7 posts de octubre 2010

Familia y ecología

"Los servicios que presta la familia están siendo sustituidos por los de instituciones estatales y empresas. La destrucción de la familia es uno de los síntomas más claros y evidentes de que se acerca un cambio de ciclo” indica la revista The Ecologist (versión en español) en su última edición.

Se titula "La familia: cerrado por defunción" y es un número atrevido, profundo y desafiante que da que pensar, con ese deambular por parajes que no se adscriben fácilmente a ninguna ideología en particular.

El colapso de la unidad familiar, indica, forma parte de un "paquete" que incluye la destrucción medioambiental y social en sus múltiples facetas. “La atomización social y la desintegración familiar tienen un reguero de consecuencias negativas en todos los ámbitos: más gasto energético, más problemas mentales en la población, más adolescentes con problemas de socialización, más consumo de estupefacientes, mayor poder de empresas y estados…”.

Por otra parte, reconoce que un monográfico dedicado a la familia causará “extrañeza” entre los ecologistas clásicos: “no nos importa. Para nosotros, como para la mayoría de los ecólogos que han profundizado en un concepto esencial de la ecología, el respeto por el mundo natural va mucho más allá de proteger los bosques primarios, las ballenas del Ártico y/o el lince ibérico. ¿Cómo reintegrarnos a ese mundo natural si seguimos destruyendo la familia, que es el núcleo ecológico por excelencia de la especie humana? Ya sólo nos quedan, al menos en Occidente, familias cada vez más atomizadas y desestructuradas… La familia nos conecta con el pasado y nos recuerda que, sin presente, no hay futuro. Sin familias, sólo queda soledad, negocios y tristeza”.

Una defiende la institución familiar y corre peligro de que le saquen un billete para ir a ver al Papa. Y, sin embargo, ¿qué es eso de que la familia es un invento burgués? Una frase hecha, un ejemplo de lo que es confundir el mapa con el territorio.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la crianza. Comienzas a recorrer ese extraño paraje y te das cuenta, si se me permite la simplificación, de que la crianza a golpe de biberón, cochecito de marca, habitación azul o rosa con muebles a juego y empleada que lleva y recoge al crío de la guardería suele estar apuntalada, no ya por valores burgueses sino, sobre todo, poco humanos, como si en lugar de un bebé tuvieras un tamagotchi a tu cuidado.

Al lado de esto también es posible -y frecuente, por cierto- una crianza en la que predomina el contacto físico y espiritual con los padres.

Esta revista, que se caracteriza por ofrecer alternativas realistas al sistema, ya indicaba tiempo atrás que "mientras que la prioridad de nuestra sociedad esté en satisfacer las necesidades de las empresas y del Estado, más que las propias del ser humano, la familia seguirá descomponiéndose hasta prácticamente desaparecer".

Nada más ecológico que esta preocupación. La ecología más humana se manifiesta cuando la preocupación por el entorno va más allá de la mera explotación materialista de la naturaleza.

Gitanos

Si algunos políticos leyeran poesía de vez en cuando igual serían menos brutos. Claro que la idea de Sarah Palin leyendo a Walt Whitman a bordo del autobús del Tea Party se me hace tan extraterrestre como la de Esperanza Aguirre con un libro de Antonio Machado entre las manos. ¿Colocarían el libro del derecho o del revés, como Bush en aquel famoso fotomontaje?

No cabe una visión más diferente del nomadismo gitano de Nicolas Sarkozy que la que nos presenta su compatriota, el poeta Charles Baudelaire, en este soneto, recientemente reeditado en español:

"La profética tribu de pupilas ardientes
se echó ayer al camino, llevando a sus pequeños
a la espalda, o librando a sus hambres caninas
el tesoro siempre disponible de los pechos colgantes

Los hombres van a pie con sus armas lustrosas al hombro
junto a los carros donde los suyos se agazapan,
paseando por el cielo sus ojos embotados
por la lúgubre queja de quimeras ausentes

Desde el fondo de su cubil de arena, el grillo,
al mirarlos pasar, redobla su canción;
Cibeles, que los ama, aumenta sus verdores,

saca agua de la roca y da al desierto flores
ante estos viajeros a los que espera abierto
el familiar imperio de las tinieblas futuras.”

Poema XIII de Las flores del mal (1857).

