2 posts de febrero 2010

El superjuez Varela y el honor de Falange

El superjuez Luciano Varela --instructor de la causa abierta a Baltasar Garzón por haber pretendido investigar los crímenes del franquismo-- ha accedido a que Falange Española de las JONS ejerza la acción popular nada menos que ‘en defensa del derecho al honor’ de la organización y de sus miembros, previo pago de una fianza de 6.000 euros. El auto de quien gusta identificarse como ciudadano Varela, magistrado del Tribunal Supremo cuando pretende que se le abra alguna puerta, no deja claro si Garzón tendrá que defenderse del supuesto delito de calumnias, como pretende Falange, además de las acusaciones de prevaricación por las que el propio superjuez Varela lo ha encausado.

¿Honor y calumnias? La actuación de la Falange --antes, durante y después de la guerra civil-- está detallada en los libros de Historia. Y sus responsabilidades dejan muy poco espacio para la polémica. El nuevo asunto cursado por el Tribunal Supremo es, simplemente, un episodio más de la operación Garzón, del acoso contra el más popular, activo y eficaz de los magistrados de la Audiencia Nacional. Algo que --como escribía la profesora Manjón-Cabeza en ‘El País-- ‘huele a locura, soberbia y venganza.’

Garzón intentó emprender una tarea olvidada por la Justicia: esclarecer unos crímenes masivos, restablecer la verdad de los hechos y devolver los restos desaparecidos de miles de asesinados a sus familiares. Un tema tabú. El fantasma togado del viejo dictador se pasea por los pasillos del Tribunal Supremo --así lo retrató en una viñeta el siempre lúcido Forges-- mientras el trámite de las querellas contra Garzón extiende el hediondo tufo característico del sanguinario fascismo a la española que fue el franquismo.

A la vista de la biografía del superjuez Luciano Varela, no cabe sospechar que simpatice con la amarga memoria de Falange y sus anacrónicas Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, ni tampoco con los ultraderechistas de Manos Limpias. Los antecedentes ideológicos del ciudadano Varela, magistrado del Tribunal Supremo, arrancan en el Opus Dei. Dicen quienes lo conocen bien que su particular caída del caballo le llevó a ciertas posiciones de izquierda radical, que luego atemperó oportunamente. Su fiel amistad con la vicepresidenta de la Vega le ha acarreado etiquetas de prosocialista y rumores de algunas complicidades personales. Forma parte de Jueces para la Democracia, la más progresista de las asociaciones profesionales de la Magistratura, que por cierto apoya a Garzón. Pero nadie se lo imaginó nunca con la camisa azul y el cangrejo rojo, en una de las prietas filas de la Falange.

Para evaluar la figura del magistrado Luciano Varela resulta mucho más definitorio y preciso examinar sus criterios profesionales. Y hace menos de un mes la opinión pública se escandalizaba ante una sentencia del Supremo --cuyo ponente fue el ciudadano Varela-- rebajando de 21 a 16 años la pena impuesta por la Audiencia de Madrid a un hombre que intentó matar y dejó tetrapléjica a su ex esposa. El asesino violó la orden de alejamiento, entró en la casa de la mujer a las cuatro de la mañana, la atacó cuchillo en mano, y le retorció y pisó el cuello hasta creerla muerta. Pero el superjuez Varela no apreció en los hechos el agravante de alevosía.

Prestigiosos catedráticos de Derecho Penal, como Joan Queralt y Manuel Cancio Meliá, han criticado duramente aquella sentencia. Pero en Derecho casi todo es opinable, matizaba el profesor Cancio. Y nadie ha acusado al ponente de prevaricar por discrepar con sus criterios jurídicos, como el ya casi famoso ciudadano Varela está haciendo con Baltasar Garzón.

'El hombre que mató a Baltasar Garzón'

La Justicia española está a punto de sufrir el mayor descrédito de su historia. Si la cacería judicial emprendida contra Baltasar Garzón acarrea una suspensión de funciones para el magistrado con mayor prestigio de nuestra judicatura, el escándalo será inevitable. Nuestros tribunales, desde los juzgados de instrucción al Supremo y al Constitucional, tienen una merecida mala fama entre la sociedad española. Y tampoco gozan de buena imagen histórica en el mundo. Aunque la democracia haya lavado su siniestra trayectoria de arbitrariedades durante la dictadura, volverá a ensuciarla el que prosperen las denuncias contra Garzón de grupos fascistas, opuestos a la investigación de los crímenes del franquismo.

Baltasar Garzón ha sido el juez que más ha contribuido a que los ciudadanos recuperásemos algo de fe en la acción de la Justicia. Y como jurista es mundialmente respetado por haber ampliado los límites nacionales del Derecho. El concepto de Justicia Universal, que poco a poco se ha abierto paso en las naciones más avanzadas, no puede explicarse sin las aportaciones esenciales hechas por Garzón a partir de los procesos contra el general Pinochet y los centuriones argentinos. Tampoco sería posible escribir la historia española de las últimas décadas sin sus actuaciones contra el terrorismo de ETA, sobre los crímenes del GAL, en la persecución de la corrupción política, y en la represión del narcotráfico.

Aun así Garzón puede acabar apartado de la Audiencia Nacional, como paso previo a sentarlo en el banquillo del Tribunal Supremo, pretensión a la que se opone el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido. Juristas tan eminentes como Martín Pallín, magistrado emérito del Supremo, consideran un despropósito el auto contra Garzón. Las acusaciones de prevaricación son rechazadas por las asociaciones judiciales Francisco de Vitoria y Jueces para la Democracia. La Unión Progresista de Fiscales asegura que las actuación de Garzón en la investigación de los crímenes del franquismo ‘es completamente ajustada a la legalidad nacional e internacional’, y señala que las denuncias contra el juez provienen de organizaciones ‘herederas directas de las implicadas en los crímenes investigados.’ Javier Zaragoza, el fiscal jefe de la Audiencia --que en su día se opuso a la competencia de Garzón para instruir el proceso al franquismo-- se ha declarado dispuesto a testificar a favor del juez. Y lo mismo han hecho numerosos juristas extranjeros del mayor prestigio.

Sin embargo algunos de los colegas/enemigos de Garzón, encabezados por el juez Luciano Varela, se obstinan en un proceso tan discutible jurídicamente como bien orquestado mediáticamente. ¿Por qué? El propio Presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, ha hablado de los ‘posicionamientos previos’ y de los ‘planteamientos ideológicos y políticos’ subyacentes en las decisiones judiciales. Habrá, pues, que plantearse quién es Luciano Varela, un hombre de carácter soberbio que gusta de anunciarse a voces como ‘el ciudadano Varela, magistrado del Tribunal Supremo’. Y que puede pasar tristemente a la historia como ‘el hombre que mató a Baltasar Garzón’, en parangón con el jurista que mató a Liberty Valance. Como en la magistral película de John Ford, quedará para el final esclarecer de donde venían los disparos más certeros contra el famoso pistolero.

Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
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