6 posts de diciembre 2011

2012: abajo los propósitos, arriba las intenciones

Familia bloguera: en el último post del año, es obligado hablar de propósitos y buenas intenciones. Aunque yo más que propósitos me voy a librar de cosas. Lo apuntaré todo en un papelito que irá a parar a una gran hoguera, casi como en San Juan.

¿De qué quieres librarte tú? ¿Cuáles son tus propósitos para el nuevo año?

Junto a los propósitos, las intenciones. Al contrario de lo que afirma el dicho popular,  es el camino al cielo el que está sembrado de buenas intenciones. “Sólo recordando tus intenciones puedes reconectar contigo mismo en tiempos emocionalmente tormentosos. Esa conexión da un sentido a tu vida, independientemente de que hayas alcanzado esos propósitos o no”, señala Philip Moffitt, un tipo que de estas cosas sabe mucho: abandonó la dirección de la revista Esquire para lanzarse sin paracaídas a la vida espiritual.

Hoy es maestro de meditación en California, desde donde plantea cuestiones como esta: ¿Qué ocurriría si, en lugar de medir los éxitos por lo que consigues o no consigues, dieses similar o mayor prioridad a una forma de vivir respetuosa con tus valores?

Así que abajo los propósitos, arriba las intenciones. Sobre todo si son tan bellas como estas:

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 ¡Os deseo un feliz, próspero, venturoso, amoroso, supercalifragilistico-expialidoso 2012!

Budas a 1€

Adivina adivinanza: ¿Qué hay debajo del arbolito navideño del escaparate, un poco más allá del Belén? Un pequeño Buda de donde cuelga bisutería barata. Los tenemos hasta por un euro, oiga, y eso que todavía no estamos de rebajas. Y mira que las fotos son de Segovia, tierra del cochinillo, donde la Novena de la Virgen de la Fuencisla es el acontecimiento del año.

De la misma forma que –supongo– a los Católicos o simpatizantes no les haría felices ver la Virgen de la Fuencisla en topless anunciando tangas o a Jesucristo en su cruz entre botellas de Johnnie Walker, es chocante, absurdo e irritante encontrarse figuras de Buda en los lugares más inverosímiles, desde las tiendas de bisutería hasta los salones de masaje erótico (los he visto hasta en una carnicería, palabra).

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Un Buda, 1€, y eso que todavía no estamos de rebajas.
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En una tienda de Segovia, tierra del cochinillo y la Virgen de la Fuencisla

Por otra parte, quiero pensar que el uso y abuso del imaginario budista-zen en la publicidad, los comercios e incluso en las casas, como elemento decorativo, podría responder a la necesidad de paz y sosiego que se desprende de estas figuras.

En los últimos tiempos, por otra parte, me he topado con el Zen de Steve Jobs,  el Zen de Martin Scorsese, el  Zen de las judías, ¡el Zen de los pedos! .

Por no hablar del montón de Zen y el arte de __________  

Hay, en fin, un millón de ejemplos de uso y abuso de la palabra Zen en formas que no tienen nada que ver con el Zen. La cosa da hasta para alimentar un blog (de donde extraje el vídeo de aquí abajo).

He aquí a Avalokitesvara, el Bodhisattva de la compasión, vendiendo telefonía. Como si tal cosa.

Si Zen lo abarca todo, ¿representa algo? Esto es lo que llega a plantearse la revista Tricycle. Una de las cosas que transmite el budismo Zen es elegancia. Belleza. Gracilidad. Cuando usamos la palabra Zen, a menudo queremos transmitir la idea de que hay algo espiritual en la simplicidad.

“Supongo que colectivamente empleamos mal la palabra Zen y la sacamos fuera de su contexto budista. ¿Pero es un abuso?", prosigue el artículo. "Como amor o felicidad, la palabra Zen casi siempre tiene connotaciones positivas. Extendamos la palabra Zen indefinidamente, hasta que cubra el mundo por completo”. Me gusta como mensaje navideño. 

