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Visitar la Provenza con los cinco sentidos

    jueves 22.jun.2017    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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A finales de junio y durante el mes de julio, los campos de la Provenza francesa se tiñen de lila. La lavanda, pero sobre todo el lavandín, cambian el color del campo en alguno pueblos de los departamentos de Luberón, y la Vaucluse. Los ocres, amarillos y rojizos marcan la tierra de pueblos como Gordes, APT o Coustellet y sus cielos tienen un azul intenso, que enamoraron a artistas como Van Gogh, Gaugin o Pablo Picasso. En Marsella el olor que más le identifica es el del famoso jabón, que a lo largo de siglos se ha fabricado en casas y fábricas. Arlès y Nimes nos desbordan con el color de la piedra de sus colosales anfiteatros romanos.

Los cinco sentidos se despiertan en la región de Provenza, Alpes y Costa Azul (la PACA), unas siglas que a nosotros nos suenan demasiado españolas, quizá también porque el sur de Francia es la zona más española del país vecino.... Si a ellas añadimos la ciudad de Nimes, capital del departamento del Gard en la región de Languedoc-Rosellón.

Hierbas para teñir y tierras para pintar. En el Luberón la naturaleza nos ofrece la ruta de los ocres, y cuando sopla el mistral, nubes anaranjadas se desplazan por el aire en una especie de unión entre la tierra y el cielo. Desde la prehistoria siempre ha habido artistas, más o menos hábiles, que han pintado su piel, han teñido una hoja de papel en blanco, una madera, una pared o una tela. En el pueblo de Roussillon encontramos el conservatorio de los ocres, una vieja fábrica donde se muestra el arte antiguo de convertir la tierra en tinte, y podemos caminar por sus colinas para ver esa gama de colores mezclados con el verde de los árboles y el azul del cielo.

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Cerca de Lourmarin, uno de los pueblos más bellos de Francia donde destaca su fortaleza renacentista y sus animadas calles, encontramos el castillo de Lauris, Couleur Garance, con su jardín de plantas tintorales extendéndose en terrazas. La reina es la Garance, una planta muy conocida por el tinte rojo que se extrae de sus raíces y que se utiliza para teñir telas o cabellos, con ese rojo color caoba tan utilizado en peluquería. Uno de los más complicados de conseguir es el índigo, quizá el tinte más destacado utilizado por el hombre. Se trata de un jardín único en Europa, donde descubrimos que los colorantes vegetales pueden proceder según cada color de tallos, flores o raíces de distintas plantas. Tintes naturales que se han utilizado a lo largo de los siglos en tejidos, pintura, cosmética o alimentación, y que, al contrario que los artificiales, son amigables con el medio ambiente. para los que estén interesados en conocer más detalles del mundo del tinte, organizan talleres y encuentros internacionales. 

Imbuidos en el olor de la Provenza llegamos a Marsella, para encontrarnos con el excelente jabón que lleva su nombre, y que comenzó a fabricarse a finales del siglo XII. El jabón de Marsella, se mezcla con lavanda, lavandín, miel, mimosa, flor de naranja, limón... Acaban de abrir la jabonería marsellesa de Licorne, un museo donde el visitante además de hacerse su propia pieza de jabón, sellada y adornada con diferentes dibujos de animales, descubre los secretos de su fabricación. Una fórmula nada complicada a priori pero que tiene sus secretillos, un 72% de aceite, mezclado con sosa, a la que se añade glicerina. En 1688, Colbert, introdujo las regulaciones para limitar su nombre, estableciendo una especie de denominación de origen.  Más de un siglo de trabajo para mejorar el jabón, han conseguido obtener un producto casi perfecto, de gran calidad y a través de la centrifugación con granito, obtienen una gran suavidad.  

En Agnels encontraréis una destilería de plantas aromáticas que comenzó a funcionar en 1895. Allí podemos aprender todo sobre la Lavanda y el lavandín, cómo extraer el aroma, conseguir los aceites, los preparados medicinales o el agua floral. En el museo de Lavanda nos explicarán las propiedades de esta planta medicinal muy aromática, utilizada desde la antigüedad como calmante, somnífero, para reducir infecciones de piel, aliviar enfermedades microbianas o tomado como infusión.

A menudo confundimos la lavanda con el lavandín. La primera crece a partir de los 600 metros de altura, mientras que el segundo es el que más se ve, porque aparece en terrenos más bajos. La mayor diferencia entre los dos, es que el lavandín desprende un fuerte olor y se utiliza para jabones, cremas y cosméticos, mientras que el olor de la lavanda es mucho más suave y discreto. El aceite de esta última tiene más valor y sus flores no tienen porque ser siempre liláceas, además se utiliza en perfumería de alto nivel y en aromaterapia.  Así, que como comprobaréis, la mayor parte de los campos florecidos que vais a ver por el sur de Francia es lavandín.  También podréis disfrutar de los rojos que nos ofrecen las amapolas diseminadas por los distintos departamentos de la Provenza-Alpes-Costa Azul.

Gastronomía provenzal

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Para acabar este viaje de los cinco sentidos por el sur de Francia, no podía faltar el del gusto, que nos aporta la rica gastronomía de esta zona del hexágono. En los mercadillos encontraremos tiendas con hierbas de la región que aderezan muchos platos, antaño utilizadas por las clases más pobres y que actualmente han alcanzado renombre internacional.

