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Ciudades mundialistas, el nuevo atractivo turístico en Rusia

    domingo 15.jul.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

Muñecas
Pocas cosas tan ligadas a la tradición de Rusia como las las matrioska o mamushka, un símbolo de la artesanía de ese inmenso país. Muñecas huecas, de madera, pintadas a mano, que llevan otra más pequeña dentro, con un mínimo de 5 muñecas, y un máximo que debe ser siempre impar. Aunque se dice que su origen es japonés, a finales del s. XIX, un artesano del norte de Moscú vió una, y copió la idea. En 1900, coincidiendo con la Exposición Universal de París, el diseño triunfó y su uso se difundió por toda Rusia.
 
Nuestra personal matrioska, tiene 11 muñecas.... 1 por cada sede que ha acogido el mundial de Rusia. Así que empezamos a descubrir cada una de ellas. La más grande, la que representa Moscú.

Moscú, la ciudad que sorprende

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La capital de este inmenso país, con más de 900 años de historia, es una de las ciudades más antiguas de Rusia, marcada por cada época, especialmente las de los últimos tres siglos: la imperial, la soviética y la actual. Una urbe cosmopolita, con amplísimas avenidas y donde el metro es una de sus joyas arquitectónicas. Le llaman el palacio subterráneo o el palacio del pueblo con 12 líneas y 165 estaciones. Una de ellas da acceso a la Plaza Roja, el denominado kilómetro cero ruso. Es la tercera plaza más grande del mundo, ubicada junto a la catedral de San Basilio, el mausoleo de Lenin y el Kremlin. La ciudadela roja esta levantada sobre muros de ladrillo de ese color y en su interior acoge cuatro palacios y cuatro catedrales, la más grande la de la Asunción, con sus tres colores característicos: blancos, beig y el dorado de las cúpulas. Allí están enterrados todos los zares y los patriarcas de la iglesia rusa.
 
En esta visita rápida por las ciudades del Mundial, no podéis dejar de pasear por el barrio medieval de Kitay-Gorod, los jardines de la Iglesia del Salvador, y por supuesto, la iglesia, pasear por los bulevares, la muralla del siglo XVI que nos traslada un poco a París; comprar o simplemente mirar los comercios de las galerías GUM o la calle Petrovka y la más humilde, pero emblemática Arbat... navegar por el  Moscova. No podéis dejar de visitar la Avenida Teatral, con los teatros Maly y Bolshoi o realizar algún tour nocturno con los impresionantes monumentos iluminados, especialmente el edificio del ministerio de exteriores o el de la antigua KGB, en la plaza Lubianka. Moscú es cara y complicada de llegar por los trámites administrativos que comporta el visado... Así que no penséis viajar de hoy para mañana y es enrevesado hacerlo por vuestra cuenta.
 

San Petersburgo, la ciudad blanca 

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Levanto mi primera matrioska de ciudades mundialistas y me encuentro... San Petersburgo (Санкт-Петербург), la segunda ciudad rusa más importante y dicen que la más europea de todas. Le llaman la ciudad blanca, por sus noches blancas entre mayo y julio, cuando no se pone el sol y por el blanco de la nieve en invierno. Tiene el sobrenombre de la "Venecia del Norte", aunque se diseñó pensando en Amsterdam. El Báltico y el río Neva marcan su clima, y en sus aguas, está anclado el histórico crucero "Aurora", desde donde el 25 de octubre de 1917, a las 21:40 se lanzó una salva, la señal para asaltar el Palacio de Invierno, que significó el inicio de la revolución soviética.  
 
Declarado Patrimonio de la Humanidad, el centro de la capital imperial rusa -título que ostentó entre 1712 y 1918-, está marcado por los modelos bárroco y neoclásico, de Italia y Francia. Por los alrededores de la plaza del Palacio, junto al Museo Ermitage, -el más importante de los 200 museos que hay en la ciudad- vemos los jardines de verano o el campo de Marte, sin dejar de pasear arriba y abajo por la avenida Nevsky o un poco más alejado de la zona el templo de la danza, el teatro Mariinsky, con su característico color azul y blanco. También podemos acercarnos a la isla Zayachy y alcanzar la catedral y fortaleza de san Pedro y san Pablo, donde estuvieron presos -entre otros- Dostoievsky y Trotsky. Forma parte de la ciudadela, o ciudad antigua, y están enterrados los zares y sus familias desde Pedro I el Grande a Nicolás II.  
 
