Algo es algo
Cuando viajan por primera vez a Estados Unidos, algunos españoles se quedan asombrados con las máquinas expendedoras de periódicos en ese país. Al echar la moneda se abre la puertecilla que da acceso a la pila de periódicos, sin más. Esto es, la máquina no sabe si estás cogiendo uno o veinte diarios.
Recuerdo que algunos visitantes se hacían con varios ejemplares de una vez sólo porque no había ningún impedimento, como impulsados por una fuerza mayor que ellos. La misma, quizás, que al parecer lanzó a la rapiña al tesorero del PP, Luis Bárcenas, y a tantos otros compañeros de partido.
Supongo que no es casualidad que uno de los ritos de pasaje entre los adolescentes de este país –al menos cuando yo lo era– culminase cuando te pillaban mangando en algún sitio, preferiblemente perfumes en El Corte Inglés. Así que también a mi al principio me parecía una exuberancia que cualquier americanito de a pie echase tres monedas para coger tres diarios. O que se tomase la molestia de recoger las colillas en la playa.
Todo esto viene a cuenta de las numerosas estructuras de metal huérfanas de banco con que me topé el domingo, cuando paseaba por la Casa de Campo.
Claro que ni tú ni yo, ni probablemente ninguno de nuestros familiares y amigos (aunque nunca se sabe) vamos arramplando por ahí con la madera de las mesas y los bancos de los parques públicos (¿para alimentar una hoguera por la noche? ¿construir una caseta al perro? ¿un columpio para el niño? ¿una empalizada?).
Sin embargo creo que predomina la idea de que nuestra propiedad acaba estrictamente en la puerta de nuestra casa. De otra forma no veríamos tantas papeleras y farolas rotas, bolsas de plástico tiradas por el campo, lavabos públicos con los goznes de las puertas arrancados a cuajo, pintadas en las casas recién restauradas…
La lista es larga, la vida corta, mejor pasamos a otra cosa: el columnista Javier Ortiz se fue ayer a Jamaica, victima de un ataque al corazón. Él mismo dejó escrito su obituario, que concluye así:
…y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.



