De las Juanolas a las Coprógenas
Una de las ventajas de volver es que ya no hace falta pedir a cada visitante que traiga consigo quince cajas de Pastillas Juanola. ¿Cómo es posible que no se hayan exportado ya a Estados Unidos y otros países? No sé cómo se puede vivir sin pastillas Juanola, igual que tampoco entiendo cómo se las apaña uno sin fregona, olla exprés o algodón en bolitas.
Ayer bajé a la farmacia a comprar mis pastillas (la cajita tradicional, la que no ha cambiado en los últimos 500 años ni falta que le hace). En el lugar más visible del mostrador, el farmacéutico –un hombre antipatiquísimo que regaña a sus clientes cuando confunden el nombre del medicamento– había colocado este producto “natural” contra el estrés que, como se aprecia en la imagen, cuesta 11 euros.
Me hace gracia el hombrecillo de la foto, lo prosaico de estas preocupaciones que ha superado gracias al milagro Seriane.
Recuerdo que tiempo atrás se pusieron de moda unas “medicinas” que, en lugar de comprimidos, incorporaban un poema. Para el mal de amores, Pablo Neruda. Para la soledad, Benedetti. Para la depresión, Walt Whitman. Y así sucesivamente.
¿Será que ni la poesía puede con la combinación explosiva de negatividad que se respira en ciertos ambientes? El del farmacéutico, sin ir más lejos. Retomo el post anterior: probemos a reír un rato antes de inflarnos a Seriane. Al fin y al cabo, la risoterapia hace estragos en Estados Unidos, de donde copiamos todo lo demás.
He de decir que yo, como castellana, no me veo forzando sonrisas para satisfacer a una monitora hippie de la escuela de risoterapia de Beverly Hills. Aunque quizá haya otras maneras. Nos quedamos sin las groserías de Cela, pero tenemos las Coprógenas:
Lamentábase el pobre Don Servando,
porque cagaba blando.
Y a los diablos se daba Don Arturo,
porque cagaba duro.
En el mundo, ¡oh lector! –¡es cosa fuerte!–
ninguno está contento con su suerte.
Como explica Quinta Tinta, se trata de un libro de autores anónimos que es
a) un larguísimo prólogo en el que se desarrolla un bonito tratado sobre la mierda y su relación con el arte, la literatura, la teoría jurídica y,
b) una recopilación de brevísimas y estupendas fábulas escatológicas, de consejos utilísimos de índole práctica y moral aromatizados con un tufillo a caca.



