7 posts de diciembre 2008

Mangoneos

"Lo más humillante que existe para un ser humano es sentirse llevado y traído, arrastrado. Como si apenas se le concediera opción, como si ya apenas fuese posible elegir, ni tomar decisión alguna porque alguien, que no se toma la molestia de consultarlo, las está tomando todas por su cuenta".
La cita es de María Zambrano, pero supongo que, formulada de una u otra manera, estos días podría estar en boca de cualquiera de nosotros. A escala global tenemos la crisis, que los medios de comunicación de este país retratan como una especie de encantamiento, como si el mundo hubiera sido presa de un embrujo repentino por fuerzas del más allá. “¡Asustadles con la crisis, para que no reclamen!” decía El Roto ayer.

Mientras tanto aquí, bien cerca de casa, tenemos la historia de espías y mangoneos en la Comunidad de Madrid, una trama que nos deja bien clarito que los ciudadanos sin parentesco con algún capitoste local no pintamos nada.

Por eso, aunque sólo sea como símbolo de algo más, de un mayor control sobre nuestras vidas públicas, me parecería bonito que pudiera practicarse la apostasía, a la que hacíais referencia en los comentarios del post anterior. Sin embargo ya no es posible apostatar: la Iglesia, ya se sabe, hace de todo para mantenerte en su regazo, aunque sea a la fuerza.

De modo que volvemos a la campaña entre creyentes y no creyentes que se libra en los autobuses urbanos. Si pinchas aquí podrás ejercer una pizca de control, aunque sea de mentirijillas, y divertirte un rato creando tu propio mensaje publicitario.

Los ojos y el año

Se estima que a diario pasan por nuestra mente unos 60.000 pensamientos, repetitivos en su mayor parte. Las sucesivas indigestiones navideñas y la conclusión de un año difícil, posiblemente antesala de tiempos peores, no ayudan precisamente a reducir esa tonelada de pensamientos que nos aprisiona.

Algunos llevamos varios días ya ocupados en la elaboración de complejísimas sumas, restas, multiplicaciones y divisiones sobre lo que hemos hecho, dejado de hacer, hubiésemos querido hacer, ojalá no hubiésemos hecho en el 2008.

La culpa, claro, la tiene el tiempo (y las conjugaciones verbales, maldita sea).

“Hoy he visto a un hombre con más ojos que días tiene el año”.

El chascarrillo no procede de mi abuelo –aunque podría, claro, y aunque es nuevo para mí imagino que muchos de vosotros lo habréis escuchado un montón de veces antes– sino de mi amiga I., fuente inagotable de alegría y buen rollo. Para mantener este buen rollo, quizá sea bueno tirar unos cuantos pensamientos por la ventana antes de que den las uvas. Ayudémonos de estas líneas, con las que me he topado hoy, atribuidas a Kafka. Muestran un aspecto Zen que nada tiene de kafkiano, la verdad, sino todo lo contrario:

No es necesario que salgas de casa.
Quédate junto a tu mesa y escucha.
Ni siquiera necesitas escuchar, simplemente espera.
Ni siquiera necesitas esperar,
Simplemente aprende a estar tranquilo, quieto y solitario
Y el mundo se te ofrecerá desenmascarado
No puede hacer otra cosa, rodará extasiado hasta ti.

(Del poema “Learn to Be Quiet”).

Mis mejores deseos para el nuevo año, dentro y fuera de casa.

El pavo, el pato y el pollo

Lo último que espero encontrar cuando subo por la Calle Real de Segovia –que, como todas las calles reales que conozco, es al provincianismo lo que los espaguetis al restaurante italiano– son hombretones sudorosos dedicados a la imposible tarea de hacer avanzar una bicicleta sin cadenas. Y todavía menos en el Día de Navidad, cuando los paisanos gustan desfilar por el corazón de la ciudad con sus mejores galas, entre las tiendas milenarias de boinas y los restaurantes que exhiben los famosos cadáveres de cochinillo .

Se trata de la Carrera del Pavo, este año en su 73 edición. Gana quien llegue más lejos tras dejarse caer por una cuesta empinada y maniobrar cuando ya se ha acabado la carrerilla, sin poner los pies en el suelo, con unas bicicletas preparadas especialmente.

Los premios suelen acaparar tanta atención como la propia carrera. Consisten en un pavo, un pato y un pollo para el primero, segundo y tercero, respectivamente. Pero resulta que, como la Sociedad Protectora de Animales no permite que los animales se entreguen vivos, los ganadores los reciben envasados al vacío. Lo cual roza, a mi modo de ver, en el absurdo.

En la imagen, Perico Delgado. El ciclista segoviano, que como veis casi se cae el tropezarse con el pie de un fotógrafo, lleva participando desde que tenía 15 años, según El Adelantado de Segovia.

Pura esquizofrenia

Es una situación algo esquizofrénica, me parece a mi. Por un lado no paramos de hablar de la crisis (mal que les pese a los del restaurante en el centro de Madrid que colgaron el cartel que incluyo aquí). La crisis nos persigue en los diarios, nos machaca en la tele, nos martiriza en las comidas pre-navideñas que se suceden sin piedad y hasta en nuestro barrio, empapelado con ofertas de pisos a precios de ganga (ganga, claro está, si los comparamos con los de antes).

