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Rutas de Van Gogh en Arlès y la Provenza francesa

    martes 23.ene.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Ahora que Van Gogh vuelve a estar de moda, con la proyección de la original e innovadora "Loving Vincent", candidata a los Óscar como mejor película de animación, es una buena excusa para dar un paseo por la Provenza francesa, donde el pintor holandés descubrió la luminosidad que necesitaba para sus cuadros. Su llegada a esa zona del sur de Francia, fue en tren, buscaba la tranquilidad y la inspiración que no encontraba en París y su tren le llevó hasta Arles, la capital de la Camarga. La luz y el paisaje de Arles atrajo no solo a Van Gogh, también a Paul Gaugin, Paul Cézanne o Pablo Picasso.

Pasear por el centro es recorrer siglos de historia, y los mismos lugares que atrajeron la atención de este genio de la pintura universal, acompañado durante un breve periodo de tiempo por Paul Gaugin. En la Provenza, actualmente incluida en el departamento de la PACA (Provenza, Alpes y Costa Azul),  pintó algunos de los cuadros más famosos como La noche estrellada, Terraza de café por la noche, Los Girasoles o la Casa amarilla y muchos de los retratos que pintó, son parte del imaginario universal. Por desgracia, en Arles, -ciudad patrimonio de la Humanidad por sus impresionantes restos romanos como el anfiteatro o el teatro-, no queda ninguna de sus pinturas, ni siquiera la casa amarilla, bombardeada en la II Guerra Mundial.  Decía el artista que buscaba el color y la luz que había visto en las pinturas japonesas, aunque él nunca estuvo en Japón. Así era la imaginación del "loco del pelo rojo".

El hotel-restaurante Carrel, en el número 30 de la calle Cavallerie fue su primer hospedaje en la ciudad, una zona que en aquella época estaba llena de burdeles, pero al poco tiempo alquiló una parte de la casa Amarilla donde instaló su estudio. Con sus pinceles, sus caballetes y sus telas, recorrió a pie la región buscando lugares para plasmar en los cuadros. Su rica imaginación le llevó a pintar de forma frenética unos 300 óleos en tan solo quince meses. En Provenza encontró paisajes llenos de luz, escenas de la vida del campo, especialmente la cosecha, girasoles... y personajes concretos, a los que inmortalizó con sus retratos.

Pero Arles y la comarca, no solo nos permiten ver como el ojo y las manos de Van Gogh interpretaban las escenas rurales, sino que también nos empujan a dar una ojeada a la historia de la ciudad y por su rico patrimonio monumental, con vestigios romanos como el anfiteatro del siglo I o los edificios medievales del casco antiguo, con sus tradicionales callejuelas y plazas. Sin olvidar un recorrido por el Ródano. Las pinceladas del artista holandés nos llevarán por esos lugares, podemos perdernos e intentar descubrirlos o seguir la ruta Van Gogh, donde encontraremos unos paneles que reproducen sus cuadros. Este genio de la pintura universal, solo consiguió vender un cuadro en vida y fue pintado a las afueras de la ciudad: El viñedo rojo.

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Circuito urbano de Arles

El itinerario de Arles nos lleva por 10 lugares emblemáticos donde el artista instaló su caballete: la Casa amarilla (La Maison Jaune), situada en la Place Lamartine; el "Café la Nuit" en la plaza del Forum; las escaleras del Puente de Trinquetaille, el muelle del Ródano; el “Viejo Molino” de la calle Mireille; el jardín público del bulevar de Lices (actualmente el Jardín Público); el Espacio Van Gogh con el jardín, el Anfiteatro romano; el Puente Langlois – conocido como el Puente Van Gogh -, con el camino a lo largo del canal de Arles a Bouc; y los Alyscamps, los vestigios de la necrópolis galo-romana y los sarcófagos.

Van Gogh pinta la Maison jaune, la casa donde vivía, de un amarillo vivo, que en su cuadro, aparece llena de luz. Actualmente hay otro edificio (la casa amarilla fue bombardeada). Cuando en diciembre de 1888 se cortó la oreja tras una discusión con Gauguin, ingresará en el Hôtel-dieu Saint-Esprit, un hospital fundado en el siglo XVI, de dos pisos y una galería de arcos abierta a un jardín francés con un estanque en medio y varios parterres y árboles. El pintor representará el conjunto en un cuadro luminoso y colorido. Actualmente, el edificio es un centro cultural y universitario llamado Espacio Van Gogh.

