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Cali se mueve a ritmo de salsa

    miércoles 21.feb.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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 La música es su idioma y la salsa su manera de hablarlo, de expresarse. En Cali, el ritmo es una devoción, con un centenar de escuelas de salsa, festivales y grupos musicales dedicados a crear el universo visual y sonoro, de la capital del Valle del Cauca.

Esta ciudad colombiana es una de las más antiguas de América del Sur, pero los terremotos, y el abandono, causado por la violencia la han dejado con muy poco patrimonio arquitectónico. Eso no ha sido problema para que muestre su gran riqueza musical. La mayoría de visitantes se sienten atraídos por sus propuestas musicales.... y la posibilidad de aprender o mejorar sus conocimientos de la gran especialidad artística, de la capital del Pacífico colombiano.

Cada año organizan un Festival Mundial. En el último participaron 3.000 bailarines, que se movían al ritmo marcado por orquestas nacionales e internacionales. Por cierto, ganaron unos argentinos, en un certamen que puntúa la coreografía, la limpieza de la ejecución de cada paso o la interpretación y la presencia escénica.

En la capital del Valle del Cauca, se rumbea por la noche, y especialmente el fin de semana. Para no perderme nada me he buscado un guía especial... Ricardo Hincapié.... editor de la revista cultural Mapping Colombia. "Cali vibra en la noche, es una ciudad muy viva y se puede encontrar muchos lugares para aprender a bailar, en cada esquina suena la salsa y se baila delicioso". Lo mejor es pedir información al lugar donde os alojéis.

 

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Empezamos el recorrido en la plaza Jairo Varela. Un trombón y una trompeta, homenajean al compositor del grupo caleño Niche, autor del conocido himno local, "Cali Pachanguero"Llevan tanto ritmo en el cuerpo, que cerca de la plaza Varela, están unos grandes almacenes, de nombre "Chipichapa".... Chipi-Chapa.... sí el sonido el tren, por que allí estaban los antiguos talleres y bodegas de la carrilera, que transportaba el café hasta el puerto de Buenaventura en el Pacífico. Además de Jairo Varela, otra de las figuras salseras más queridas en la capital vallecaucana es Amparo Arrebato, era la reina de este ritmo. 

Cali es danza, es movimiento. Ricardo me explica que hay "nichos culturales alrededor de la salsa y hay maneras distintas de vivir la salsa en diferentes barrios". En el recorrido me cuenta algunos secretos  como "la salsa del barrio obrero, muy popular, que conectaba la ciudad con el río Cauca, desde donde se hacía el transporte por todo el país con barcos de vapor. Toda la música del mundo llegaba desde el Pacífico a ese barrio, ellos hacían el filtro y tras la selección, enviaban en los barcos al mundo la música que les sobraba".

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Las músicas de los 80 las encontramos en la zona de la Alameda, "con despliegues muy lujosos donde van los más adinerados, pero que siguen siendo salseros y quieren disfrutar la salsa", y luego nos acercamos al Menga, donde hay grandes espacios con capacidad para centenares de personas. "Son maneras muy distintas de vivir la salsa", me explica Ricardo Hincapié.

En los años 90, se instauró la ley zanahoria.... En aquella época se bailaba hasta las seis de la madrugada, pero empezaron los problemas de seguridad ciudadana, a causa del alcohol, y los establecimientos tuvieron que cerrar a las tres, de esta manera las autoridades aseguraban que todos llegaban tranquilos y sanos a su casa.... de ahí la ley sanahoria, que dirían los caleños.

Cali no sería lo que es hoy en día sin Juanchito, una zona de muchas discotecas, muy de moda hace unas décadas. "…Del puente para allá Juanchito, del puente para acá está Cali.… Y en el medio de los dos, pasa el Cauca", decía la canción popularizada por el grupo Niche. El que no iba allí, era como si no hubiera estado en la ciudad. Con la construcción de nuevas salas de baile en el centro, ya no tenían que cruzar el río Cauca para llegar a aquel lugar tan alejado. Más tarde, unas inundaciones, destrozaron algunos de los locales más populares, que ya no se recuperaron, empezando su decadencia.

A parte de las decenas de discotecas modernas y restaurantes con música en directo, existen las Viejotecas, espacios destinados para que los adultos mayores, bailen salsa... Pónganse la guayabera y cálcense sus zapatos de charol...., vuelvan al viejo Cali y acérquense a la viejoteka del parque del Avión o de Pardo Llada.

El súmmum de la salsa en esta ciudad se llama "Delirio", la catedral de la música, con más de 12 años de historia y que ha posicionado a la ciudad como destino cultural y musical. Casi 700 personas integran el colectivo artístico y de producción. Hasta 2009, tenían un aforo para 600 espectadores, ahora caben 1.600 que pueden degustar una cena mientras disfrutan viendo a los bailarines mover las caderas de forma trepidante. El último espectáculo es "Hechizo", un relato inspirado en la leyenda de la viuda negra que por desamor enloquece y va de fiesta en fieta seduciendo a caballeros.... Cuesta unos 50 euros y las representaciones son en sábados alternativos.