El ladrillo y la educación

¿Cuántos usos se te ocurre darle a un ladrillo? Tiesto, portalápices, estantería, martillo, OVNI...

Hace unos años escuché al director de una gran empresa informática responder a esta pregunta con una impresionante dosis de creatividad. Tan genial como la improvisación del ejecutivo me pareció el atrevimiento del periodista al hacerle esta pregunta en plena rueda de prensa.

El caso es que el vídeo que incluyo más abajo del conocido experto en creatividad y educación Ken Robinson (ilustrado con infografías estilo grafiti) me ha recordado la anécdota. Robinson indica que las escuelas continúan organizadas al estilo de las líneas de montaje de las fábricas: con toques de timbre, instalaciones separadas, materias especializadas y separadas.

Educamos a los niños en grupos de edad. ¿Por qué? ¿De dónde procede ese supuesto de que lo más importante que los niños tienen en común es la fecha de fabricación?

El problema del actual sistema educativo, argumenta Robinson, es que fue diseñado, concebido y estructurado para una época diferente: en la cultura intelectual de la Ilustración, y en las circunstancias económicas de la Revolución Industrial. Dirigido por un imperativo económico de la época y la visión de inteligencia de la Ilustración que identificaba dos clases de personas: académicas y no académicas, gente inteligente y gente no inteligente. Y la consecuencia de esto es que muchas personas brillantes piensan que no lo son.

Una de las consecuencias de este sistema es la pérdida de la capacidad del “pensamiento divergente”, la habilidad de ver muchas posibles respuestas a una pregunta, de pensar no sólo de forma lineal o convergente, una capacidad esencial para la creatividad.

Todos lo tenemos de niños, pero la mayoría lo perdemos al crecer y no ser capaces de entender que la tristeza es azul, la inseguridad amarilla, o que un clip sirve para pescar una trucha.

La traducción al español del vídeo es de Factor Humano, que nos sirve el vídeo "destripado".

The Good Chain (la buena cadena)

Alguien que no te conoce hace algo por ti (te cede su paraguas, te invita a un café, te paga el cine) y te entrega una tarjeta. Ahora es tu turno. Tú haces un favor a otra persona y le entregas la tarjeta: así se crea la cadena The Good Chain, una iniciativa para esparcir buen rollo por el mundo que se presenta el lunes en el Hub Madrid (un lugar que merece post aparte).

La persona a la que hagan un favor y reciba la tarjeta puede entrar en Internet, introducir el código correspondiente y ver cuál es la historia que hay detrás de su regalo, además de plasmar su experiencia para ir "cargando la energía y la historia de esa tarjeta".

Esto es lo que dice la web:

No se trata de grandes acciones sino de pequeños actos de generosidad, preferentemente anónimos y/o a personas desconocidas. Tampoco se trata de emprender actos de caridad: todos, desde el más pobre hasta el más rico, necesitamos que nos iluminen el corazón de vez en cuando. En la sencillez está la clave: verás lo bien que le sienta a él y sobre todo, ¡lo increíble que te sienta a ti mismo!

No hay nadie que no quiera un mundo mejor. Todos soñamos con ello aunque puede que sin demasiado empeño. Otorgamos a personas reconocidas esa labor como si estuvieran más preparadas para hacerlo y nos limitamos a admirarlas o incluso a donar ayudas para sus proyectos. Y sin embargo, es posible que no hayamos hecho lo más sencillo: “Una buena acción personal y anónima que predique con el ejemplo”

La asociación se constituyó hace una semana por un grupo de personas a las que unen estas ideas:

Entre todos podemos cambiar el mundo
Debemos empezar por cambiar nosotros
Pequeñas acciones pueden tener un gran impacto
Todo el mundo necesita una sonrisa que pueda cambiar o mejorar su día.

La asociación pretende llevar a cabo sus objetivos a través de una cadena de favores, de pequeños actos de generosidad desinteresada, ligados entre sí por una tarjeta. A menudo hacemos estas pequeñas acciones, y ahora, a través de estas tarjetas podremos ver el tremendo impacto que estas pequeñas cosas pueden tener.

Me parece una idea necesaria, ingenua, maravillosa, extraña, pretenciosa, positiva... Pero, ¿por qué no? Como se suele decir, el no ya lo tenemos.

