8 posts de mayo 2009

La Europa de los míos

Esos que siento como los míos, con quienes comparto utopías, trincheras y contrariedades más allá de las ideas políticas que nos unan o nos diferencien, miran a Europa con mucho más que recelo. Y contemplan a las grandes instituciones comunitarias como lo que parecen ser: un club de privilegiados. Porque aquello que décadas atrás representaba una garantía de progreso y democracia, pese a haber sido engendrado como marco mercantil, ha devenido en uno de los principales instrumentos políticos del sistema financiero internacional.

El Parlamento Europeo debería de haber sido otra cosa. No un foro de conspiraciones legislativas al mayor beneficio de las grandes corporaciones económicas trasnacionales, sino un centro político capaz de favorecer el desarrollo de las libertades y los beneficios sociales por encima de las fronteras, unificando los ideales que han impulsado el avance de la civilización a lo largo de la Historia. Pero lo que queda de aquel antiguo espejismo europeo es un cascarón amargo que se endurece cada año. Desvanecidos los viejos sueños revolucionarios, abolida la lucha de clases, reducidas las conquistas sociales, reformulados los enunciados del estado del bienestar como programas mínimos para unos estados de relativo bienestar propio, e institucionalizados los perversos mecanismos de la injusticia mundial, esta Europa ya no puede ser la Europa de los míos.

La realidad real es que las instituciones democráticas europeas funcionan como organizaciones políticas al servicio de las grandes estructuras de dominio económico internacional. La mayoría de sus dirigentes y representantes se comportan como burócratas sin corazón ni conciencia. Han dado numerosas pruebas de su desinterés en cuestionar las injusticias económicas más evidentes y de su incapacidad para reformar una legislación que consagra el comercio injusto y un reparto criminal de la riqueza.

Esta Europa de los otros, de despiadados mercaderes, propugna la libre circulación de capitales y limita la libre circulación de seres humanos. Sus normativas tratan de protegernos del asalto de la inmigración que llega del Sur en una huída masiva y desesperada de la miseria, creando --mediante reglamentos contrarios a los derechos humanos-- nuevas barreras policiales, campos de internamiento, y facilidades de expulsión de los sin papeles. Sus políticos, que califican de generosidad europea a los magros fondos dedicados a cubrir el expediente de nuestra obligación moral de paliar el hambre y la enfermedad en las naciones empobrecidas, han dado constantes ejemplos de impiedad. Y sus economistas se esfuerzan en mantener el statu quo de la región con subsidios millonarios a una producción agropecuaria que siembra de miseria los campos del Sur. Por eso a los míos no les interesan los enfrentamientos dialécticos, sean de gallos de pelea o de palomos capones, entre dirigentes políticos que pugnan por formar esas mayorías parlamentarias que tan ajenas nos resultan.



Aún así, muchos de los míos acudirán a las urnas en las inminentes elecciones europeas, argumentando que lo harán para impedir que ganen los peores. ¿Apoyar a una opción política en la que no crees tan sólo para contrarrestar la fuerza de otra que te repugna? Debería existir una papeleta negativa, que al menos permitiera descartar cuando no se encuentra qué elegir, descontando directamente los votos de los descontentos en vez de sumarlos a otra opción menos mala.

'El País', la prostitución y la desvergüenza

El diario El País viene publicando una espléndida serie de artículos que constituyen una implacable denuncia de la industria criminal de la prostitución en España, de las redes de tráfico de personas que condenan a miles de mujeres a la esclavitud sexual, y de la ineficacia de nuestras leyes para combatir esos delitos y garantizar los derechos más elementales de miles de seres humanos convertidos en objeto de compraventa.


Pero al mismo tiempo, ¡qué desvergüenza, qué desfachatez y qué escándalo! Porque las páginas de El País ofrecen cada día alrededor de quinientos anuncios de esa actividad delictiva y ese tráfico tan duramente criticados. Se denuncia a las mafias de la prostitución y, al mismo tiempo, se les da la bienvenida cuando pasan por caja como clientes del departamento de ‘clasificados’.


