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Aranda de Duero, donde el lechazo marida con la historia

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En Aranda de Duero es posible encontrarse con la reina Isabel la Católica, paseando por las calles del casco antiguo. Puedes estar rezando o visitando la iglesia de Santa Maria la Real, y ver aparecer de pronto a esta figura histórica, tan ligada a la ciudad castellanoleonesa.  Isabelina es también la fachada de su portada gótica, construida por Simón de Colonia Durante una hora, aproximadamente, y junto a Carmen de Aranda la monarca rememora los días de infancia que vivió en esa localidad, cuando se celebró el Concilio de Aranda en 1473.

La reina castellana forma parte de la representación "callejera" organizada por el Teatro de la Bodega, que durante todos los fines de semana de verano realizan estas representaciones teatrales, mientras se pasea por el casco histórico de la ciudad. Carmen nos abre las puertas del tiempo y de la historia, convirtiéndose en el lazo de unión entre el pasado y el presente, igual que don Eulogio, al que encontramos momentáneamente mientras paseamos por la calle mayor. Él nos hace una advertencia, "hay que estar atento a los detalles". Durante la representación conoceremos a el Empecinado y a escritores célebres que también visitaron la ciudad burgalesa, como Pío Baroja, Hemingway, Alberti o García Lorca.

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Ya en el interior de la Bodega de las Caballerizas, dos personajes históricos enfrentan su ego ante los atónitos espectadores. Isabel de Castilla y Napoleón, a través del espectáculo organizado por el grupo artístico, descubren algunos detalles de la historia de Aranda, mientras los asistentes esperan a que se desvele "la vasija de barro más antigua del mundo que contuvo vino". Napoleón Bonaparte recuerda, no muy gratamente, cuando se hospedó en el palacio de los Berdugo, en 1808, mientras las tropas francesas intentaban conquistar la Península Ibérica. Las representaciones son gratuitas, pero hay que reservar entradas en la Oficina de Turismo, situada en la Plaza Mayor. Hasta el 26 de agosto, los sábados el horario es a las 11:30, 13h. 17.30 y 19h. Los domingos solo hay las dos representaciones de la mañana.

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Esta bodega fue hace siglos el lugar por el que entraban los carros para llevar el vino por los casi siete kilómetros de bodegas subterráneas que recorrían el subsuelo de la ciudad. Un complejo sistema de túneles que se construyó bajo las casas de los arandinos, destinadas a conservar el vino, aunque en algunos periodos de guerra sirvieron de refugio para la población. Algunas de ellas se mantienen desde el siglo XIII, y para acceder hay que bajar empinadas escaleras hasta llegar al entramado de pasadizos. En los restaurantes de la ciudad podéis visitar sus propias bodegas, también os las pueden enseñar los propietarios privados o el Museo Ribiértete , que explican la compleja construcción de estas estancias y el proceso que se sigue para elaborar un Ribera casero. Durante la visita se detalla como se mantienen los arcos fajones, pozos de desagüe, fresqueras, depósitos, pasillos y paredes de piedra.

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Se calcula que la "ciudad subterránea" llegó a tener más de 300 bodegas, de las que se conservan unas 135. El esfuerzo por conservarlas se ha visto premiado con la declaración de "Bien de Interés Cultural". Al parecer, esta sorprendente obra de ingeniería se desarrolló cuando los bodegueros intentaron evitar el pago de viña y construyeron estos almacenes. Como nos había advertido don Eulogio, hay que estar atentos a los detalles, y uno de ellos es descubrir en que viviendas tienen bodega. No es muy difícil porque hay muchas, pero si veis una rendija en el suelo y en el altillo de la puerta, estáis ante una de ellas. Son los respiraderos, que no solo mantienen las condiciones de temperatura y humedad, sino que facilitan la salida de gases tóxicos ligados a la maduración del vino. Estas instalaciones han estado siempre ligadas a la vida social de los vecinos, especialmente durante las fiestas cuando se reúnen las peñas. Es un buen momento para visitar la ciudad en todo su apogeo. Otro lugar de visita relacionado con el vino es el espacio museístico de la Bodega Las Ánimas dónde se explica la relación del vino con las tradiciones del lugar.

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Si no os gusta el jolgorio y a masificación de las fiestas  es interesante viajar en junio cuando se celebran las Jornadas del Lechazo Asado. Un tiempo en que se fusiona la historia, la gastronomía y el vino. Durante esos días nueve asadores ofrecen menús muy especiales a unos 38 euros incluido vino D.O. Ribera del Duero. Lo bueno para viajar a Aranda, es su cercanía a Madrid, Burgos o Bilbao. Una hora y media desde la capital, lo que permite pasar todo el día, o bien disfrutar de un fin de semana, alojándose en una casa rural y visitar otros municipios de los alrededores con varias opciones. Las Rutas Turísticas que la Asociación para el Fomento del Turismo de la Ribera del Duero ofrece un disfrute para los sentidos, con varias propuestas. Siente el Vino, para conocer las bodegas, pasear por sus viñedos y saborear sus caldo; Siente la Naturaleza, bosques mediterráneos, senderos, valles, campos de cultivo y el Parque Natural de las Hoces del río Riaza, refugio de aves rapaces; Siente la Historia, traslada al visitante a tiempos inmemoriales de vacceos, romanos y señores feudales; y finalmente, Siente Aranda de Duero.

El arte y la pericia del asador

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Leña de encina, un lechazo de primera calidad y un buen horno, son la base para disfrutar de un lechazo asado de Aranda de Duero, autoproclamada   -con razón-, la capital del lechazo castellano. A esa categoría añade la capital de comarca del Ribera de Duero. Hasta finales de junio, la ciudad burgalesa celebra las jornadas gastronómicas de este producto que le ha dado renombre en toda la geografía española. Por supuesto, se puede disfrutar en cualquier época del año, pero nueve maestros asadores se unen para degustarlo a 38€, durante este mes, coincidiendo con las XVIII jornadas gastronómicas. 

A su rica gastronomía, hay que añadir su patrimonio cultural y sus viñedos, para desarrollar los cinco sentidos. Aranda situada a poco más de una hora de Madrid y casi dos de Bilbao, es cada fin de semana un lugar de gran atractivo turístico-gastronómico. Disponer de poco tiempo no es ninguna excusa para escaparse durante unas horas a este rincón de Castilla y León.

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Los cocineros de la zona, aseguran que el lechazo, el asador y los embutidos de la zona, son el "sota, caballo y rey" de su gastronomía. Porque cada plato está acompañado de morcilla de Burgos o de Aranda (que añade  comino, pimienta negra y un punto de canela), escabechados, pimientos al horno, lechuga de Medina, pan de torta, quesos, aceites y los vinos. Otra característica de la morcilla de Aranda es que tiene dos cocciones, la primera se realiza antes del embute y la segunda después, motivo por el que aseguran que "repite menos". Si llegáis pronto a la ciudad, sobre las 11 de la mañana encienden los asadores, así que podréis conocer la técnica del asado. Os la explicarán encantados.

Los asadores que participan en las jornadas son nueve. Asador Casa FlorencioHotel Montermoso Aranda de DueroAsador El CiprésRestaurante AitanaAsador de ArandaEl 51 del SOLEl Lagar de IsillaMesón El Pastor y Mesón de la Villa. ¿En qué se diferencian uno de otro? En los entrantes, unos mantienen la tradición, que son los platos mencionados, y otros añaden mollejas de lechazo, croquetas con bechamel, chanfaina con huevo de codorniz y paté de lechazo, chorizo cocino al vino o carrilleras al chilindrón. Podíamos haber entrado en cualquiera de ellos, pero escogimos el Lagar de Isilla, a pocos pasos de la plaza mayor arandina. 

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Beatriz, gerente del restaurante, está liada, pero nos atiende personalmente y nos explica que es una empresa familiar de hoteleros que comenzó en 1995, manteniendo siempre el trato cercano con los comensales, fieles a la cultura y la gastronomía de la zona. Para ello maridan el lechazo con los vinos del Duero y la autóctona lechuga de Medina. Situada en la calle Isilla, que le da nombre, todo el menú está basado en el lechazo. Incluye entrantes en los que se pueden probar garbanzos con manitas de lechazo, ensalada de pierna de lechazo escabechada, lenguajes con pisto o brochetita de riñones con mahonesa de mostaza de Dijon. Por supuesto el plato principal, lechazo asado en horno de leña y de postre tarta de hojaldre con crema y nata. Y siguen improvisando nuevos platos a base de su producto más característico.

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Para acabar la jornada, un paseo por Aranda, nos llevará de nuevo a la iglesia de Santa María, donde por la mañana habíamos encontrado a Isabel la Católica, pero lo más importante es pasear por el casco histórico de la población, dónde se encuentra una copia del plano de la localidad realizado en 1503 y considerado el mapa urbano más antiguo de España. El original está en el Archivo General de Simancas. También se puede visitar la iglesia gótica de San Juan, convertida en museo sacro y el puente romano sobre el río Tenerías  situado junto a las Caballerizas. Antes de acabar el recorrido, visitad el santuario de San Pedro Regalado y la iglesia de San Nicolás de Bari.  Día completo para maridar lechazo e historia.