El metro de San Petersburgo, no alcanza la magnificencia de Moscú, pero tiene un gran atractivo, una de las estaciones más importantes es Zvenigorodskaya. Además tiene un importante sistema de transporte público en el que se incluyen los autobuses, el tranvía y el tren, incluida la impactante estación de Vitebsky. Hay que tener en cuenta que es un núcleo importante de comunicación de la región del Báltico, con ferrys a Finlandia y vuelos continuos a otras capitales de la zona. Los peterburgueses, la llaman cariñosamente Píter.
 
La ciudad, repleta de canales, tiene unos 340 puentes, 22 de ellos levadizos que en primavera y verano se levantan entre la una y las 5 de la madrugada. Todo un espectáculo nocturno, aunque hay que tenerlo en cuenta para no quedar aislado durante toda la noche. También lo es, navegar por el río, observando la iluminación de sus edificios más emblemáticos, en ambas márgenes del Neva. Otra posibilidad es viajar hasta la desembocadura del río en el Báltico. Como en las grandes ciudades rusas, navegar sus grandes ríos es una opción turística que siempre hay que tener en cuenta.

Ekaterimburgo, entre Asia y Europa  Img_azarzoso_20180620-114802_imagenes_lv_terceros_istock-136376009-0657-kBGF-U45261266308s8D-992x558@LaVanguardia-Web

La tercera matrioska nos muestra Ekaterimburgo (Екатеринбург), en los Urales, y que lleva el nombre de la esposa del zar Pedro el Grande, Yekaterina. Situada a casi 1.500 kilómetros de Moscú, más de 24 horas en tren, en esta ciudad los bolcheviques acabaron con la vida del zar Nicolás II, y ya antes había sido asesinada la familia Romanov, en la iglesia catedral de la Sangre Derramada. Este 17 de julio se celebra el centenario del magnicidio. Entre otros lugares curiosos encontramos el cementerio de los mafiosos o el palacete kitsch, la casa Sevastyanov.
 
Ciudad estrechamente ligada a la minería tiene varios museos geológicos. Es un buen lugar para hacer excursiones a los Urales y entre los atractivos tiene un museo dedicado al primer presidente de la Federación rusa, Boris Yeltsin o el Teatro de la Ópera. Ciudad con una gran vida cultural, tiene censados unos seiscientos monumentos históricos, culturales y arquitectónicos censados, entre los que encontramos 8 teatros, 17 salas de cine, 8 museos y 7 parques.
 

Nihzhy Nóvgorod, el Kremlin del Volga 

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Foto Wiki Commons, Maria Krivosheina
 
Nizhny Nóvgorod (Ни́жний Но́вгород) es la cuarta ciudad por importancia. El Kremlin rosa se encuentra en la cima de la original escalera Chkalovskaya, en forma de 8... con 560 escalones que suben desde el río Volga hasta la fortaleza del siglo XVI acabada en 13 torres. Esta vieja ciudadela acoge en su interior la Asamblea Legislativa, la Filarmónica y el Tribunal de Arbitraje. En sus proximidades se unen dos ríos navegables, el Volga y el Oká, este último deja su impronta con unas aguas más claras. 
 
Destaca su austera catedral, el Monasterio de la Ascensión Pechersky de cinco cúpulas, varias iglesias de estilo barroco temprano y la de la Natividad de la Virgen, en el centro de la ciudad. Tres religiones comparten una misma ciudad. La catedral Alexander Nevsky  es la tercera más alta de Rusia, la mezquita en Sennaya Square, y la Sinagoga, construida hacia 1880.
 
Otros lugares destacados son el palacio de la familia Rukavishnikov o el jardín Alexandrovsky. Para pasear, hay que recorrer la principal calle peatonal, la Bolshaya Pokrovskaya, o Pokrovka. Es la más animada de la ciudad, y conecta las dos plazas principales: Ploshchad Minina i Pozharskogo y Ploshchad Gorkogo. 
 

De Samara al cielo

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La quinta ciudad que visitamos es Samara (Сама́ра), que es la que está más cerca del espacio. Es el principal centro de la industria aeroespacial rusa, donde hallamos el monumento a la nave Soyuz 1, (el primer vuelo espacial tripulado), el búnker subterráneo de Stalin, la plaza Kúibyshev, o el parque natural de Zhigulevskie, considerado el más grande de Europa. Todavía se puede encontrar cierta atmósfera al siglo XIX, mientas se contempla el Teatro de Ópera y Ballet, el templo católico, la iglesia luterana, la mansión de Kurliná,  o la arquitectura de las calles Kúibysheva y Leningrádskaya.
 
