11 posts de agosto 2009

Flamencos y sanguijuelas

Hace unos días fui a cortarme el pelo. Los peluqueros del local se parecían tanto entre sí que costaba distinguir unos de otros: calvos y con perilla de diseño; bíceps tatuados con rosas negras; pantalones vaqueros cortos y desgastados y enormes deportivas blancas. A mí me tocó el de la camiseta PINK POWER ("poder rosa"). Dos estilizados flamencos se posaban grácilmente sobre las palabras. Parecían muy a gusto entre tanto músculo.

Esperaba mi turno, leía Diez Minutos y me preguntaba por las barberías de antaño, cuando –según las explicaciones del proyecto La Memoria del Elefante– los barberos hacían de médicos, dentistas, consejeros…


El rojo: la sangre. El blanco: las gasas. El azul: las venas. Al parecer en las barberías había hasta sanguijuelas. (Y, por supuesto, crecepelo).

La Memoria del Elefante

¿Cómo vivía tu abuelo?

No me refiero a su trabajo, su lugar de residencia o afilicación política. Me pregunto qué llevaba en el bolsillo, qué tomaba en el bar, qué daba de merendar a sus hijos.

El proyecto La Memoria del Elefante nos ilumina sobre estas cuestiones.

Ahora que se habla tanto de recuperar la memoria histórica, "es importante no olvidar las imágenes que imprimieron la memoria del pueblo", dice Sisco Farrás. Este profesor de historia en un instituto de Tremp (Lérida), lleva años coleccionando los objetos que poblaban las casas de nuestros abuelos, y explicando la historia a partir de ellos.

Con ese propósito ha recreado, en el pueblecito de Salas de Pallars (Lérida), una farmacia, un bar y esta tienda de ultramarinos:

Comencemos por el principio, dice Farrás: tu abuelo se levanta por la mañana y, como es natural, lo primero que hace es ir al baño (que, en el caso de esta zona rural, no es otro que el corral). Para limpiarse, unas páginas de La Vanguardia.

Tu padre, en cambio, usará el primer papel higiénico, de marca Elefante, en comercializarse en España.

En cuanto a ti, te vuelves loco en el supermercado tratando de elegir entre una docena de marcas que nada tienen que ver con esa lija marrón envuelta en papel celofán tan popular en su época.





Farrás procede así con otros tantos productos. Como el anís, bebida súper popular y femenina en sus tiempos. En torno al Anís del Mono , el más comercial, surgieron más de 20 marcas, la mayoría con nombres y representaciones de animales.

Aquí tenemos la mítica Gallina Blanca, que alimentó a muchas generaciones de españoles...

... productos de limpieza...





... y el ColaCao: Yo soy aquel negrito, del África tropical, que cultivando cantaba la canción del ColaCao…

Os recomiendo este documental con las explicaciones del propio Farrás (en catalán).

El vídeo muestra, entre otras cosas, una humilde caja de latón con una larga historia: se trata de un envase con quesos enviado desde Estados Unidos dentro del Plan Marshal y reciclado por Fontaneda para envasar sus galletas.

Vaya cambio.

Cazadores de Moscas

Tortura, fuego, oscuridad, trampas pegajosas, asfixia, venenos varios...¿para acabar con la suegra? ¿El inspector de Hacienda? Nada de eso: ¡las moscas!


Cazadores de Moscas –un proyecto paralelo a La Memoria del Elefante– recorre la amplia variedad de métodos, la mayoría made in Spain, para acabar con nuestras amigas veraniegas.

Como esta especie de abanico gigante capaz de aliviar de un plumazo a varios comensales:


Al parecer, su humilde existencia ha sido un elemento de inspiración literaria de primera, protagonista de textos de Pío Baroja, Gómez de la Serna, Augusto Monterroso o Juan José Millás, entre otros.

Quizá buscaban distraerse de su pegajosa presencia escribiendo sobre ellas. O, más probablemente, en aquellos momentos no se les ocurrió otra cosa más interesante de la que hablar.

La mosca de mi ordenador, que hoy está bastante insoportable, insiste para que pegue, aquí abajo, este texto de Millás. Será pesada.

"Estos primeros días de septiembre, en el campo, son duros para los insectos: entran las moscas por la ventana, atolondradas, en busca de un poco de calor, y te das cuenta de que están tocadas por la muerte. Una de ellas se coloca sobre la pantalla del ordenador, fascinada por sus reflejos verdosos, y sigue dócilmente la trayectoria del cursor. Las letras van apareciendo a medida que recorre la pantalla, como si fueran producciones de su abdomen. Me hago, pues, la ilusión de que el texto es de ella; quizá sabe que tiene que morir con el frío de una de estas madrugadas de septiembre y quiere contar al universo cómo se soporta una existencia de mierda que por fortuna sólo dura un verano..."

Pincha aquí para seguir leyendo.

Una comida sin vino es un día sin sol

Higiénico, estimulante, y alimenticio. En aquellos tiempos no se andaban con rodeos.

El cartel forma parte del proyecto La Memoria del Elefante.

Las pompas fúnebres de Fina

Esto sí que es matar varios pájaros de un tiro. Fina nos ayuda, además, a comprender mejor de qué va eso de las pompas fúnebres, un par de términos que siempre me parecieron de lo más esquivo.

En el momento de tomar la foto, la semana pasada, la peluquera colocaba unos rulos a una ancianita recostada que no movía una pestaña...