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Ángela Gonzalo del Moral    1.jul.2018 19:14    

El lechazo y el vino, grandes atractivos gastronómicos de Aranda de Duero

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Leña de encina, un lechazo de primera calidad y un buen horno, son la base para disfrutar de un lechazo asado de Aranda de Duero, autoproclamada -con razón, la capital del lechazo castellano. A esa categoría añade la capital de comarca del Ribera de Duero. Hasta finales de junio, la ciudad burgalesa celebra las jornadas gastronómicas de este producto que le ha dado renombre en toda la geografía española. Por supuesto, se puede disfrutar en cualquier época del año, pero nueve maestros asadores se unen para degustarlo a 38€, durante este mes, coincidiendo con las XVIII jornadas gastronómicas.

A su rica gastronomía, hay que añadir su patrimonio cultural y sus viñedos, para desarrollar los cinco sentidos. Aranda situada a poco más de una hora de Madrid y casi dos de Bilbao, es cada fin de semana un lugar de gran atractivo turístico-gastronómico. Disponer de poco tiempo no es ninguna excusa para escaparse durante unas horas a este rincón de Castilla-León.

Los cocineros de la zona, aseguran que el lechazo, el asador y los embutidos de la zona, son el "sota, caballo y rey" de su gastronomía. Porque cada plato está acompañado de morcilla de Burgos o de Aranda (que añade  comino, pimienta negra y un punto de canela), escabechados, pimientos al horno, lechuga de Medina, pan de torta, quesos, aceites y los vinos. Otra característica de la morcilla de Aranda es que tiene dos cocciones, la primera se realiza antes del embute y la segunda después, motivo por el que aseguran que "repite menos". 

Los asadores que participan son Asador Casa Florencio, Hotel Montermoso Aranda de Duero, Asador El Ciprés, Restaurante Aitana, Asador de Aranda, El 51 del SOL, El Lagar de Isilla, Mesón El Pastor y Mesón de la Villa. ¿En qué se diferencian uno de otro? En los entrantes, unos mantienen la tradición, que son los platos mencionados, y otros añaden mollejas de lechazo, croquetas con bechamel, chanfaina con huevo de codorniz y paté de lechazo, chorizo cocino al vino o carrilleras al chilindrón.

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Cada maestro asador atesora un gran bagaje culinario que le confiere identidad propia a su establecimiento, compaginando la tradición y la vanguardia culinaria. Por eso vale la pena visitar un asador, y si tenéis oportunidad ver cómo lo enciende y cómo asa el lechazo. Además también podéis llevaros un take away, cocinado en cualquier asador o incluso en las panaderías con horno, aunque en este caso lo más habitual es llevar el lechazo y esperar que os lo asen.... Tardan unas 3 horas. 

Hay dos excusas para poder viajar un día a la ciudad. O bien porque uno va a comer lechazo y aprovecha para visitar esta ciudad, con un rico patrimonio histórico; o decir que vas a ver Aranda de Duero y de paso comes un lechazo. Por una razón u otra, no tienes excusa para acercarte cualquier día del año. El etnoturismo se ha convertido en todo un eje de atracción económica para la ciudad y su comarca. 

Aranda de Duero y su patrimonio cultural

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Imposible concebir Aranda y sus alrededores, el área metropolitana como comentábamos estos días con una hostelera arandina, sin sus siete kilómetros de bodegas subterráneas medievales, declaradas Bien de Interés Cultural, y de monumentos históricos como la iglesia de Santa María la Real o el Puente Romano. Además hasta el 26 de agosto, los fines de semana se puede disfrutar del espectáculo "Teatro en la bodega" en la Bodega de la Caballeriza, que traslada al visitante por la historia de la ciudad burgalesa, en el que tienen un papel importante personajes como Isabel la Católica o Napoleón Bonaparte. Gastronomía, cultura e historia se unen en este viaje.

Una de las propuestas para recorrer la ciudad, comienza en la Plaza Mayor. Rodeada de bares, tiendas y comercios tradicionales nos permite conocer el casco antiguo, que según un plano rescatado de 1503 y conservado en Simancas, ha permanecido casi intacto desde la Edad Media, con la tradicional trama urbana de la época, callejuelas y plazoletas. De ahí nos dirigimos a la Iglesia Santa María la Real, un monumento de estilo gótico que alberga la pila bautismal del siglo XIII, donde bautizaron a Bernardo de Sandoval y Rojas, inquisidor general del Reino y mecenas de Cervantes. También se conserva un púlpito plateresco y el retablo romanista

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El puente romano, o Puente de las Tenerías, desde donde se disfruta de una panorámica del Duero, con diferentes colores según la época del año y que forma parte de la "senda del Duero". Y por supuesto sus famosas bodegas subterráneas que nos trasladan a la Edad Media. A lo largo de siete kilómetros, que recorren todo el casco histórico, se contabilizan unas 300 instalaciones, convirtiéndola en una ciudad subterránea. Fueron construidas entre los siglos XII y XVIII e ideadas para el reposo y la maduración del vino manteniendo unas condiciones ideales de temperatura y humedad. A través de pasadizos y escaleras, el viajero se envuelve en silencio y olor del vino, mientras se desmenuzan los secretos del tratamiento del vino a lo largo de la historia. 

Otros edificios son la iglesia de San Juan, del siglo XIV-XV, con sus características nueve arquivoltas y el retablo renacentista o el neoclásico del altar mayor, y que en 1473 acogió el concilio de Aranda. Actualmente se ha convertido en museo de arte sacro. También son interesantes las iglesias de San Pedro Regalado y San Nicolás de Bari, el Palacio de los Berdugo, visitado por el emperador francés y cerca encontramos la ciudadela románica de Clunia Sulpicia y el Monasterio de Santa María de la Vid. Además su semana Santa está catalogada como de interés turístico regional.

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Ángela Gonzalo del Moral   11.jun.2018 18:01    

Lleida celebra su popular fiesta del caracol a finales de mayo

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En 1980, hace casi 40 años, un grupo de leridanos comenzaron a encontrarse en la ribera del río Segre, para recordar una tradición de la huerta de Lleida, y organizar una caracolada.... Cuatro décadas más tarde, aquella idea local está a punto de ser reconocida como Fiesta de interés turístico internacional, y se calcula que tiene un impacto económico anual de 1.500.000 euros. Solo le falta el título, porque ya hace tiempo, que por el recinto de los Camps Elisis, que cada mayo se transforma en un restaurante popular, ruidoso y musical, llegan visitantes de otros países. Franceses, sobre todo, pero también ha llegado ya algún japonés y de otros países más cercanos.

L'"Aplec del caragol", ha mejorado con el tiempo. Empezó con unos toldos y poca gente y ahora se desarrolla en un recinto ferial y cuenta con unos 14.000 peñistas, y unos 200.000 visitantes, que comen unas 12 toneladas de caracoles. Su formato es un gran aforo al aire libre (excepto restaurante oficial que esta dentro de un edificio) donde los grupos se organizan en diferentes “colles”, con su espacio donde cocinan, beben, bailan, y disfrutan. Cada peña tiene un nombre, su uniforme y su emplazamiento cerrado donde solo se puede entrar por invitación. También hay unas áreas comunes donde se realizan diferentes actividades alrededor de la Fiesta, y en una de ellas se encuentra la  “Colla dels Forasters” (Peña de los Forasteros), que permiten a los foráneos participar de la comida y la algarabía.

Los actos lúdicos-festivos duran una semana, aunque la celebración gastronómica se centra en los tres días del fin de semana (viernes, sábado y domingo). Tanto éxito tiene que desde hace unos años además de la fiesta del cuarto fin de semana de mayo, se organiza un "aplequet" de otoño, a principios de octubre. En 2016 participaron unos 3.500 peñistas de 65 peñas.

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Hace 15 años fue declarada fiesta turística de interés nacional y desde entonces comenzó su expansión por otras ciudades españolas, a través del Caragol Tour (el Tour del caracol), que permite -al mismo tiempo- degustar un menú y promocionar la Escuela de Hostelería y Turismo de Lleida, cuyos alumnos elaboran nuevas recetas cada año. El tour llega a Madrid, Lloret, Zaragoza y Barcelona. El menú de este año constaba de unos aperitivos a base de paté de caracol con alioli de pera, "Cap i pota" con caracoles, Buñuelos de bacalao con caracol confitado y sal negra, Croquetas de caracol. En los entrantes se podía degustar "llauna" de caracoles a la gormanda y cazuela de caracoles dulces y picantes.

Los platos principales que prepararon los alumnos de la Escuela era "Trinxat" de col con morcilla, caracoles y toques de cremoso de patata y Bacalao con caracoles, para acabar con postre de pera leridana "Bella Helena" con salsa especiada de chocolate. Todo ello regado con vinos leridanos como Raimat Molí Cabernet Sauvignon, Cava brut nature Rabetllat i Vidal y Ratafia l'Aplec (el licor oficial de esta fiesta popular a base de nueces y peras de Lleida).