Cali, más allá de la salsaSebastian

Incluso los poetas cantaron a su ciudad y a la región. De ahí el nombre del Parque de los poetas, como Jorge Isaacs, autor de una de las obras más conocidas de Colombia "María", una auténtica telenovela del siglo XIX, al que acompañan las estatuas de Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos y Octavio Gamboa. También tienen el museo de la tertulia, construido en 1956, cuando la ciudad era un epicentro de agitación política y creativa.

Tres montañas la vigilan, y permiten observarla desde la altura, por algo Cali, tiene el sobrenombre de la sucursal del cielo. A casi 9 kilómetros, en el cerro los Cristales, está la impresionante escultura de Cristo Rey, abrazando la ciudad. Más cerca del centro está la figura del español Sebastián de Belalcazar, quien la bautizó con el nombre de Santiago de Cali. El conquistador señala con el brazo derecho, la salida al Pacífico, mientras gira la cabeza para vigilar a la ciudad. Artistas y músicos se dan cita a sus pies los días de fiesta. El cerro de las tres cruces, es el preferido de los corredores que suben cada mañana hasta la cima. Una buena excusa para tomarse un jugo a la llegada, antes de regresar.

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Dicen que el caleño se caracteriza por una vida frenética y una eterna sonrisa. Lo puedo corroborar. Su sentido del humor, llama la atención. Mientras sueñan con la construcción del metro, llaman el Mío al transporte público. Te explican que en los años 90, se utilizaban autobuses con colores distintivos de cada línea. No debían de ser muy puntuales, así que mientras guardaban cola, los usuarios hablaban entre ellos, y cuando veían aparecer su autobús decían "ahí está el mío, mañana seguimos hablando, y el otro respondía, "pues el mío está como demorado, no?". Así que si queréis agarrar un bus, preguntar por el Mío.

Quizá ese sentido del humor es lo que ahora se denomina resiliencia, la capacidad de sobrevivir a las dificultades. La ciudad ha superado sus negras décadas marcadas por la violencia extrema de la guerrilla y el narcotráfico de los años 80 y 90, cuando las bandas de sicarios y pandillas atemorizaban a los caleños. Una experiencia que les hace ser optimistas ante el nuevo proceso político que vive el país tras el Acuerdo de Paz.

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Otro de los monumentos emblemáticos de la ciudad es el Gato del Río, una escultura de 3 toneladas, obra de Hernando Tejada. Instalado cerca del río, como símbolo de civismo y limpieza, años más tarde de su instalación, la Cámara de Comercio inició una sorprendente iniciativa. Buscarle novia, para que no estuviera tan solo. Abrieron un concurso en el que llamaron a artistas de renombre para que hicieran una escultura, a partir de un mismo molde, y como les gustaron todas, no hubo ganadora, así que las instalaron a lo largo del Bulevard del Río. Sus nombres son de lo más variopinto: Cálida, Melosa, Fogata, Yara, Ilustrada, Entrañable, Gachuza o Superestrella. 

El gato es el animal con el que más se identifican los caleños, porque aseguran que lo que más les gusta es la noche... para poderla disfrutar bailando. 

Gastronomía caucana

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Tierra de caña de azúcar, tiene una gran multiculturalidad gastronómica, donde se mezclan las cocinas tradicionales indígenas, paisa, europeas y africanas. el plato más famoso es el Sancocho de gallina, una especie de cocido, cocinado con leña, que lleva pollo de granja y carne de cerdo, acompañado con yuca plátano, cimarrón, y cilantro. Queda verdoso, no amarillo como el de otros lugares de Colombia. Tampoco puede faltar en el menú el chontaduro, una fruta muy típica que se puede comer salado, obviamente si se le pone sal, o dulce, en este caso le ponen miel. Dicen que el chontaduro es afrodisiaco... aunque todo es cuestión de probarlo. 

También es tradicional de la zona, el arroz atollado, con longaniza, cerdo y papa amarilla; el pandebono, hecho con harina de yuca y queso; la sopa de tortilla de maíz; las marranitas a base de plátano verde triturado y envuelto en chicharón tostado o la casadilla, una galleta hecha con panela, queso y almidón. Entre las bebidas destaca la lulada, que lleva lulo machacado con azúcar. El champús, también utiliza el lulo, piña, panela, canela, clavos y hojas de naranjo y el cholado, que es un refresco de hielo triturado, frutas picadas y leche condensada. Dulce, como la amabilidad de la gente de esta tierra.

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca

 

Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   21.feb.2018 09:43    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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