13 posts de noviembre 2008

Se nos va 'La gallega de la zona norte'

Dionisia López Amado agoniza en la cama de un hospital bonaerense. Esta española madre de Plaza de Mayo, se nos va tras haber luchado incansablemente durante más de treinta años por la memoria de su hijo desaparecido y contra la impunidad de su asesinos. Apodada ‘Niza’ por sus amigas y conocida como ‘la gallega de la zona norte’, supo ganarse el respeto de todos por su carácter indómito, su serenidad y su valentía, cuando tuvo que echarse a la calle desafiando a la dictadura militar junto a otras madres de detenidos políticos, cuyo rastro se perdió en las mazmorras castrenses.

Dionisia había emigrado de la Galicia mísera y aterrada de nuestra posguerra, en 1952, con su marido y su hijo de cinco meses. Lo crió en Argentina y lo perdió 24 años después, secuestrado junto a su esposa por los verdugos de la Junta Militar. Dionisia lo reclamó en comisarías y cuarteles, infructuosamente. Después, a lo largo de los años, nunca ha dejado de exigir verdad y justicia. La conocí en los momentos más duros del terror militar y desarrollamos un profundo cariño. La última vez que la vi fue en mayo, en la feria del libro de Buenos Aires, cuando Baltasar Garzón y yo le firmamos un ejemplar de ‘El alma de los verdugos’. Un trabajo que le está dedicado junto a Chicha Mariani, Elsa Pavón, Matilde Artés (Sacha), Cecilia Viñas y Mirta Baravalle que, como Dionisia dieron generosas lecciones de dignidad y coraje.

En 2006, cuando rodamos el documental ‘La máquina de matar’ (está colgado en la web, dentro de ‘En Portada’) ‘la gallega’ recordaba el terror de la dictadura con estas palabras: “Aquellos años se vivían con miedo a la noche, terror a la noche. Se escuchaban los tiros y carreras en la calle... era un bum bum constante en el corazón. Amén del sufrimiento, porque un hijo es irreemplazable; puede haber 20, pero cada uno es irreemplazable. El terror fue muy grande. Y mucha gente fue muda, ciega y sorda por miedo también. Pudieron haber hecho más cosas, pero no hicieron nada porque el miedo era muy grande.”

Dionisia repetía siempre que en su corazón no había odio. Que no quería venganza y sólo necesitaba justicia. Lo decía orgullosa de no ser como sus enemigos. Ahora se está muriendo con más dignidad de la que jamás tuvieron los asesinos castrenses que destrozaron su vida. Se irá sin saber qué fue de su hijo y su nuera. Pero no derrotada, porque su voz, su fuerza y su perseverancia contribuyeron primero a la derrota de la dictadura y, finalmente, a acabar con la impunidad de los genocidas uniformados. Para enterrarla tendrán que ponerle el pañuelo blanco, con el nombre de su hijo desaparecido bordado, con que tantos centenares de jueves desfiló en la Plaza de Mayo.

LOS CASCOS AZULES NO SON ÁNGELES

Nadie les pide que sean ángeles, sino tan sólo eficaces como guardianes de la paz. Pero los cascos azules no son una cosa ni otra. Demasiadas veces ya, las tropas de Naciones Unidas han demostrado que no valen para garantizar la seguridad de las poblaciones indefensas a las que teóricamente se encargan de proteger. Lo he comprobado a lo largo de los años en distintos rincones del mundo. En julio de 1995, catorce meses después de asistir al genocidio que no fueron capaces de evitar en Ruanda, me tocó informar de la matanza propiciada por la pasividad culpable de los soldados holandeses en Srebrenica (Bosnia). Entre ambas tragedias, me decepcionaron los paquistaníes atrincherados en Mogadiscio (Somalia), cuidando únicamente de impedir que un balazo les impidiera disfrutar de la cuantiosa paga atesorada durante meses, cuando regresaran a su país. Podría citar muchos escenarios donde la actuación de los cascos azules me ha indignado, unas veces por su cobarde inhibición y otras por su incompetencia, cuando no por su corrupción. Uno de los peores sitios fue Liberia, en mayo de 2005, tras la devastadora guerra civil. Lo menos grave era que en los mercados de Monrovia se comerciara con alimentos y bienes de la intendencia militar de la ONU. Que las tropas de Bangla Desh estuvieran encadenadas a sus armas para evitar que se las robasen (véase la imagen congelada de la filmación que hizo mi compañero Jesús Mata) no pasaba de ser una vergüenza castrense. Lo más indignante era que las fuerzas internacionales solo dispusieran de cinco policías para controlar a 60.000 soldados distribuidos por todo el país. Su jefa, una mujer valiente llamada Celhia de Lavarene se lamentaba de su impotencia para combatir la trata de blancas y otros tráficos criminales. ‘Sólo podemos hacer algo en la capital --nos confesaba-- y tampoco podemos contar con ayuda de la policía local porque está implicada en el tráfico.’ Entretanto, en el interior del país era un secreto a voces que los cascos azules contrataban como sirvientas a niñas por un dólar diario y abusaban de ellas dentro de sus propios cuarteles. El Congo es el más reciente fracaso de las fuerzas de paz de la ONU. Para paliarlo se discute una ampliación de sus efectivos. Pero no se habla de reestructurar su funcionamiento. Ni tampoco de investigar sus responsabilidades y castigar a los culpables. Los cascos azules son un mito. Y muchas veces, una vergüenza.