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Foto web Aplec

No es tan selectiva la comida que preparan las peñas, aunque durante tres días cocinan los caracoles en varios estilos, el más autóctono es  a la llauna , donde los animales ayunados se colocan sobre una plancha metálica con asas, dispuesta sobre una brasa, de uno en uno y boca arriba. Una vez cocinados, se extraen de la concha con un punzón de madera, un poco más largo que los habituales palillos, y se mojan en alioli –una salsa hecha a mano con el mortero con aceite y ajo– que, junto a la vinagreta, son las salsas más populares. Las otras dos variedades más populares son a la gormanda, o la brutesca (a lo sucio). Estas son las tres especialidades más arraigadas entre las collas y peñas. Unos platos que también pueden degustar los foráneos, ya que aunque no se pertenezca a ninguna peña, hay servicios para que los visitantes se sientan integrados en el jolgorio.

De hecho hay paquetes turísticos que incluyen viaje, hotel y comida durante uno o varios días. Además l'Aplec no solo es una fiesta gastronómica, también hay actividades culturales y deportivas, marcadas siempre por el humor y relacionadas con el animal que da nombre a la "romería", en las que se incluye teatro, juergas "carrinclonas", pasacalles, la trotacaracol (una carrera solidaria con un recorrido en forma de caracol), festivales infantiles, un concurso internacional de humor o importantes espectáculos musicales.El caracol es un símbolo ancestral de la cocina tradicional de Lleida. Rodeados de huerta y frutales, los leridanos han convertido al caracol en protagonista absoluto de la mesa. Por ello, lejos de estar un poco en desuso o reservado a los turistas, es un plato habitual en las cartas de los restaurantes de la ciudad y está entrando con fuerza como elemento indispensable de la cocina de autor y para las nuevas tendencias gastronómicas.

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Aquella celebración que comenzó hace casi cuatro décadas con 300 personas y unas doce peñas, con el objetivo puesto en la gastronomía combinada con la diversión, el entretenimiento y el humor, reúne hoy en día a tres generaciones. Abuelos, hijos y nietos, esperan que en 2019, coincidiendo con el 40 aniversario, les reconozcan la declaración de Fiesta de Interés Internacional.

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Ángela Gonzalo del Moral   12.abr.2018 00:48    

Cali se mueve a ritmo de salsa

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 La música es su idioma y la salsa su manera de hablarlo, de expresarse. En Cali, el ritmo es una devoción, con un centenar de escuelas de salsa, festivales y grupos musicales dedicados a crear el universo visual y sonoro, de la capital del Valle del Cauca.

Esta ciudad colombiana es una de las más antiguas de América del Sur, pero los terremotos, y el abandono, causado por la violencia la han dejado con muy poco patrimonio arquitectónico. Eso no ha sido problema para que muestre su gran riqueza musical. La mayoría de visitantes se sienten atraídos por sus propuestas musicales.... y la posibilidad de aprender o mejorar sus conocimientos de la gran especialidad artística, de la capital del Pacífico colombiano.

Cada año organizan un Festival Mundial. En el último participaron 3.000 bailarines, que se movían al ritmo marcado por orquestas nacionales e internacionales. Por cierto, ganaron unos argentinos, en un certamen que puntúa la coreografía, la limpieza de la ejecución de cada paso o la interpretación y la presencia escénica.

En la capital del Valle del Cauca, se rumbea por la noche, y especialmente el fin de semana. Para no perderme nada me he buscado un guía especial... Ricardo Hincapié.... editor de la revista cultural Mapping Colombia. "Cali vibra en la noche, es una ciudad muy viva y se puede encontrar muchos lugares para aprender a bailar, en cada esquina suena la salsa y se baila delicioso". Lo mejor es pedir información al lugar donde os alojéis.

 

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Empezamos el recorrido en la plaza Jairo Varela. Un trombón y una trompeta, homenajean al compositor del grupo caleño Niche, autor del conocido himno local, "Cali Pachanguero"Llevan tanto ritmo en el cuerpo, que cerca de la plaza Varela, están unos grandes almacenes, de nombre "Chipichapa".... Chipi-Chapa.... sí el sonido el tren, por que allí estaban los antiguos talleres y bodegas de la carrilera, que transportaba el café hasta el puerto de Buenaventura en el Pacífico. Además de Jairo Varela, otra de las figuras salseras más queridas en la capital vallecaucana es Amparo Arrebato, era la reina de este ritmo. 

Cali es danza, es movimiento. Ricardo me explica que hay "nichos culturales alrededor de la salsa y hay maneras distintas de vivir la salsa en diferentes barrios". En el recorrido me cuenta algunos secretos  como "la salsa del barrio obrero, muy popular, que conectaba la ciudad con el río Cauca, desde donde se hacía el transporte por todo el país con barcos de vapor. Toda la música del mundo llegaba desde el Pacífico a ese barrio, ellos hacían el filtro y tras la selección, enviaban en los barcos al mundo la música que les sobraba".

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Las músicas de los 80 las encontramos en la zona de la Alameda, "con despliegues muy lujosos donde van los más adinerados, pero que siguen siendo salseros y quieren disfrutar la salsa", y luego nos acercamos al Menga, donde hay grandes espacios con capacidad para centenares de personas. "Son maneras muy distintas de vivir la salsa", me explica Ricardo Hincapié.

En los años 90, se instauró la ley zanahoria.... En aquella época se bailaba hasta las seis de la madrugada, pero empezaron los problemas de seguridad ciudadana, a causa del alcohol, y los establecimientos tuvieron que cerrar a las tres, de esta manera las autoridades aseguraban que todos llegaban tranquilos y sanos a su casa.... de ahí la ley sanahoria, que dirían los caleños.

Cali no sería lo que es hoy en día sin Juanchito, una zona de muchas discotecas, muy de moda hace unas décadas. "…Del puente para allá Juanchito, del puente para acá está Cali.… Y en el medio de los dos, pasa el Cauca", decía la canción popularizada por el grupo Niche. El que no iba allí, era como si no hubiera estado en la ciudad. Con la construcción de nuevas salas de baile en el centro, ya no tenían que cruzar el río Cauca para llegar a aquel lugar tan alejado. Más tarde, unas inundaciones, destrozaron algunos de los locales más populares, que ya no se recuperaron, empezando su decadencia.

A parte de las decenas de discotecas modernas y restaurantes con música en directo, existen las Viejotecas, espacios destinados para que los adultos mayores, bailen salsa... Pónganse la guayabera y cálcense sus zapatos de charol...., vuelvan al viejo Cali y acérquense a la viejoteka del parque del Avión o de Pardo Llada.

El súmmum de la salsa en esta ciudad se llama "Delirio", la catedral de la música, con más de 12 años de historia y que ha posicionado a la ciudad como destino cultural y musical. Casi 700 personas integran el colectivo artístico y de producción. Hasta 2009, tenían un aforo para 600 espectadores, ahora caben 1.600 que pueden degustar una cena mientras disfrutan viendo a los bailarines mover las caderas de forma trepidante. El último espectáculo es "Hechizo", un relato inspirado en la leyenda de la viuda negra que por desamor enloquece y va de fiesta en fieta seduciendo a caballeros.... Cuesta unos 50 euros y las representaciones son en sábados alternativos.

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Incluso los poetas cantaron a su ciudad y a la región. De ahí el nombre del Parque de los poetas, como Jorge Isaacs, autor de una de las obras más conocidas de Colombia "María", una auténtica telenovela del siglo XIX, al que acompañan las estatuas de Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos y Octavio Gamboa. También tienen el museo de la tertulia, construido en 1956, cuando la ciudad era un epicentro de agitación política y creativa.

Tres montañas la vigilan, y permiten observarla desde la altura, por algo Cali, tiene el sobrenombre de la sucursal del cielo. A casi 9 kilómetros, en el cerro los Cristales, está la impresionante escultura de Cristo Rey, abrazando la ciudad. Más cerca del centro está la figura del español Sebastián de Belalcazar, quien la bautizó con el nombre de Santiago de Cali. El conquistador señala con el brazo derecho, la salida al Pacífico, mientras gira la cabeza para vigilar a la ciudad. Artistas y músicos se dan cita a sus pies los días de fiesta. El cerro de las tres cruces, es el preferido de los corredores que suben cada mañana hasta la cima. Una buena excusa para tomarse un jugo a la llegada, antes de regresar.

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Dicen que el caleño se caracteriza por una vida frenética y una eterna sonrisa. Lo puedo corroborar. Su sentido del humor, llama la atención. Mientras sueñan con la construcción del metro, llaman el Mío al transporte público. Te explican que en los años 90, se utilizaban autobuses con colores distintivos de cada línea. No debían de ser muy puntuales, así que mientras guardaban cola, los usuarios hablaban entre ellos, y cuando veían aparecer su autobús decían "ahí está el mío, mañana seguimos hablando, y el otro respondía, "pues el mío está como demorado, no?". Así que si queréis agarrar un bus, preguntar por el Mío.

Quizá ese sentido del humor es lo que ahora se denomina resiliencia, la capacidad de sobrevivir a las dificultades. La ciudad ha superado sus negras décadas marcadas por la violencia extrema de la guerrilla y el narcotráfico de los años 80 y 90, cuando las bandas de sicarios y pandillas atemorizaban a los caleños. Una experiencia que les hace ser optimistas ante el nuevo proceso político que vive el país tras el Acuerdo de Paz.

