3 posts de julio 2011

El peligro amarillo

(Desde Hong Kong)

En los tenderetes del Cat Market, junto al mítico bar inexistente de Suzie Wong, se liquidan los restos icónicos de la revolución cultural: efigies de Mao, retratos de la banda de los cuatro, pósteres de campesinos y obreros entusiasmados, relojes con el rostro impasible del Gran Timonel y sus brazos como manecillas, cuya alarma ponía fin al sueño revolucionario convertido en pesadilla. Y cerámicas de escenas ejemplares, que reflejan los peores momentos de aquella tragedia social, con burgueses arrodillados, bajo las botas de los guardias rojos, y sus faltas escritas en cartelones colgando del cuello. Recuerdos de un pasado doloroso, aún cercano, convertidos en souvenirs turísticos, que compran los privilegiados herederos de quienes derrotaron políticamente al comunismo más radical y supieron convertirlo en aliado del capitalismo.

Cincuenta años atrás se acuñó la expresión peligro amarillo, para referirse a una supuesta amenaza china, basada tanto en el crecimiento del país más poblado del mundo como en el enloquecimiento del maoísmo. No duró mucho. La absurda revolución cultural fue efímera. Se impuso el ancestral pragmatismo chino. La diplomacia del ping-pong inició un entendimiento entre Washington y Pekín. Y el coloso chino fue, poco a poco, aceptando las leyes implacables del mercado y la moral de conveniencia de sus antiguos enemigos. Hoy, la China e piú vicina que nunca.

El peligro amarillo no dejó de existir. Simplemente se transformó. Y es más grave que nunca. El comunismo se desvaneció. Sus ideales, excesos, avances, crímenes y logros forman parte de un pasado convulso, definitivamente muerto y sepultado en la Historia. Pero el sistema híbrido que lo ha reemplazado representa una amenaza mucho más real. Las prácticas despiadadas del capitalcomunismo se ciernen sobre nosotros. Un  nuevo modo de producción asiático intenta imponerse como modelo universal, mediante una renovada versión de las formas de explotación laboral, y sobre la falta de esperanzas políticas. Los recortes, impuestos por el gobierno invisible de las grandes corporaciones financieras, conducen a un retroceso social mundial, desmantelando las principales conquistas políticas del siglo XX.

Hong Kong, que Milton Friedman señaló como paradigma del capitalismo triunfante durante los últimos años del dominio colonial británico, también hoy puede servir de ejemplo. Tras su esplendor económico se ocultan las últimas consecuencias del nuevo modo de producción asiático/universal. Basta con entrar en los talleres y hablar con los obreros, sorteando a los vigilantes. O con visitar las viviendas humildes de Mong Kok, donde los más desamparados se hacinan en las casas/caja. En una de ellas, un anciano llamado Wu, me invitó a una taza de té, en los cuatro metros cuadrados del hogar que compartía con su esposa y su hija: una litera, tres banquetas, un cajón para guardar la ropa, un retrete sin puertas y una cocina comunes al final del pasillo, formaban el escenario final de una vida de interminables jornadas de trabajo. Nadie mejor que él para exponer en qué consiste el renovado peligro amarillo.

Nunca di crédito a los afamados adivinadores del porvenir de Temple Street. Pero ahora empiezan a causarme miedo, porque acaso puedan ver nuestro futuro mirando a su alrededor. Aunque el oráculo más claro y alarmante esté en las bolsas de valores --los únicos valores por los que aún se muere y se mata-- y los criminales designios de sus principales gestores.

¿Antisemitas o antisionistas?


Mister Raphael Schutz, embajador saliente de Israel, se ha despedido de España de forma grosera. En una carta abierta dice que no lo pasó bien aquí, y que los españoles somos mayoritariamente antisemitas. Lo primero carece de importancia: entre las funciones de los embajadores no figura pasarlo bien; y algo de culpa tendrá mister Schutz si no ha conseguido disfrutar un poco, en un destino tan envidiado por sus colegas como es Madrid. Lo segundo es una falacia que denota la cultura política de la mentira, profundamente arraigada en el estado que representa ese diplomático tan poco diplomático.

Lo de ser antisemita es igual que lo que fue ser antiespañol. Años atrás, los aparatos de propaganda de la larga dictadura que padecimos calificaban oficialmente como antiespañol a todo lo que fuera antifranquista. Hoy, los aparatos de propaganda del estado de Israel califican de antisemita a todo lo que sea antisionista o, mejor, anti-nacionalsionista.