El siempre lúcido Enric González ha esbozado una crítica tímida --no podía ser de otra forma-- en su columna del propio periódico. Apunta como inaceptable disculpa que en estos tiempos de crisis tales ingresos publicitarios resultan esenciales. Todo un criterio de empresa. Tampoco importa que tales anuncios no sean nuevos, sino que vengan de las épocas de vacas gordas. Lo que importa es que con el mismo argumento podrían insertarse anuncios de otras organizaciones dedicadas al tráfico de inmigrantes sin papeles, o de blanqueo de dinero negro... ¿Se imaginan ustedes? 'Trabajadores clandestinos se ofrecen por debajo del salario mínimo. Hacen de todo sin limitación de horarios y duermen en un sótano'. ‘Invertimos sus sobornos en un paraíso fiscal. Rentabilidad segura. Experiencia acreditada’...


El País y otros diarios de prestigio tendrán que decidir si dan cabida a ésos posibles nuevos desarrollos del ‘negocio editorial’, aplicando el mismo sentido ético que emplean para aceptar publicidad de prostitución como esta: ‘Aluche, brasileñas jovencitas’, ‘Alba 18 años, especial griego y beso negro, francés tragando’, ‘Chicas de Hong Kong, nuevas’, ‘Jovencitas, sumisas, obedientes’, ‘Negritas espectaculares’...


Claro que no es sólo El País. La misma mierda mancha las manos y llena las carteras de la inmensa mayoría de los periódicos, no importa si son de tendencias progresistas, conservadoras o hasta meapilas. Se puede decir de todos ellos lo mismo que se decía del Arcipreste de Hita: que se revelan como unos moralistas puteros. Una sola excepción destaca frente a tanta incoherencia y tan poca ética: el diario Público no ensucia sus páginas con una sección de trata de blancas.

Otra lágrima por Benedetti

Paco Cercadillo, subdirector del desaparecido diario ‘Pueblo’, diferenciaba ‘echar una lágrima’ de ‘escribir una necrológica.’ Paco sabía que no era lo mismo. Por Mario Benedetti los periódicos se han llenado de lágrimas, nunca de necrológicas. Hasta los más fríos cables de las agencias de prensa anglosajonas cuentan su muerte con palabras conmovidas, denotando esa emoción humana que Benedetti nos enseñó a compartir escribiendo, y que está prohibida por los ridículos códigos de la ‘objetividad informativa’ que se predican en las fábricas de periodistas dóciles y se aplican en los medios que se autodenominan ‘neutrales’ en vez de ‘neutralizados.’


Mario supo escoger, tomando ‘partido, partido hasta mancharse’ en el bando de los empobrecidos, de los eternos perdedores, de las víctimas de los poderosos. Compartió con sus lectores ilusiones y utopías, pero también --sobre todo-- sentimientos, intimidades, inquietudes, dudas y flaquezas humanas. Y todo ello le permitió, cuando corrieron los peores tiempos para la ética, escapar y ayudarnos a escapar de la tentación de los refugios estéticos de quienes ‘se desentienden y evaden’.


Tuvo la suerte de no caer bajo la bota militar, como algunos otros que pensaban, sentían y tal vez hubieran escrito como él. Gracias a un instinto de gorrión pudo burlar la persecución de los centuriones uruguayos y argentinos. Se lo oí contar una tarde de marzo de 2006 en su casa de Montevideo, en la calle que lleva el nombre de su amigo Zelmar Michelini, asesinado por los militares en Buenos Aires:


-- ‘Yo tenía un llavero, que yo decía que era ‘el llavero de la solidaridad’, con las llaves de siete u ocho departamentos de amigos argentinos donde podía refugiarme. Y varias veces los utilicé.


Lo recordó ante la cámara de Informe Semanal para un reportaje sobre los años de plomo en el cono sur. Y después, en uno de esos momentos mágicos que ofrece este oficio, me mostró algunos de sus papeles con el manuscrito de ‘Vivir adrede’. Aquel día estaba apesadumbrado, como si intuyera inminente el golpe de la desaparición de Luz, su compañera durante seis décadas, que desde mucho tiempo atrás se extinguía lentamente en el limbo del Alzheimer.


Aunque careciera de un apoyo como el que Pilar del Río supone para Saramago, Benedetti se obstinó en apurar la vida contra su propio instinto pesimista, en cada momento. Lúcido hasta el final, sabía que no iba a tardar en dejarnos. Y tuvimos la suerte de que se fuera sin apagarse, sin que la vejez difuminara en su mente lo más esencial de su vida.


Anoche, con el corazón encogido, muchos agnósticos entonamos una oración por Mario Benedetti, aquel ‘padrenuestro’ que reescribió casi 50 años atrás:


Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos donde quieras que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas
sucias de la miseria...

