6 posts de octubre 2009

Soitu

Se acaba, como sabéis, Soitu. La crisis se lo ha llevado por delante. Un proyecto arriesgado, innovador, diferente, reconocido con premios internacionales. Desde luego el único medio de este país con secciones como ésta.



Su principal accionista no ha tenido paciencia. Mientras tanto, los lectores (por no hablar de los periodistas) tendremos que armarnos de ella hasta que los tiempos, o las mentes, o las dos cosas, cambien.

Quizá era, como dicen por ahí, pelín ambicioso y adelantado a su tiempo. Claro que también podría suceder que fuese demasiado rompedor para triunfar en España.

El caso es que, informativamente hablando (y salvando lo presente) nos quedamos con más de lo mismo.

La otra Cenicienta

¿A qué viene esa obsesión con las princesas? Las princesas no existen en la vida real. Y, a diferencia de los futbolistas –como quien dice– no tienen, que yo sepa, más cometido que estar guapas y bailar en las fiestas. Sin embargo, este fin de semana, por Halloween, el parque infantil donde suelo llevar a mi hija parecía el salón de té de Sissi emperatriz.

Por cierto que un grupo de niños llamó a mi puerta el sábado con el truco o trato (creo que es así como tradujeron trick or treat). Cosa que no me había pasado en diez años de estancia en EEUU. Supongo que es un daño colateral del efecto Obama.

Por si alguien se quedó sin ver el vídeo que nos enlazó el otro día la lectora Siena:



Y ya que de nuevo hablamos de vídeos, uno más. Que, a diferencia del anterior, tiene poquísima gracia pero sirve para ilustrar una realidad que, afortunadamente, apenas si encuentro ya en este país.



Ojalá que en las guarderías y los colegios se hablase de Cenicientas que, en lugar de princesas, sueñan con hacerse arquitectas, enfermeras o dentistas. Cenicientas como esta:

Pijos

Vuelve lo pijo repijo: Borja Mari y la gomina como reclamo publicitario. Esto sí que es un símbolo de la decadencia de los tiempos. El último ejemplo lo encontramos en una campaña de marketing de hamburguesas. Pero lo hemos visto antes en los batidos de frutas y otros productos.

Burger King busca a través de Facebook el “Pijus maximus”. O sea, la persona más pija de España. Yo voto, sin dudarlo un momento, por Ricardo Costa.

De todos modos este anuncio lo que hace es quitarme el apetito más que otra cosa. Espero que a vosotros os ocurra lo mismo.

Peor todavía que el anuncio es la lógica para lanzarlo. Esta gente de marketing suele saber lo que hace. Así que algo habrá de cierto en las palabras de su director de publicidad cuando dice que el objetivo son jóvenes treintañeros dosmileuristas que buscan en este tipo de comida "reforzar su sentimiento de juventud sin renunciar a la búsqueda de la calidad".

Y nosotros calentándonos la cabeza con filosofías sobre el paso del tiempo y otras zarandajas. Resulta que para mantenerse joven todo lo que hay que hacer es comer hamburguesas. Y ser un pijo, claro. A ver si alguien se anima con la anticampaña.

La actualidad y la lluvia

Mis lúcidos lectores ya me habían puesto sobre aviso. Pero la viñeta de aquí abajo ha hecho que saltasen, por así decirlo, las alarmas.





Ato cabos y, en un día lluvioso y tristón como este, me viene a la cabeza esta columna de César González Ruano:

"Esta es mi actualidad. Dejadme un poco. Casi siempre procura uno escribir sobre la actualidad de todos para todos. Pero hoy, no. Mi actualidad -quizá como cosa mía- es cosa de nada. Consiste en que está lloviendo, y eso es todo. Pero ¿sabéis cómo llueve? Llueve como entonces, cuando uno cantaba la lluvia. Cuando uno, en el rincón de un café, decía a alguien -¿de qué color eran sus ojos, Dios mío? Aquellos versos de Verlaine, aquellos "llora en mi corazón como llueve en la ciudad", equivocando la primera palabra y diciendo: "Llueve en mi corazón...".

(Podéis continuar leyendo aquí, pero sólo si me prometéis que es un viaje de ida y vuelta).

Nosotros compartimos actualidad cuando pisamos esas hojas otoñales que crujen bajo los pies y nos recuerdan que todo pasa y todo llega. Mi actualidad particular la ocupa una niña que todas las mañanas, nada más levantarse, me pregunta qué día es. "Y el martes, ¿hay cole?" Ayer, antes de acostarse, fue un paso más allá y quiso saber en qué año estamos. Me dejó algo inquieta. El tiempo pronto empezará a correr también para ella.