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Otro de los monumentos emblemáticos de la ciudad es el Gato del Río, una escultura de 3 toneladas, obra de Hernando Tejada. Instalado cerca del río, como símbolo de civismo y limpieza, años más tarde de su instalación, la Cámara de Comercio inició una sorprendente iniciativa. Buscarle novia, para que no estuviera tan solo. Abrieron un concurso en el que llamaron a artistas de renombre para que hicieran una escultura, a partir de un mismo molde, y como les gustaron todas, no hubo ganadora, así que las instalaron a lo largo del Bulevard del Río. Sus nombres son de lo más variopinto: Cálida, Melosa, Fogata, Yara, Ilustrada, Entrañable, Gachuza o Superestrella. 

El gato es el animal con el que más se identifican los caleños, porque aseguran que lo que más les gusta es la noche... para poderla disfrutar bailando. 

Gastronomía caucana

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Tierra de caña de azúcar, tiene una gran multiculturalidad gastronómica, donde se mezclan las cocinas tradicionales indígenas, paisa, europeas y africanas. el plato más famoso es el Sancocho de gallina, una especie de cocido, cocinado con leña, que lleva pollo de granja y carne de cerdo, acompañado con yuca plátano, cimarrón, y cilantro. Queda verdoso, no amarillo como el de otros lugares de Colombia. Tampoco puede faltar en el menú el chontaduro, una fruta muy típica que se puede comer salado, obviamente si se le pone sal, o dulce, en este caso le ponen miel. Dicen que el chontaduro es afrodisiaco... aunque todo es cuestión de probarlo. 

También es tradicional de la zona, el arroz atollado, con longaniza, cerdo y papa amarilla; el pandebono, hecho con harina de yuca y queso; la sopa de tortilla de maíz; las marranitas a base de plátano verde triturado y envuelto en chicharón tostado o la casadilla, una galleta hecha con panela, queso y almidón. Entre las bebidas destaca la lulada, que lleva lulo machacado con azúcar. El champús, también utiliza el lulo, piña, panela, canela, clavos y hojas de naranjo y el cholado, que es un refresco de hielo triturado, frutas picadas y leche condensada. Dulce, como la amabilidad de la gente de esta tierra.

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Ángela Gonzalo del Moral   21.feb.2018 09:43    

Villena, 365 días de fiestas para todos los gustos

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© David Campos

A la salida de uno de los túneles de la carretera A-31 se divisa la torre del castillo de Villena, un emblema de la ciudad. De ahí el sobrenombre de "Villena, fortaleza mediterránea". Pero bajo esa imponente arquitectura medieval, se esconden dos grandes tesoros: uno es de oro, el otro la creatividad cultural de sus entidades. Este municipio de la provincia de Alicante, situado en la comarca del Alto Vinalopó celebra casi cada fin de semana alguna actividad lúdica, las dos más importantes, la fiesta de moros y cristianos (del 4 al 9 de septiembre) y la del Medievo (del 9 al 11 de marzo). A lo que hay que añadir una gastronomía contundente, como el gazpacho, que se cocina con carne, y los excelentes vinos de la zona, liderado por el fondillón, un caldo dulce que se obtiene de la sobremaduración de la uva monastrell en la cepa.

Riqueza histórica

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Foto Wikipedia

El castillo de la Atalaya, es una fortaleza del siglo XII, que se yergue sobre la ciudad para defenderla, una muestra del mestizaje moro-cristiano. En 1931 ya se reconoció su valor artístico y actualmente está clasificado como Bién de Interés Cultural. La ciudad comenzó a desarrollarse alrededor del castillo, en las faldas de la Sierra de la Villa, con sus calles empinadas y sus manzanas irregulares. Luego se desplazó hacia la zona más llana y a partir del siglo XVIII se constituye como una población alargada que asciende por un cerro dominado por a torre del homenaje.

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Foto: Turismo de Villena

Villena tiene un tesoro artístico. En el invierno de 1963, fortuitamente se encontró un brazalete de oro de medio kilo, mezclado entre las arenas de una obra. Tras realizar algunas excavaciones en la zona cercana a la Rambla del Panadero, se encontró enterrada en un hoyo una vasija que contenía sesenta piezas de oro de 23,5 quilates, en su mayoría cuencos, brazaletes, anillos, y colgantes. Casi 10 kilos de oro y más de seiscientos gramos de plata, con una antigüedad de 3.000 años. No se sabe si pudo pertenecer a algún jerarca que lo ocultó, si pertenecían a una rica familia, si era una dote femenina o si pertenecía a algún orfebre. Unos meses más tarde, también de forma casual, se halló el tesorillo de cabezo redondo, formado por 35 piezas de oro, que formaba parte de un ajuar personal. Esos hallazgos confirman la presencia de un colectivo humano con un alto grado de refinamiento en plena Edad de bronce, que actualmente se pueden ver en el Museo Arqueológica José María Soler.

Riqueza cultural en sus fiestas 

La más famosa de sus fiestas es la de moros y cristianos, que se celebran desde 1476, que empezaron siendo unas fomerías y procesiones cristianas, para convertirse a partir de 1845 en una celebración multicultural. Ya se habla de ella a nivel nacional en 1849. Actualmente participan más de 10.000 personas. Una explosción de júbilo, colorido y música, donde destaca la Entrada y La Cabalgata, donde durante 7 horas se desfila en bloque al paso marcado por unas 100 bandas de música. Los alféreces son los encargados de ondear las banderas en el ruedo de banderas, mientras se disparan salvas de arcabucería que tiene su origen en las milicias del siglo XVI. Luego llegan las Embajadas y Guerrillas, representadas en el Castillo de la Atalaya, siguiendo textos escritos a principios del siglo XIX. La fortaleza es conquistada primero por los moros y más tarde por los cristianos. Existen catorce comparsas, la mitad de cada bando.

Le sigue en colorido, espectacularidad y creatividad, las Fiestas del Medievo, que este año se celebran del 9 al 11 de marzo, una idea que surgió hace 17 años de los propios vecinos que viven junto al castillo, en la zona de los arrabales. Ellos son los encargados de engalanar las calles del centro histórico, para transformarlo en una villa medieval, donde se celebran bodas de la época, una procesión de antorchas, la batalla de las lechugas, conocida como la lechugina. Se celebran durante tres días y por supuesto no faltan los combates ni el mercado medieval.

La imagen puede contener: una o varias personas y multitud

Pero no todas las celebraciones culturales dirigen la mirada al pasado. Los jóvenes también tiene sus momentos con el Festival leyendas del rock, en agosto, con más de 60 bandas nacionales e internacionales, donde no falta el heavy metal. Otro acontecimiento musical de ese mes es el Festival Rabolagartija, que fusiona otros estilos como hip hop, rock, pung y reggae o el Rabalfest, en el mes de octubre que aúna la tradición española de la vendimina y la alemana de la cerveza, coincidiendo con la Oktoberfest.

La riqueza gastronómica de Villena

  Gastronomia Villena

Foto Turismo Villena

El Fondillón es un tipo de vino de Alicante único en el mundo, reconocido por la Unión Europea en su base de datos E-bachus y tiene una especial protección dentro de la Denominación de Origen de Alicante. El largo verano y la poca humedad y limpieza del ambiente, permiten sobremadurar la uva monastrell, en la cepa entre octubre y noviembre. Eso hace que su fermentación sea biológica y que el alcohol proceda exclusivamente de la uva. El envejecimiento del producto se realiza de forma tradicional por el sistema de soleras. Siempre estuvo presente en la literatura, en historias de leyendas o en las mesas de casas reales, como Fernando el Católico, Felipe II o Luis XIV. Sin ir a esas épocas, hace poco el portal buscador de vinos más importante del mundo, elegió "El Sequé 2014", como el mejor vino por su relación calidad-precio, destacando sus calidades de vino potente, balsámico, con marcados matices de frutos negros, sazonados aromas y sabores y olores procedentes de plantas aromáticas y sotobosque.

La ciudad participa también activamente de la cultura del vino, y tiene como máximo exponencial Enotur, y forma parte de la ruta del vino de Alicante. En 2016, la Asociación Española de Ciudades del Vino, otorgó a Villena la mención especial de mejor municipio enoturístico del país. Enotur se celebra durante 10 días, del 17 al 25 de febrero. Fruto de su tradición vinícola, y de su rico catálogo de vinos, Villena forma parte de la ruta del modernismo en el Vinalopó, construcciones que se levantaron para construir varias bodegas. De las nueve bodegas que existen actualmente, se puden visitar cuatro.

La huerta de Villena enriquece su gastronomía, mezclando tradiciones culinarias mediterránea y manchega, que producen platos como el gazpacho villenero, el arroz empedrado, las pelotas de relleno o el "Triguico Picao", la deliciosa Gachamiga, o el Zarangollo. sus productos más auténticos son zanahorias, espinacas, coles o lechugas, a demás de frutas como las ciruelas, cerezas, peras o manzanas. En reposterían los productos típicos son los sequillos, rollicos de vino, almendrados y toñas y aguardientes como el Kataki y el Cantueso.

