7 posts de abril 2010

Un día como este

Dacher Keltner, profesor de psicología de la Universidad de Berkeley, asegura que es posible predecir el futuro de una persona a partir de la fuerza de su sonrisa. Según Keltner, la manera en que la gente expresa sus emociones dicta su éxito personal y social.

Así que hoy estamos de suerte: el calorazo que nos ha asaltado de repente parece sentar bien al personal, que se quita los calcetines y sonríe sin parar. Las nubes se levantan, los pajaritos cantan, el parque del Retiro se llena de turistas en tanga. Predigo un éxito de la muerte a todo el mundo que tengo alrededor.

Aunque yo me excluyo del grupo de sonrientes, con permiso de Keltner. Me hacen daño las sandalias y no puedo dormir. Lo peor es que esta explosión calurosa y primaveral me recuerda, vagamente, a algo.


¿El aroma del aire de hoy te recuerda a otros tiempos? Inhala, y la próxima vez que un día como este vuelva a presentarse te transportará de vuelta a este momento.

(Viñeta de Paul Madonna)

La buena vida

Mi ciudad ideal tiene, además de carriles-bici y gente que te sonríe por la calle, muchos cafés. Cafés-librería, cafés-biblioteca, cafés-restaurante. Sin humo ni camareros bordes. Con acceso a internet, para que puedas montarte allí tu oficina.

Yo hice de garitos como Ritual Roasters mi segundo hogar en San Francisco, siguiendo la estela de esos emprendedores de la informática que, para echar a andar las nuevas compañías de internet, comenzaban a reemplazar los garajes de Silicon Valley –donde nacieron gigantes como Hewlett-Packard o Google– por las cafeterías.

Sin embargo, locales de esos que te dejan el abrigo empapado en aroma de café no son, por decirlo suavemente, la especialidad de Madrid. A esta ciudad le gustan el humo, las patatas bravas, los baretos con palillos por los suelos, gente apiñada y cabezas de toro colgadas por las paredes. Y todo esto tiene su gracia, cómo no, aunque a una le gustaría tener más donde elegir.

Por eso el café-librería La Buena Vida ha sido un gran descubrimiento. Hasta incluyen reseñas de prensa en el interior de gran parte de los libros: alguien que se toma estas molestias va directo al cielo.

Así que mañana, Día del Libro, a disfrutar de la buena vida.

(Todos Nosotros, de Raymond Carver. Poema fotografiado en La Buena Vida en cierto día de lluvia).

Farsantes

En el filme español El mal ajeno, un médico pipiolo y su experimentado mentor viven una jornada intensísima en la sala de urgencias, donde salvan vidas en medio de un peliculero fragor. Por la noche, cuando ya ha pasado todo y ambos se relajan frente a una jarra de cerveza, el médico joven le confiesa al más maduro (interpretado por Eduardo Noriega) que los acontecimientos que acaban de vivir le han hecho recordar para qué decidió hacerse médico.

–¿Para qué?– pregunta el doctor experimentado con cara de sorpresa.
–Pues para qué va a ser. Para curar– responde el joven.

Para curar. Dile eso a tu médico de cabecera la próxima vez que sobrevueles su consulta.

Siempre envidié un poco a las personas con trabajos directamente orientados al servicio público. Me parece que tienen gran ventaja a la hora de enfrentarse a la difícil tarea de descubrir cuál es su papel en el mundo. Con el tiempo, no obstante, te das cuenta de que no está tan claro; de que quizá sea más importante el cómo (cómo haces tu trabajo) que el qué (qué ocupación tienes).

Pasa con la maestra soberanamente aburrida de sus niños; el asistente social pasota; la enfermera indiferente al dolor de los pacientes… (Los curas para mí no cuentan: siempre me han inspirado miedo y desconfianza).

El caso es que de ahí a sentirte un impostor hay un paso. ¿Quién no tiene, a veces, la sensación de estar ocupando el lugar de otro? Si al parecer hasta la reina de la verdad, la inmensamente popular presentadora de televisión Oprah Winfrey es una mentirosa como la copa de un pino. ¿O es que es cosa de mujeres?

He aquí lo que dice la periodista y psicóloga Susan Pinker en su libro La paradoja sexual:

"Un estudio sobre psicólogas norteamericanas seleccionadas al azar concluyó que el 69% se sentían unas farsantes. Y una gran cantidad de mujeres profesionales de éxito, algunas incluso famosas, comparten este miedo subyacente a ser descubiertas. Michelle Pfeiffer había sido nominada a tres Oscar y seis Globos de Oro cuando explicó las dudas que sentía acerca de sí misma en una entrevista del año 2002. Le preguntaron cómo había desarrollado sus dotes artísticas y contestó: "La gente acabará descubriendo que tampoco tengo tanto talento. No soy demasiado buena. Todo ha sido una gran farsa."

(Cita extraída de la versión antigua del diario Factual ).

Las ruedas de la bici

Quizá tengas la suerte de conservar en tu memoria imágenes del día en que aprendiste a montar en bicicleta. Yo sólo tengo un recuerdo vago de ese instante en el que, de repente, me di cuenta de que el brazo protector de mi tío había abandonado el sillín de mi bici y, a pesar de ello, yo continuaba avanzando por el camino de tierra, ligeramente en cuesta, que terminaba a las puertas de un establo. Recuerdo muy bien el olor a vacas y el color del cielo de esas largas y mágicas tardes de verano, pero apuesto a que en realidad no ocurrió de esa manera.

