6 posts de octubre 2011

La postura del cadáver

Como no puedo disfrazarme de bruja y llamar a vuestra puerta esta noche de Halloween para daros un susto, que es lo que de verdad me gustaría,  voy a hablar de la postura del cadáver. Así es como concluye, tradicionalmente, una clase de yoga. Lo único que hay que hacer es tumbarse en el suelo, con las piernas separadas y relajadas, los brazos a los lados de los costados, y seguir estas instrucciones: nada que hacer, ningún sitio a donde ir, nadie quien ser.

¿Lo único? En realidad, es una de las posturas más difíciles.  

"El objetivo del yoga es encontrar quietud en medio del parloteo mental. Como una onda, la quietud y la calma se irán expandiendo con el tiempo, aquietando la charla. Savasana (la postura del cadáver) es difícil porque comienzas pensando lo fácil que será poner fin a esta charla, pero el parloteo normalmente continúa, incluso se incrementa. El desafío es aquietar los sentidos sin separarse del centro de relajación", dice Erin Wheeler en Yoga 101.

En otras palabras, hacer bien Savasana es como parar un camión cargado y sin frenos bajando un puerto de primera (dormirse no vale). La mente bulle con la información con que normalmente la atiborramos.

Esta es la noche en que el velo entre los dos mundos, el de los vivos y los muertos, es más delgado, dicen; lo visible y lo invisible se tocan. Un buen momento para intentar traernos un poco de paz de los muertos, que reposan ahí tranquilitos sin Facebook ni elecciones generales, a esta existencia nuestra de los vivos. 

Savasana
No está muerta (creo). Imagen de Barbara Boris.

Para qué sirve el periodismo

Cuando me reúno en el parque con otras madres y padres del colegio de mi hija –mi barómetro particular sobre los asuntos que preocupan a la gente– nunca faltan los comentarios sobre algún  truculento  suceso de actualidad. El de los hermanos desaparecidos en Córdoba está dando mucho juego entre nosotros estos días. Es natural: nuestros niños son de edades similares. Quizá sean imaginaciones mías, pero creo que tras empaparse en este sórdido relato algunos dan menos cuerda a los niños que antes correteaban indiferentes a los numerosos pederastas y secuestradores que campan a sus anchas en esta ciudad sin ley.    

De la misma manera que no es bueno hincharse a patatas fritas –ni a zanahorias, como al parecer hacía el rarito de Steve Jobs– también es importante cuidar la dieta de medios. Dime qué consumes y te diré de qué padeces. En lo bueno y en lo malo, como en las bodas.

Recuerdo vivamente el relato que leí hace algunos años sobre un grupo de médicos de MSF que abandonaron sus cómodas vidas norteamericanas, sus casas unifamiliares con sus jardines con aspersores y pantallas de plasma para ayudar a los enfermos de Ébola en República del Congo. Esta enfermedad terrible se contagiaba como la pólvora, a pesar de los trajes de astronautas con que se protegían los sanitarios.

El relato sobre estas personas, por lo demás normales y corrientes, dispuestos a arriesgar sus vidas acomodadas para ayudar a otros me produjo esas maripositas en el estómago que raramente siento cuando leo / veo un medio. No fui la única, desde luego. Estoy segura de que aquello colocó a más de uno tras los pasos de Amélie.

Un estudio reciente de la Universidad de British Columbia corrobora todo esto. La investigación muestra una relación directa entre la exposición a narraciones que hablan de actos de extraordinaria virtud y la “elevación moral”, un compendio de pensamientos y emociones sobre cómo ser mejor persona que puede conducir a tomar acciones beneficiosas para la sociedad.  

Los medios tienden a celebrar los malos comportamientos”, dice el director del estudio, Karl Aquino, de la Sauder School of Business,  “pero tendrían un efecto positivo en el comportamiento de un grupo significativo de personas si dedicasen más atención a contar historias de grandes virtudes humanas”.  