El jardín Pushkin es un mirador ideal para disfrutar del Volga, un compañero en casi todo el recorrido de estas ciudades mundialistas, que riega un tercio de la Rusia europea y juega un papel en el imaginario del pais, inspiración de novelistas y músicos.  
 

Kazán, entre el este y el oeste

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Precisamente entre las confluencias del Volga y el Kazanka, encontramos Kazán (Казань), la capital de la República de Tatarstan, un lugar de intensos contactos comerciales entre el este y el oeste, punto de encuentro entre Asia y Europa. Tiene más de 1.000 años de historia, y durante siglos fue un cruce de caminos en la Ruta de la Seda. Actualmente esta milenaria ciudad europea, capital histórica de los tártaros, es la tercera urbe más importante de Rusia que sin renunciar a su pasado, sigue modernizándose potenciando tecnologías y servicios. Entre ellos el turismo. Situada a 800 km. de Moscú, en la confluencia del Volga y el Kazán, atrae a unos 2,5 millones de turistas anualmente y se ha convertido en uno de los ocho destinos turísticos del mundo con más crecimiento.
 
Bajo el lema "Kazán, capital de la hospitalidad", la ciudad se enorgullece de su rico patrimonio multicultural, con 7 teatros y 275 museos, desarrollando más de 20 festivales y concursos anuales. Desde 1992, cada mes de febrero, se celebra el Festival de opera Internacional F.I. Shalyapin. Y entre los meses de julio y agosto organizan el Festival Internacional de verano de jazz en la mansión de Sandetsky.

Uno de sus mayores atractivos turísticos es la ciudadela de Kazán, también conocida como el Kremlin de Kazán, inscrita en el Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000. Un conjunto arquitectónico que acoge la catedral de la Anunciación y la Torre Inclinada de Siuyumbiké, desde donde según la leyenda se arrojó la princesa tártara para evitar la boda con Iván el Terrible, que conquistó la ciudad en 1552. Allí hay una de las más importantes reliquias ortodoxas, el icono de la Madona de Kazán, sin olvidar la mezquita Kul Sharif, o el monasterio de Zilantov y sus más de 700 monumentos antiguos, una gran parte de ellos en el centro histórico. 

Rostov del Don, cerca del Mar Negro

Rostov-1024x682Foto Wiki Commons, Moreorless

 La sexta matrioska que descubro, corresponde a Rostov del Don (Росто́в-на-Дону́) . Cambiamos de río y llegamos a la capital de los cosacos, la casta guerrera que defendió durante siglos las fronteras de Rusia. Esta ciudad portuaria situada a pocos kilómetros de la desembocadura del río en el Mar Negro, tiene una de las calles más lujosas del país, Bolshaya Sadovaya, rodeada de antiguos edificios y casas nobles, como el ayuntamiento o el palacete modernista Margarita Chernova. Pushkin está presente en el bulevard que lleva su nombre, un paseo ajardinado, muy ornamentado, donde encontramos unos globos de hierro forjado que representan escenas de las obras más populares del autor ruso.

Otros lugares son la fortaleza Liventsóvskaya, la fuente de los Atlantes, que preside la plaza del Teatro, las iglesias de Santa Cruz, de estilo armenio, o la de la Natividad. Y para descansar de un ajetreado día de turismo, vale la pena disfrutar de un paseo alrededor del denominado estanque del Don. 
 

Volgogrado, la capital del gran río ruso

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Foto: volganet.ru
 
Volgogrado, nos devuelve una vez más al gran río ruso. La antigua Stalingrado, reducida a escombros durante la Segunda Guerra Mundial fue reconstruida con el neoclasicismo monumental marcado por el estalinismo. Uno de los memoriales de aquella heroica batalla se puede ver en el impresionante Mamaev Kurgan, sus doscientos escalones,  conducen a la cima de la colina, el número de días que duró la batalla de Stalingrado.
 
