7 posts de junio 2011

Dientes de leche (y otros objetos prescindibles)

Si los objetos tienen historia, ¿al deshacerte del objeto también te desprendes de la historia?

Me dice mi madre, que es de las que conserva desde el huevo de madera con que mi abuela remendaba los calcetines de sus ocho hijos hasta un par de entradas de "La naranja mecánica", que hace unos días tiró mis dientes de leche. Hasta ese momento, los guardaba en una cajita forrada de terciopelo azul, al fondo de su joyero.

Como yo misma estoy a punto de recolectar el primero de esos dientes, pequeño como una lenteja, me siento doblemente aludida con la noticia. ¿Los habrá tirado a la basura, así sin más, perdidos entre las cáscaras de plátano y las espinas del pescado? ¿Se habrá deshecho, también, de la historia?

¿Y qué ha ocurrido con la cajita de terciopelo azul? ¿La habrá conservado? ¿Es más valioso el continente que el contenido? ¿Qué joya puede ocupar el lugar de los dientes de leche de tu primer hijo? ¿Acaso confía en que le ceda el que pronto tendré en mis manos? ¿Una historia puede ocupar el lugar de otra historia, como un clavo el lugar de otro clavo?

En su blog Todo tiene que salir, la escritora neoyorquina Chappell Ellison se propone liberarse de un objeto cada día. “En un intento de vivir con menos”, dice Ellison, “regalo mis cosas, una a una. Algunas veces el objeto estará acompañado de una narrativa personal que quizá haga que desees más el objeto (o menos). Al dejar ir esos objetos y sus memorias, espero comprender más sobre la forma en que colocamos significados sobre las cosas que nos rodean”.

Hasta la fecha, Ellison ha venido regalando camisas con arrugas y pelotillas, libros, Dvds y parafernalia como la familia elefante de aquí abajo. Pero el verdadero reto, creo, es desprenderse de esas cosas que una salvaría de un incendio, y dejar que se quemen sus historias.

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“El verano en Londres es horrible. Los turistas. El calor. La lata de sardinas del metro. Me metí en el cuerpo una buena cantidad de Shakespeare, comí pizza deliciosa y bebí un montón de Guinness. Caminando por Covent Garden, compré estos elefantes amarillos de plástico, un premio de consolación por un bolso más caro que no me podía permitir. Ahora agradezco que tuviera un presupuesto limitado: el bolso tenía la forma de una tetera”. (Chapell Ellison) 

 

Debajo del mar

“Lo esencial se está haciendo visible” (Leído en un cartel del 15-M)

He pasado el puente cerca del mar. Lo bueno que tiene vivir en Madrid es que sales de la ciudad y el cielo es más azul, la hierba más verde, las montañas más altas, los ríos más claros, los pueblos y sus paisanos encantadores y el mar... venderías tu alma y la de tu gato a cambio de tenerlo algo más cerca. Pero esta vez, con el informe sobre el estado de los océanos muy fresco en la cabeza, me han venido a la cabeza ideas raras. De tanto escudriñar y escudriñar bajo las olas he visto el mar vacío, sucio, pelado. O sea, tal y como es:    

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La imagen muestra la biomasa de los peces más consumidos en el Atlántico Norte en 1900 y en 2000. Entre ellos atún rojo, bacalao, mero, caballa, arenque, abadejo, salmón, lubina, esturión o rodaballo.

En su libro "The Unnatural History of the Sea" (sin traducción al español), el oceanógrafo Callum Roberts recrea el estado de los océanos antes de que comenzase la pesca industrial para hacerse una idea real del declive de la población de peces que sufrimos hoy.

La aproximación de Roberts pone algo muy relevante sobre la mesa: cada generación cree que el medio ambiente que conoció en su juventud es lo natural o lo normal. Esto significa que las medidas de protección medioambientales que tenemos hoy buscan restaurar los océanos al estado en que recordábamos que estaban. 

Amnesia social

Sin embargo, los océanos estaban ya muy maltrechos cuando éramos jóvenes. "Se trata de una amnesia social colectiva que permite que la explotación de los recursos naturales se incremente década tras década", indica Roberts. Las cuotas de pesca actuales, por ejemplo, tratan de recuperar los niveles de peces que había hace 10 o 20 años. Pero el declive de muchas poblaciones explotadas ocurrió hace más de cien años.

Los océanos se agotan, pero en la pescadería del súper o en la sección de congelados la abundancia de género es mareante. Y eso sin hablar de los problemas -estos sí, más actuales- del consumo de pescado para la salud. Con lo sucios que están los mares, ¿cómo va a ser bueno comer pescado? ¿Y los derechos de los animales? ¿Los peces son o no son animales?

