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Visita por los símbolos de Cracovia, la antigua capital polaca

    sábado 28.abr.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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El sonido cortado en seco del hejnal mariacki, suena cada hora desde la torre más alta de la basílica de Santa María, en el centro histórico de Cracovia. Un bombero dirige su trompeta cada 60 minutos, hacia los cuatro puntos cardinales empezando por su magnífica plaza mayor, un símbolo de la ciudad. En sus inicios el vigilante hacía sonar el toque al amanecer y al atardecer, cuando se abrían las puertas de la ciudad, y a partir del siglo XVI, lo hacía cada hora, o cuando había algún peligro... Es una melodía extraña que se corta de golpe para recordar que en 1241, cuando los tártaros llegaron a las puertas de la ciudad para invadirla, lanzaron una flecha contra el guardián que estaba dando el toque de alerta, matándolo.

La basílica de Santa María, es un edificio que guarda grandes tesoros y anécdotas. Levantada en 1222, antes de que se construyera la famosa plaza mayor de Cracovia, se encuentra situada de forma oblicua. A partir del siglo XVI comenzaron su reconstrucción y acaba en dos torres asimétricas. Dice la leyenda que la empezaron a construir dos hermanos para ver quien llegaba más alto, pero cuando el menor vió que la suya era más baja y menos bonita que la de su hermano, lo asesinó, y luego se lanzó al vacío. En su interior destaca el retablo mayor, obra de Veit Stoss elaborado con madera de roble, de más de 13 metros de altura con dos alas móviles y dos inmóviles. Hay 200 tallas esculpidas en madera de tilo y la figura central es la Ascensión de María, rodeada por los apóstoles. Destaca también la policromía del siglo XIX con sus bóvedas estrelladas, el crucifijo de Slacker y los vitrales medievales. En una de las capillas encontramos el confesionario que durante años utilizó Juan Pablo II, cuando era arzobispo de la ciudad.

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La basílica de Santa María es otro de los símbolos de Cracovia, que fue, junto con Quito, la primera ciudad Patrimonio de la Humanidad, en 1978. El río Vístula sirvió para transportar la sal de las minas próximas porque era tan cara como el oro, porque era el único producto que servía para preservar la comida. Por sus aguas también se transportaban grano, minerales y metales..... 

Entre carrozas y caballos seguimos buscando los monumentos distintivos de este importante centro comercial de la Edad Media. Agnes Nowak, guía turística, nos explica como la sal, el ámbar y las telas, forjaron su poderío económico.

En la plaza mayor encontramos palomas, que la leyenda asegura que son soldados de Enrique IV, que pactó con una bruja agasajarla con oro si el Papa lo proclamaba rey. Al amanecer el rey encontró vacío el palacio.... y la plaza del mercado llena de palomas con oro en el pico. La tradición señala que si la ciudad corre peligro volverán a convertirse en soldados.

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En los 200 metros cuadrados que forman el Rynek Glowny, la plaza del mercado,se reúnen los tres poderes que han marcado la historia de la ciudad: el eclesial, con la basílica de Santa María, el comercial, representado por el Mercado o Lonja de los Paños y el político, con la torre del viejo ayuntamiento. La Lonja de los Paños es un edificio renacentista rodeado de arcadas, donde en el siglo XVI, se tomaba el pulso económica de la poderosa ciudad. Allí los comerciantes intercambiaban textiles por sal, sedas y especies de oriente o ámbar del Báltico. En el contorno de la plaza se levantan viejos palacios y viviendas de antiguos burgueses. El cuarto poder, la universidad Jaguelónica, se encuentra a pocas calles del centro.

A pocos metros encontramos otro símbolo de la ciudad, la Barbacana, el único resto importante de la muralla medieval, junto a la puerta de San Florian, tradicional entrada a la ciudad. En línea recta, y cruzando la plaza, al otro extremo de la calle principal, Grodzka, está el castillo de Wawel, no solo es un símbolo de la ciudad, sino que allí están enterrados reyes y príncipes polacos. También está la catedral de Wawel. El poder civil está representado por la Torre del Ayuntamiento, aunque la original fue destruida y luego pasó a albergar una prisión.

