2 posts de enero 2011

El prisionero de la Casa Blanca

El informe anual de Human Rights Watch (HRW, una de las más prestigiosas organizaciones internacionales de derechos humanos) describe la figura política de Obama como una esperanza frustrada. El balance que traza de su gestión es demoledor: desde el fracaso en sus intenciones de cerrar la cárcel ilegal de Guantánamo hasta su incapacidad para limitar las 'abrumadoras disparidades raciales' en el sistema penal, pasando por las injusticias en el trato a la inmigración y los abusos en la represión del terrorismo.

Uno de los muchos reproches de HRW a Obama es que no ha creado una comisión investigadora de los abusos contra los derechos humanos cometidos por el gobierno de su antecesor, George W. Bush. Unos delitos que permanecen impunes 'pese a la abrumadora evidencia de que altos funcionarios de la administración Bush aprobaron métodos ilegales de interrogatorio mediante tortura y otros malos tratos.'

Obama no ha dado pasos eficaces en contra de la pena de muerte, vigente en 35 de los estados de la Unión. Tampoco ha impulsado límites a la barbarie jurídica que significa la imposición de cadena perpetua a delincuentes menores de edad, situación en que se encuentran 2.574 jóvenes sin posibilidad de conseguir la libertad condicional. (Solo un paso positivo: la Corte Suprema redujo en 2010 esta pena a los casos de homicidio).

Otros borrones en el balance de derechos humanos de la presidencia de Obama son la situación penosa --malos tratos, marginación, discriminación-- de una multitud de inmigrantes, y un tan clamoroso como impune incumplimiento de la normativa laboral, lo que permite la explotación de niños como peones agrícolas con jornadas de más de diez horas diarias.

El incumplimiento de sus promesas electorales más llamativas y su pasividad en temas sociales tan escandalosos retrata a Barak Omaba como un político cuya gestión está hipotecada a la conveniencia de las grandes corporaciones económicas y a los intereses militares. Muy lejos de ser 'el hombre más poderoso del mundo', como define la mitología política norteamericana a su presidente, Obama se ha convertido en el Prisionero de la Casa Blanca. El cinturón de hierro que forman el Pentágono, las grandes agencias de seguridad, y las principales entidades económicas asfixia su gobierno.

Durante mi recién concluido periplo por Etiopía con el programa 'Buscamundos', he vuelto a comprobar la adoración africana por la figura de Obama. Es el político extranjero que más esperanzas concita. Pero la única base real de ese carisma africano es el color de su piel. Si no consigue imprimir un giro a su gestión, quedará en la historia como el primer presidente negro de Norteamérica. Una anécdota, finalmente.


Acusación contra Western Union

Una joven y combativa ONG llamada Avaaz convoca una protesta internacional contra la corporación norteamericana Western Union con el propósito de que ‘una fuerte presión pública le lleve a reducir sus escandalosas tarifas’. La cuestión va mucho más allá de la simple lucha por abaratar un servicio y alcanza una enorme dimensión social.

El principal negocio de Western Union es, desde 1879, la transferencia de fondos. Sus 380.000 agencias, a lo largo y ancho del mundo, la han convertido en un medio utilizado por millones de emigrantes para enviar dinero a las familias que dejaron atrás. Una clientela numerosa y siempre en posiciones de debilidad, a la que imponen unas tarifas que Avaaz califica de abusivas porque llegan a ser hasta del 20 por 100 de las cantidades giradas, frente al 5 por 100 que recomienda el Banco Mundial.



El dinero que los emigrantes mandan a sus países de origen resulta esencial para la supervivencia de millones de personas y constituye una fuente de recursos mayor que la suma total de la ayuda económica que de los países más desarrollados prestan a las naciones más empobrecidas. Sin embargo, en el plazo de un año, esa cantidad se ha visto mermada en más de 44.000 millones de dólares a causa de los cargos por envío. De ahí el carácter ético que adquiere la discusión de los porcentajes cobrados por Western Union y sus colegas, en un servicio que debería de ser prestado de forma gratuita por los bancos estatales.

Las cifras de negocios que exhibe Western Union resultan obscenas. Baste un dato: su directora ejecutiva, Cristina Gold (oro, se traduce su apellido) se ha embolsado 8.100.000 dólares en concepto de primas por los beneficios de su gestión durante 2009. Una cantidad chocante que resulta repugnante si pensamos que se ha deducido, dólar a dólar, de las pequeñas sumas ahorradas por los emigrantes.

Para formarse una opinión sobre los negocios y el carácter de Western Union basta con darse un paseo por la web. En su página oficial los lectores pueden deleitarse con la historia de la compañía: desde su fundación en 1851, con la épica del tendido del telégrafo en los Estados Unidos o la comedia de su invento de los telegramas cantados, hasta la modernidad de su flota de satélites de comunicaciones. Sin olvidar su lado caritativo, con la financiación de proyectos humanitarios que favorecen su buena imagen corporativa.

Pero quien busque otras fuentes independientes descubrirá también que la Western Union inició una estrecha colaboración con los servicios de información militar norteamericanos hace más de medio siglo; que su aportación a la llamada guerra contra el terrorismo se ha traducido muchas veces en el bloqueo de envíos de dinero a destinatarios con nombres árabes; que a través suyo se puede apostar en grandes casinos y partidas de póker, desde lugares donde el juego está prohibido; que ha sido utilizada como vehículo para numerosas estafas.... Sin embargo lo más sucio y doloroso está en el trato despiadado a los millones de pobres gentes honestas que forman su clientela más indefensa.

Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
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