Loteria y racionalidad

Supongo que la mayoría de la gente sabe que el juego de la lotería atenta contra la lógica. Aún así, continuamos haciéndolo. A más crisis, más jugadores de lotería, y menos raciocinio.  Como dijo el matemático Roger Jones, "la lotería es un impuesto voluntario para los que no saben de probabilidad".  

Mi justificación para comprar lotería es, creo, la más extendida, aunque no deja de ser ruin: el temor a que les toque a personas cercanas y yo me quede con las manos vacías pesa más, año tras año, que los argumentos en contra de un juego que no sólo es absurdo desde el punto de vista matemático, sino que fomenta unos valores que me parecen erróneos.

Luego está la cuestión de definir "personas cercanas". Uno comienza por comprar lotería en el trabajo; después en el colegio de los hijos; en las asociaciones y actividades en las que participa; en la panadería del barrio; la comunidad de vecinos... así hasta gastarse una pasta que habría quedado más mona como recortable en forma de Papá Noel en el árbol de Navidad.

La parte de nosotros que compra la lotería es la irracional. La otra, la que usamos para hacer la declaración de impuestos, se queda muda ante esta y otras muchas fechorías.

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La distinción entre esos dos sistemas que conviven en nuestro cerebro –uno rápido e intuitivo, experto en sacar conclusiones a velocidad de vértigo y hacer bobadas como la de la lotería, y el otro deliberado y lento, hábil con la calculadora– es el eje del último libro del premio Nobel Daniel Kahneman, que acaba de ser reseñado como uno de los diez mejores del año por The New York Times.

De acuerdo con Kahneman, somos tremendamente irracionales; tanto, que la mayor parte de nuestro pensamiento sucede por debajo de nuestro nivel de conciencia. Y esto no se debe –o, al menos, no únicamente– a nuestras pasiones. No es que nos dejemos llevar por el amor o el odio o sucumbamos ante los numerosos complejos freudianos; es que nuestro cerebro funciona así.  ¿Algún psicoanalista en la sala?  

Otro ejemplo actual de irracionalidad pública: la campaña que acaba de sacar Metro de Madrid con el eslogan "Más por Menos", en la que aparece el precio de un billete sencillo en Madrid junto con el de otras ciudades presuntamente más caras, como Nueva York o Ámsterdam.  ¿Qué quiere decir eso? Nada, por supuesto. Lo que cueste un billete –o cualquier  otro bien–  sólo importa en relación al nivel adquisitivo de la ciudadanía. Si se tiene en cuenta ese pequeño detalle, resulta que el transporte en Madrid sale más caro que el de Ámsterdam o Berlín.  

Es esta, sin embargo, el tipo de lógica por la que nos movemos y en la que picamos una y otra vez.  Tal y como expone Kahneman en su fascinante libro, estamos llenos de prejuicios cognitivos que nublan nuestra capacidad de ver lo que tenemos delante.    

En un día como hoy, con los bolsillos vacíos, me pregunto: ¿qué es ser racional, al fin y al cabo? Esta observación me parece brillante: "tampoco es más racional quien rechaza las emociones en nombre de una inexistente razón desencarnada, sino aquella persona que es capaz de examinar sus propios prejuicios y de asumir que errar es natural". 

Un buen regalo de Navidad

En Lago Wobegon, lugar imaginario de un popular programa de humor de la radio pública de EEUU, todas las mujeres son fuertes, todos los hombres son guapos y todos los niños son más listos que los demás. Aquí vivimos lo contrario. Todo está mal, mal, mal. Y este panorama lleno de nubarrones le hunde el ánimo al más pintado.

Un buen auto-regalo para estas Navidades podría ser este: hacer propósito de quererte. Tener compasión por ti mismo, por tus errores, tus carencias. Cuanta más crisis y más negro pinte ahí fuera, más importante recordarlo. Es fácil sentirse culpable en este ambiente de miedo y catástrofe que pintan los medios. Si estás desempleado, puede que el sentimiento de futilidad no te deje respirar.