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A los pies del castillo hay una estatua que representa a Smog, un dragón, que según la leyenda sentía un voraz apetito por las mujeres vírgenes. El rey, preocupado, porque cada vez quedaban menos jóvenes prometí la mano de su hija a quien matara al dragón. Tras muchos fracasos, el zapatero del pueblo, Skuba, engañó a la bestia dándole de comer una piel de oveja, llena de azufre. Para apagar el fuego el animal bebió agua del Vístula hasta explotar. Ahora la estatua lanza fuego cada cierto tiempo, y se puede entrar en su guarida.

Cracovia, barrios con personalidad

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A pesar de su antigüedad, Cracovia es una ciudad joven... muestra de ello es el atractivo que tiene entre los Erasmus.... Eso conlleva lugares de diversión. Su centro histórico está lleno de restaurantes, cafés, panaderías y cervecerías, donde tomar la clásica piwo. Uno de los lugares predilectos es Kazimierz, el barrio judío, a pocos pasos del centro. Un lugar abandonado tras la expulsión de los judíos, y que en los últimos años ha recuperado la vitalidad, atrayendo a miles de jóvenes... y turistas. No sin mucho esfuerzo el barrio se ha regenerado y ha recuperado cierto carácter bohemio e intelectual.

Kazimierz fue durante siglos una ciudad independiente. Se calcula que cuando los nazis llegaron al poder, vivían unos 60.000 judíos... fueron expulsados y la mayoría murieron en los campos de concentración. Su laberinto de callejuelas, todavía guarda las marcas de la persecución y muchos edificios permanecen cerrados, porque sus propietarios nunca regresaron.

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Su abandono no muestra la agitada actividad comercial que mantuvo la población judía durante más de 500 años. En sus callejuelas se rodó la oscarizada película de Steven Spielberg. En la calle Szeroka encontramos la vieja Sinagoga, construida en 1500, el edificio judío más antiguo del país, también el cementerio Remuh o la sinagoga Tempel.

Tras cruzar el Vístula, encontramos el gheto de Cracovia. Allí está la fábrica de Oskar Schlinder, uno de los atractivos turísticos del lugar, también un fragmento del muro con forma de lápidas, que rodeaba las 30 calles en las que se hacinaban unas 15.000 personas y la impactante plaza Bohaterow, también conocida como plazas de los héroes. Hay 66 sillas, recordando las que llevaban los judíos para poder sentarse mientras esperaban largas horas antes de ser deportados. Podemos entender lo que significó para muchos de ellos la estrategia del industrial alemán Schlinder y su contable para rescatar a los prisioneros y evitar que acabaran en aquellas sillas.

Situada a orillas del río Vístula, fue antigua capital de Polonia, y hoy forma parte de la región denominada "Pequeña Polonia". Stare Miasto, es la ciudad vieja, mientras que Nowa Huta, construida junto a la acería Lenin durante la guerra fría, debía ser el paraíso del trabajador, un distrito industrial con edificios de estilo soviético. Sobre una de las colinas encontramos el último símbolo de la ciudad, es el montículo dedicado a Tadeusz Kosciuszko, en su interior encontramos urnas con tierra llevada de todos los campos de batalla polacos, y de Estados Unidos, en los que luchó esté héroe nacional. Su cima.... con la impresionante vista de la ciudad y el Vístula, es un buen lugar para despedirnos de Cracovia.

La impresionante mina de Wieliczka

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A media hora, encontramos otro patrimonio de la humanidad. La minas de Wieliczka, bautizada por muchos como la catedral de sal. Es una de las más antiguas del mundo, y en su laberinto de galerías, cámaras, lagos subterráneos, estancias y capillas se encuentran esculturas religiosas o de personajes históricos, exquisitamente esculpidas por los mineros, a pesar de ser un lugar peligroso.

Con una antigüedad de unos 15 millones de años, de sus 300 kilómetros, se recorren unos 3.500 metros, visitando unas 20 salas, entre las que se encuentra la sobrecogedora capilla de St. Kinga. Las galerías tienen 9 niveles, con unas 3.000 cámaras, y para acceder al interior, hay que bajar unas 380 escaleras. No os asustéis, luego se puede subir en un ascensor... eso sí muy estrecho, pero es un viaje interesante y aconsejable. También se puede hacer un recorrido minero, menos visitado - unos 800.000 turistas anualmente-, pero que permite una experiencia más cercana a la realidad del duro trabajo de los mineros. Por cierto, en el siglo XV ya eran un atractivo turístico para un grupo de escogidos.

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca

Categorías: Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   28.abr.2018 15:55    

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Viaje a Ítaca

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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