El yoga y las multas

Que el yoga (o, mejor dicho, algunas posturas y la caracterización más facilona de esta disciplina) está hasta en la sopa es evidente. A bote pronto se me vienen a la cabeza los cartones de la versión desnatada de una conocida marca de leche, el fabricante de los vaqueros que emplea la postura del arado en su campaña publicitaria para mostrar la flexibilidad del tejido, o incluso la vetusta Renfe:

Además de decaer en descafeinada herramienta de marketing para vender desde calcetines hasta pelotas de golf, ahora el yoga también se usa para tranquilizar al personal después de cascarle una multa. O sea, te ponen la multa y recibes una citación como esta:



Ocurre en Cambridge (Massachusetts, EEUU), donde el departamento de tráfico despachará 40.000 citaciones como la que aparece en la fotografía.

Las posibilidades de que semejante iniciativa se exporte a la piel de toro son, por supuesto, remotas. Aun así, la cosa me dejó pensativa. Hace poco recibí una multa monumental, y esa noche soñé que golpeaba la cabeza de Gallardón con un martillo.

No sé si mi reacción hubiera sido menos violenta de haberme topado con un elemento relajante, sea una postura de yoga o el dibujo infantil de una mariposita, al abrir el sobre de marras. Pero me quedo con las palabras del funcionario que ideó esta iniciativa: “Me van a poner la multa de todos modos, mi único poder de elección está en cómo voy a recibirla”. Pues eso.

Más conectados, más gordos

Coches que ruedan solos, sin necesidad de conductor (el último invento de Google); gente cada vez más obesa, gorda desde la infancia; una población permanentemente conectada a la pantalla, incluso en el baño.... Estos ingredientes, que comienzan a conformar la realidad del primer mundo, son la base de un montón de novelas y películas de ciencia ficción.

De todas ellas, me quedo con Wall-e. Sigo enamorada de ese robot tan humano y del retrato que hace la película de un mundo que se va pareciendo, tristemente, a parte del nuestro. Y de este mensaje: mientras hay vida, hay esperanza. Aunque la vida se reduzca a una mísera plantita de hojas alicaídas.

Vaya éxito: de la Monroe al matemático greñoso

Acaban de salir a la luz intimidades hasta ahora desconocidas para el gran público de un puñado de personajes que, tras sus vidas deslumbrantes, escondían rotundos fracasos personales.

Intuíamos que Marilyn Monroe no era una mujer precisamente feliz, pero según desvela Fragmentos, el libro que reúne sus desasosegantes escritos y que salió a la venta ayer, Fernando Pessoa era la alegría de la huerta a su lado.



Junto a Monroe tenemos el caso de Robert Falcon Scott, el famoso explorador del Polo; tras su careta de héroe podría esconderse un gallina capaz de dejar tirados a sus compañeros. O el del greñoso Grigori Perelman, cuya extraordinaria mente sirve para desentrañar los más enrevesados acertijos matemáticos pero no para evitar una roñosa cotidianeidad en el pequeño apartamento que comparte con su madre.

El otro día conversaba con Johnny Azpilicueta, un tipo de ideas locas y geniales que dejó una exitosa carrera profesional en Madrid para crear, entre otras cosas, un centro para la vida sana en Tarifa (Cádiz). Azpilicueta, que a simple vista parece un hombre feliz, insistía en la idea de que es cada vez más necesario cambiar nuestros modelos de evaluación del éxito.

En otras palabras: ¿qué es triunfar, para ti?

Recuerdo un capítulo de Doctor en Alaska en el que un personaje (Edu, el aspirante a cineasta que trabaja en la tienda del pueblo) se topa con lo que él describe como "el fantasma de la validación externa" (lo que haces tiene que contar con el visto bueno de los demás para convertirse en válido).

En la serie, este fanstasma toma la forma de un enano verde muy feo que persigue a Edu a todas partes. Cuando se enamora de una joven guapa y rica, el enano intenta convencerle de que nunca conseguirá sus favores, ya que no está a la altura. Lo mismo pasa con el nuevo guión que Edu tiene entre manos.

No sé cómo serán vuestros enanos; el mío es amarillo y con granos y tiene la fea costumbre de esconderse tras las puertas para asustarme y burlarse de mi cada vez que acometo una nueva tarea, como escribir una entrada de blog.

¿Cómo puede ser que Marylin Monroe dudase hasta de su propia belleza? Mira que somos raros.