La cosa tiene, por si alguien lo dudaba, su aplicación práctica. Aquino cree que los medios podrían tener un rol todavía más importante a la hora de recaudar fondos para aliviar desastres naturales como el de Japón. ¿Por qué? Centrarse en ejemplos individuales de bondad extraordinaria es más efectivo que inundar a la gente con imágenes cruentas y relatos de desesperación. 

La rana hervida y el trabajo

Hoy comienza en Galicia un congreso con el título "Felicidad y trabajo". Pregunté a Belén Varela, una de las organizadoras, cómo se les ocurre organizar algo así tal y como está el patio. Como sucede a menudo con las entrevistas periodísticas, tenía la respuesta en la cabeza antes de que ella me contestase. No hay que confundir el desempleo con cómo se trabaja. ¿Porque haya crisis se ha de trabajar mal? 

Uno tiende a aspirar a lo que le falta. Es decir, idealizamos el trabajo cuando no lo tenemos, para aborrecerlo cuando estamos en ello. A ratos juego con la idea de que en un trabajo más tradicional, de oficina, sería más feliz. Pero cuando trabajaba en la oficina lo que quería era salir de ahí. 

La revista Uaki dedica al asunto un número especial. Aunque el tono general no me va mucho, con artículos que en mi opinión ocultan al lector toda la parte de la realidad (el 50 por ciento, por lo menos) que no interesa destacar, me gusta la idea que esboza Sergio Fernández:

“Es una buena noticia que dejemos de echar nuestra vida por la borda a cambio de un sueldo. Queda formarnos, reformarnos, escoger algo que nos apasione y aportar valor a los demás (…). Hay que trabajar desde la misión, desde el sentido, desde la responsabilidad. Pensar cuál es la tarea que te hace feliz a ti y que proporcione mayor felicidad a otros seres humanos. Cuando haces eso no regateas el reloj, y no piensas en jubilarte”.

 ¿Conoces la historia de la rana hirviendo? Si pones una rana en una cazuela con agua hirviendo, la rana inmediatamente salta y se escapa. Pero si la dejas en agua fría y vas aumentando la temperatura poco a poco la rana se va quedando amodorrada y muere hervida. Cuando la temperatura es insoportable la rana ya no tiene fuerza para saltar y escapar. 

Eso, me parece, ocurre con frecuencia en el entorno laboral. Uno se va quedando más y más dormido hasta que, cuando se quiere dar cuenta, ya se le ha secado el alma. La crisis proporciona una vía para valorar lo que se tiene. O una oportunidad de reinventarse y salir del muermo vital. 

Lo podemos dar una vuelta de tuerca más. Lo importante no es lo que haces, sino cómo lo haces. Es tu mente la que interpreta esa realidad. ¿O no? 

Miedo

Mujer. 27 años. Se ofrece para cuidar bebés alienígenas

La crisis tiene cosas buenas. Agudiza el ingenio. El projecto pluriempleo es un buen ejemplo. Vas paseando por tu barrio y, en la farola te topas con este cartelito: 
Cartel3
Pluriempleo1
Posdata. Nosotras también, mi imagen favorita del 15O en Madrid. 
Nosotrastambién

Exhortación a soñar

Una cosa llevó a la otra y después de revisitar el discurso de Steve Jobs en Stanford pensé que sería bueno compartir este otro con quienes no lo conozcan. Un mensaje potentísimo que me ha acompañado desde hace más de diez años en esa búsqueda inabarcable por la congruencia. Espero que os guste tanto como a mi. 

"Palabras introductorias del doctor Elkin Patarroyo en la charla con estudiantes de Medellín, realizada en el Teatro Camilo Torres de la Ciudad Universitaria el miércoles 31 de mayo de 1995. 

No tiene sentido perseguir el poder económico, político o social. Primero que todo el poder corrompe, todo eso corrompe, y en segundo lugar, es vacío, todo eso es vacío. He visto a los poderosos, los conozco a casi todos ellos, les conozco la vacuidad de sus vidas y la absoluta soledad posterior una vez pasa el boato, una vez pasa toda esa pompa que acompaña a los que se creen poderosos. 