Una noticia que es un engaño

La mayoría de los periódicos y de los informativos de radio y televisión recogieron el pasado sábado la ‘noticia’ de que una cadena australiana había difundido en sus telediarios un puñado de las imágenes de torturas que Obama --dentro del sordo pulso que está perdiendo con la CIA y el Pentágono-- había decidido mantener embargadas. La supuesta exclusiva periodística, con quince fotografías de malos tratos y humillaciones sexuales, dio la vuelta al mundo. La reflejaron nuestros propios telediarios. Y aún puede consultarse en esta misma web.


Sin embargo, la ‘noticia’ no es tal. Y la exclusiva no pasa de ser una grosera estafa. Porque las quince imágenes anunciadas a bombo y platillo como una ‘revelación del secreto que Obama pretende mantener’ fueron difundidas hace mucho tiempo. Las más duras sufrieron la censura de los grandes medios. (Como la de un grupo de prisioneros, desnudos en una galería de Abu Grahib y obligados a masturbarse, que se incluye aquí.)Algunas se emitieron por vez primera en televisión en marzo de 2008, dentro del largometraje documental ‘Las tinieblas del poder’ (segunda parte de ‘El alma de los verdugos’) que Baltasar garzón y yo realizamos para TVE, producido por ‘Informe Semanal’. (Puede verse en http://www.informesemanal.tve.es dentro de ‘programas especiales’.)


El efecto del engaño es sumamente perverso. En una primera lectura se podría pensar que siempre es bueno recuperar unas imágenes que evidencian la inaceptable barbarie de la llamada guerra contra el terrorismo. Y que su redifusión, incluso bajo la etiqueta falsa de exclusiva, sirve para recordarnos los crímenes que el Pentágono pretende dejar impunes. Pero, más allá de esa visión ingenua, se dibuja el riesgo de que el público piense que las imágenes que Obama ha decidido mantener ocultas no son peores que las conocidas. Si así fuera, si no se tratara más que de escenas semejantes a las que ya hemos visto, no habría tanto interés en impedir su publicación.


Los veteranos involucrados en los escándalos de torturas y abusos sexuales en Abu Grahib, a quienes entrevistamos para ‘Las tinieblas del poder’, nos dijeron que entre las dos mil imágenes confiscadas por los altos mandos militares hay cosas mucho más ‘explícitas, duras y aberrantes’. Entre las imágenes que tanto avergüenzan al Pentágono tienen que estar, por ejemplo, las fotografías que la soldado Sabrina Harmon sacó a la cabeza momificada de un prisionero, que --según nos contó su colega Joe Darby--conservó más de cuatro meses en su dormitorio. O el video de la sodomización de un prisionero, que el soldado Aidan Delgado nos aseguró haber visto, entre cuatro filmaciones que calificó de ‘alta violencia sexual’.



(Estas imágenes pertenecen al documental 'Las tinieblas del poder' y aparecen con el mismo formato de su emisión por TVE).

Noticias sobre crímenes y responsabilidades

Tres noticias coinciden sobre una misma página del periódico con que desayuno.
Aparentemente inconexas, las tres sumadas dibujan una crónica fantasma, no escrita ni publicada. La primera, da cuenta del juicio contra el ex soldado norteamericano Steven Dale Green, que se enfrenta a la pena de muerte tras ser considerado culpable de haber violado a Abeer Qassim, una niña iraquí de 14 años antes de matarla, y de haber asesinado a tiros a su hermana de seis años y a sus padres, cerca de Bagdad en 2006. Otros tres militares que participaron en la matanza han sido condenados a penas de cárcel entre 90 y 110 años, por un juzgado popular de Kentucky. Porque el ejército norteamericano nunca quiso sentarlos en un banquillo de acusados y se limitó a expulsar de sus filas a Green, arguyendo que había sufrido una alteración psicológica.

Los jefes inmediatos de aquel pelotón de criminales castrenses jamás fueron cuestionados. Tampoco, los oficiales superiores que planificaron las operaciones; ni mucho menos, el mando supremo que dirigió la guerra ni los políticos que la declararon. El periódico no creyó necesario recordar a sus lectores que todos ellos acaban de recibir garantías de impunidad por parte de Obama, pese a ser quienes determinaron centenares de miles de muertes y convirtieron en criminales a tantos jóvenes como ese pobre imbécil 24 años, llamado Steven Dale Green, y a los tres compañeros de armas con quienes compartía sueños patrióticos.