Tengo que aplicarme el cuento. Acabo de hacer este test para examinar mi nivel de autocompasión y mi puntuación ha sido un tanto desastrosa. Se trata de 26 frases (en inglés) pensadas para determinar si uno es amable con uno mismo y capaz de reconocer y relativizar lo bueno y lo malo que sucede en la vida.

Por ejemplo, una respuesta positiva a la frase “cuando me siento deprimido, tiendo a obsesionarme y a fijarme en todo lo que está mal” indica falta de auto-compasión. De la misma manera, una respuesta negativa a lo que sigue indica un nivel de autoestima más saludable: “cuando me siento inadecuado de alguna manera, trato de recordarme a mi mismo que la mayoría de la gente tiene sentimientos de insuficiencia”.

Aceptar nuestras imperfecciones es, literalmente, saludable. Como muestran las investigaciones de Kristin Neff, profesora de Desarrollo Humano en la Universidad de Texas en Austin y creadora del test que acabo de mencionar, las personas que muestran compasión hacia sí mismas sufren menos depresiones y ansiedad y son más felices y optimistas. Y este es sólo uno de la creciente ola de estudios sobre los efectos beneficiosos de la compasión por uno mismo.

Escribía tiempo atrás que la disciplina y la fuerza de voluntad son la clave para una salud mejor. No hay que confundir la compasión, señala Neff, con indulgencia o con bajar los estándares que uno tiene en su trabajo o en su modo de vida. En contra de lo que pudiera parecer, la compasión por uno mismo conduce a la motivación, dice Neff. 

“La principal razón por la que la gente no siente más compasión hacia sí misma es por miedo a convertirse en indulgentes”, señala la psicóloga. “Creen que la autocrítica les mantiene a flote. La mayoría de la gente recibe el mensaje equivocado porque nuestra cultura dice que ser duro contigo mismo es lo que tienes que hacer”.

Para los que puntuamos bajo en esta escala, Neff sugiere ejercicios como escribirte una carta, tal y como harías con un amigo por el que estuvieras preocupado. También funciona meditar, o imaginarte lo que le dirías a un hijo u otra persona querida con apuros similares a los tuyos. Bonito y barato regalo de Navidad.  

Supermercado de terapias

Del Brainspotting al Tapping, Psych-k, Equinoterapia, Musicología, taller Antiaging Emocional Regenerativo o Coaching 3G. Estas son algunas de las terapias que ofrece ClickEmoción, un nuevo supermercado virtual que reúne descuentos en artículos de inteligencia emocional, crecimiento personal y salud, entre otros. Se define como "la forma más fácil de obtener los mejores productos en desarrollo y crecimiento personal de tu ciudad a los precios y descuentos más atractivos". También dice esto: 

Cambia tu vida con un click!! A tan solo un click podrás descubrir una emoción nueva para tí cada día!!!

¿Nos estamos volviendo locos? ¡Pues claro! Y cada vez más: el 40 por ciento de los europeos padece algún tipo de desorden mental, según un estudio reciente de la Universidad de Dresden, en Alemania. ClickEmoción tiene el terreno abonado, y seguro que muchas personas se benefician de sus ofertas. Ahí se acabaría todo, incluido este post, si no fuese porque...

... es el capitalismo en estado puro: esa centrifugadora que lo atrapa todo, todito todo, para convertirlo en producto de consumo. Las clases de yoga se incluyen hasta en los cupones del supermercado. De vivir hoy, Jesucristo tendría que contratar un web manager para dar a conocer sus enseñanzas.

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... utiliza un envoltorio/publicidad que chirría como una bisagra mal engrasada: habla de resultados, rapidez, ofertas o descuentos, términos antagónicos con un verdadero proceso de cambio interior. Salvo que le frían a uno el cerebro  –que igual forma parte del abanico de terapias que ofrece esta gente, brainfrying o qué sé yo – la transformación interior es un proceso que lleva mucho tiempo y no incluye rebajas de temporada. Pero claro, se trata de ganar pasta y hacerlo ya, no de construir una Catedral. 