Simbólica es también la gran estatua  de la Plaza Lenin, erigida en 1960 para conmemorar el 90 cumpleaños de Lenin. La estatua de bronce muestra a Lenin de pie sobre un pedestal de granito que simboliza la torreta de un vehículo blindado de combate, recreando la escena histórica cuando el líder soviético pronunció un discurso clave desde la parte superior de un vehículo de combate blindado frente a la estación de Finlandia en Petrogrado en abril de 1917. Historia que se amplia en los museos Panorama y Paulus.
 
Encajado entre Ucrania y Kazajstán, a medio camino entre el Mar Negro y el Mar Caspio, y lejos de Moscú, es uno de los lugares más al sur que ha albergado la competición futbolística. Empezó su andadura histórica con el nombre de Tsaritsin, en 1850, y en 1925 adoptó el nombre de Stalingrado, para acabar como Volgogrado en 1961, cuando se empezó a desmantelar el mito del dictador.
 

Kaliningrado, de raíces prusianas

Kaliningrad
Foto: Wiki Commons, Aleksander Kaasik
 
Kaliningrado (Калининград), esta ciudad, una de las más antiguas de Rusia, se fundó con el nombre de Königsberg, y durante siglos perteneció a Prusia, hasta que formó parte de la Unión Soviética. Este enclave aislado de territorio ruso, se encuentra entre Lituania y Polonia, y es el único puerto ruso en el Báltico, que está libre de hielo durante todo el año.
 
Uno de sus barrios históricos es Amalienau, con sus curiosas calles que no mantienen ninguna linealidad y que no se cruzan en ángulo recto. Una de las doce icónicas puertas de la antigua ciudad es la de Brandenburgo, que dan paso a las viejas fortificaciones , a las iglesias luteranas, la Catedral y otros lugares de interés. En esta ciudad-jardín hay que visitar el barrio de los pescadores, la iglesia de la Santa Cruz con su estilo art-decó de los años 1920 y 1930 con un iconostasio de ámbar único. o la Torre Dohna, que una vez sirvió como una fortificación defensiva pero hoy alberga el Museo del Ámbar, que fue uno de los principales recursos del Báltico en la Edad Media.   
 

Sochi, la playa de Rusia

 
Del Báltico pasamos al Mar Negro y llegamos a Sochi (sot͡ɕɪ), a unas 30 horas de Moscú, en tren. Conocida por ser una ciudad balneario, con un clima especial, que ha atraído siempre a los grandes políticos y magnates rusos. Casi seguro, que no hay ninguno que no haya tenido una dacha. Stalin fue uno de los primeros. Es una de las ciudades más turísticas del país, que ya acogió los Juegos Olímpicos de invierno y donde las edificaciones se alejan del prototipo arquitectónico ruso. Ciudad ideal para los amantes de la montaña y la nieve o para practicar deportes de playa, su mayor atractivo turístico, es comprobar como veranean los turistas... rusos. Tienen una estatua dedicada a... todos nosotros... al turista.
 

Saransk, la más pequeña del Mundial'18

Saransk Foto Instagram
Foto Instagram
Nuestra última matrioska, la undécima, la que es solo de una pieza, por ser la más pequeña, es Saransk (Сара́нск). Le llaman la ciudad natal de los campeones de atletismo, porque allí nacieron varios de los atletas más destacados del país. Pequeña, pero con más de 40 iglesias y capillas, entre las que destaca la Iglesia de San Juan Evangelista, uno de los pocos monumentos arquitectónicos de la capital de Mordovia que data del siglo XVII. También hay una Iglesia de la Epifanía más pequeña dentro de las instalaciones de la iglesia principal, pero este es un edificio moderno. La primera evidencia escrita de la adopción del cristianismo por parte de la población local data del siglo XVI. Los primeros en adoptar la fe ortodoxa fueron la élite local, y para mediados del siglo XVIII, la conversión del pueblo Mordovo era más o menos completa.
 
Museo de Artes Visuales Mordovian Erzia nos muestra a través de 1.500 0bjetos la cultura mordovia y las obras de Stepán Erzia, un artista que vivió varios años en Buenos Aires. La cultura autóctona tiene su espacio en el teatro dramático mordoviano. La tradición teatral nacional de la República se remonta a la década de 1930, aunque este edificio en particular se construyó en 2007 en un lugar previamente ocupado por un edificio prerrevolucionario de dos pisos, que alberga la primera sala de cine de Saransk.
 
Categorías: Deportes , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   15.jul.2018 10:35    

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Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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