Uno de los platos que ha experimentado este cambio ha sido la bouillabaisse, una sopa de pescados de roca con patatas y tomate. Es el plato más conocido de Marsella, aunque su nombre no tiene nada de romántico, "cuando esté cociendo baja el fuego" ("bouille, abaisse"). Bastante caro en la actualidad, porque se añade rape, cigalas, langosta y mejillones, tiene un origen muy humilde ya que los pescadores lo preparaban para aprovechar el pescado de roca, que no habían conseguido vender. El mejor vino para acompañarlo, el rosé de la zona, o un blanco. Otros platos marselleses son la anchoïade (anchoas en aceite, vinagre, ajo, sal) que se toma con pan tostado; el Poupeton, un soufflé a base de restos de pescado de la boullabaisse mezclados con migas de pan mojadas en leche, huevos y queso; la oursinade (erizos de mar) y la inevitable Rouille (salsa típica provenzal, que acompaña a platos de pescado).   

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En Arlès destacamos el Gardianne de toro acompañado de arroz de la Camarga. Se trata de un guiso a fuego lento a base de pedazos cuadrados de carne y aliñado con aceite de oliva, al que se le añaden verduras, aceitunas negras y bacon bañado con abundante vino. En Aigues Mortes, podemos degustar el suculento Rouille, un plato típico de esta ciudad preparado con pulpo, patata y alioli. Como postre de esta localidad se prepara la Fougasse, muy esponjosa, blanda y jugosa, aromatizada con naranja.

En Nimes, ya en el departamento de Languedoc Rosellón, destaca la brandada de bacalao, desalado, deshilado y mezclado con aceite de oliva, al que se añade ajo y puré de patatas. La Minerve es un pastel típico muy parecido al roscón de reyes.

La cocina provenzal es un auténtico volcán de sabores y matices, donde encontramos también salchichones de jabalí, una adaptación de la zarzuela española, el cassoulet o cocido, aceitunas, vinos, helados y postres, muchos postres.

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Para los más sibaritas, o los que disfrutan de un suculento plato, la zona está llena de restaurantes con estrellas Michelin. También hay una red de Bib Gourmand, que ofrecen un menú completo por unos 32 euros en cenas y comidas. No olvidéis que, ansiosos por encontrar el verdadero sabor de las verduras, sobre todo respetando las temporadas, numerosos chefs optan por crear su propio huerto.

Además el sureste de Francia es la primera zona de producción de trufas negras (Tuber Melanosporum), las llamadas "trufas del Périgord", una denominación botánica y no geográfica. El 70% de las trufas comercializadas en Francia proceden del Vaucluse. Incluso cada tercer domingo de enero en Richerenches, celebran la misa de la trufa.

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Ya solo nos queda hablar de los vinos del Ródano, donde se cultiva la vid desde la antigüedad. Las cepas por excelencia son la Garnacha, aunque hay otras 13 denominaciones como Gigondas, Côtes du Rhône, Ventoux y Luberon. Estos vinos son, cada vez más, una alternativa a los Burdeos y Borgoña. En los últimos años están destacando los vinos rosados, que en el caso de Côtes-de-Provence, constituyen tres cuartas partes de su producción. Este año se ha inaugurado en Cucuron, la nueva bodeguilla de la finca de la Cavale, obra del arquitecto Jean Michel Wilmotte. Un espacio junto a las viñas, ventilado, elegante y donde las hileras de cubas, fabricadas con madera, cristal y acero inoxidable, se vuelven visibles a través de las cristaleras de las paredes. Además de catas, ofrecen visitas temáticas, una de ellas de tipo arquitectural, y se pueden observar colecciones de vidrios y cristaleria.

El sentido del tacto, también tiene su espacio en este viaje por sabores y olores de la Provenza, con la posibilidad de participar en la vendimia durante todo un día en una finca, o aprender el arte de agrupar distintas cepas. También se puede participar en las numerosas fiestas del vino que marcan el ritmo del año, y recorrer a pie, en bicicleta o a caballo los paisajes de viñedos cultivos, mientras se disfruta de un mundo de colores, olores y sonidos. 

Datos prácticos del viaje

Compañía aérea: Air Nostrum (vuelo regional Madrid-Marsella +1h.)

Oficinas de turismo:

Provence-Alpes-Côte d'Azur  #Provencetourism
Turismo de Marsella #ChooseMarseille

Bouches du Rhone Tourisme  #MyProvence #Provencetourism

Turismo Arlès  #arlestourisme

Turismo Luberon  www.luberon-apt.fr #luberoncoeurdeProvence #destinationluberon

Alojamiento:

Résidence du Vieux Port ****  (vistas fantásticas sobre el puerto viejo y Notre Dame de la Garde)

Hotel Le Cloitre (un antiguo convento remodelado y muy tranquilo junto al teatro romano)  (también cuenta con restaurante www.facebook.com/louvreboitearles

Hotel Mas de Guilles (Lourmarin), un lugar en medio del campo con restaurante incluido. 

Appart'City Nîmes Arènes **** (junto al anfiteatro romano y a la estación del tren) , un lugar para cenar "Aux Plaisirs des Halles

Restaurante Le Poulpe (Marsella)

Restaurante Auberge de Carcarille 

 

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca 

 

 

Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   22.jun.2017 16:50    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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