No obstante, salimos a la calle y los bares y restaurantes están atiborrados. No hay mesa en ningún sitio. ¡Pero si hasta las terrazas están llenas, en pleno mes de diciembre! El sábado por la noche observé cómo unos comensales pelaban las gambas sin quitarse los guantes en la terraza de un restaurante de Huertas (una de las zonas más concurridas de la ciudad). Colas y más colas en las tiendas, nueve millones de luces encendidas, árboles de Navidad diseñados por famosos y por los que el ayuntamiento ha pagado un pastón. En fin. La lista es larga, el tiempo corto.

No se me ocurre un poeta más antinavideño que Bukowsky. Su desolación no es de mi gusto, pero ayer me dio por recordar algunas líneas de sus desapacibles poemas mientras contemplaba, en compañía de mi hija y de otros dos millones de niños más, la horterada de Cortylandia

... el mar estará contaminado
los lagos y los ríos desaparecerán
la lluvia será el nuevo oro...

(pincha aquí para leer más).


Pura esquizofrenia, ya digo.

Farádico, galvánico y navideño

Hasta ahora no había conseguido desvelar el misterio de AD-AM, a pesar de que cruzo por delante de su escaparate casi todos los días. Llevaba varias semanas intrigada por esta extraña tienda, tratando de comprender la relación entre su clientela –formada en su mayor parte por señoras que aparcan los carritos de la compra en la entrada– y el escaparate.

Como veis en la imagen que incluyo aquí abajo, muestra una mujer saltando feliz entre nubes algodonosas.

Finalmente he conseguido despejar la incógnita gracias a mi amiga A., que planea regalar a su madre unas sesiones en AD-AM por Navidad. ¿Sesiones de qué? Le pregunto. Yo, hasta ahora, sólo conocía las sesiones de rayos UVA. “Sesiones de frecuencias farádicas y galvánicas. Para adelgazar”, me responde.

¿Sabéis lo que son? Yo tampoco. Pero consulto el diccionario y resulta que sí, que existen, aunque dudo que en el sentido “deportivo y de alivio de dolores” que promete AD-AM.

A ver si resulta que para librarse de los dolores musculares, las molestias en las articulaciones, los problemas de obesidad, de circulación, digestivos, del estrés y la celulitis (todo esto prometen en este negocio) sólo va a hacer falta sentarse en una camilla, dejarse atar de pies y manos y someterse a estos extraños infrarrojos.

Por si acaso, esta mañana me senté a tomar un café de esos ricos en el bar de enfrente, decidida a espiarlo todo. Observé cómo, a eso de las diez, un grupo de señoras de cabello gris y repeinado formaba cola y entraba ordenadamente en la sucursal del barrio. Salían al cabo del rato con aspecto relajado, es cierto, aunque no vi a ninguna flotar entre nubes algodonosas. Quizá porque el carrito de la compra en estas fechas pesa demasiado.

Así de fácil

Hace unos días piqué el anzuelo y visité uno de esos no lugares. No tan grande como el Mall of America, pero casi. A mi acompañante, que es de provincias, le pareció que los del Ensanche de Vallecas tienen una Calle Real de primera con su nuevo centro comercial. Lo malo es eso, que una no sabe si está en Vallecas o en Minnesota. Pero en estos tiempos que corren supongo que lo mismo da.

El caso es que me gasté una pasta, y eso que aproveché una promoción que regalaba una plancha y un exprimidor por la compra de una aspiradora y un cepillo de dientes eléctrico. Pagué con tarjeta y, antes de que me diese tiempo de volver a colocarla en la cartera, el móvil me avisó de que tenía un nuevo mensaje: Bancaja me ofrecía aplazar el pago en tres cuotas (con intereses, por supuesto), y sólo hacía falta darle al botón.

Endeudarse es así de fácil.

Después, es lo que tiene, comemos estas langostas por Navidad (ay, qué haríamos sin nuestro sentido del humor).


Por cierto que, en mi desfase, no había ido más allá del correo basura –el de papel y el electrónico, el spam–. Nada sabía de los SMS basura. Orange, mi proveedor de telefonía móvil, me bombardea con mensajes –normalmente a la hora de la siesta– para que participe en un sorteo para ganar un BMW. Sólo se me ocurre librarme de esta plaga que hasta ahora desconocía tirando el móvil por la ventana. Claro que entonces no podría ir en bicicleta, ni colocar anuncios en Segunda Mano, participar en concursos, acudir a manifestaciones o –cielos, esto es súper importante– saber cuánto va a tardar el autobús.

Nada mejor que hacer

Este fin de semana largo hacía mal tiempo en Madrid, y las tiendas se llenaron. “No había nada mejor que hacer”, explicaba un familiar que pasó el domingo con sus hijos pequeños en un gran centro comercial (uno de esos no lugares, como los llaman los estudiosos de la sobremodernidad).

O sea: lluvia + fiesta = consumo.

No hay de qué sorprenderse, claro. ¿Hace cuánto tiempo ya que importamos la costumbre norteamericana de pasar el fin de semana en el mall?

Volvía a casa el lunes por la tarde en el metro abarrotado y, cuando me levanté de mi asiento para cedérselo a una viejecita, me topé con unos cuantos codazos y el anuncio que reproduzco aquí abajo:


Resulta que lo había tenido en el cogote desde Cuatro Caminos, y yo sin enterarme. A menudo me siento insultada por la publicidad, pero el cartel de marras me preocupó más de lo habitual.

¿Será que es más fácil percibir la España alegre, la de las tapas y cañas y tantos otros lugares comunes desde fuera que desde dentro del país?

¿Será que realmente hay muchas familias que no tienen nada mejor que hacer el fin de semana que pasarlo en un no lugar, comportándose como un nadie?

¿Será?

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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