REIVINDICAR A GABRIEL CELAYA

Con toda razón, mi antiguo compañero de TVE José Manuel Martín Medem se queja en una carta a ‘El País’ de que este diario haya excluido a Gabriel Celaya de una colección que anuncia como ‘una completa antología’ de ‘la poesía mas relevante en lengua española del siglo XX’. Es una vergüenza que se ignore al poeta que, en tiempos políticos difíciles, nos ayudó a recuperar la dignidad y, gritando que ‘nosotros somos quien somos, basta de Historia y de cuentos’, nos animó a echarnos a la calle. La huella intelectual que aquel ‘hombre solidario que derramó en poemas su aventura’ (Lauro Olmo) dejó en tantos españoles humillados se convirtió en una seña de identidad colectiva. Yo tampoco entiendo que José Manuel Caballero Bonald, director de la colección, margine a Celaya. ¿Qué viejo rencor personal se oculta tras esa deplorable decisión? Los versos barrocos y los pulidos adjetivos de Caballero siempre me dejaron frío, mientras los poemas urgentes y las palabras encendidas de Gabriel me emocionan todavía. Porque en Celaya aprendí a maldecir ‘la poesía concebida como un lujo cultural’, fueran o no neutrales sus autores.
(En la foto, Gabriel Celaya habla con Vicente Romero en 1973)

INDIGENTES Y FINANCIEROS

Debe ser cosa de mi radicalismo. Pero eso de las ‘obras sociales’ de algunas entidades bancarias me parece tan divertido como el hospital hematológico del conde Drácula. Lo digo a propósito de una entrevista en ‘Asuntos Propios’ con un propio de la Caixa, en la que ayer me tocó participar.

Resulta que la ‘obra social’ de la Caixa se ha marcado un estudio sobre la pobreza. Para elaborarlo encomendó a unos cuantos de sus empleados --de pelaje distinto a la legión dedicada a lo que la prensa económica denomina el ‘conglomerado inversor de la Caixa’-- que examinaran con lupa a los indigentes españoles. Un infortunado grupo social que el informe caracteriza como ‘fuera de la normalidad’ ciudadana... tal vez porque no reúne las condiciones básicas para la concesión de un crédito. Curiosamente, entre las causas de la indigencia enumeradas por la Caixa, no figura el ‘maldito parné’ prestado por entidades bancarias que, cuando no se puede devolver con intereses, provoca tantos embargos ruinosos.

En fin, pase que las ‘obras sociales’ esas paguen salarios millonarios a personajes de las más altas esferas públicas. Pase que la Caixa cobre por respirar frente a sus cajeros. Pero no que nos tome por tontos. Aunque sus análisis de la pobreza sean muy rigurosos, me fío más de los datos de Cáritas que no desgrava su elaboración. Y me resultaría más creíble que la Caixa hubiera publicado un informe --que sin duda tiene hecho-- sobre su propio enriquecimiento mediante las inversiones, incluso en negocios desaconsejados por el Banco de España, efectuadas a través de Criteria... cuyos criterios resultan escasamente sociales, por cierto.

