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Viajando con Monet por Normandía

    martes 14.nov.2017    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Proponemos un viaje a la Normandía de Claude Monet, guiándonos por algunos cuadros del pintor. Empezaremos en  Le Havre (que este año conmemora el 500 aniversario de la fundación de la ciudad), y donde el artista vivió hasta la juventud. Allí conoció a Eugène Boudin, el hombre que le enseñó a experimentar con la luz, esa luz tan especial de la costa del canal de La Mancha. Viajaremos a Trouville-sur-mer, Étretat y los acantilados de la costa del Alabastro, y de Fécamp continuaremos a su querido jardín de Giverny, situado a tan solo 45 minutos de París. 

Sin darme cuenta llevo un rato mirando el óleo "Impresión, sol naciente", que Claude Monet pintó en 1872. Representa el puerto de Le Havre, una ciudad de la Normandía francesa, donde pasó gran parte de su infancia. A través del uso de colores complementarios nos muestra el sol entremezclado con la luminancia del cielo. La variedad de temperaturas en el color nos sugiere muy poca luz y una humedad alta que invade el ambiente. La bruma funde las formas y los colores, impidiéndonos diferenciar la chimeneas y los astilleros del fondo, que tan solo se intuyen, mientras dos barcas parecen flotar entre la niebla. Con esta obra, considerada la primera del impresionismo, Monet quiere provocar impresiones en el espectador. Y lo consigue. 

  LeHavre_20170928_165909

La sirena de uno de los cruceros que hacen la ruta desde Hamburgo me saca de mis reflexiones y me hace levantar la vista de ese cuadro que tengo guardado en el móvil... y encuentro el puerto totalmente activo. Me da esa luz que odian los fotógrafos, a las doce del mediodía en un día soleado.

Hace 500 años que ese puerto empezó a construirse y esos mismos años de la inauguración de Le Havre, convertido hoy en día en principal puerto mercantil de Francia, y el quinto de Europa. También es un importante atraque de cruceros que viajan por la Europa Atlántica, y están planeando abrir una línea con Oporto o Vigo. 

Desde el puerto me dirijo al centro histórico de la ciudad. No, no existe, los intensos bombardeos de dos trágicas jornadas en septiembre de 1944, lo destrozaron. En dos días perdió toda su historia arquitectónica y hubo que reconstruirlo de nuevo. 

El arquitecto que tenía ante sí el reto de levantar viviendas para 80.000 personas, que necesitaban con urgencia un alojamiento, era Auguste Perret. Así que diseñó una ciudad de hormigón, difícil de entender a los ojos de un turista... hasta que se visita un piso tipo y se ve que todo estaba pensado al mílímetro para construir viviendas sin grandes lujos pero sí muy prácticos. Tanto que, son pequeños habitáculos que ni siquiera tienen paredes. No se pierdan esa visita, regresarán a los años 50 y 60 y entenderán la ciudad.

Por cierto la apuesta de Perret fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Des sus edificios destacan el ayuntamiento y la iglesia de San José que actúan de vela en sus dos acepciones, naviera y religiosa. Como años antes hiciera Monet, Adèline Fouquet, nos ayuda a ver como Perret jugó con los colores.

Al otro lado de la desembocadura del Sena, encontramos el pequeño pueblo de Honfleur, con sus pintorescas callejuelas y sus casas antiguas. Dicen que el centro, presidido por un pequeño puerto de pescadores y barcos de recreo rodeado de fachadas con los típicos entramados a la vista, con su impresionante iglesia de Santa Caterina.... es un reflejo de lo que fue el centro histórico de Le Havre. En el estuario del Sena se inspiraron Courbet, Monet o Eugen Boudin, el hombre que sacó a Monet del estudio para descubrirle la magia de la luz. 

Tocville_20170929_092529

Ya en Trouville, recuerdo uno de los cuadros que pintó Monet en la playa. En ella hay dos mujeres, probablemente su segunda esposa, Camille y la mujer de Boudin. Sentadas con una sombrilla cerca de la playa. En la segunda mitad del siglo XIX se habían puesto de moda los balnearios, principalmente porque se consideraban lugares saludables y de relax. Me llama la atención el tono grisáceo del cielo, ese que atraía a los impresionistas.

Pasear por Trouville es adentrarse en la vida de principios del XX cuando la alta aristocracia francesa construyó sus villas para trasladar por unos meses París a la playa. Hasta sus modistos y joyeros se llevaban.  No os podéis perder comprar y comer en el mercado del pescado. Ahí os dejo una muestra.

