el Teatro Nacional. El café Europa permite desde 1906 descubrir la vida de la capital checa en la histórica plaza Wenceslao, escenario de la Primavera de 1968 o de la Revolución de Terciopelo.

En Berlín, destacan el Café Einstein y la cafetería del hotel Adlon, en las sillas de este último centro, se han relajado el Kaiser Guillermo II, Charles Chaplin, Albert Einstein, Marlene Dietrich, Greta Garbo….

Sus mesas de mármol, sus espejos o sus butacas de terciopelo son unas de sus señas de identidad. En Italia, otro de los países que hacen del café un arte, destacan el Greco de Roma, donde era habitual encontrarse con músicos como Bizet, Listz o Wagner. En Venecia, además de la Básilica, el Palacio Ducal o el Campanile, la plaza de San Marcos no sería la misma sin el café Florian, considerado el más antiguo del país transalpino. Desde allí contemplaban las riquezas arquitectónicas de la ciudad de los canales, Lord Byron, Charles Dickens, Marcel Proust o Amadeo Modigliani, y allí ponía en práctica sus artes seductoras el mismísimo Casanova. Richard Wagner prefería buscar inspiración en los cafés Lavena y el Quadri. Se calcula que a finales del siglo XVIII había en la ciudad más de doscientos locales.

En París, el café Procope, inaugurado por un italiano en 1689, está considerado el más antiguo del mundo, en sus mesas se reunieron Voltaire y Rosseau, Marat y Robespierre. Por sus salas han pasado Victor Hugo o Alejandro Dumas. En el bulevard de las Capuchinas, Emile Zolà, Maria Callas o Marc Chagall han degustado el rico aroma de un café en el Café de la Paix, mientras que el Café de Flore, reunió a filósofos como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Albert Camus.

Podríamos seguir charlando durante horas, de los cafés históricos europeos, porque, Jean-Pierre Boccard consiguió recopilar el nombre un centenar de establecimientos. Francia, con 70 e Italia con 20, eran los países que más tenían. George Steiner, dijo en su día que "Europa está hecha de cafés… Mientra haya cafés, la idea de Europa tendrá contenido".

Cafés como el Long Bar al Raffles, frecuentado por Josep Conrad y Rudyard Kipling, El Foridita de la Habana, donde podía encontrarse al dramaturgo Tennessee Williams o a su compatriota Ernest Hemmingway. En Nueva York, Dorothy Parker acudía asiduamente al Algonquin, mientras Allen Ginsberg y Jack Kerouac, preferían la taverna White Horse.

Al otro lado del Atlántico La Poesía abrió sus puertas en 1982, aunque José Luis Borges, prefería La dama del Bollini. El café Hafa de Tanger, ha acogido en sus históricas mesas a escritores como Paul Bowles o Luis Eduardo Aute, que quedó tan impresionado de ese lugar mágio, romántico y bohemio que le dedicó una canción.

En tiempos de los whatsapps y mensajes electrónicos, que se han adueñado y nos han robado lo que era el arte de la charla, estos centros culturales y de ocio, se mantienen anclados en el tiempo.

@angelaGonzaloM

Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   24.abr.2017 10:43    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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