Son preguntas que forman parte de mis deberes para el verano. Mientras tanto, echa un vistazo a esta estupenda visualización sobre los peces que es más apropiado comer:

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Neptuno y las rebajas

"A más abortos, menos pensiones de jubilación". Esto es lo que dice la nueva campaña del grupo E-Cristians para convencernos de que la crisis que vivimos es consecuencia de no seguir los valores "cristianos". Escribe Maruja Torres sobre cómo "la unión de peras y botellas, o de abortos y pensiones, es un insulto a la inteligencia". Cierto. Pero ocurre todo el rato, si te fijas bien.

Pensiones

Comentario

Imagen y comentario de LaVozdeBarcelona

Esto es, precisamente, lo que voy a hacer a continuación: juntar camisetas made in China con peces de colores. Ya sé que no tienen nada que ver. Y, sin embargo, nada más leer estas dos noticias del día he formado un espantoso collage en mi cabeza. 

La noticia número 1 es que hoy comienzan las rebajas en Madrid. La noticia número 2 es que hoy se publica un devastador informe sobre el estado de los océanos: pronto no quedará ni una sardina (el informe completo con numerosos vídeos, es muy recomendable. En inglés). 

En otro momento huiría de destacar un informe como este, que te sume al instante en un estado de ansiedad y depresión contrario al propósito de este blog. Sin embargo, ¿acaso no nos manifestamos cientos de miles de personas este domingo ante Neptuno, el Dios de las aguas y los mares? ¿Acaso no llevábamos carteles que decían "no es que vayamos despacio, es que vamos muy lejos"? Pues bien. La jubilación me preocupa bien poco si no voy a tener dónde pasarla

¿Y qué tiene que ver eso con las rebajas? ¿Con el consumo? Ya lo había advertido. 

Wantit

"You Want it, You Need It, You Buy It, You Forget it", dice  esta exposición. Lo quieres, lo necesitas, lo compras, lo olvidas... ¿y dónde acaba?  

Tranqui, colega, la sociedad es la culpable

Sobran razones para indignarse, para salir de nuevo a la calle este domingo. Y, sin embargo, pienso que algo falla, algo no cuadra. Los indignados quieren (queremos) vivir como sus padres: reclaman trabajo, vivienda, justicia social. ¿Es todo? ¿Qué pasa con la revolución de fuera si no se acompaña de la “de dentro"?

Reflexiono así después de escuchar las  hermosas palabras de Pierre Rabhi,  apodado "el Gandhi francés".  “El problema de la sociedad”, dice este político, escritor, filósofo y gran impulsor del agroecologismo, “es que lo indispensable no ha sido resuelto y lo superficial no tiene límite. Hay una urgencia absoluta: colocar al ser humano y la naturaleza en el corazón de nuestras preocupaciones”.

¿Es esto lo que persigue el 15M? En el centro continúan estando las cosas (empleo, vivienda…). Lo cual es necesario, pero no debería ser lo único. Por no hablar del individualismo, la desconfianza, y la falta de una llamada a la responsabilidad personal. Me suena a Siniestro Total: "Tranqui, colega, la sociedad es la culpable". El 15M coloca un muro entre los causantes de la crisis y las víctimas. ¿Es la realidad así de simple?

“En una sociedad tan compleja  como la actual es probable que tengamos ciertas dificultades encontrando el enemigo, incluso podría ser que lo termináramos encontrándolo dentro de nosotros mismos”, dice HomoMinimus en un artículo que da que pensar.

La crítica va más allá: "no hay ninguna mención a la hipertrofia del sistema autonómico y el funcionariado; los problemas estructurales que genera la división del mercado en 17 autonomías y la excesiva descentralización; ni por supuesto el mínimo atisbo de crítica a los sindicatos y su función de garantes de los privilegios legales de los trabajadores con trabajo fijo frente a los jóvenes y los trabajadores con trabajo temporal o desempleados, que ha convertido el sistema laboral español en una división en castas tremendamente injusto y rígido". 

 “La belleza que salvará el mundo es la que está dentro de nosotros: la compasión, la generosidad...”, dice Rabhi. No tiene nada de cursi. Escúchalo, y quizá se te encienda, poco a poco (va despacito, como corresponde) el corazón. Y así, con el corazón encendido, también puedes salir a la calle y protestar.


Video Pierre Rabhi_TED_2011_Existe una vida... por LowProfileSociety 

Lo normal: democracia de barrio

"Lo que ocurre es que de un tiempo a esta parte estamos convirtiendo en anormal lo que siempre ha sido normal". Bingo. Son las palabras de la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, del PP, que justifica así su escandalosa complicidad con el principal promotor inmobiliario de su ciudad. A vueltas, de nuevo, con la normalidad de la anormalidad. O con la anormalidad de la normalidad.