A los españoles nos ofende que nos califiquen de antisemitas. Es un insulto grave que no merecemos. Hay una minoría xenófoba, racista, fascista y estúpida, como en tantos otros países. Pero en nuestra sociedad no se advierten síntomas colectivos de antisemitismo. Lo que hay son múltiples signos de rechazo ante el nacionalsionismo que late en las entrañas Israel, de escándalo ante los métodos criminales de su ejército y su policía política, y de condena ética ante el sistemático atropello de los derechos humanos que practican sus gobiernos.

La cuestión que subyace en la tontería oficial escrita por míster Schutz es si se puede denunciar los crímenes cometidos por el Estado de Israel sin ser considerado antisemita. Si la respuesta fuera negativa, llegaríamos a la absurda conclusión de que hay una profunda tradición antisemita en los sectores más lúcidos de la población judía de todo el mundo. Y que esa minoría crítica de ciudadanos israelíes que se opone a la barbarie nacionalsionista está alimentada por el antisemitismo.

Einstein, Arendt y el rabino Cardoso denunciaron en 1948 el insoportable parecido entre los nazis y los grupos sionistas entonces más activos (como el terrorista Irgun) ‘por su organización, metodología y filosofía política’. ¿Eran antisemitas o antisionistas? ¿Es antisemita Gideon Levy, asesor de Simon Pérez, por denunciar que ‘la actitud de Israel excede toda proporción y sobrepasa todos los límites de lo ético, de lo humano, del derecho y de la sabiduría.’ ¿Cabe considerar antisemita a Ari Folman por su película ‘Vals con Bachir’, refiriendo algunas de las atrocidades militares cometidas por Israel?

Desde luego, no echaremos en falta a míster Raphael Schutz. Lo de menos, sus insultos y sus mentiras. Lo peor, su manifiesta complicidad con la política criminal del Estado nacionalsionista, mucho más allá de las obligaciones de su cargo. Aquí no gusta esa clase de gente. Su parecido a los nazis es insoportable.

Derecho a la propiedad y derecho a la vida

Un nuevo grito de alarma sobre la situación en Haití se ha hecho oír a través de una nota de prensa de la ONG Intermón-Oxfam: de los 630.000 desplazados por el terremoto, que perdieron sus ya precarias viviendas y permanecen desde hace más de año y medio en campos de acogida, alrededor de 100.000 corren el riesgo de verse desalojados de las tiendas de campaña. Es decir, uno de cada cinco damnificados que perdieron todo a causa del seísmo, pueden volver a quedarse sin sus hogares, víctimas del terremoto político que suponen las reclamaciones de los propietarios de las tierras donde se alzan sus alojamientos provisionales.

El gobierno haitiano --recién surgido de unas elecciones-- se muestra dispuesto a restaurar el derecho a la propiedad sobre los terrenos que fueron ocupados por una avalancha de desamparados. Nadie preguntó a quien pertenecían los solares cuando hubo que improvisar campos de acogida para más de un millón de personas que habían quedado sin techo. Y, desde hace tiempo, los dueños de esos terrenos insisten en que las autoridades desalojen a los damnificados. Nadie discute su derecho. Pero, hasta ahora, tampoco nadie ha proclamado en Haití el indiscutible principio universal de que el derecho a la vida está por encima de la propiedad privada.

Los registros de la propiedad, entre otros millones de documentos, quedaron sepultados por los escombros de los edificios oficiales que se derrumbaron. Las estructuras de la Administración de Justicia también resultaron seriamente dañadas por el seísmo. No hay, pues, posibilidad de pleitear. La devolución de las tierras a quienes dicen ser sus propietarios tendrá que ser, en la mayoría de los casos, por decisión gubernamental. Y los poderosos --esa clase social dominante, compuesta por un cuatro por 100 de la población pero que controla el 64 por 100 de la riqueza-- sabrán y podrán defender mejor sus intereses que los analfabetos indefensos que sobreviven en los campos de acogida.

Las organizaciones humanitarias en Haití tendrán que permanecer vigilantes para denunciar los abusos que puedan cometerse. Los ciudadanos, de cuyos impuestos sale el dinero que el Estado español está destinando a Haití, deberíamos de exigir a nuestro gobierno que advierta al de Puerto Príncipe contra posibles desalojos de damnificados. Para que los dueños de las tierras puedan recuperarlas habría antes que garantizar el realojo de sus ocupantes, en condiciones de mínima dignidad. Las mismas, al menos, de que disponen en los campamentos atendidos por la ayuda internacional.

Vicente Romero


Vicente Romero es uno de los reporteros más veteranos de TVE. Desde este blog cuenta sus viajes a los lugares donde viven los más desfavorecidos del mundo. Si hace falta izar una bandera de palabras para definir contenidos e intenciones, puede servir el verso de José Martí que da título a este blog.
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