La segunda noticia habla del largo centenar de civiles muertos por un bombardeo de la fuerza aérea norteamericana, contra ‘edificios sospechosos de dar cobijo a talibanes’, en la localidad afgana de Bala Buluk. Un eslabón más en la cadena de atrocidades que continúan produciéndose sin causar demasiado escándalo ético en el mundo. Otro crimen de guerra, cuyos autores también pueden dormir tranquilos: no serán procesados por ningún tribunal como el de Kentucky.

La tercera noticia informa sobre la dimisión de Louis Caldera, el jefe de la Oficina Militar de la Casa Blanca. La responsabilidad que pretende asumir con su cese se limita a haber autorizado un vuelo a baja altura del avión presidencial Air Force One, que provocó un cierto grado de alarma en Manhattan. Algo que resulta intolerable y, al parecer, políticamente muchísimo más grave que la matanza de Bala Buluk.

Hay una cuarta noticia de la que no me entero por los periódicos, sobre la que han pasado de puntillas las grandes agencias de Prensa: en una siniestra prisión de Libia ha muerto Ali Mohamed al-Fakheri, más conocido por su nombre de guerra, Ibn al Sheikh al Libi. Detenido en Pakistán, acusado de ser responsable de un campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán, su falso testimonio --obtenido bajo tortura-- permitió a Colin Powell argumentar en la ONU, en nombre de la Administración Bush, que Irak servía de base a los terroristas de Bin Laden. Tras pasar por los calabozos del barco USS Bataan y la cárcel secreta de Diego García, fue transferido a las prisiones ‘por delegación’ de Egipto y, finalmente, de Libia. Allí ha muerto, debilitado por la tortura, diabético y tuberculoso. Su cuerpo ha sido entregado a un hermano suyo, en la ciudad de Jdabia. A nadie en Washington ni Londres convenía que viviera. Ni conviene que se airee la muerte de uno de los muchos ‘prisioneros fantasma’, que permanecen desaparecidos en cárceles de distintos países cómplices en la llamada guerra contra el terrorismo.

Cerco a Obama (II)

-- 'Obama está siendo fuertemente presionado por las agencias estatales y por algunos legisladores, para que no vaya demasiado lejos al restaurar los derechos humanos' --afirma Michael Ratner, director del Center for Constitucional Rights de Nueva York-- 'Obama anunció el cierre de Guantánamo pero 241 prisioneros continúan en sus celdas, y sólo se ha liberado a uno en los cuatro últimos meses. Anunció el final de la tortura, pero los torturadores siguen paseando por las calles. Anunció el cierre de las cárceles secretas, pero se niega a dar información sobre ellas; y no se sabe qué ha sido de los prisioneros que han desaparecido. Y continúan existiendo cárceles militares, como la de Bagram en Afganistán, donde no se permite la entrada de abogados.'

Por definición las agencias de inteligencia estatales son herméticas. Y, en este caso, la intensa operación glamour desplegada en torno a la figura del nuevo presidente ha contribuido a disimular las presiones ejercidas por los aparatos de inteligencia. Pero la reforma propuesta por Obama tiene pilares éticos, y en ellos se basan los aspectos fundamentales de la regeneración del Estado y de su brazo armado.

Pocos días atrás, el Departamento de Justicia norteamericano cerraba con un decepcionante informe de 220 páginas su investigación interna sobre tres asesores legales del gobierno de Bush --John Yoo, Jay Bybee y Steven Bradbury-- que fueron los autores de los memorandos autorizando las llamadas técnicas extremas de interrogatorio. Es decir, sobre las torturas. Conclusión oficial del gobierno de Obama: los tres asesores cometieron 'serios errores de apreciación’, suficientes para apartarlos de la carrera judicial, pero que al parecer no bastan para procesarlos. Ahora, el fiscal general del Estado, Eric Holder tiene en sus manos la patata caliente de dar por buenas tales conclusiones. Lo hará.

Hay hechos bélicos tan inoportunos como los mortíferos bombardeos norteamericanos, en las zonas más conflictivas de Pakistán y Afganistán, en vísperas de la visita a Washington de los presidentes de los dos países. Matanzas de población civil que avergüenzan a Obama y le obligan a prometer que no se repetirán, ante sus dos aliados más necesarios e incómodos. ¿Errores estratégicos, descoordinación?