Una visita por la ciudad

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Foto Facebook Marca Villena

La plaza mayor, es el eje que une a las dos ciudades, la parte antigua y la moderna. Algunas zonas no son fáciles, ya que en las proximidades del castillo, las calles son empinadas. Si paseamos por el casco antiguo encontramos la plaza de las Malvas, con la casa-palacio de la familia Mergelina, construida a finales del siglo XVII o la Plaza de Santiago, que fue el centro de la antigua población cristiana, actualmente una zona de interés cultural, social, religioso, esparcimiento y de ocio. En sus calles encontramos numerosas iglesias como la de Santa María y Arcedianal de Santiago, o ya a las afueras las ermitas de San José y San Antón, del siglo XVI, o las iglesias de Santa María y Arcedianal de Santiago. A los pies del castillo encontramos las casas cueva tuareg. El modernismo lo encontramos en la sede de la comparsa de Labradores, la casa Rocher o el Palacio Selva. Forman parte de la ruta Villena modernista, a la que hay que añadir "la ruta de las tres culturas" o "la ruta de los relojes de sol".

En los alrededores de la ciudad encontramos entornos naturales como Sierra Salinas, Sierra la Viña, Peña Rubia o el Morrón, lo que facilita poder realizar 10 rutas señalizadas a pie o en bicicleta, formando parte de una red de los caminos de Santiago, el camino del Cid y la Vía Verde del Chicharra, que atraviesan el yacimiento arqueológico del Cabezo Redondo, la antigua Laguna de Villena y sus Salers o los Hornos de Yeso. Además se puede practicar escalada, circuitos de orientación, parapente, o las vías ferratas. Y este año lanzan la Birding, una serie de rutas ornitológicas.

Sigamos camino a las playas alicantinas o de regreso hacia el centro de la península, por el retrovisor podremos ir despidiéndonos de la atalaya de Villena, y seguro que pensáis que no puede ser que una ciudad con 35.000 habitantes pueda guardar esa riqueza cultural. Seguro que ya no la veréis nunca igual.

@angelaGonzaloM
@Viaje_Itaca

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Ángela Gonzalo del Moral    7.feb.2018 11:16    

Gastronomía de altos vuelos, a 10.000 metros de altura

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Hace unos minutos que el avión de Iberia Express ha despegado de cualquier aeropuerto, en dirección a un destino concreto. Es la hora de desayunar, comer o cenar y aparece el personal de vuelo de la aerolínea para ofrecer el servicio de catering. Eso tan habitual y que parece la cosa más normal del mundo, tiene detrás una gran operación de logística. Tanto si vamos a comernos un sencillo bocadillo, un tentempié, o si preferimos platos más sofisticados, todo está estudiado hasta el último detalle. A qué temperatura deben cocinar una tortilla, la  carne debe agradar a todos, la pasta estar suficientemente bien como para que no quede dura o demasiado blanda…. aunque tampoco se puede pedir que esté al dente, como exigiríamos en un restaurante. Y sobre todo, los alimentos deben cumplir una estricta normativa sanitaria.

Todos los productos que consumimos a bordo de un avión se han elaborado horas antes de que nos los sirvan. Hoy la compañía aérea se ha unido a la novena edición de Gastrofestival de Madrid, con una degustación especial de los menús y productos que se ofrecen a bordo, mostrando la calidad de la oferta y la variedad de opciones disponibles durante el vuelo. Porque a fin de cuentas, un viajero pide un bocadillo frío, otro uno caliente y el de la tercera fila tiene problemas de alergia con un determinado producto…. Todo eso tiene que estar previsto a bordo. La compañía española no ofrece menús en vuelos de menos de una hora… Imposible servir un vuelo con cien personas en ese tiempo, pero sí en trayectos de más de dos horas, cuando el pasajero puede aprovechar para relajarse de la tensión de pasar los controles de seguridad, el embarque y demás problemas asociados con el vuelo. Es entonces cuando muchos usuarios deciden pasar un rato comiendo, bien porque no van a tener tiempo para hacerlo después, o por romper la monotonía del viaje.

En el vuelo en tierra que se ha realizado en Madrid, ha presentado una degustación muy especial de sus productos a bordo, tanto de la carta menú, como de Business. No vamos a llevar a nadie a engaño, como todos los que viajamos en clase turista, los segundos eran muy diferentes a la carta menú… y en honor a la verdad, estaban buenos los dos. Aunque no lo parezca, uno de los retos, es que convivan en buena sintonía los dos servicios.

Luis Bonastre, el chef del Grupo Iberia ha presentado distintas propuestas culinarias disponibles en los vuelos  en la compañía organizadora del evento, y ha detallado todos los requisitos que se exigen para diseñar y cocinar platos frescos, que serán consumidos posteriormente, a 33.000 pies de altura, es decir a 10 kilómetros de altitud. En primer lugar, y como es lógico, la comida no se elabora en el avión, sino en unos establecimientos habilitados para ello, con lo que los responsables de cocinarlos tienen que dejarlo preparado para consumir, que no pierda el sabor, y que se pueda calentar en el interior del aparato, cumpliendo con estrictas normas de seguridad alimentaria.

Está claro que el servicio de catering aéreo no puede volver a la cocina porque se ha olvidado un producto, o porque no ha tenido en cuenta la tipología de los viajeros. Así que tienen que prever que en un mismo vuelo pueden viajar turistas low cost, que van a gastar poco o nada; otros van a priorizar servicios de calidad añadidos; hay que tener en cuenta las edades de los viajeros, si viajan en familia o en grupo, o aquellos que prefieren una delicatessen. Ante esta situación, y con las puertas cerradas del avión, es fundamental haber escogido bien el menú. Para eso es importante cotejar las necesidades y hábitos de las personas que viajan a bordo, a veces tan simples, como las percepciones de la tripulación, y otras mediante encuestas. Luis, chef de Gategroup, nos ha explicado que suelen elaborar unas 900 tortillas diarias (siempre con huevina) y se preparan unas 35.000 bandejas de menú. En sus cocinas en tierra trabajan un millar de personas y es fundamental respetar la trazabilidad de todos los productos, especialmente los cocinados.

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El menú preparado para hoy era un desayuno de Business y ensalada de cuscús, teniendo en cuenta opciones vegetarianas. El segundo plato estaba compuesto de una selección de pastas y un revuelto de morcilla, una opción que solo se ofrece en la “clase vip”, también se ha ofrecido codillo y una hamburguesa especial, a las que han seguido los postres, disponibles en clase Business. Para concluir la degustación hemos disfrutado de un gin tonic elaborado con ginebra Gin Mare, una de las opciones disponibles en la carta menú de la aerolínea, una muestra de que también se ofrecen algunas de las mejores marcas a los pasajeros. He constatado que estaba disponible en el menú de turista de la Gastroteca express (a 10,5€).

Y por lo que hemos comprobado, no es tan fácil hacer menús. Bien, para Luis Bonastre, no es demasiado complicado, porque lleva más de 11 años trabajando en este sector de la alimentación aérea. Porque, como decía antes, hay que tener en cuenta, que algunos pasajeros no van a gastar nada en comida, otros preferirán darse un pequeño lujo, aprovechando que ya han comenzado vacaciones o que están en viaje de negocios (y paga la empresa), unos viajan en familia y hay que ofrecer menús para menores, o hay personas mayores que ingieren otro tipo de alimentos.

En definitiva hoy hemos realizado un “vuelo de los sentidos”, como explicaba Paloma Cabañas, gerente de clientes de la filial de Iberia, porque “la gastronomía es un atributo muy bien valorado por nuestros clientes y una buena oferta culinaria aporta un valor añadido al pasajero, e incluso muchas veces es un aspecto decisivo, por eso incluimos productos de calidad, saludables y equilibrados que se adapten a todos y que mejoren su experiencia”. No existe ninguna duda de que hay gustos para todos… incluso a 10.000 metros de altura.

@angelaGonzaloM
@Viaje_Itaca

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Ángela Gonzalo del Moral    2.feb.2018 20:36    

El turismo gastronómico, ofrece nuevas experiencias viajeras

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Viajar a un lugar concreto supone algo más que conocer sus monumentos, su cultura y sus tradiciones. La gastronomía permite al viajero adentrarse en lo más íntimo de los pueblos, compartir con la gente los olores, gustos y sabores que han conformado su cultura culinaria durante siglos, conocer los productos de la tierra que han ido configurando una cocina autóctona y particular.
 
Detrás de una pata de jabugo, hay un porquero, detrás de un queso roquefort un pastor, detrás de un marmitako un pescador.... un cocinero.... y detrás de cada plato hay una historia. En la población guipuzcoana de Zumaia, recopilan informaciones sobre el pulpo típico de esa población.... En esos documentos se menciona la punta Mariantón, donde en el siglo XVI se produjo el accidente de una niña que cogía lapas y pulpos... y se la llevó el mar.  Eso demuestra que cualquier detalle sirve para documentar todos los detalles que envuelven a un producto tradicional de una población por más pequeña que sea.
 