Siempre he sospechado que lo de las ‘obras sociales’ tiene más de fachada que de ejercicio real de la famosa Responsabilidad Social Corporativa... que me suena a eufemismo de Limosna Prestigiadora Obligada. Claro que esto también debe ser cosa del viejo radicalismo que --cuando los programas para niños no eran tan infantiles como ahora-- me hacía sonreír al escuchar el falso anuncio de La Bola de Cristal: ‘antes nos llamaban usureros, ahora nos llaman banqueros: Caja de Ahogos y Tensiones...’

(Ah, radicalismo según la Real Academia es ‘calidad de radical.’ Y radical --en la primera acepción del DRAE-- es lo ‘perteneciente o relativo a la raíz’. Lo que se basa en la raíz, que no se ve pero siempre se adivina, de una cosa: ya sea de la banca, de la usura, de la hipocresía o de la mercadotecnia.)

REFUNDAR LA MISERIA

Los periódicos y los telediarios de estos días están llenos de noticias y comentarios sobre las intenciones de los gobernantes de las naciones más poderosas de ‘refundar’ --o algo así-- el capitalismo. ¿Refundar la injusticia universal? Sería alentador que se propusieran corregir el despropósito de que los capitales primen sobre los hombres. Pero de lo que se ha hablado en la reunión de Washington es de salvaguardar el orden financiero, garantizando la estabilidad de fondo de un sistema económico basado en la especulación y la injusticia. Se han planteado vagas reformas técnicas, que no cuestionan la esencia del sistema y responden a una ética puramente funcional: desde mayor regulación de los procedimientos hasta cierta transparencia en las operaciones. Pero ni una sola medida para paliar el infortunio crónico de los desheredados de la Tierra.

La evolución diaria de los índices bursátiles importa infinitamente más que los datos terribles ofrecidos por el balance anual de la pobreza extrema que elabora Naciones Unidas. Sus datos producen vergüenza y vértigo: cada día mueren 24.000 personas por carecer de alimentos; cada cinco segundos perece un niño menor de diez años a causa del hambre; cada cuatro minutos fallece una persona por falta de vitamina A... Y se calcula en torno a mil millones el número de quienes sobreviven gravemente subalimentados. ¿La meta de ‘refundar el capitalismo’ consiste en mantener la progresión de la miseria y esforzarse en la recuperación de los mercados bursátiles?

Los grandes popes de la despiadada economía de libre mercado discuten sobre la necesidad de reestructurar el Fondo Monetario Internacional y la Banca Mundial, dotándolos de fondos e instrumentos técnicos que aumenten su capacidad de intervención. Bidones de gasolina para dos organismos a los que Jean Ziegler califica --junto a la Organización Mundial del Comercio-- como ‘bomberos pirómanos’ y ‘organizaciones mercenarias de la oligarquía de un capital financiero invisible’. Porque ya no se trata de que su funcionamiento resulte poco satisfactorio ni de que sus poderes actuales sean insuficientes. La experiencia histórica demuestra que sus condicionantes --cuando no sus dictados-- han supuesto atraso y miseria para pueblos enteros, en beneficio siempre de las grandes corporaciones de capital internacional.

Aun aceptando que la anunciada ‘refundación del capitalismo’ se base en restablecer el orden económico sobre un absoluto desorden moral, se echa de menos una cuestión fundamental: poner coto a la especulación con los alimentos. Meses atrás, cuando las llamadas ‘hipotecas basura’ comenzaron a tambalearse, los principales especuladores emigraron de la Bolsa de Nueva York a la de Chicago, para negociar con las materias primas agrícolas, arroz, trigo, maíz, mijo... Y sus movimientos especulativos provocaron un alza mundial de precios que ahondó el ya gravísimo problema del hambre en distintos rincones del planeta. Pocas cosas hay más urgentes en el panorama económico mundial que la exigencia de que los alimentos sean declarados bien público y retirados de la especulación bursátil, para que su precio quede fijado directamente entre países productores y países consumidores. Sin embargo nadie lo ha planteado en la cumbre de Washington.

La Alianza Española Contra la Pobreza (que agrupa a un millar de entidades sociales, ONGD, organizaciones y movimientos sociales) clama en el desierto de los medios por ‘la supresión de todos aquellas estructuras financieras y mecanismos institucionales que han generado un crecimiento económico mundial desigual y precario, y han empobrecido a una gran parte de la Humanidad en las últimas décadas’. Piden que se ponga ‘coto a la capacidad de acumulación de riqueza por parte de personas, instituciones y países. Esto implica necesariamente medidas que pongan lo social y lo ambiental por encima de lo económico.’