Mercado de pescado_20170929_094931

"El acantilado de Étretat: puesta de sol", muestra el reflejo de la luz en el agua. La figura de una roca nos recuerda a un elefante, el emblema paisajístico de la zona... y aparece rodeada del rojo del atardecer, donde el cielo y el mar se unen. Es el encuentro de la roca y el mar. Fue pintado el 5 de febrero de 1883 a las 16:53, según acaba de discernir un astrofísico, tras largos estudios de la meteorología normanda.

A esa hora más o menos, nos dirigimos hacia la emblemática formación rocosa en la zodiac conducida por Jeròme. Monet lo pintó desde tierra, pero nosotros aprovechamos la marea alta para navegar deba mismo de la roca y adentrarnos en las cuevas que horadan los acantilados. Tenemos delante el arco Porte d'Aval, junto a nuestra lancha, a la derecha l'Aiguille y frente a nosotros la escarpada costa de Alabastro. 

Costa de Alabastro_20170927_170430_002

Nuestro capitán, Jeròme nos explica que en sus viajes intenta que los turistas comprendan la relación del hombre y el mar en esta zona del canal de La Mancha. De cómo los pescadores han luchado contra la naturaleza para poder sobrevivir.

En Étretat, Monet un pintor en serie y muy prolífico, captó la luz de los acantilados de la costa de Alabastro. Como todo lo que plasmó en sus cuadros, los pintó al amanecer, a media mañana, a mediodía, por la tarde o en la puesta del sol.... en primavera, en verano, en invierno, con sol o con lluvia... Fue el hombre que puso hora a sus cuadros, que ansiaba captar el momento fugaz, el color único e irrepetible del instante.

Volvemos a tierra firme, hasta el puerto de Fécamp, desde donde los pescadores partían durante largos meses a pescar bacalao en Terranova. El cabo Fagnet, situado en la bocana del puerto, a unos 110 metros sobre el nivel del mar, nos ofrece una impresionante panorámica del mar, la ciudad, el puerto y los acantilados.

Fécamp_IMG_20170927_181822

En el centro histórico encontramos el extraordinario edificio del Bénédictine, donde se fabrica el famoso licor de alquimia, resultado de mezclar 27 especias a lo largo de dos años. Su receta es todo un secreto.

Dejamos el mar para viajar al lugar Monet por excelencia. Me parece verlo pasear por su jardín de Giverny... con su larga barba, espesa y blanca. Su fuerte carácter, su mirada ya cansada, pero ávida para captar el instante. Y yo me siento como parte de un cuadro. En medio del estanque de lirios, que tanto pintó. Con los sauces, cayendo sobre el agua, reflejándose en ella, y enfrente el famoso puente japonés. Nunca antes había tenido la sensación de formar parte de una pintura, no saber distinguir entre el cuadro y la realidad. 

  Giverny_20170926_142605

Margarita nos explica que para emocionarse con este jardín, no hay que verlo como un simple estanque, sino mirar hacia adentro del agua para descubrir los reflejos de los sauces o de los nenúfares. También podremos entender a Monet, cuando decía que "el hecho de ser pintor se lo debo probablemente a las flores" y añadía que "a parte de la pintura y la jardinería, no soy bueno para nada más". Creo que él preparaba su jardín para poder admirar su beleza y plasmarla en un cuadro. 

Su aportación fue suficiente para descubrirnos los matices y la poesía de la luz y el arte de un jardín que cambia en cada momento. No solo de un jardín, también de un edificio, del interior de un local o de la naturaleza en general.

Dejamos Giverny rumbo a París, en tren o en coche alquilado. Este mundo de impresiones para la vista está a tan solo a 2 horas de la capital francesa. Y a otras dos de Madrid, Barcelona o Bilbao. Nosotros viajamos con Vueling en el primer vuelo de la mañana y al mediodía ya estábamos paseando por esa pequeña población normanda, donde actualmente viven unas 500 personas, pero que a finales del XIX, convertido en un atractivo para los intelectuales, llegó a reunir a más de un centenar de artistas, incluida la bailarina Isadora Duncan.

Por cierto, una buena excusa antes de coger el avión de regreso es pasearse por las salas del Museo de Orsay de París o el Museo Marmottan Monet que posee una de las colecciones de arte impresionista más completas del mundo. 

 @angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca 

 

Categorías: Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   14.nov.2017 10:06    

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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