Como todos los artistas de su época adoraba pintar los jardines. Uno de sus cuadros más conocidos de este periodo es el de la entrada del jardín público situado en el bulevar de Lices, que nos permite mirarlo con los ojos del artista y compararlo con nuestra experiencia visual actual. Podemos descubrir el inmenso pino que extiende sus ramas horizontales sobre el verde césped y quizá encontrar a una pareja de enamorados, bajo su sombra.

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Foto oficina turismo Arles/Convexum.net

Le fascinaba la ciudad por la noche, y conocía muy bien los cafés, los cabarets, la vida noctámbula y bohemia del Arles de finales del siglo XIX…Una noche de septiembre de 1888 retrató el café Terrace de la Plaza del Forum, bajo un cielo estrellado, la primera en la que utilizó este tipo de fondos, utilizando la profundidad de la perspectiva. El establecimiento ha sido restaurado en honor al artista, intentado mantener la imagen que él pinto. Muy cerca está el hotel Nord Pinus, con los restos de la fachada de un templo del siglo II, donde aun permanecen dos columnas corintias que sostienen un fragmento del frontón, que era el acceso al foro romano. En él se hospedó Picasso y al fondo de la plaza encontramos una estatua del escritor galo Frédéric Mistral. Aunque no tenga ninguna relación con Van Gogh, cerca encontramos el palacio de la familia Podestats, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, con viejas mazmorras que aún se pueden ver hoy en día. Tampoco hay que perderse la iglesia de los Dominicanos el mayor templo de estilo gótico de Arles, construido a finales del siglo XV, y en su interior solo queda una nave abovedada desnuda, con capillas laterales.

En las Arenas o Anfiteatro, recordaremos los cuadros que Van Gogh realizó de la familia Roulin, rodeado de espectadores que acudían a participar de la temporada taurina. Al pintor le interesaba reflejar el juego de luces y sombras que formaba el gentío situado en los diferentes pisos del anfiteatro. Atraído también por el paisaje otoñal de la ciudad en la avenida de los álamos, captó la imagen en los Alyscamps, donde representa los vestigios de la necrópolis galo-romana y los sarcófagos.

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En los alrededores de Arles

Los puentes y el Ródano, fue una de sus temáticas más recurrentes. Uno de sus lugares preferidos era el puente Langlois, conocido como Puente Van Gogh, que le recordaba a su Holanda natal. Podemos encontrarlo en el canal que va de Arles a Port-de-Bouc. Fue el protagonista de varios cuadros, donde aparece un carro de caballos pasando por el puente levadizo, lavanderas a orillas del río, captó el azul vivo del agua y el cielo, el verde de la hierba o la tierra rojiza. El color y la luz son los protagonistas de estas obras, y el puente ha pasado a ser un monumento histórico.

Otro tema favorito del pintor será el puente metálico sobre el Ródano. En sus obras observa el puente de Trinquetaille desde el muelle de la Roquette, en el que detalla las escaleras que llevan al puente. El gran río francés y el cielo serán también un tema predilecto de Van Gogh, que lo pinta de noche, reflejando las luces en el agua y destacando el cielo estrellado.

Van Gogh realiza un estudio de un viejo molino que estaba situado en el barrio de Mouleyrès, en la calle Mireille, aunque en 1888 ya no tenía aspas y había transformado su función tradicional. En la actualidad todavía podemos verlo y aún están las mismas casas al fondo, con un paisaje campestre.

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Fuera de Arles, y más cerca de Avignon, vale la pena visitar Saint-Remy de Provence, donde vivió entre 1889 y 1890. Pidió ser ingresado en el sanatorio del monasterio Saint Paul de Mausole, donde puede visitarse la habitación que ocupó y desde la que pintó varias obras... Allí empezó a cambiar sus trazos, volviéndose más curvados, se refuerzan las espirales y el color se ensombrece. Solo quedan los paneles que reproducen sus telas, pero podemos compararlos con los cuadros que pintó de muchos lugares de la ciudad. En el sanatorio pintó su famoso autoretrato, "La habitación del pintor", "Noche estrellada", "Jarrón con lirios", "Jardín del asilo", varios cuadros de olivos con sus troncos negros, o la cosecha de las aceitunas.

Por cierto es la ciudad natal de Nostradamus, el científico y médico humanista que acabó siendo consejero astrológico de la poderosa Catalina de Médicis.

Categorías: Cine , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   23.ene.2018 16:27    

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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