... mezcla peras con manzanas. Esto responde a la misma (i)lógica de colocar carteles de Tarot en los herbolarios (fíjate bien la próxima vez que vayas; no se salva ni uno). ¿Has hecho alguna vez la prueba, en la vida real, de colocar las dos frutas juntas? Las pobres manzanas envejecen rápidamente, como si algún bicho les hubiera chupado su esencia. Con las mismas, ese totum revolutum sólo conduce a la confusión y al empobrecimiento de las disciplinas con solera en provecho del último invento sacaperras. ¿Tiene algo que ver la meditación con el Coaching 3g? Quizá lo que necesiten es un maestro Zen a la antigua usanza que los atice con un palo en la cabeza.

La poesía de la medicina

Resulta difícil pensar en médicos-poetas en un momento como este, donde predomina la imagen de consultorios atiborrados y médicos fríos, autómatas expendedores de recetas. Y, sin embargo, la medicina ha sido tradicionalmente caldo de cultivo de poetas. No en vano Apolo era dios de la poesía y de la medicina, dos artes que, en la mente de los antiguos griegos, aparecían íntimamente ligadas entre sí.

Ahí están John Keats, Oliver Wendell Holmes, el muy influyente William Carlos Williams, Más cerca de nosotros, recordemos al famoso endocrinólogo Gregorio Marañón.

Eran otros tiempos. Así que cuando la escuela de medicina de la Universidad de Yale, en EEUU, organizó en colaboración con otra escuela de medicina de Londres un concurso de poesía para sus estudiantes, la pasada primavera, no vaticinaban una acogida a su propuesta particularmente calurosa. Pero se ve que las musas –junto con los 1.500 dólares de premio para la poesía ganadora– hacen milagros, y al final el número de participantes ascendió a la nada despreciable cifra de 160.

“Habíamos infravalorado el interés de los estudiantes en poesía (…) y la calidad de su trabajo”, señaló John Martin, organizador del concurso y profesor de medicina cardiovascular del University College, en Londres. A Martin se le saltaron las lágrimas con el poema Mastectomía, uno de los ganadores, que comienza así (traducido del inglés):

será un honor limpiar las cicatrices
no creas que mis lágrimas
suponen una pizca de lástima
sólo alegría
podría bañar mis ojos.
será un placer 
abrazarte

Martin cree que la buena acogida que ha tenido el concurso refleja una resurrección del interés entre los médicos por la poesía. Al fin y al cabo, la habilidad para conectar emocionalmente con el paciente siempre fue algo necesario. Al menos hasta que numerosos doctores comenzasen a integrarse en el engranaje de una fábrica de tratar enfermos al servicio de la industria farmacéutica (y, más recientemente, de los recortes).

La poesía se nos antoja un buen antídoto contra esta maquinaria que amenaza con tragarse a unos y otros. Con ella, señala Thomas Duffy, profesor de medicina de Yale, los médicos estarán “más preparados para plantear a los pacientes las preguntas adecuadas”. Duffy no es el único en creerlo: la escuela desarrolló recientemente una lista de lecturas obligatorias, poesía incluida, para sus estudiantes.

¿Qué mejor manera de expresar, por ejemplo, lo que siente un paciente al que se le acaba de diagnosticar un cáncer? Como concluye el poema Cáncer de Invierno, de Marilyn Hacker,

Tu voz le pide a la noche indiferente:
“Todavía no sé cómo morir. Déjame vivir.”

Más poesía y menos recetas. Lo dejó dicho Robert Graves: "Una bien seleccionada antología es un dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes, pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos".

Natalia Martín Cantero


Este blog ha dado tantas vueltas como su autora. Ahora, en China.
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