Igual que se rehabilitan castillos, palacios, jardínes, para atraer a turistas, rescatar la memoria culinaria, sirve para readaptar platos locales, que en sus inicios sirvieron pudieron servir para calmar el hambre, y que en algunos casos se han convertido en delicatessen
 
 
Recuperar la gastronomía autóctona es, según Yolanda Perdomo directora del programa de miembros afiliados de la OMT, "una forma de enriquecer una cultura....  y refuerza la identidad de un colectivo, crea un sentido de orgullo en las comunidades locales que descubren la autenticidad y la importancia de su cocina".
 
Todos desayunamos, comemos y cenamos.... también, por supuesto, cuando viajamos. Una parte importante del gasto del viaje va destinado a la comida.  Así que el turismo y la gastronomía están muy unidos. Desde hace un tiempo ya se habla de turismo gastronómico, y según un reciente estudio presentado por Madison, se ha convertido en la tercera razón de iniciar un viaje, por detrás del interés y la curiosidad por la cultura y la naturaleza, los dos grandes motores de esta industria, que supone ya el 10% del PIB mundial y da empleo a uno de cada 11 trabajadores en el mundo. José Francisco Rodríguez, director RSC de Madison señala que "la gastronomía es mucho más que cultura y puede tener un fuerte impacto económico en el destino".
 
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Cada vez hay más personas que prefieren vivir experiencias locales en vez de visitar solo monumentos. En este campo la gastronomía se ha convertido en un valor añadido que diferencia los destinos. Para ello no es necesario ir a un restaurante con estrella Michelin. Basta con saborear los platos típicos de una región, entrar en contacto con cocineros y productores, y a ellos les sirve para descubrir su potencial, como explicaba Joxe Mari Aizega, director del Basque Culinary Center, en el Tercer Foro de turismo gastronómico sostenible organizado por la OMT en San Sebastián. "No solo beneficia al turista, sino que sirve para desarrollar parte de la economía local, porque cada territorio comienza a pensar, qué despensa tenemos para poder ofrecérsela, no sólo eso, sino que descubre la biodiversidad alimentaria de su zona y a partir de ahí se pregunta qué productos tenemos, cuales podemos valorizar, qué alimentos podemos producir porque los restaurante los quieren introducir en sus menús y esa es nuestra demanda. Todo esto es un recorrido, que supone una forma de crear riqueza en el territorio".
 
Un estudio del BCC constata que el 38% de los viajeros que llegan a San Sebastián, van motivados por su cocina. Nekarne es guía gastronómica y hace tiempo que presenta rutas por Gipúzcoa a turistas nacionales y extranjeros. Para ella es importante que productores y guías "transmitan la emoción, la sensación, las vivencias de lo local. Si consigues transmitir eso, se llevan a alguien que es un amigo, y el amigo al final hace que vuelvas. Eso ocurre en todos los países, yo cuando viajo y encuentro a una persona que sabe orientarme, se convierte en el referente y el embajador de ese lugar. Yo creo que todos los guías nos sentimos embajadores de nuestra zona y del territorio".
 
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Tampoco se crean que para comer un plato típico es necesario viajar al lugar donde tradicionalmente se cocina ese producto. "Yo la mejor quesadilla la he comido en Nueva York cocinada por un chino" y lo dice un chef ecuatoriano. En Madrid se pueden comer unos excelentes tacos, un buen sushi en Londres o una buena pizza en Canadá. Para Héctor Tapia, de la Asociación de Chef del Ecuador en Europa, los emigrantes se han convertido en unos excelentes transmisores de cultura culinaria. "El hecho de que puedan vender su comida, implica que también tienen un valor agregado, y no son competencia para los demás. Generan una diversidad, como puede ocurrir en Londres, por poner un ejemplo, o en todas las grandes capitales, donde con la multiculturalidad que aportan los emigrantes, permiten generar ese atractivo de ciudad".
 
También los hoteles se convierten también en promotores gastronómicos. Ramón Estalella, secretario General de ITH, (Instituto Tecnológico Hotelero), cree que aportan algo más "porque cuando un turista regresa a su ciudad, cualquier producto que vea en un supermercado, le sirve para rememorar su viaje. Y eso puede ser el motivo de su compra, incluso llegar a ser más decisivo que solo la calidad del producto".
 
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Si nombramos Perú, uno de los países que más en valor ha puesto su gastronomía, pensamos en el ceviche y si es bebida en el pisco souer. La tortilla de patatas o la paella en España, los tacos mexicanos, Pollo tandori de la India, spaguettis italianos, sushi de Japón, el roast beef inglés, la bullabesa de Masella, , el falafel de los países árabes, el tajine de Marruecos, el curanto de Chile, la feijoada brasileña, Mofongo de Puerto Rico, el snert holandés... Todas los pueblos por pequeños que sean tienen un plato autóctono, para ofrecer al visitante y provocarle nuevas experiencias sensoriales.
 
Actualmente casi se puede decir que hay un día para cada producto o cocina nacional. El día de las patatas fritas, que por cierto.... ¿las inventaron en Bélgica o en Holanda?, el día de la tapa, la France Gourmet, la fiesta de la cerveza, a lo que hay que añadir rutas como las del vino, el mate, el aceite de oliva, etc... Los alimentos se han convertido en embajadores de países, ciudades y regiones. 
 
Si queréis conocer más detalles sobre el Tercer Foro de turismo gastronómico sostenible podéis seguirlo en la página de Youtube del BCC
 
 
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Ángela Gonzalo del Moral   29.jul.2017 15:07    

Embajadores gastronómicos de la guipuzcoana Urola Kosta

El mar Cantábrico y los verdes valles, que se entrelazan continuamente en la costa vasca, han marcado el carácter de su gente y la rica gastronomía guipuzcoana. Una cultura milenaria que hoy vamos a descubrir a través de cinco pueblos, unidos bajo la marca Urola Kosta, que nos permite realizar una ruta culinaria basada en queso, vinos, pulpo y besugo. Una ruta marcada geográficamente por las desembocaduras del los ríos Urola y el Orio. Unan estos productos al de la cultura gastrononómica vasca y verán como comienzan a despertarse las papilas gustativas. Pues imaginen que además tienen la posibilidad de degustarlas....

Propongo un viaje gastronómico a esta pequeña zona, situada a muy pocos kilómetros de la capital donostiarra. En unos 20 minutos se olvidarán del ajetreo, -muy tranquilo eso sí- de San Sebastián, y disfrutarán de la tranquilidad y el placer de los colores y sabores de la zona central guipuzcoana. 

Los acantilados imponentes de Zumaia, los viñedos de Getaria, la playa de Zarautz, el estuario del Orio y los humedales de Aia, son parte de la geografía que podemos disfrutar en nuestro recorrido por Kosta Gastronómika, la marca turística que une a estos pequeños municipios especializados cada uno en un producto propio, o como ellos lo denominan su embajador autóctono. El pulpo de Zumaia, el txakolí de Getaria, el besugo de Orio, el queso de Aia y el mercado de abastos de Zarauz, donde los productores muestran e intercambian sus productos. Todos unidos a una forma de cocinar común: la parrilla.

Antes de comer nos vamos a conocer la bebida típica de esta zona: el txakolí. La brisa del Cantábrico y la orografía han dado personalidad propia al txakolí, el vino blanco joven y chispeante, cada vez más apreciado, que se produce en Getaria. La tierra del modisto Cristóbal Balenciaga -al que han dedicado un museo-, o del navegante Juan Sebastián ElCano, que concluyó la primera vuelta al mundo. Su característica península con la iglesia de San Salvador, mirando al mar aparece alfombrada por viñedos. Bajo la denominación Getariako Txakolina, descubrimos unos viñedos atípicos, con la uva creciendo en los parrales, enriqueciéndose de la tierra, pero nunca tocando el suelo.

En Aia, no hay dos quesos iguales, su calidad depende de la raza del animal, del entorno en el que vive, del agua, del pasto y del cuidado de los ganaderos y pastores. Desde Aia se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de la costa guipuzcoana y ya en el interior, podemos pasear entre los hayedos del Parque Natural de Pagoeta.

En julio celebran en Orio, la Fiesta del Besugo, donde los grandes maestros parrilleros nos descubren todos los secretos del asador y del célebre besugo al estilo Orio, cocinado de una forma diferente al resto del país Vasco, mediante recetas ancestrales y productos de calidad que han ido perfeccionando en modernas parrillas.

En Orio, seguro que se puede ver alguna trainera debatiéndose contra las olas. En este pueblo el remo es una verdadera religión, y un orgullo, ya que desde su puerto los pescadores surcaban el mar para cazar cetáceos. La última gran captura fue en 1901. En Orio nacieron dos artistas de gran renombre como el escultor Jorge Oteiza y músico Benito Lertxundi, uno de los fundadores de la nueva canción vasca en la década de los 60.

El mercado de Zarautz cambia cada temporada de colores y sabores. Convertido en el centro comercial de alimentos autóctonos, donde los pequeños agricultores llevan sus productos, allí conviven pescados del día, chacinas, quesos y carnes. Además este pueblo puede presumir... y presume de tener la playa más larga de Euskadi. Con sus dos kilómetros y medio, ostenta también este título en todo el litoral Cantábrico. Decenas de surfistas aprovechan sus olas para cabalgarlas, así que no es de extrañar que los pioneros vascos de este deporte, surgieran de este municipio.