Una vez más, la lógica está en la utopía.

PERIODISMO BASURA

Dicen los periódicos que una cadena reputada por ofrecer la telebasura más depurada ha contratado a un delincuente llamado Luís Roldán, pagándole 50.000 euros por una entrevista. Pocos días antes habían llamado para igual menester a otro ladrón que responde a la gracia de Julián Muñoz, con un ‘caché’ siete veces más alto pese a que robar desde una alcaldía resulte mucho menos original que hacerlo al frente de la Guardia Civil. Aunque sea una desvergüenza contratar a sinvergüenzas, apostando por el escándalo para incrementar los índices de audiencia, desgraciadamente la televisión no dispone de un código deontológico que lo prohíba. Y hay una cierta lógica enferma en que un programa/basura ofrezca testimonios/basura de los más célebres personajes/basura. Si hablamos de periodismo/basura, ¿debemos calificar de periodistas/basura a quienes lo ejercen? Lástima que no existan ‘clínicas de ética’ para que también pudieran mejorar en ese aspecto quienes tantas veces recurren la cirugía estética.

OBAMA ES NEGRO PERO NO ROJO

Que nadie se llame a engaño: Obama es negro pero no rojo. Aunque algunos articulistas se empeñen en presentarlo como ‘la izquierda del Partido Demócrata’ y lleguen a equiparar sus posiciones con las de la socialdemocracia europea, lo cierto es que no hay tal.

¿Cual es el cambio que propone Obama?, se preguntaba en ‘Informe Semanal’ Michael Ratner. El combativo presidente del ‘Centro de Derechos Constitucionales’ en Nueva York recordaba que Obama y McCain estuvieron de acuerdo en el ‘plan de rescate’ federal, que destinó 700 mil millones de dólares a impedir la quiebra del sistema financiero. ‘No era dinero para ayudar a los pobres --señalaba-- sino a los banqueros’. Y concluía en que tal vez el principal cambio consistiera en que Obama se comporta como un ser humano. Otra vez la diferencia se hace notar más en el talante político que en la política económica. ‘Obama piensa como Wall Street y sus consejeros provienen de Wall Street’, comentaba en el mismo reportaje Arun Gupta, director del periódico alternativo ‘Indypendent’: ‘es el primer receptor de dinero procedente de fondos de inversión, del sector financiero, de compañías de seguros; y ello le obligará a políticas favorables para el sector financiero. Puede que procure algunos beneficios populares en forma de pequeños recortes de impuestos, de pequeños programas de trabajo.’

Si un refrán insta a no confundir la velocidad con el tocino, otro sentencia ‘dime con quien andas y te diré quién eres.’ Basta con ver los nombres de quienes Obama ha designado como sus principales colaboradores. Su hombre fuerte, como jefe de gabinete en la Casa Blanca, será Rahm Emmanuel, el mismo que tuvo Bill Clinton durante sus ocho años en el poder. Accesible y sensato, hubo periodistas que le pusieron la etiqueta de ‘izquierda’ por sus posiciones contrarias a la proliferación de armas de fuego y favorables a la mejora del precario sistema de seguridad social estadounidense. Una exageración para calificar lo que no era otra cosa que sentido común por parte de un político duro, valorado sobre todo por sus conexiones económicas, que le han permitido actuar como ‘conseguidor’ de fondos para el Partido Demócrata. Y que también le sirvieron para triunfar en los negocios cuando, tras la victoria electoral de Bush en 2000, entró a formar parte del grupo de inversiones Wasserstein Perrilla & Co. (que ahora se llama Desdner Kleinwort Wasserstein) donde se calcula que ganó unos veinte millones de dólares en tres años. Dicen que Rahm Emmanuel hará el papel de ‘policía malo’ para permitir que Obama mantenga la imagen de ‘policía bueno.’ Pero, en definitiva, policía bueno y policía malo suman dos policías, dos agentes de la misma Policía. Churras o merinas, son ovejas.

