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El lechazo y el vino, grandes atractivos gastronómicos de Aranda de Duero

    lunes 11.jun.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Leña de encina, un lechazo de primera calidad y un buen horno, son la base para disfrutar de un lechazo asado de Aranda de Duero, autoproclamada -con razón, la capital del lechazo castellano. A esa categoría añade la capital de comarca del Ribera de Duero. Hasta finales de junio, la ciudad burgalesa celebra las jornadas gastronómicas de este producto que le ha dado renombre en toda la geografía española. Por supuesto, se puede disfrutar en cualquier época del año, pero nueve maestros asadores se unen para degustarlo a 38€, durante este mes, coincidiendo con las XVIII jornadas gastronómicas.

A su rica gastronomía, hay que añadir su patrimonio cultural y sus viñedos, para desarrollar los cinco sentidos. Aranda situada a poco más de una hora de Madrid y casi dos de Bilbao, es cada fin de semana un lugar de gran atractivo turístico-gastronómico. Disponer de poco tiempo no es ninguna excusa para escaparse durante unas horas a este rincón de Castilla-León.

Los cocineros de la zona, aseguran que el lechazo, el asador y los embutidos de la zona, son el "sota, caballo y rey" de su gastronomía. Porque cada plato está acompañado de morcilla de Burgos o de Aranda (que añade  comino, pimienta negra y un punto de canela), escabechados, pimientos al horno, lechuga de Medina, pan de torta, quesos, aceites y los vinos. Otra característica de la morcilla de Aranda es que tiene dos cocciones, la primera se realiza antes del embute y la segunda después, motivo por el que aseguran que "repite menos". 

Los asadores que participan son Asador Casa Florencio, Hotel Montermoso Aranda de Duero, Asador El Ciprés, Restaurante Aitana, Asador de Aranda, El 51 del SOL, El Lagar de Isilla, Mesón El Pastor y Mesón de la Villa. ¿En qué se diferencian uno de otro? En los entrantes, unos mantienen la tradición, que son los platos mencionados, y otros añaden mollejas de lechazo, croquetas con bechamel, chanfaina con huevo de codorniz y paté de lechazo, chorizo cocino al vino o carrilleras al chilindrón.

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Cada maestro asador atesora un gran bagaje culinario que le confiere identidad propia a su establecimiento, compaginando la tradición y la vanguardia culinaria. Por eso vale la pena visitar un asador, y si tenéis oportunidad ver cómo lo enciende y cómo asa el lechazo. Además también podéis llevaros un take away, cocinado en cualquier asador o incluso en las panaderías con horno, aunque en este caso lo más habitual es llevar el lechazo y esperar que os lo asen.... Tardan unas 3 horas. 

Hay dos excusas para poder viajar un día a la ciudad. O bien porque uno va a comer lechazo y aprovecha para visitar esta ciudad, con un rico patrimonio histórico; o decir que vas a ver Aranda de Duero y de paso comes un lechazo. Por una razón u otra, no tienes excusa para acercarte cualquier día del año. El etnoturismo se ha convertido en todo un eje de atracción económica para la ciudad y su comarca. 

Aranda de Duero y su patrimonio cultural

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Imposible concebir Aranda y sus alrededores, el área metropolitana como comentábamos estos días con una hostelera arandina, sin sus siete kilómetros de bodegas subterráneas medievales, declaradas Bien de Interés Cultural, y de monumentos históricos como la iglesia de Santa María la Real o el Puente Romano. Además hasta el 26 de agosto, los fines de semana se puede disfrutar del espectáculo "Teatro en la bodega" en la Bodega de la Caballeriza, que traslada al visitante por la historia de la ciudad burgalesa, en el que tienen un papel importante personajes como Isabel la Católica o Napoleón Bonaparte. Gastronomía, cultura e historia se unen en este viaje.

Una de las propuestas para recorrer la ciudad, comienza en la Plaza Mayor. Rodeada de bares, tiendas y comercios tradicionales nos permite conocer el casco antiguo, que según un plano rescatado de 1503 y conservado en Simancas, ha permanecido casi intacto desde la Edad Media, con la tradicional trama urbana de la época, callejuelas y plazoletas. De ahí nos dirigimos a la Iglesia Santa María la Real, un monumento de estilo gótico que alberga la pila bautismal del siglo XIII, donde bautizaron a Bernardo de Sandoval y Rojas, inquisidor general del Reino y mecenas de Cervantes. También se conserva un púlpito plateresco y el retablo romanista

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El puente romano, o Puente de las Tenerías, desde donde se disfruta de una panorámica del Duero, con diferentes colores según la época del año y que forma parte de la "senda del Duero". Y por supuesto sus famosas bodegas subterráneas que nos trasladan a la Edad Media. A lo largo de siete kilómetros, que recorren todo el casco histórico, se contabilizan unas 300 instalaciones, convirtiéndola en una ciudad subterránea. Fueron construidas entre los siglos XII y XVIII e ideadas para el reposo y la maduración del vino manteniendo unas condiciones ideales de temperatura y humedad. A través de pasadizos y escaleras, el viajero se envuelve en silencio y olor del vino, mientras se desmenuzan los secretos del tratamiento del vino a lo largo de la historia. 

Otros edificios son la iglesia de San Juan, del siglo XIV-XV, con sus características nueve arquivoltas y el retablo renacentista o el neoclásico del altar mayor, y que en 1473 acogió el concilio de Aranda. Actualmente se ha convertido en museo de arte sacro. También son interesantes las iglesias de San Pedro Regalado y San Nicolás de Bari, el Palacio de los Berdugo, visitado por el emperador francés y cerca encontramos la ciudadela románica de Clunia Sulpicia y el Monasterio de Santa María de la Vid. Además su semana Santa está catalogada como de interés turístico regional.

Categorías: Gastronomía , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   11.jun.2018 18:01    

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Viaje a Ítaca

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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