Acabamos el recorrido por esta parte de la costa vasca en ese paisaje abrumador y atractivo a la vez que son los acantilados de Zumaia, un tesoro geológico que se levanta imponente sobre el mar, y se adentra en el agua unos cinco kilómetros. Las gigantescas «milhojas» de Flysch son una enciclopedia de las eras geológicas y sus transformaciones a través de los últimos 50 años. Para visitar la zona, hay que controlar las subidas de marea. El geoparque Unesco de la Costa Vasca, se extiende a lo largo de 13 kilómetros de acantilados y playas, entre Mutriku, Deba y Zumaia. En esta última población se pesca el pulpo.

Hasta hace poco era un producto de superviviencia, pero como ocurre con muchos alimentos, comerlo hoy en día ha acabado siendo un manjar. No es de extrañar porque metido entre el flysch, el octópedo se alimenta de conchas de almeja y otros moluscos como el mejillón, también de nécoras, bogavantes y langostas. Lo habitual es comerlo rehidratado, con patatas, pero también en sopa, un caldo potente y denso a base de verdura pochada, pintón dulce y picante, tomate frito y vino blanco. Interesante visitar también la cofradía, donde tenían una forma muy especial de subastar el primer pulpo del día.

Además de comer este producto tan característico de este municipio, en Zumaia podemos visitar el museo Ignacio Zuloaga, donde además de las obras del pintor se exponen otras de El Greco y Goya. Vale la pena subir a la ermita de San Telmo, patrón de los marineros.

No podemos olvidar que de esta tradición culinaria han surgido los grandes chefs guipuzcoanos como Pedro Subijana, Juan Mari Arzak, Martín Berasategui, Andoni Luis Aduriz, Aitor Arregi, Daniel López, Rubén Trincado, Hilario Arbelaitz o los hermanos Txapartegi. Por algo a Guipuzcoa le llamen el planeta de los chefs.

 

@angelaGonzaloM
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Ángela Gonzalo del Moral   15.jul.2017 14:05    

Visitar la Provenza con los cinco sentidos

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A finales de junio y durante el mes de julio, los campos de la Provenza francesa se tiñen de lila. La lavanda, pero sobre todo el lavandín, cambian el color del campo en alguno pueblos de los departamentos de Luberón, y la Vaucluse. Los ocres, amarillos y rojizos marcan la tierra de pueblos como Gordes, APT o Coustellet y sus cielos tienen un azul intenso, que enamoraron a artistas como Van Gogh, Gaugin o Pablo Picasso. En Marsella el olor que más le identifica es el del famoso jabón, que a lo largo de siglos se ha fabricado en casas y fábricas. Arlès y Nimes nos desbordan con el color de la piedra de sus colosales anfiteatros romanos.

Los cinco sentidos se despiertan en la región de Provenza, Alpes y Costa Azul (la PACA), unas siglas que a nosotros nos suenan demasiado españolas, quizá también porque el sur de Francia es la zona más española del país vecino.... Si a ellas añadimos la ciudad de Nimes, capital del departamento del Gard en la región de Languedoc-Rosellón.

Hierbas para teñir y tierras para pintar. En el Luberón la naturaleza nos ofrece la ruta de los ocres, y cuando sopla el mistral, nubes anaranjadas se desplazan por el aire en una especie de unión entre la tierra y el cielo. Desde la prehistoria siempre ha habido artistas, más o menos hábiles, que han pintado su piel, han teñido una hoja de papel en blanco, una madera, una pared o una tela. En el pueblo de Roussillon encontramos el conservatorio de los ocres, una vieja fábrica donde se muestra el arte antiguo de convertir la tierra en tinte, y podemos caminar por sus colinas para ver esa gama de colores mezclados con el verde de los árboles y el azul del cielo.

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Cerca de Lourmarin, uno de los pueblos más bellos de Francia donde destaca su fortaleza renacentista y sus animadas calles, encontramos el castillo de Lauris, Couleur Garance, con su jardín de plantas tintorales extendéndose en terrazas. La reina es la Garance, una planta muy conocida por el tinte rojo que se extrae de sus raíces y que se utiliza para teñir telas o cabellos, con ese rojo color caoba tan utilizado en peluquería. Uno de los más complicados de conseguir es el índigo, quizá el tinte más destacado utilizado por el hombre. Se trata de un jardín único en Europa, donde descubrimos que los colorantes vegetales pueden proceder según cada color de tallos, flores o raíces de distintas plantas. Tintes naturales que se han utilizado a lo largo de los siglos en tejidos, pintura, cosmética o alimentación, y que, al contrario que los artificiales, son amigables con el medio ambiente. para los que estén interesados en conocer más detalles del mundo del tinte, organizan talleres y encuentros internacionales. 

Imbuidos en el olor de la Provenza llegamos a Marsella, para encontrarnos con el excelente jabón que lleva su nombre, y que comenzó a fabricarse a finales del siglo XII. El jabón de Marsella, se mezcla con lavanda, lavandín, miel, mimosa, flor de naranja, limón... Acaban de abrir la jabonería marsellesa de Licorne, un museo donde el visitante además de hacerse su propia pieza de jabón, sellada y adornada con diferentes dibujos de animales, descubre los secretos de su fabricación. Una fórmula nada complicada a priori pero que tiene sus secretillos, un 72% de aceite, mezclado con sosa, a la que se añade glicerina. En 1688, Colbert, introdujo las regulaciones para limitar su nombre, estableciendo una especie de denominación de origen.  Más de un siglo de trabajo para mejorar el jabón, han conseguido obtener un producto casi perfecto, de gran calidad y a través de la centrifugación con granito, obtienen una gran suavidad.  

En Agnels encontraréis una destilería de plantas aromáticas que comenzó a funcionar en 1895. Allí podemos aprender todo sobre la Lavanda y el lavandín, cómo extraer el aroma, conseguir los aceites, los preparados medicinales o el agua floral. En el museo de Lavanda nos explicarán las propiedades de esta planta medicinal muy aromática, utilizada desde la antigüedad como calmante, somnífero, para reducir infecciones de piel, aliviar enfermedades microbianas o tomado como infusión.

A menudo confundimos la lavanda con el lavandín. La primera crece a partir de los 600 metros de altura, mientras que el segundo es el que más se ve, porque aparece en terrenos más bajos. La mayor diferencia entre los dos, es que el lavandín desprende un fuerte olor y se utiliza para jabones, cremas y cosméticos, mientras que el olor de la lavanda es mucho más suave y discreto. El aceite de esta última tiene más valor y sus flores no tienen porque ser siempre liláceas, además se utiliza en perfumería de alto nivel y en aromaterapia.  Así, que como comprobaréis, la mayor parte de los campos florecidos que vais a ver por el sur de Francia es lavandín.  También podréis disfrutar de los rojos que nos ofrecen las amapolas diseminadas por los distintos departamentos de la Provenza-Alpes-Costa Azul.

Gastronomía provenzal

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Para acabar este viaje de los cinco sentidos por el sur de Francia, no podía faltar el del gusto, que nos aporta la rica gastronomía de esta zona del hexágono. En los mercadillos encontraremos tiendas con hierbas de la región que aderezan muchos platos, antaño utilizadas por las clases más pobres y que actualmente han alcanzado renombre internacional.

Uno de los platos que ha experimentado este cambio ha sido la bouillabaisse, una sopa de pescados de roca con patatas y tomate. Es el plato más conocido de Marsella, aunque su nombre no tiene nada de romántico, "cuando esté cociendo baja el fuego" ("bouille, abaisse"). Bastante caro en la actualidad, porque se añade rape, cigalas, langosta y mejillones, tiene un origen muy humilde ya que los pescadores lo preparaban para aprovechar el pescado de roca, que no habían conseguido vender. El mejor vino para acompañarlo, el rosé de la zona, o un blanco. Otros platos marselleses son la anchoïade (anchoas en aceite, vinagre, ajo, sal) que se toma con pan tostado; el Poupeton, un soufflé a base de restos de pescado de la boullabaisse mezclados con migas de pan mojadas en leche, huevos y queso; la oursinade (erizos de mar) y la inevitable Rouille (salsa típica provenzal, que acompaña a platos de pescado).   

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En Arlès destacamos el Gardianne de toro acompañado de arroz de la Camarga. Se trata de un guiso a fuego lento a base de pedazos cuadrados de carne y aliñado con aceite de oliva, al que se le añaden verduras, aceitunas negras y bacon bañado con abundante vino. En Aigues Mortes, podemos degustar el suculento Rouille, un plato típico de esta ciudad preparado con pulpo, patata y alioli. Como postre de esta localidad se prepara la Fougasse, muy esponjosa, blanda y jugosa, aromatizada con naranja.

En Nimes, ya en el departamento de Languedoc Rosellón, destaca la brandada de bacalao, desalado, deshilado y mezclado con aceite de oliva, al que se añade ajo y puré de patatas. La Minerve es un pastel típico muy parecido al roscón de reyes.

La cocina provenzal es un auténtico volcán de sabores y matices, donde encontramos también salchichones de jabalí, una adaptación de la zarzuela española, el cassoulet o cocido, aceitunas, vinos, helados y postres, muchos postres.