LA CÚPULA DE LA VERGÜENZA

La noticia produce estupor, indignación y vergüenza: el gobierno español ha utilizado una partida de 500.000 euros de los Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD) para pagar una parte de la factura de la pintura de la cúpula de la sede de Naciones Unidas en Ginebra, realizada por el nada filantrópico artista Miquel Barceló. Una moderna decoración de colores cuyo coste superará los veinte millones de euros, a cargo de la fundación ONUART, constituida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, con aportaciones de empresas privadas. El diplomático Javier Garrigues trató de justificar el dislate --por emplear una palabra suave-- asegurando que tan costosa obra de arte ‘contribuirá a la promoción de los derechos humanos y el multilateralismo.’ ¡Bravo!

El pintor Barceló, cuya cuenta corriente se verá también ‘promocionada’, se había quejado de que algunos medios hablaran de ‘quitar el dinero de la boca de los pobres’ para financiar su obra. Naturalmente, alguien de su talla intelectual no iba a dar la nota demagógica de considerarse pagado con el honor de que su creación artística sirviera de techo a la sede suiza de la ONU. Después de todo el arte actual también responde a las despiadadas reglas del libre mercado más que a cuestiones éticas. Y ya no importa que, parafraseando a Gabriel Celaya ‘no pueda ser sin pecado un adorno.’

Hay cosas más necesarias, urgentes, imprescindibles a las que dedicar los fondos --públicos o privados-- en la esfera internacional. Y, al tratarse de las Naciones Unidas, el gasto efectuado en la cúpula y los emolumentos de Barceló, pueden y deben medirse en costo humano. Baste recordar que, en su último informe como Relator Especial de la ONU, Jean Ziegler denunció que ‘cada día 24 mil personas mueren de hambre; y si ustedes calculan los que mueren por las consecuencias inmediatas del hambre, llegarán a la cifra de 100.000 personas muertas, masacradas por el hambre todos los días. Cada cinco segundos un niño menor de diez años murió de hambre el año pasado. Cada 4 minutos alguien muere por falta de vitamina A. y el año pasado --las cifras que tenemos son del año pasado-- 854 millones de personas han subsistido en el planeta grave y permanentemente subalimentadas.’ El hambre aumenta sin cesar desde hace 11 años. Cerca de mil millones de personas viven en la miseria, privadas del derecho a la alimentación. Y, sin embargo, las naciones enriquecidas se resisten a adoptar las medidas precisas para acabar con esta tragedia intolerable. Pero no vacilan en afrontar gastos suntuarios en ese anquilosado organismo mundial. La vergüenza por el despropósito corresponde, en este caso, a España.


Las agencias humanitarias de Naciones Unidas no consiguen reunir los fondos precisos para poner coto al hambre y sus secuelas. El pasado mes de junio, cuando fracasó en Roma una cumbre mundial sobre este gravísimo problema, el presidente Zapatero proclamó que ‘España tiene un firme compromiso en la lucha contra el hambre y la pobreza. Un firme compromiso con los más débiles. No de palabra sino de hechos. Un firme compromiso porque no habrá un orden internacional que se llame de esa manera mientras tengamos la expectativa de 800 millones de seres humanos pasando hambre y miseria. Y la expectativa de que pueden elevarse a cien millones más.’ En aquella ocasión, el gobierno español echó mano de su hucha y entregó 500 millones de euros para incrementar los fondos de ayuda internacional. Además abrió una puerta a la esperanza, al proponer la adopción de un código ético que garantice el derecho mundial a la alimentación. Gastarse el dinero --cualquier dinero, sea de créditos FAD o de otra partida-- en elementos decorativos va contra la raíz de esa propuesta ética. Ni Moratinos, ni Zapatero, ni los Reyes necesitan hacerse la foto que se harán el próximo día 18, en la inauguración de la polémica cúpula cubierta de colores por Barceló. Tal vez sí que le venga bien al Secretario General de la ONU, Ban Kimoon, cuya pasividad e incompetencia ante las últimas crisis internacionales nos hace añorar tanto a Kofi Anan.

LOS INDIOS REBELDES SIEMPRE PIERDEN

Russell Means, el dirigente radical siux, perdió las elecciones para jefe de la tribu. Consiguió un 45 por 100 de los votos (1970) frente al 55 por 100 (2227) logrados su oponente, la demócrata Theresa Two Bulls. Las grandes agencias informativas no han distribuido la noticia, seguramente porque a casi nadie le importa lo que ocurra en esos inmensos bolsones de miseria que son las reservas indias en los Estados Unidos. Pero aquí estamos obligados a reseñarla, después de habernos ocupado en Telediario e Informe Semanal de la campaña electoral en ese vergonzoso rincón de Norteamérica que es Wounded Knee.

