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A-23, una autovía de leyendas aragonesas

    miércoles 15.nov.2017    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Siguiendo la autovía mudéjar la A-23, que une el Levante con Francia cruzando el túnel de Somport, vamos a recorrer cinco municipios de Aragón a través de sus leyendas. Empezamos en Teruel recordando una historia originada en el siglo XIII, que se  mueve entre la realidad y la leyenda. Corría el año 1210, cuando Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Enamorados desde la infancia deciden casarse.... pero el hijo de los Azagra no tenía suficiente fortun, y los padres de Isabel aplazan la boda hasta que el joven pueda reunir una fortuna. En aquella época eso solo era posible, ganando botines de guerra. Ellos no se dan por vencidos y retrasan los planes de matrimonio cinco años. En ese tiempo, Juan Diego marcha a la guerra con el compromiso de volver en un lustro. Pero una serie de complicaciones no detalladas hacen que no regrese a tiempo.... lo dan por muerto y los padres obligan a Isabel a casarse.... El día de la boda aparece Martínez de Marcilla. Le pide un beso, que Isabel no puede responder y cae muerto de pena. Durante su entierro, una dama vetida de negro, se acerca al cadáver y al rozarlo muere. Aquella dama es Isabel y el pueblo decide enterrarlos juntos y recordar su historia, que ha llegado hasta nuestros días. 
 
No es la única leyenda conocida en Europa. Teruel preside actualmente la Asociación Europea de Ciudades enamoradas, en las que se encuentran Verona, Coimbra, Motecchio Maggiore o Sulmona. La historia de los amantes de Teruel cumple este año 800 años y para el concejal de turismo turolense, José Manuel Valmaña, la fiesta que celebran anualmente en febrero ha sido un acicate para el turismo de la ciudad.
 

Para ver a los amantes hay que acercarse al museo, y contemplar la escultura de alabastro de Juan de Ávalos, donde las manos de los amantes se acercan pero ni siquiera se rozan. Se refleja así el amor imposible, inalcanzable, el desgarro de la muerte por amor. 
 
Antes de seguir camino hacia el Pirineo por nuestra ruta de leyendas, nos desviamos unos 30 kilómetros de Teruel, para revisitar Albarracín, siguiendo los pasos de los Azagra. Allí aseguran que vaga el espíritu de doña Blanca, que murió de pena por tener que abandonar su querido Aragón huyendo de la maldad de parte de la familia de su hermano. Dicen que cada luna llena de verano puede verse una silueta caminando por la muralla que rodea uno de los pueblos más bonitos de España. 
 
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Como doña Blanca, Albarracín, situado junto al río Guadalaviar, quiere permanecer inalterable, como si el tiempo se hubiera parado en sus empinadas calles. De ese pasado quedan las imponentes casas Jualianeta, la de los Navarro, o las casonas de la calle de los Azagra, encargados de cuidar a nuestra protagonista. Monumento Nacional desde junio de 1961, eso propició su protección, conservación y restauración, todo un paradigma de recuperación de poblaciones medievales. De su serpenteante recorrido, destaca el recinto amurallado, desde donde se tiene una visión global del valle especialmente cromático en otoño.
 
Continuamos persiguiendo leyendas... por nuestra ruta, la A-23 o E-7 . Llegamos a Zaragoza, y allí cuenta la historia, según los zaragozanos, llegó la Virgen el 2 de enero del año 40.   La imagen se venera en una capilla barroca, ricamente adornada y la Virgen tiene más mantos que días tiene el año. Más de la mitad son blancos, y se lo cambian cada tarde, aunque el color y el modelo no solo está ligado a la liturgia, sino que cambia según la actualidad en España o en Zaragoza. Los días mundiales aportan muchas ideas para su diseño. Ha llegado a tener un manto de pajaritas de papel.
 
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El gran punto de encuentro de los zaragozanos es la Plaza del Pilar, pero hay también otros atractivos como la Seo, una gran desconocida, o el también ignorado (hasta hace unos años) palacio de la Aljafería, que nos remonta al máximo apogeo político y cultural de la ciudad en la época de las taifas..... Después de la Expo del Agua, de 2008, la ciudad se ha transformado y es una urbe con una gran oferta lúdica y cultural. Y además está a medio camino de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia. A unas 3 horas de cada una de ellas.
 
Seguimos hasta Jaca, en pleno camino aragonés de Santiago... y allí nos desviamos hacia el monasterio de San Juan de la Peña, donde existe una copia del Santo Grial, que llegó allí después de recorrido muy truculento, como se merece esta preciada reliquia. Cuentan que para preservarlo, lo llevó hasta ese recóndito lugar del Pirineo oscense, San Lorenzo, que había nacido en Huesca.
 
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No es la única leyenda, los relatos aseguran que sus orígenes, en el siglo VIII, están relacionados con un milagro cuando un joven cayó por los peñascos persiguiendo un ciervo y en la caída encontró el cuerpo sin vida de un eremita, que según explicó después, le salvó la vida.  
Este viejo monasterio fue el más importante de Aragón en la Alta Edad Media. En su panteón real fueron enterrados numerosos reyes de Aragón. El claustro, un balcón privilegiado, orientado hacia las escarpadas cumbres pirenaicas, conserva prácticamente íntegros los lienzos norte y oeste.
 
Y acabamos nuestro recorrido en Canfranc, entre las paredes de la "Dama del Pirineo", sobrenombre de la Estación Internacional. Un lugar mágico lleno de leyendas. Pero a nosotros nos interesan las historias reales que se vivieron en este enclave de los Pirineos. Aspiraba, y todavía sueña, a ser una estación internacional, y durante la Segunda Guerra Mundial, fue un hervidero de gente. A mediados de 1942, Francia pasa a ser ocupada por los alemanes, y la Gestapo controla la aduana. La tensión se vive en la zona, con militares y espías españoles, franceses y alemanes. De todos los que estuvieron allí sobresale la figura de un hombre, el jefe de aduana francés, Albert Le Lay, conocido como el Schlinder del Pirineo. Salvó a miles de judíos y miembros de la resistencia francesa.
 
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Haciéndose pasar por un leal funcionario del gobierno del mariscal Petain, se transformó en el enlace entre la resistencia francesa y los aliados, organizando una red que se ocupó de pasar clandestinamente personas, material, documentos y dinero entre ambos lados de la frontera y convirtió a esa pequeña población en una puerta hacia la salvación para miles de personas que huían del nazismo. Les aconsejo que lean el libro "Canfranc. El oro y los nazis. Tres siglos de historia", del periodista Ramón J. Campo.
 
Con esas historias podrían rodarse decenas de películas. En Canfranc busco más historias para añadir a mi especial ruta de las leyendas aragonesas. 
 
 

 
 
Categorías: Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   15.nov.2017 10:29    

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Viaje a Ítaca

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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