Pero, más allá del echar tierra encima de los crímenes de estado cometidos bajo el mandato de Bush y de polémicas militares, el malestar y la resistencia que emanan de la CIA se perfilan en torno a Guantánamo. Su cierre se ha convertido --en palabras de uno de los adalides parlamentarios de Obama, la senadora Claire McCaskill-- en ‘un problema político enorme, que puede abrasarnos a todos.’ El calendario corre en contra del gobierno de Washington. Y la Cámara de Representantes acaba de negar una partida de ochenta millones de dólares para costear la ‘relocalización’ de los prisioneros que aún continúan en Guantánamo.

Los tribunales militares especiales que habían empezado a actuar en Guantánamo durante los últimos meses de Bush, quedaron suspendidos por el nuevo presidente ‘durante cuatro meses’. El plazo finaliza el 20 de mayo y ya se ha fijado una vista para el día 27. Si llega a celebrarse, supondrá una importante derrota para Obama. Los asesores legales del gobierno dan vueltas y vueltas a la creación de un nuevo sistema judicial, pero adoptarlo supondría incumplir el cierre de Guantánamo en el anunciado plazo de un año. El Secretario de Defensa, Robert Gates, se dispone a viajar a Arabia Saudí para que este país acepte a internar a un centenar de presos en un centro de ‘rehabilitación’. Europa tampoco acaba de concretar su acogimiento de más de medio centenar de prisioneros que serían liberados sin cargo alguno. Y la Casa Blanca se muestra incapaz de ocultar que no sabe cómo salir del laberinto, mientras Obama aprende amargamente la primera lección que recibe un optimista cuando llega al poder. El refranero español la resume en ocho palabras: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Cerco a Obama (I)

La eficaz operación de imagen que envuelve la figura de Obama desde la campaña electoral ha hecho que, durante sus casi cuatro meses en la Presidencia, hayan pasado inadvertidas muchas tensiones internas en torno a sus más importantes decisiones. Pero la realidad es que el llamado ‘belt way’, las instituciones y agencias gubernamentales cuyas sedes forman un cinturón de núcleos poder que rodea físicamente a la Casa Blanca, está ejerciendo una sorda y constante presión sobre el nuevo presidente.

Jean Ziegler explicó en su libro ‘¡Viva el poder!’ la impotencia de los partidos políticos y sus líderes más carismáticos, que conquistan democráticamente el gobierno con un programa de cambios profundos en la sociedad, las estructuras económicas, los aparatos del Estado, las relaciones de poder... Y cómo la compleja maquinaria que articula todos ellos es la que acaba cambiando profundamente al partido gobernante y a sus líderes, al imponer las ‘razones de estado’ sobre su ilusoria voluntad política.

Cuando se realiza un relevo al frente de un Estado poderoso --sobre todo, cuando no es sólo de personas o grupos de un mismo partido, sino cuando los nuevos mandatarios llegan con voluntad transformadora-- se produce un forcejeo político en las entrañas del poder. Es el primer asalto de un combate tan sordo como inevitable, que ha empezado a librarse en el seno de la nueva Administración norteamericana. Y todo indica que será de enorme dureza, aunque todavía no se adviertan más que movimientos de tanteo, amagos y algunos golpes bajos.

No es una disputa entre opciones políticas, ni estructuras o líderes partidarios. El partido Republicano permanece roto, desarbolado, carente de rumbo desde su derrota en las urnas. Y el partido Demócrata, tras su victoria, está lejos de constituir una unidad en torno a los ideales enunciados por Obama. El enfrentamiento se libra entre núcleos de poder, cuyos gestores actúan como señores de la administración, llegando a crear resistencias y provocar conflictos para defender sus propios intereses y responsabilidades.

El primer terreno para las disputas debería de haber sido la economía. Pero Obama se ha esforzado en evitar un choque con los grandes poderes financieros. Más allá de sus iniciales regañinas a una insensata legión de ejecutivos con altos sueldos, escandalosos ‘incentivos’ y regalías inmorales, el nuevo presidente tranquilizó a los señores del dinero con la entrega de un salvavidas multimillonario y, sobre todo, con el nombramiento de dos cerebros económicos nada sospechosos para el gran capital: Tim Geithner, un secretario del Tesoro muy ligado a Wall Street, que propugna subvenciones para librar a los grandes bancos de sus activos tóxicos; y Larry Summers que, tras liberalizar las normas bancarias con Bill Clinton, se dedicó a especular con fondos de alto riesgo.

Después Obama supo tranquilizar a los señores de la guerra y a la industria militar, con un incremento en el presupuesto del Pentágono tras haber anunciado una retirada de Irak, a la que no existe alternativa, y un cambio de estrategia en Afganistán, igualmente imprescindible.

