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El Monasterio de Piedra cumple 800 años

    miércoles 27.jun.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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El río Piedra, entra este año en el Parque Natural que lleva su nombre, alegre, saltarín, ruidoso. Las prolongadas e intensas lluvias de esta primavera, le permiten mostrar sus numerosos saltos en toda su plenitud. A lo largo de casi cinco kilómetros sortea desniveles abruptos formando cascadas como el "Baño de Diana", la Trinidad, la Caprichosa, los Chorreaderos y la cola de Caballo, que aparece medio escondida después de atravesar la gruta Iris. En el interior de esa cueva todo es humedad, gotas que se cuelan entre las rocas horadadas por el paso del tiempo, y oquedades entre las que vemos esa impresionante cola de caballo de unos 50 metros de altura. La más alta de todas las que el Piedra va dejando a su paso por este lugar que hace 800 años escogieron los monjes cistercienses para establecerse allí y dominar el territorio. Ellos lo adiestraron, pero el tiempo es imperturbable y el río es el que ha pervivido a lo largo de la historia, dibujando un oasis, en medio del desierto de Aragón. "Después de hacer un recorrido por un paisaje árido y poca vegetación, totalmente seco, llega a un vergel y atraviesa la puerta colorada en la muralla. A partir de ahí encuentras el agua y la vegetación, convirtiéndolo en un lugar más fresco, que sobre todo es palpable en verano", nos explica Jordi Pérez.

Tras su vertiginoso camino por grutas y cascadas, a la salida del municipio de Nuévalos, el río se tranquiliza en el embalse de la Tranquera, antes de llegar a su desembocadura en el Jalón. Jordi Pérez, guía del Parque Monasterio Piedra nos habla de los casi 20 tipos de aves que acompañan al río durante todo el año. "Es un riconcito en el que hallan refugio trepadores azules, mirlos acuáticos, oropéndolas o el martín pescador y desde un punto de vista botánico encontramos arboles muy interesantes, que prácticamente han desaparecido del valle del Piedra, como los arces de Montpellier y helechos, que aquí sobreviven sin sentir la presión humana". Además de primavera a otoño hay una exhibición diaria de vuelo de aves rapaces.

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El Piedra llega a este parque, jardín histórico, pocos kilómetros después de su nacimiento en las tierras altas del Sistema Ibérico. Entra dividido en dos, un brazo se dirige hacia la gruta de la Pantera para formar la Cascada Trinidad. El otro brazo juguetea con los desniveles de los fresnos altos y bajos moldeando los saltos de los Vadillos, y acaba en la cascada de la caprichosa mientras se forma otro brazo que baja por la cascada Iris y más tarde cae abruptamente en el salto más importante del parque la Cola de Caballo,  mientras la de los Chorreaderos, está unos metros más alejada.

Me cuenta el Piedra que los monjes dominaron su cauce y crearon una huerta y un monasterio. La historia que me explica comienza hace 8 siglos, cuando vio aparecer a 12 monjes cistercienses procedentes del monasterio de Poblet. Llegaronn con dos objetivos: fundar un nuevo convento de la orden monástica y ayudar a repoblar la zona, para ello escogieron un antiguo castillo árabe abandonado, situado a la orilla derecha del Piedra y aprovechando su agua comenzaron a transformar el lugar convirtiéndolo en un monasterio y trabajando las tierras aledañas. El lugar escogido es ídilico, tranquilo y aislado. Un entorno que ayuda a la meditación y a la paz... envuelto -a todas horas- por el murmullo de los saltos de agua que el río Piedra forma al precipitarse por la montaña. Nos dice Herbert González profesor de la Universidad Complutense, que no les fue fácil dominar al río, porque "es una área geográfica donde es muy difícil la explotación agroalimentaria, situada a a 800 metros e altitud, es una zona pedregosa en la que no hay una excesiva abundancia de agua".

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Este año el Piedra está alegre, lleva agua en abundancia, y está parlanchín. Me sigue explicando que al poco tiempo de llegar, los monjes edificaron un monasterio basándose en la característica arquitectura del Císter: sobria, austera, sencilla y luminosa. Con una estructura inicial marcada por el gótico primitivo del XIII y que acabó con formas del gótico renacentista del XVI. No parece que le desagradara tener compañía. Desde la altura de sus cascadas veía como se iba transformando el edificio, con nuevas estancias, retablos y esculturas donde podemos apreciar detalles del barroco del siglo XVIII.