El poder real está en poder resolver problemas para el beneficio de nuestros semejantes y realmente, lo que queda detrás de todo ello, es esto que ustedes están haciendo hoy: un cariño inmenso, un reconocimiento inmenso de todo el mundo por una labor que simple y llanamente es útil a todos nosotros. Eso no hay con qué comprarlo, eso no hay con qué pagarlo.

Lo mío no es más que una vida congruente, no es más que una vida que ustedes han observado a lo largo de todo el tiempo completamente dedicada en algo a lo cual tengo una profunda fe, que es a la vida y al servicio de nuestros semejantes. El punto fundamental es poder dejarles algún mensaje: ustedes son bastante jóvenes.

Tengan sueños, tengan proyectos de vida, tengan propósitos, tengan ideales, ténganlos, no importa que les digan soñadores, no importa que los tilden de quijotes, de tontos, a la hora de la verdad eso es secundario, a la hora de la verdad lo que cuenta es tener uno sueños, sus sueños, los sueños de uno no son sino de uno, de nadie más, es lo único que puede compartir uno con uno mismo, es más aún, conviviendo con la gente, ni siquiera uno puede transmitir la importancia y el gusto y también ni siquiera uno puede transmitir con claridad sus propios sueños, sus anhelos y objetivos.

Entonces tengan sueños, hagan su vida con base en sus sueños. Sueñen, Sueñen todo lo que quieran, pero despedacen su vida haciendo realidad sus sueños. Hagan, luchen, luchen, porque lo único que le queda al hombre es la lucha; al hombre no le queda ni el triunfo, no le queda la derrota, no le queda el dinero, no le queda el poder, no le queda nada. Lo único que le queda es la satisfacción de su lucha. Si ganó o perdió, eso es secundario, es bien secundario... que cada una de sus existencias sea absolutamente irreemplazable, que cada una de sus vidas sea una cuestión única como lo es, porque si no lo han entendido, cada uno de ustedes es un experimento único de la naturaleza, absolutamente irrepetible... Su existencia, sus genes, sus circunstancias son exclusivamente suyas y háganlo único, que cada uno de ustedes sea un ser absolutamente único y excepcional de la especie... Sueñen, sueñen todos los días.

Establézcanse metas, proyectos de vida, establézcanse objetivos en la vida y luchen todos los días por ello". 

(Las negritas son mías). 

Jobs, ese ¿santo?

Tengo sentimientos encontrados con respecto a Steve Jobs. Disfruté, claro, con su archiconocido discurso de Stanford: "tu tiempo tiene un límite, de modo que no lo pierdas viviendo la vida de otra persona". Jobs era una enorme fuente de inspiración para aquellos que se pelean para hacer lo que aman.

Pero también asistí a sus presentaciones de productos cuando era corresponsal en San Francisco. Su pomposidad me horrorizaba. El mundo se transformaba invariablemente en un lugar "fantástico" (adjetivo que repetía sin cesar) cuya existencia se justificaba por un único fin: albergar los "fantásticos" productos de Apple. El Big Bang era una nadería comparado con el lanzamiento de una nueva edición del iPhone.

¿Podríamos sobrevivir sin sus productos? En aquellas presentaciones, la respuesta llegaba en forma de un rotundo “no” que te estallaba en la cabeza con la fuerza de una ola. Jobs dibujaba un mundo tan falso como los de cartón piedra de DisneyWorld. Pero si él decía que dos más dos son cinco, a apechugar.

Nadie pone en duda que era un genio de la tecnología. Lo que no tengo tan claro es que su aportación para el beneficio de la humanidad haya sido tan, en fin, fantástica. A su muerte, Jobs acumulaba un capital de 5.100 millones de dólares. Creo que la siempre  estridente Lucía Etxebarría  da en el clavo: "Os recuerdo que estamos inmersos en una crisis global que puede estar provocada precisamente por la codicia y los métodos de grandes corporaciones como Apple".

Como escribe Raúl del Pozo hoy, “se extinguen las especies animales, pero surgen nuevas especies electrónicas". Y eso no es bueno para nadie.