Pero era imposible evitar el choque en unas cloacas del poder atascadas por los excesos cometidos bajo la presidencia de Bush. Obama ha intentado amortiguar las tensiones con los señores de las tinieblas, desde una propagandística visita a la sede de la CIA hasta las promesas de que ningún torturador será perseguido ‘por haber actuando cumpliendo órdenes’. La vieja, vergonzante, inaceptable ‘obediencia debida’ como garantía de impunidad. Sin embargo, los servicios de inteligencia han sido los primeros núcleos de poder que se han enfrentado a Obama. Y amenazan con paralizar sus decisiones, incluso con hacerle retroceder, en materias tan sensibles como los derechos humanos.

Siempre mueren los pobres

Los contables de la industria farmacéutica no dan abasto, sumando pedidos de antivirales y calculando los beneficios que dejará en sus arcas la finalmente denominada Gripe A. Y los gobiernos intentan tranquilizar a la población publicando las cantidades de medicamentos que atesoran en sus almacenes. Los laboratorios Roche no necesitan efectuar inversión alguna en publicidad para vender masivamente el famoso ‘Tamiflu’, ya que la prensa mundial lo señala como el principal recurso contra la tan temida enfermedad, a la vez que especula sobre hipotéticas mutaciones del virus dibujando escenarios aterradores que invitan a una masiva ‘compra preventiva’ del polvo mágico contra la pandemia.

Entretanto, en silencio, en los rincones más empobrecidos del planeta continúan muriendo millones de personas a causa de males a los que nadie ha puesto nunca demasiado interés en combatir: el hambre y sus consecuencias, la falta de agua, la carencia de sales, la inexistencia de mínimas estructuras sanitarias... Porque la injusticia en el reparto de la riqueza continúa siendo la primera causa de mortandad en todo el mundo. Y la pobreza extrema constituye la pandemia --el caldo de cultivo de enfermedades-- más mortífera.

Médicos Sin Fronteras asegura que cada 30 segundos muere un niño de malaria. (http://www.msf.es/proyectos/came/enfermedades/malaria) Es decir, 2 por minuto, 120 por hora, 2.880 diarios, más de un millón de niños cada año. ¿A quién le importa? El Dengue es otra enfermedad de miserables con cifras tremendas de mortandad: dos millones de víctimas anuales. La lista de padecimientos más graves y dañinos que la nueva Gripe A sería demasiado larga para esta bitácora. Pero basten los dos ejemplos citados. Sus cifras --como sus efectos-- no resisten comparación con las de la temida pandemia. Pero son enfermedades endémicas del sur, que castigan a las zonas hundidas en la miseria, que las poderosas corporaciones farmacéuticas no consideran como ‘clientes potenciales’. Y dedicar los recursos precisos para la investigación de medicamentos y/o vacunas eficaces no sería una inversión rentable.

Si la Gripe A se extiende por las regiones más empobrecidas de África, América Latina y Asia, no habrá quien compre los miles de millones de dosis de antivirales necesarias para combatirla. La miseria favorece a la pandemia: el hacinamiento y la promiscuidad, la falta de agua y la carencia de higiene elemental, facilitan su propagación. La desnutrición, la debilidad crónica, la existencia de tantas otras enfermedades --sida, tuberculosis, malaria, etcétera-- multiplica sus efectos sobre poblaciones más frágiles y desprotegidas. Finalmente, la precariedad de infraestructuras sanitarias, cuando no su absoluta carencia, dificulta si no imposibilita una actuación médica adecuada.

No tardará en llegar el invierno al sur de América: la estación de las gripes constituye este año una amenaza mayor. Pero más miedo hay que tener en otras zonas que no saben de inviernos pero sí de pobreza extrema: en Nicaragua disponen de tratamientos antivirales para unas tres mil personas, mientras el 60 por 100 de su población carece de agua potable. Y mientras Argentina anuncia que cuenta con 600.000 dosis de fármacos adecuados, la Organización Mundial de la Salud reconoce que sólo cuenta con un millón de tratamientos para África entera.

Las cifras están ahí: una maraña de guarismos sirve para calcular la cantidad de posibles afectados, evaluar la disponibilidad de los medicamentos almacenados, discutir y establecer presupuestos... ¿Conoce alguien las estimaciones de beneficios que manejan estos días los consejos de administración de las corporaciones farmacéuticas? Que nadie espere un gesto solidario de tan despiadada industria trasnacional.


Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios