3 posts de diciembre 2009

Chicha gana otra batalla

La Justicia argentina --con merecida fama de lenta, ineficaz y conservadora-- ha dado un importante paso adelante contra la impunidad de los poderosos, empujada por la inagotable determinación de Chicha Mariani. La fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo ha conseguido que la Cámara Federal de San Martín ordene que se realicen de forma inmediata y sin dilaciones las pruebas de ADN y los cotejos necesarios para establecer la verdadera identidad de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera, viuda de Noble --propietaria del principal grupo de comunicación en Argentina-- de quienes se sospecha que fueran hijos de detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. (Ver el anterior post donde se explica el caso) La resolución del alto tribunal reconoce que la causa ha permanecido paralizada durante siete años, mientras el juez Bergesio se enredaba ‘en discusiones inconducentes’ sin adoptar ‘la medida básica, esencial e impostergable’ de cruzar los ADN de Marcela y Felipe Noble con los de quienes aún buscan a niños que desaparecieron entre las manos de militares y policías.

La decisión judicial ha permitido que la prensa argentina airee los detalles de una doble adopción escandalosamente irregular, a los que la enorme influencia social de la familia Noble había puesto sordina. (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-137604-2009-12-26.html) Diez años atrás la investigación del caso por el juez Roberto Marquevich, descubrió numerosas falsedades. Las más graves: que doña Ernestina aseguró haber encontrado en mayo de 1976 a una niña --a la que llamó Marcela y adoptó-- abandonada en la puerta de su casa dentro de una caja de cartón; y, menos de dos meses después, una jueza vinculada a la dictadura le concedió la guarda de un niño --al que llamó Felipe y adoptó-- que le había sido entregado por su madre, Carmen Luisa Delta. El juez Marquevich demostró que esa mujer nunca había existido, y que los testigos del hallazgo de la niña eran impostores a sueldo. Sin embargo la principal consecuencia de aquellas revelaciones fue la destitución del magistrado, que sucumbió a los ataques orquestados desde las páginas de ‘Clarín’, el diario de mayor circulación, propiedad de la señora Noble. Su sustituto, Bergesio, demostraría haber entendido bien como se paga la independencia judicial.

Pero los tiempos han cambiado. Durante el año que termina nada menos que 67 causas contra militares fueron elevadas a juicio. Ha habido 37 sentencias por los crímenes de la dictadura. Las condenas impuestas a los otrora temidos generales Menéndez o Riveros anuncian que morirán encarcelados. Verdugos tan conocidos como Astiz, Acosta o Guglielminetti están sentados en el banquillo. Y otros 860 uniformados esperan turno para rendir cuenta de las atrocidades que cometieron. En ese contexto, a la Cámara Federal de San Martín le ha costado menos trabajo desafiar al poder mediático de Ernestina Noble.

Sin embargo, si se empieza tan tardíamente a hacer justicia, es por la determinación, el valor y la constancia con que un puñado de personas como Chicha Mariani ha defendido la razón durante más de treinta años. Ahora, la primera abuela de Plaza de Mayo acaba de ganar otra batalla decisiva. Derrotados los militares, se cuartean los muros del sector civil de la dictadura y se anuncia el final de la impunidad de gentes tan poderosas como esa familia de apellido tan impropio: Noble.


Argentina: la impunidad de los poderosos

Desde hace tiempo los centuriones argentinos desfilan ante los tribunales de Justicia, rindiendo cuentas de los crímenes de lesa humanidad que cometieron hace treinta años. Es cierto que se trata solo de los principales responsables de la represión, los altos mandos y los verdugos más destacados, mientras que otros miles de militares y policías ejecutores del genocidio permanecen en las sombras. Pero, aún así, la función ejemplarizante de la Justicia se cumple en ese puñado de asesinos uniformados, la mayoría ya ancianos, que habrán de morir entre rejas sin que su avanzada edad les sirva para cumplir la pena en arresto domiciliario después de haber disfrutado de una larga impunidad.

Entretanto, el sector civil de la dictadura duerme tranquilo, sin que se investigue ni se pretenda castigar sus responsabilidades en el terror de Estado. Y no se trata solo de quienes se enriquecieron gracias a la despiadada política ultraliberal impuesta con las bayonetas, sino de cómplices directos en crímenes como el secuestro y la apropiación de niños, cuyos padres desaparecieron en los centros de detención del Ejército y la Armada, o entre las manos de la Policía. Así, entre el centenar de chicos localizados e identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo hay de casi todo: niños a quienes se hizo creer que eran hijos de los asesinos de sus auténticos padres; bebés entregados a familias de oficiales; criaturas abandonadas en orfanatos y adoptadas de buena fe... Pero ni uno solo de los que presumiblemente fueron regalados o vendidos a las mujeres estériles o caprichosas de la poderosa oligarquía económica que respaldó al gobierno castrense.

Sin embargo estos días se ha producido una denuncia que puede señalar el fin de algunos privilegios sociales que han facilitado el ocultamiento de la verdadera identidad de los niños robados y entregados a los jerarcas civiles de la dictadura: la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobick de Mariani, Chicha, ha solicitado ante el juzgado federal de La Plata que se realice un análisis de ADN a una hija de Ernestina Herrera de Noble, propietaria del diario Clarín y otros medios de comunicación, para averiguar si se trata de su nieta Clara Anahí, a la que busca desde hace treinta y tres años. (http://blogs.rtve.es/vicenteromero/2009/8/23/-donde-esta-clara-anahi)

Siempre se sospechó que Marcela y Felipe Noble, adoptados por doña Ernestina, fueran hijos de víctimas del terror militar ya que, según el ex juez federal Roberto Marquevich, "sus expedientes de adopción resultan escandalosos desde la tapa hasta la última hoja". A pesar de ello la causa donde se investiga su apropiaciónpor la familia Noble permanece varada en un juzgado de San Isidro (Buenos Aires). La hipótesis es que Clara Anahí fuera sacada de su casa --donde las fuerzas conjuntas de Policía y Ejército dieron muerte a su verdadera madre-- por Juan Fiorillo, policía a las órdenes del comisario Etchecolatz, condenado reclusión perpetua, y que, tras una mediación del general Ramón J. Camps, acabara en el hogar de Ernestina Herrera de Noble. Un reciente cambio legislativo permite ahora que la Justicia ordene la comprobación genética, y a él se acoge la petición de Chicha Mariani.

Los propietarios de ‘Clarín’ --el diario argentino de mayor circulación-- siempre se esforzaron en ocultar la procedencia de Marcela y Felipe. En 1978, cuando cayó la dictadura militar, los internaron en un colegio de Suiza. Pero años más tarde cometieron el error de publicar una serie de fotografías de la gira familiar que hicieron por Europa. Y ello permitió observar el parecido de Marcela Noble con los padres de Clara Anahí. Chicha recuerda que el político derechista Guillermo Patricio Kelly le indicó que buscara a su nieta en el seno de la familia Noble. Y que dos obispos le dijeron que era imposible recuperarla "porque se encontraba en manos de gente con mucho poder". La judicatura argentina medirá mucho cada paso que dé --que tenga que dar-- en un asunto sumamente delicado, por afectar a los dueños del grupo mediático con mayor capacidad de influencia en la opinión pública. De ahí, la presión que los organismos de Derechos Humanos han comenzado a hacer, solidarizándose con la petición de Chicha Mariani.

Aminatu no debe morir

Aminatu Haidar se declaró en huelga de hambre con dos objetivos: evidenciar la política de atropello de los derechos humanos por el gobierno marroquí, y forzar que las autoridades ocupantes del Sahara Occidental le permitan regresar al hogar donde la esperan sus dos hijos en El Aiún.

El primero de esos objetivos --el político-- ya ha sido alcanzado sobradamente. La inaceptable exigencia de que Haidar pida perdón al rey Mohamed VI, por no reconocer la anexión marroquí de la antigua colonia española, demuestra que bajo la monarquía alauí no hay ciudadanos sino súbditos. Y que la anunciada democratización emprendida por el hijo de Hassan II no pasa la mínima prueba del algodón de la disidencia política, ni siquiera en trámites administrativos mínimos como el contenido de una ficha de entrada en un aeropuerto. La absurda intolerancia oficial y el disciplinado cierre de filas de todos los partidos políticos --tan obedientes como temerosos-- han dañado gravemente la imagen de Marruecos como estado moderno, colocándolo ante la opinión pública a una insalvable distancia de las garantías democráticas vigentes en Europa.

El segundo objetivo de Aminatu Haidar --el personal-- también acabará alcanzándose, porque la actuación de Marruecos es contraria al derecho internacional y la razón asiste a la activista saharaui. Pero lograr una solución diplomática requiere un margen de tiempo mucho mayor que el perentoriamente marcado por el deterioro de una mujer frágil sometida a los efectos de una huelga de hambre.

Lo único irrenunciable es garantizar la vida de Aminatu Haidar. Más allá de su inquebrantable voluntad política --e incluso de la amargura y el pesimismo que le provoca la situación de sus hijos-- resulta evidente que sería tan despiadado como inútil dejarla llegar hasta las ultimas consecuencias de su huelga. Porque vale infinitamente más contar con una figura política activa, con la credibilidad personal y el eco mediático de Aminatu, que escribir otro nombre venerable en la lista de mártires democráticos. Y porque nadie podría ofrecer a sus hijos un argumento convincente para que aceptaran su muerte.

La señora Haidar tiene que vivir para seguir luchando por el respeto a los derechos humanos, para ser la voz de los oprimidos en el Sahara Internacional, incluso para demostrar que se puede ganar una guerra aunque se pierda una batalla. Pero también para cumplir su tarea más íntima, como madre. Lo coherente, por parte de quienes apoyan tanto la causa de Aminatu como su actitud personal, es ayudarla a salir con vida y dignamente del embrollo político en que se ha visto atrapada.

Informe Semanal: Las razones de Aminatu

Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
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