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Para los más sibaritas, o los que disfrutan de un suculento plato, la zona está llena de restaurantes con estrellas Michelin. También hay una red de Bib Gourmand, que ofrecen un menú completo por unos 32 euros en cenas y comidas. No olvidéis que, ansiosos por encontrar el verdadero sabor de las verduras, sobre todo respetando las temporadas, numerosos chefs optan por crear su propio huerto.

Además el sureste de Francia es la primera zona de producción de trufas negras (Tuber Melanosporum), las llamadas "trufas del Périgord", una denominación botánica y no geográfica. El 70% de las trufas comercializadas en Francia proceden del Vaucluse. Incluso cada tercer domingo de enero en Richerenches, celebran la misa de la trufa.

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Ya solo nos queda hablar de los vinos del Ródano, donde se cultiva la vid desde la antigüedad. Las cepas por excelencia son la Garnacha, aunque hay otras 13 denominaciones como Gigondas, Côtes du Rhône, Ventoux y Luberon. Estos vinos son, cada vez más, una alternativa a los Burdeos y Borgoña. En los últimos años están destacando los vinos rosados, que en el caso de Côtes-de-Provence, constituyen tres cuartas partes de su producción. Este año se ha inaugurado en Cucuron, la nueva bodeguilla de la finca de la Cavale, obra del arquitecto Jean Michel Wilmotte. Un espacio junto a las viñas, ventilado, elegante y donde las hileras de cubas, fabricadas con madera, cristal y acero inoxidable, se vuelven visibles a través de las cristaleras de las paredes. Además de catas, ofrecen visitas temáticas, una de ellas de tipo arquitectural, y se pueden observar colecciones de vidrios y cristaleria.

El sentido del tacto, también tiene su espacio en este viaje por sabores y olores de la Provenza, con la posibilidad de participar en la vendimia durante todo un día en una finca, o aprender el arte de agrupar distintas cepas. También se puede participar en las numerosas fiestas del vino que marcan el ritmo del año, y recorrer a pie, en bicicleta o a caballo los paisajes de viñedos cultivos, mientras se disfruta de un mundo de colores, olores y sonidos. 

Datos prácticos del viaje

Compañía aérea: Air Nostrum (vuelo regional Madrid-Marsella +1h.)

Oficinas de turismo:

Provence-Alpes-Côte d'Azur  #Provencetourism
Turismo de Marsella #ChooseMarseille

Bouches du Rhone Tourisme  #MyProvence #Provencetourism

Turismo Arlès  #arlestourisme

Turismo Luberon  www.luberon-apt.fr #luberoncoeurdeProvence #destinationluberon

Alojamiento:

Résidence du Vieux Port ****  (vistas fantásticas sobre el puerto viejo y Notre Dame de la Garde)

Hotel Le Cloitre (un antiguo convento remodelado y muy tranquilo junto al teatro romano)  (también cuenta con restaurante www.facebook.com/louvreboitearles

Hotel Mas de Guilles (Lourmarin), un lugar en medio del campo con restaurante incluido. 

Appart'City Nîmes Arènes **** (junto al anfiteatro romano y a la estación del tren) , un lugar para cenar "Aux Plaisirs des Halles

Restaurante Le Poulpe (Marsella)

Restaurante Auberge de Carcarille 

 

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca 

 

 

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Ángela Gonzalo del Moral   22.jun.2017 16:50    

"Els Quatre Gats", un 'alimento del espíritu' que cumple 120 años

4-Gats-restaurante-centenario-muy-vivo_Foto 4 Gats

El 12 de junio de 1897, Ramón Casas y Santiago Rusiñol, abrían en la calle Montsió, una taberna con comida barata y música de piano. Habían copiado la idea de París, del cabaret Le Chat Noir, un ambiente que sedujo a los dos artistas catalanes. El local había sido proyectadopor el arquitecto modernista Puig i Cadafach. Era un lugar insólito para la Barcelona de finales del siglo XIX, donde se encontraban detalles refinados, combinados con objetos característicos de un hostal tradicional. Rubén Darío, uno de sus primeros visitantes ilustres, le dió un gran empuje para convertirlo en un lugar legendario. Todos los artistas que pasaban por Barcelona visitaban el local y esperaban algo diferente a una buena comida.

Pere Romeu, que había trabajado como animador y camarero en Le Chat Noir, se sentaba con su levita y gabán ruso hasta los pies, junto a sus clientes. Presidía las tertulias en las que "se arreglaba el mundo", mientras Ramón Casas pintaba carteles de las actuaciones de sombras chinescas y marionetas, que se escenificaban habitualmente. Sus paredes y mesas todavía guardan la riqueza cultural de estos 120 años de historia. En sus paredes hay colgados cuadros de Casas, Opisso, Nonell o Rusiñol entre otros, reflejo de la inspiración y sentimiento que provocaba en los artistas este emblemático local de ocio y reflexión.

Santiago Rusiñol recogió toda esa efervescencia cultura en sus escritos, donde lo definía como un "sitio pintoresco, lleno de sueños, que asustaban al menestral; aquellos cuadros de las paredes que las chicas de la casa no podían ir a ver porque les gustaban demasiado; aquella humareda de pipas que emborrachaba de ideas a los parroquianos de la casa".

Dos años más tarde de su apertura, un jovencísimo Pablo Picasso (tenía 17 años), comenzó a frecuentar el local, donde realizó su primera gran exposición en la sala grande. Por el establecimiento pasaron músicos como Isaac Albéniz, Enric Granados o Lluís Millet, dibujantes como Ricard Opisso o el gran arquitecto modernista Antoni Gaudí.

Seis años más tarde, las dificultades económicas de los propietarios llevaron al cierre del restaurante. Pasaron muchas décadas hasta que Els 4 Gats salió de su letargo y comenzó una nueva andadura. A finales de los 70, tres empresarios del sector de la gastronomía, Ricard Alsina, Pere Moto y Ana Verdaguer abrieron sus puertas con nuevas propuestas para el ambiente cultural barcelonés. A partir de 1989, el empresario Josep M. Ferré, abrió el restaurante y la "Casa Martí", donde está ubicado actualmente.

120 años más tarde, Els 4 Gats ubicado en el centro, representa uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y un referente de cultura, arte y literatura en la capital catalana. El director estadounidense, Woody Allen, lo escogió como uno de los escenarios de rodaje de su película "Vicky, Cristina, Barcelona".

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Actividades para celebrar el aniversario

En reconocimiento a su dilatada historia, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó recientemente la entrega al establecimiento de la Medalla de Oro al Mérito Cívico en reconocimiento a su trayectoria cultural. Este galardón representa la máxima distinción que concede el consistorio barcelonés a organismos y personalidades que, por su labor, han contribuido de manera fundamental en la vida social y económica de la ciudad.

En conmemoración del aniversario, durante los 12 meses de 2017 el restaurante lleva a cabo una serie de actividades que tienen como denominador común las diferentes actividades que se han llevado a cabo en el restaurant a lo largo de sus 12 décadas: pintura, fotografía, literatura y gastronomía.

Además de la tercera edición del concurso literario Ploma 4 Gats, se organizará en otoño el concurso de de sketching, en el que se invita a los artistas plásticos a acercarse al restaurante y, durante una mañana, realizar dibujos de temática relacionada con 4 Gats y el modernismo. El concurso está abierto a todo tipo de modalidades artísticas (pictórica, acuarela, óleo, carbón o plumilla). Las obras ganadoras serán premiadas y expuestas en el interior del restaurante. Las otras obras participantes se publicarán en  www.4gats.com.

El arte también se encuentra presente las tres primeras semanas de cada mes donde el comedor principal del Restaurante 4 Gats se convierte, una vez más, en una sala de exposiciones con colecciones artísticas de personalidades destacadas de pintura, dibujo o fotografía como Gerard Quintana, Nuria Feijoo o Marta Dalmau.

Además un domingo de cada mes, el restaurante organiza la lectura pública de un cuento que haya marcado la vida de su narrador, que será un personaje popular de la vida catalana como el doctor Eduard Estivill, la actriz Mariona Ribas, o el músico Gerard Quintana, entre otros. La sesión de cuentos va acompañada de un desayuno de chocolate con churros. La entrada tiene un coste de 5 euros que se destina a la Fundació Comtal, una entidad benéfica de la ciudad de Barcelona.

 

Tour virtual por Els4Gats

 

 

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Ángela Gonzalo del Moral   12.jun.2017 12:55    

Viaje a Ítaca

Bio Viaje a Ítaca

Un viaje nunca se acaba. Queda grabado en el recuerdo, se vuelve a él al ver una película, al leer un libro, al escuchar unas notas musicales, al mirar una fotografía, al saborear una bebida, al disfrutar una comida o cuando el país salta a la actualidad por algún acontecimiento específico. El viajero mantiene siempre un nexo interno con el lugar que un día conoció.... y trenza un vínculo con el nuevo destino que empieza a imaginar. La visita a cualquier lugar, cercano o lejano, tiene tres fases. En la etapa de preparación se sueña, en la del viaje se disfruta lo imprevisible y a la vuelta se reinventa la aventura..... Con los cinco sentidos alerta, anhela que la experiencia sea lo más enriquecedora posible.
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