Castigo bíblico o atracción de feria

Ser feriante debe ser duro. Sólo hay que ver la cara de hastío que suelen tener estos hombres y mujeres medio nómadas mientras despachan fichas a los niños, aseguran –de manera sospechosamente rutinaria– que las barras de seguridad de las atracciones estén bien echadas o dan vueltas y vueltas al algodón de azúcar.

Pasar varios meses al año viviendo en una caravana, con la lavadora en la puerta, escuchando el popurrí letal de los coches de choque, la noria, la tómbola y los petardos de las fiestas del pueblo, oliendo a pólvora, azúcar quemado y la testosterona de los adolescentes sin duda debe ser un suplicio.

Este verano, no obstante, he descubierto nuevas víctimas en las ferias.

Aquí tenemos a los jóvenes jinetes, adornados con una corona de plumas como si fuesen indios galopando por las praderas de Arizona. Claro: por algo son niños.

Pero ¿y sus padres? “No me amargues las ferias”, me dijo una madre cuando hice alusión a la miseria de estos poni amarrados día y noche –sí, también de noche– a esta noria moderna.

Peor que noria: los burros de antaño no tenían que soportar los 40 Principales.

Ni desplazarse: en Cedeira (A Coruña), donde tomé las fotos, los animales pasaron casi dos días metidos en un trailer sin apenas ventilación y a pleno sol –en Galicia a veces pasa– a la espera de su próximo destino.

Como castigo bíblico no está nada mal. Como atracción de feria, veo destellos de esa España profunda y bananera que todavía nos rodea.

Vurradas Barias

Pensaba amenazar a mis alumnos de periodismo con catearles si ponen faltas de ortografía en sus trabajos, pero cualquiera se atreve. Seguro que habéis oído hablar de la famosa enmienda que se debatió esta semana en el Parlamento Vasco y que pedía "aprovar" ayudas para "hinundaciones".


Hace tiempo que llegué a la conclusión de que en este país –como en tantos otros– se escribe rematadamente mal. Continúo suscrita a un par de listas de correo electrónico de españoles en el extranjero, integradas sobre todo por alumnos y personal docente e investigador de las prestigiosas Universidad de Stanford y Universidad de California en Berkeley.

A lo largo de estos años he leído de todo. Desde los “agovios” de un doctor ante la negativa del Departamento de Inmigración a renovarle su visado para quedarse en el país hasta las quejas de lo que "havia" o dejaba de haber en el apartamento de otro de estos distinguidos señores.

Por eso me encanta la iniciativa para colocar acentos allá donde se necesiten -y mira que hay sitios- puesta en marcha por Acentos Perdidos.

Me dicen por ahí que soy una listilla.

Pues sí, amig@s, no seré yo quien tire la primera piedra. La que firma envió un par de navidades atrás una bonita felicitación navideña para desear a sus colegas y amigos paz y... harmonía. En inglés, con H. En español, sin ella.

¿Qué diría Pessoa?

"La gramática es más perfecta que la vida.

La ortografía
es más importante
que la política.

La suerte de un pueblo
depende del estado
de su gramática."


(Poema visto en Escribe sin Faltas).

Consumo verde

El fin de semana pasado probé docenas de tipos de leche de soja, avena y arroz (con frutas, vainilla, chocolateadas y solas); diferentes variedades de agua filtrada, mineralizada e ionizada (seguramente lo entendí mal); hogazas de pan elaboradas con todos los cereales, juntos o por separado (a 4 euros la barra); yogures de leche de cabra; colines de espelta y cochayuyo; espaguetis a las finas hierbas y exquisitos aceites, vinos, quesos, mieles, cafés...

Entre camisetas de bambú orgánico, stands sobre casas de balas de paja, bufandas de seda natural, semillas para montar un huerto urbano, velas de cera de abeja, esterillas de yoga ecológicas, incienso de la India, cremas sin parafina, toneladas de folletos y bebés acurrucados en sus mochilas a bordo de sus mamás se celebró BioCultura en Madrid.

El evento me devolvió a San Francisco, a su Green Festival y su Rainbow. Todo tan sano. Todo tan cool.

Pero hace unos momentos, al descargar al ordenador las fotos que tomé en la feria, me he topado con una imagen un poco rara. Aparece un stand misterioso que aboga por la compra de NADA:


El consumo verde, ¿no es un oxímoron? ¿Cuál es la diferencia entre consumo sostenible y ético y "consumismo verde"? Este divertido vídeo nos da algunas respuestas:

La habitación de la niña

Como veis, no consigo despegarme del tema.

Debe ser que con los calores del verano sólo me fijo en detalles raros. Como el escaparate de esta tienda de decoración con el que me topé esta mañana.


En el cartelito: Habitación de niña (no niño)

Helado de ceniza

Los cucuruchos verdes de la foto de aquí abajo no son helados, sino ceniceros. No me los encontré en una playa española, faltaría más, sino en la medio colonia británica del Algarve, en Portugal.

Si tienes hijos y están en esa fascinante edad en la que lo mismo se llevan a la boca un petit suisse de fresa que una caca de perro, estarás de acuerdo en que esto de los ceniceros de playa tiene su aquel. (Y si te gusta rebozarte en la arena como una croqueta sin miedo a empaparte en todo tipo de ascos, también).

Y, por acabar ya con el tema playero, un verano más me pregunto: ¿cómo demonios conseguir ese día de playa perfecto, ideal, ese que aparece en los anuncios de Viajes Halcón?

O te asas o te pelas de frío o el viento se lleva por delante tu sombrilla. Si no hay medusas –ni colillas–, el agua está limpia y las olas tienen la medida justa para jugar, te pincha un erizo, te duele la tripa, te entra la regla o se te olvida el protector solar…

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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