Como dice Obama, no hay como los niños para poner las cosas en perspectiva. ("Papá, has ganado el Nobel y es el cumpleaños de Bo -el perro de la familia-" le soltó la cría cuando supo del premio).

Además de nuestra caprichosa clasificación del tiempo en días, meses y años, esta niña acaba de aprender que nunca, por mucho que lo intente, podrá atrapar su propia sombra.

Esta, supongo, también es mi actualidad.

Nosotros speak English

Ya no es que Zapatero no hable ni papa de inglés. Una ha asistido a encuentros y firmas de acuerdos en los que Secretarios Generales, Presidentes de Grandes Compañías y Otras Ilustres Figuras de la península Ibérica no se arrancaban ni con un Thank-you. Pero no me propongo juzgar nada de eso. ¿Acaso habla Obama español? No todos los presidentes de Gobierno van a ser tan espabilados como José María Aznar.

Lo que me deja aturdida es esa fascinación con el inglés como reclamo publicitario. Una fascinación que no se traduce en un mayor número de películas subtituladas, por ejemplo (todavía me chirrían los oídos con la última de Woody Allen doblada al español). Por los pasillos del metro es imposible no toparse con la nubecilla de Vueling en Spanglish:

Vale, lo entendemos. Al fin y al cabo, es una aerolínea. Pero, ¿es necesario el inglés para reparar la radio del coche?

Claro, así es más cool. Perdón, guays. Como esta marca de productos de belleza. Imagino que, después de rascarse la cabeza durante jornadas frenéticas a base de bocadillos de máquina, los creativos llegaron a la conclusión de que no hay juego de palabras en español capaz de competir con Beauty Full. Lástima que, al final, más que una campaña de belleza les haya salido una campaña de grosería.

El inglés, por otro lado, continúa siendo sinónimo de pijerío. Ese pijerío capaz de transformar un batido de frutas en algo, no sé, imagino que harripotteresco.


Si es que hasta para alquilar un furgoneto hace falta entender inglés. Así supongo que es injustificable que no lo domine un presidente de Gobierno.

Trabajo decente y pasta gansa

¿Cómo se las arregla uno para amasar, partiendo de la nada y sin haber leído un libro en su vida, 300 millones de euros? Eso me preguntaba después de leer sobre el inquietante ejecutivo de la Fórmula 1 Flavio Briatore (socio, por cierto, de Alejandro Agag, cuñado de Aznar, porque todo, siempre, misteriosamente, queda en casa, un apunte que podría ayudar a contestar a esa pregunta).

Claro, en Italia todo vale, pienso a modo de consolación. Sin embargo, paso página y me encuentro con una información sobre la jubilación de oro de los consejeros de los principales bancos españoles. Concretamente, 416 millones de euros entre 16 consejeros. Tocan a 26 por cabeza. Espero que al menos den buenas propinas a sus nietos. Si los tienen: Goirigolzarri, el consejero delegado, se jubila anticipadamente con sólo 55 años (y 3 millones de euros al año).

¿Qué hace un consejero, exactamente, además de llevar siempre impecable el nudo de su corbata? ¿Será esto a lo que se referían los organizadores del Día del Trabajo Decente, que se celebró el miércoles?

Pasa un poco como con las imágenes de desastres, mutilados, niños de África comidos por las moscas. Estamos ya tan acostumbrados a verlos que pasamos por encima como si nada. Pero, atención, haces una búsqueda rápida sobre los blindajes de estos señores de corbata impecable y te encuentras con que los consejeros ejecutivos del BBVA (por ejemplo) tienen reconocido contractualmente el derecho a percibir una indemnización en el caso de cese "por causa que no sea debida a su propia voluntad, jubilación, invalidez o incumplimiento grave de sus funciones" que, de haberse producido en el 2008, hubiese dado lugar al pago de las siguientes cantidades: 80,83 millones de euros en el caso del presidente, 60,99 millones para el consejero delegado y 13,95 millones para el consejero secretario general.

Quizá a algún lector aburrido de su trabajo decente le dé por sacar la calculadora y dividir cada una de esas cantidades entre los aproximadamente 32.000 euros que una familia media española gasta al año y decirnos cuántas familias, y por cuántos años, podrían vivir con esta pasta gansa.

(Ilustración de Miguel Brieva )