La señora Two Bulls había prometido que, si ganaba las elecciones tribales, abandonaría su puesto en el Senado estatal de Dakota del Sur para dedicarse enteramente a los asuntos domésticos de su pueblo. No le hará falta, ya que fue derrotada por el republicano Jim Bradford. Ahora hay que desearle que tenga mejor suerte que su antecesora en el cargo, junto a quien ocupó la vicepresidencia siux, y no acabe siendo destituida como ella. Ojalá que su experiencia política en el seno del Partido Demócrata sirvan para conseguir que Obama relea los viejos tratados con los indios, que firmaron distintos inquilinos de la Casa Blanca y siempre quedaron incumplidos.

Russell Means, aceptando su derrota, ha insistido en que sus 1970 votos demuestran que cerca de la mitad de la reserva siux respalda activamente su propuesta de crear una República Lakotah, capaz de negociar con Washington ‘de nación a nación.’ Una vieja utopía, aplastada por el genocidio cometido durante la llamada ‘conquista del oeste.’ Porque los rebeldes siux siempre pierden. Cualquier aficionado al cine sabe que la despiadada caballería blanca acaba derrotando a los indígenas que osan hacerle frente, defendiendo sus derechos pisoteados por los colonos blancos. Y que los únicos pieles rojas sobrevivientes son quienes le sirven de exploradores, guías o criados.

Fiesta en Harlem: ‘LA CASA BLANCA SERÁ LA CASA NEGRA’

(Desde Nueva York)

Las tradiciones neoyorkinas mandan que un público numeroso se reúna en Times Square, para seguir el escrutinio electoral a través de grandes pantallas de televisión. Y a lo largo de Manhattan es costumbre que los partidarios de ambos candidatos se reúnan en bares o clubes políticos, para compartir la alegría o la decepción. Anoche, la fiesta más desolada fue la de las Mujeres Republicanas, en su lujosa sede de la calle 51 junto a la Quinta avenida. No sólo no tenían nada que celebrar, sino que se enfrentaban a una derrota dolorosa.

Conforme avanzaban los resultados y el partido demócrata aumentaba las diferencias, los partidarios de Obama se fueron echando a las calles, sobre todo en los barrios donde anida la pobreza. Pero fue en Harlem, en el corazón afroamericano de la ciudad de Nueva York, donde más se desbordó la alegría por el triunfo de Barack Obama, el primer presidente negro de los Estados Unidos. A partir de las once de la noche, una multitud brotó de las casas y surgió de las bocas del metro, para congregarse

Cuando se supo que Obama sería el vencedor, miles de sus partidarios se echaron a las calles. Y ocuparon la avenida de Martin Luther King, el líder negro que 45 años atrás soñó la libertad del pueblo afroamericano, y que murió asesinado en 1968 sin imaginar que un negro pudiera llegar a la Casa Blanca. Junto a viejos humillados durante los ya lejanos años de discriminación racial, y a veteranos luchadores por los derechos civiles, miles de jóvenes negros que habían votado por primera vez gritaban el nombre de Obama.

Las gentes bailaban y reían, se abrazaban espontáneamente, lloraban y se agitaban como posesos al ritmo de tambores. Muchos buscaban la cámara de Carlos Días Oliván para comunicarle al mundo su alegría y la esperanza que la victoria demócrata les infundía. "Obama es negro como yo, ¡negro! Ahora la Casa Blanca será la Casa Negra -repetía una mujer- Y todos cabremos todos en ella, ¡todos!"

Pero no había tono alguno de revancha. Sólo un orgullo legítimo. Y el factor racial quedó diluido en una muchedumbre de distintos orígenes y colores. Porque miles de blancos -anglosajones, hispanos, italianos- y asiáticos se sumaron a la fiesta popular de Harlem, para celebrar juntos la victoria del hombre que ha prometido cambiar América y el mundo.

El vibrante mensaje del presidente electo sembró la emoción entre cuantos se congregaron a escucharlo en los bares. En Showmans, abarrotado de ‘jazzmen’, muchos lloraron al oír el mensaje del presidente electo. Después, como no podía ser de otra forma en Harlem, el entusiasmo se prolongó la noche entera entre el sonido nostálgico de dos saxofones y el ritmo trepidante de un batería enfebrecido.

Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
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