Ayer por la noche, unos 30 vecinos del barrio -desde estudiantes de secundaria a mayores que resistieron heroicamente dos horas sentados en el suelo- conversamos sobre cuestiones que nos tocan de cerca, como estas: ¿Es normal que los seguidores del Papa usen los colegios e institutos públicos para albergarse este verano? ¿Que los contribuyentes tengamos que financiar la visita Papal?  ¿Es normal que la policía haga redadas a las puertas de los centros sociales donde los inmigrantes toman clases de español? ¿Es normal que el comercio local muera en bloque, como sucede donde vivo, víctima de las cadenas de supermercados? 

 Si algo ha hecho el movimiento 15M es poner en el punto de mira de ciudadanos de a pie, como los que ayer estábamos sentados en el suelo, la cuestión sobre lo que es, o no, normal, y qué podemos hacer para cambiarlo. "Esta democracia tiene los pies de barrio": no se me olvida el tweet. Ah, la normalidad.

Sergio_sonrisa 

Busca en tu interior. Hay un rincón al que la bilis de la vida política y el tedio de la vida diaria no ha podido llegar. Es etéreo y sin forma definida, pero podrás localizarlo por su efervescencia. Cuando lo encuentres, sonríe. Angkor Wat. Camboya. Texto e imagen de Tilomilo

Cómo salir vivo de tu silla

Pasamos un número tremendo de horas al día sentados, y esto nos está matando. ¿Exagero? Echa un vistazo a los gráficos que incluyo ahí abajo. Se publicaron una semana después del Día de Internet, cuando la Red Innova lanzó un estudio que revelaba que la mitad de los internautas españoles pasan más de ocho horas al día conectados, principalmente por trabajo.  De lo que se desprende que estar sentados hasta que el cuerpo reviente no sólo es lo normal, sino en la mayoría de los casos lo obligatorio.

Decía Eduardo Galeano en esta entrevista reciente con acampados de Barcelona que desconfía de la gente que sólo utiliza la cabeza. Ya lo decía Goya: cuidado con los que solamente razonan (…)  Cuando la razón se divorcia del corazón te convido para el terror”.

De adolescente a menudo leía cómics de ciencia ficción. Recuerdo uno en el que los protagonistas iban poco a poco perdiendo partes del cuerpo que no utilizaban. Los pies, las piernas, las caderas, los brazos… Así hasta que terminaban convertidos en una cabeza con torso y de ahí en cerebros metidos en frascos de formol, ayudados de una potente tecnología que les permitía establecer comunicación con otros cerebros.

Ayer fui a comer a un restaurante japonés. Me senté al lado de una pareja de jóvenes que pasó el tiempo interactuando con sus respectivos iPhones, sin cruzar palabra, mientras se llevaban el sushi distraidamente a la boca. Lo habréis visto en muchas ocasiones. La relación con las pantallas puede llegar a ser tan intensa que reemplace a la del mundo exterior. Antes de que eso suceda, devuelve la mente a su cuerpo: observa lo que pasa si, durante un minuto, interrumpes la respiración. 

 

 

Tocar tierra

Me gusta la frase "tocar tierra". Cuando hundes las manos en la tierra, aunque sólo sea para trasplantar un ficus (como en el triste caso de esta urbanita) es posible sentir esa conexión con lo real que con tanta velocidad, internet y ruido de fondo es fácil perder. Estoy segura de que los huertos urbanos quitan trabajo a no pocos psicólogos y psiquiatras. Lástima que el de mi barrio se encuentre ubicado al lado de las vías del AVE y la autopista eléctrica. Supongo que las lechugas crecerán allí con cuatro ojos.  

"¡Caminar por la tierra ya es un milagro!", decía M. en Camino y carretera.

Quizá se refería a las palabras de Thich Nhat Hanh: "La gente dice que caminar sobre el agua es un milagro, pero para mí, caminar pacíficamente por la Tierra es el verdadero milagro. Caminamos sobre la verde Tierra en el momento presente y apreciamos la paz y la belleza disponibles en este momento. Cada día estamos inmersos en un milagro que ni siquiera reconocemos: el cielo azul, las nubes blancas, las hojas verdes, los ojos negros y curiosos de un niño… nuestros propios ojos. Todo es un milagro”.

Juncos

"Juncos". Northern Territory, Australia. Imagen de Tilomilo

Por cierto que este maestro zen de origen vietnamita se hizo famoso cuando, en sus protestas contra  la guerra de Vietnam, recorría Manhattan  junto con sus monjes desplazándose a una lentitud tan mareante que su presencia causaba un gran impacto entre los viandantes.

Cada uno protesta, supongo, con lo que tiene.

En la India, Swami Ramdev, uno de los gurús más influyentes de este país (y un hombre que, según sus críticos, tiene un ego como una catedral) comienza el sábado una macro sesión de yoga seguida de una huelga de hambre en protesta contra la corrupción en ese país. Diez millones de personas podrían sumarse a esa iniciativa. Y yo aquí, con mis tiestos.  

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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