En todo ese tiempo, uno de los momentos que más le sorprendió fue un olor dulzón que llegaba de las cocinas del convento. Era chocolate, se lo envió al abad Antonio de Álvaro, un fraile que acompañaba a Hernán Cortés en la conquista de México. En Aragón los monjes de este monasterio, fueron los primeros europeos en añadir azúcar, canela y vainilla, para endulzar su amargor inicial. Le llamaban el alimento de los dioses.

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No todo fue siempre alegría, la desamortización de Mendizábal, supuso el abandono de las tierras y la degradación del convento y su entorno. El río empezó a sentirse más solo... y explica como llegó gente que se llevaba los restos que habían quedado olvidados. Entre ellos reconoció a algunos monjes que habían vivido en el monasterio y que se llevaban obras de arte, principalmente retablos, para adornar iglesias del entorno, dónde ejercían de párrocos. De esas obras de arte se aprovechan ahora los pueblos vecinos para potenciar el turismo que llega al monasterio, unas 250.000 personas cada año. Además Calatayud, la ciudad más importante de la comarca, tiene un rico patrimonio mudéjar, que añade otro atractivo cultural a la visita.

A mediados del siglo XIX, hace ahora 175 años, el rio volvió a tener visita, ahora ya de manera definitiva. Pablo Muntadas  compró el monasterio y las fincas. Él y sus descendientes transformaron la huerta en un jardín paisajista, añadieron una piscifactoría y convirtieron las dependencias conventuales en una instalación hotelera e hidroterápica. Hoy es un hotel que forma parte de la ruta europea del Cister. José Pont, director General del Monasterio Piedra, dice que muchos de los visitantes del parque se extrañan de que en ese lugar haya un monasterio.

"A orillas del río Piedra me senté y lloré", así se titula una novela de Paulo Coelho publicada en 1994. Allí la protagonista, recuerda su niñez, un lugar prohibido y mágico donde vivió momentos hermosos de su infancia. Sin necesidad de vivir las aventuras y desventuras de Pilar, lo cierto es que todo el entorno invita al recogimiento, sobre todo fuera de la época veraniega. El río Piedra, me despide ya tranquilo camino de Nuévalos, en busca del río Jalón.

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* Coincidiendo con el 0ctavo centenario de la consagración del monasterio, durante el verano los visitantes podrán disfrutar de la exposición fotográfica “Monasterio de Piedra, ayer y hoy” conformada por una serie de fotografías antiguas que pueden ser admiradas en el mismo entorno en el que se realizaron, algunas tomadas hace más de un siglo. La muestra supone un atractivo adicional en la visita del Centro Turístico.  En diferentes puntos del complejo, se han colocado distintos paneles explicativos en los que el visitante puede ver, a través de fotografías antiguas, cómo era hace años ese paisaje o edificio.

Resulta curioso comprobar que, a pesar de que en algunos casos la fotografía está tomada hace más de 120 años, el entorno se conserva prácticamente igual, tal es el caso de la Cascada Trinidad o de espacios arquitectónicos como la Puerta del Palacio Abacial o el Refectorio. Sin embargo, la acción de la propia naturaleza también ha transformado la belleza de algunos de los parajes más espectaculares del Parque como la Cascada Iris, donde la fuerza del agua ha ido erosionando la roca modificando su geomorfología con el paso de los años.

* El cine se ha sentido también atraído por el Monasterio. La primera película se rodó en 1905, "El rostro del asesino", dirigida por Fructuós Gelabert, y aunque se tiene poca documentación sobre los rodajes de las décadas de los 60 y 70, Jorge Grau, grabó "La siesta"; y Daniel Monzón "El corazón guerrero". La última cinta que ha escogido a este lugar entre sus localizaciones está "El hombre que mató a don Quijote", dirigida por el estadounidense Terry Gilliam, y en la que participan actores como Adan Driver, Jonathan Pryce, Oscar Jaenada, Jordi Mollá, Sergi López y Rossy de Palma. 

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca

 

Categorías: Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   27.jun.2018 09:48    

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Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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