Seguro que fue tan traumático como ayer por la tarde, cuando desatornillé las pequeñas ruedas de apoyo de la bici de mi hija. En cuanto fue consciente de ya no estaba a su lado se asustó y cayó al suelo. De poco sirvió que estuviéramos con otro ciclista, un niño de su clase con bici de mayor que pedaleaba rápido para demostrarle lo fácil que era.

De modo que volví a colocar las ruedecitas. Me senté en el banco de madera de la pequeña plaza del barrio y me dediqué a verles girar alrededor de la fuente, uno con rueditas y el otro sin ellas. Al pasar frente a mi me saludaban, como si estuvieran en un Tiovivo. Y yo, aburrida de tanta vuelta, comencé a repasar todas esas situaciones de la vida en que nos sucede como a mi hija, que no nos permitimos confiar en nuestro propio impulso para quitarnos las muletas y echar a rodar. Libres.

Más cuentos de niños de otras épocas, bellísimamente cantados:


Abandon Your Sleep (Sal de tu sueño) el último disco de Natalie Merchant, salió a la venta el martes. Se trata de un trabajo donde la autora espera “capturar la experiencia universal de la infancia”.

La vida no se patenta

Lo que es yo, no pienso salir a la compra sin estudiarme antes bien la guía verde y roja sobre los transgénicos. Entre los alimentos en la lista roja que la mayoría de las personas que conozco consume sin pensar ni remotamente en la posibilidad de que contengan elementos genéticamente modificados: Nescafé, flanes Dhul, productos Delaviuda, chocolates Valor, pastas Buitoni, helados Ben&Jerry's, cereales Kellogg's, Cacaolat, yogures Clesa, papillas Milupa... y un larguísimo y preocupante etcétera.

Esta es la Semana estatal de Lucha contra los Transgénicos, que concluye el domingo con una manifestación en Madrid. Los transgénicos amenazan nuestra salud y deterioran el medio ambiente. Contaminan otros cultivos y destruyen la agricultura familiar, agravando el hambre en el mundo. La coexistencia no es posible. Los consumidores tenemos el derecho y la responsabilidad de conocer y decidir cómo y dónde se producen nuestros alimentos. Continúa leyendo.

Mi huerto favorito, en septiembre pasado. Atención al tamaño de los girasoles y del maíz.

Del perro al tanga

Cada nueva campaña de este centro comercial me rechina más que la anterior. Pero como los publicitarios son muy listos seguro que la cosa funciona. Y eso que su mensaje siempre es el mismo: cuando no se te ocurre otra cosa mejor que hacer, compra. Cuando estás depre, compra. Cuando se te pierde el gato, te sale un grano en la nariz, recibes un astronómico recibo de la luz, compra.

Sabes de sobra que no va a funcionar, pero aún así lo intentas. Esta es la magia de los creativos de publicidad.

Ser creativo de publicidad no es fácil, en contra de lo que parece. Tengo entendido que para crear un mensaje como el que aparece ahí arriba los tipos se pasan semanas enteras encerrados en la oficina a base de pizzas y cocacolas, echando siestas bajo la mesa y afeitándose en los lavabos de sus despachos. La esperanza de vida de un creativo de publicidad debe de ser baja.

Lo bueno de ese trabajo es que nunca falta. Siempre hay algo que comprar. Desde un vestido nuevo para tu mascota...

... a este apaño para ocultar la raja del culo cuando te agachas y llevas pantalones de cintura baja.

Es un producto de tela vaquera hipoalergénica que se adhiere directamente a la zona ofensora protegiendo la modestia de su portadora.

Y sí, una prueba más de que esta civilización se ha pasado de vueltas.

La hora del cuento (II)

La vecina del tercero, dueña del perro que todos los días llena el ascensor de pelos color crema, tiesos como púas de erizo –eso dicen otras señoras de la misma escalera– murió ayer por la tarde. A mediodía vimos una ambulancia estacionada en el carril bus enfrente de casa y pensamos: ya ha caído otro.

Efectivamente.

El portero colgó esta mañana en el tablón de anuncios la esquela de María Luisa, que es como se llamaba la mujer. La recuerdo paseando al chucho temprano por la mañana en pijama y zapatillas, a pesar del frío, el pelo suelto y alborotado y la mirada un poco ida.

La vi por última vez la semana pasada, en el cumpleaños que una vecina centenaria celebró en el portal. Los familiares despejaron la mesa del montón de publicidad de comida china y clínicas dentales y colocaron algo de picar y unos vasos de papel. Al pasar, mi hija robó un gusanito de maíz y María Luisa la miró con ojos llenos de agua y esperanza. Una mirada agridulce que me dejó inquieta.

La muerte, ya lo dije antes, ronda por este portal. Y por eso muchas veces pensamos que lo mejor sería salir corriendo a una de esas urbanizaciones con piscina a las afueras de la ciudad donde todas las mujeres están embarazadas o acaban de estarlo.

Otros días casi se agradece ese telón de fondo oscuro, tan oscuro que hace resaltar la luminosidad de las actividades más simples, como fregar los platos o regar las plantas. Son días de esos en que la vida parece que hace aguas, como un bote de goma. Tapas de un lado y se pincha del otro. Cuando por fin te va bien en el trabajo va y te deja tu novio. Te toca la lotería y enferma tu hermana.

Ayer por la noche, a la hora del cuento leíamos "Las Tres Preguntas", maravillosa adaptación para niños de una historia de Leo Tolstoy.

Las tres preguntas que se hace el pequeño Nikolai en esta versión de Jon J. Muth son:

¿Cuál es el mejor momento para hacer cosas?
¿Quién es la persona más importante?
¿Qué es lo que corresponde hacer?

Sólo hay un momento importante y ese es ahora. El ser más importante es siempre el que está a tu lado. Y lo más importante es tratarlo bien.

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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